FAZER LOGINGalilea soportó toda una vida de humillaciones por su apariencia curvy y por el pasado de su madre. La única luz en su oscuridad siempre fue Alchester, el heredero del Clan Carleon, quien era su mate y le prometió que algún día la convertiría en su Luna. Sin embargo, el día en que él asciende como Alfa, la traiciona delante de toda la manada y le revela que solo se acercó a ella por venganza. Con el corazón destrozado, Galilea huye al Bosque Prohibido y, por accidente, termina infiltrándose en una selección de lobas destinada a encontrar una compañera para el temido Alfa Volkan, un guerrero cuya inmensa fuerza ha impedido que alguna mujer sobreviva para darle un heredero. Lo que Galilea nunca imaginó era que, al encontrarse frente a Volkan, el destino volvería a jugar con su vida de la manera más imposible. ¿Cómo puede existir un segundo mate cuando el primero jamás la rechazó? Por otro lado, la venganza no llenó el vacío que Alchester esperaba. El vínculo con su mate terminó pesando más que su resentimiento, y comprendió demasiado tarde el precio de haber destrozado el corazón de Galilea. Ahora que ella ha encontrado a Volkan, ¿podrá recuperarla... o la perdió para siempre?
Ver mais«Alchester es mi dios.»
Esto era lo que pensaba Galilea.
Mientras el resto de la manada encontraba motivos para señalarla, él había sido la única excepción. Desde siempre la trató con una amabilidad que nadie más le ofrecía.
Jamás se burló de su figura robusta ni del enorme lobo que habitaba en su interior, un espíritu tan corpulento que volvía su transformación más pesada. Aquello la había convertido en el blanco de las risas y los desprecios.
El día en que cumplió dieciséis años, cuando su loba maduró para reconocer el lazo, descubrió que Alchester era su compañero destinado.
Y aunque esperó el rechazo de su parte, eso nunca sucedió. Él aceptó que ella era su mate, pero lo mantuvieron en secreto.
Los años transcurrieron y Alchester siguió tratándola bien. Hasta que, siendo ya adultos, compartieron por primera vez una noche de intimidad.
Fue entonces cuando Alchester le sostuvo el rostro entre las manos y le hizo una promesa que Galilea grabó en el corazón.
—Eres mi compañera, nada cambiará eso. Cuando herede el puesto de Alfa, te presentaré ante todo el Clan como mi Luna. Nadie volverá a humillarte.
Ella le creyó, porque era el único que jamás la había mirado con desdén. A su lado imaginó un futuro distinto.
Sin embargo, la realidad terminó siendo mucho más cruel que cualquiera de sus temores.
La mañana en que Alchester asumió oficialmente el liderazgo del Clan Caerleon, convocó a toda la manada para un anuncio.
—Los he reunido para presentar a la loba que gobernará este Clan junto a mí. La futura Luna de Caerleon... es Tania.
Galilea escuchó aquella afirmación. No hubo confusión. No hubo duda. Solo la certeza de que cada promesa había sido una mentira.
Entre la multitud, Alchester encontró su mirada, y sonrió. No era una sonrisa avergonzada ni arrepentida, parecía la expresión de alguien completamente satisfecho con la herida que acababa de provocar.
Galilea abandonó el lugar antes de que las lágrimas la traicionaran frente a todos. Corrió hasta el pequeño cuarto que ocupaba como criada dentro del castillo y pasó el resto del día encerrada entre aquellas cuatro paredes.
Cuando cayó la noche, unos golpes rompieron la quietud. Al abrir la puerta, encontró a Alchester esperándola.
—¿Qué hace aquí, Alfa? —preguntó inclinando la cabeza, pero sin ocultar la amargura en su voz—. No imaginé que me buscaría después del anuncio de esta mañana.
Alchester cruzó el umbral y Galilea retrocedió por instinto. Él cerró la puerta y la observó en silencio durante unos segundos.
—¿De verdad creíste que alguien como tú podía convertirse en la Luna de este Clan?
Galilea alzó la vista. Sus ojos, hinchados por el llanto, aún conservaban el brillo de una esperanza que se negaba a extinguirse.
—Nunca soñé con ocupar un lugar tan importante —respondió con la voz quebrada—. Fue usted quien me hizo creer que era posible. Confié en sus palabras... porque somos mates.
Alchester soltó una risa y acortó la distancia entre ambos.
—Entonces ya comprendiste que jamás ocurrirá. Será mejor que destierres esa fantasía de una vez. ¿Cómo podría una loba con tu aspecto gobernar a mi lado? La Luna debe inspirar admiración y despertar respeto, Tania lo consigue sin siquiera proponérselo. Es hermosa, elegante, cualquiera queda cautivado por ella. Su sola presencia honra el puesto que ocupará.
Sus ojos la recorrieron de abajo para arriba.
—Tú, en cambio... No eres más que una vergüenza.
Aquellas palabras terminaron de fragmentar la frágil fortaleza que Galilea intentaba conservar y las lágrimas comenzaron a caer sin descanso.
No comprendía qué había ocurrido con el lycan que durante años la protegió del desprecio de los demás. Frente a ella ya no quedaba rastro de aquel Alchester. Solo permanecía un desconocido cuya crueldad parecía no tener límites.
—Si me despreciaba tanto, ¿por qué nunca me rechazó? —preguntó entre sollozos—. ¿Por qué me hizo tantas promesas? ¿Por qué me convenció de que algún día estaría a su lado?
—Porque desde el principio tenía un propósito contigo. Venganza.
El color abandonó el rostro de Galilea.
—¿Venganza...? No lo entiendo. ¿Qué placer le da burlarse así de mí? ¿Qué daño le he hecho?
Alchester le sujetó el cabello y la obligó a que levantara el rostro.
—¿Ya olvidaste quién fue tu madre? Ella fue la amante de mi padre —expuso—. Esa mujer lo engañó haciéndole creer que tú eras su hija. Mientras él la llenaba de privilegios y consentía todos tus caprichos, mi madre y yo fuimos quienes conocimos su peor lado. La vi consumirse día tras día... hasta perder la razón.
En realidad, Alchester no mentía. La madre de Galilea, Airi, se embarazó del que en ese entonces era el Alfa, Frederick. Le hizo creer que esperaba un hijo suyo.
Galilea nació siendo una cachorra regordeta, pero Frederick la adoraba de igual manera pues estaba loco de amor por Airi.
Pero Airi murió, la verdad salió a la luz. Galilea no era hija del Alfa Frederick.
Frederick, cegado por la humillación, la despojó de cualquier privilegio y la obligó a servir como criada dentro del castillo.
Desde entonces, Galilea creció escuchando los mismos insultos.
«Eres igual que tu madre.»
«La sangre de una zorra nunca cambia.»
«Si no fueras tan gorda, ya estarías seduciendo hombres como ella.»
Solo una persona había permanecido a su lado. Alchester. O eso creyó.
—Al menos no todo fue una pérdida de tiempo —agregó él—. Tú y yo la hemos pasado muy bien, al menos para eso sirves como mi mate.
Galilea sintió que el estómago se le revolvía.
—Eso es lo único que puedo ofrecerte —continuó él con frialdad—. Que ocupes el mismo lugar que tu madre siendo mi amante. Tan zorra como ella lo fue.
—¡Qué absurdo! —exclamó Volkan con rabia—. Reconozco que el linaje Kora posee una habilidad extraordinaria, poder almacenar semejante cantidad de energía es algo que cualquier clan envidiaría. Pero, ¿el precio de ese don es tener que compartir a mi mate? ¿Aceptar que necesite a otro macho a su lado porque es "indispensable" para su supervivencia? No puedo hacerlo. Jamás podría aceptar algo así, y mucho menos cuando ese otro mate es la basura de Alchester.—Entiendo que esto lo moleste, Alfa —reveló Jonathan—. Ningún lobo aceptaría la idea de compartir a su mate. Sin embargo, consideré que debía conocer todos los detalles. Ocultarle esta información solo habría empeorado las cosas más adelante.—Entonces, básicamente, lo que acabas de decirme es que, si quiero que Galilea se recupere, debo traer a Alchester hasta este palacio —acentuó con ironía—. Pues no sucederá. En cuanto Galilea despertara y recuperara sus fuerzas, pensaba llevarla frente a Alchester para obligarlo a rechazarla y r
—La naturaleza no suele equivocarse —comentó Jonathan—. Todo existe por una razón. Galilea resultó ser su mate porque ustedes se complementan a la perfección. Sin embargo, el hecho de que pertenezca a los Kora podría no ser tan agradable para usted en todo sentido.Volkan dejó de caminar y giró la cabeza hacia él.—¿De qué estás hablando?—Ya sabemos que Galilea posee una capacidad extraordinaria para almacenar energía. Esa cualidad la convierte en la única loba capaz de dar vida a sus descendientes, pero también puede convertirse en su mayor debilidad. Dependiendo de las circunstancias, esa misma energía podría terminar destruyéndola. Y aquí es donde entran en acción sus dos mates. No están unidos a ella por un simple capricho de la Diosa Luna.Las cejas de Volkan comenzaron a fruncirse con intriga.—Continúa.—Uno de sus mates estabiliza la energía dentro de su cuerpo, evitando que la destruya desde el interior. El otro se encarga de disipar el exceso hacia el exterior, permitiendo
—Así es. Es la primogénita del Alfa —reafirmó Ágata—. Llegó al mundo completamente sana y fuerte. Galilea sobrevivió al parto, aunque continúa muy débil y todavía no ha recuperado el conocimiento.Jonathan soltó suspiro.—Ya veo... Lamento que las cosas se hayan tornado de esa manera, aunque me alegra saber que ambas siguen con vida a pesar de todo. Creo que será mejor esperar un poco, lo buscaré más tarde.*****Cuando la noche volvió a cubrir el palacio, Nova ya descansaba nuevamente en la habitación de Ágata, mientras Volkan se había retirado por fin a su oficina.Frente a él se hallaba Jonathan, sosteniendo bajo el brazo derecho un libro voluminoso.—Permítame felicitarlo, Alfa, por el nacimiento de su cachorra —manifestó el Beta—. La señora Luna me ha comentado que nació sana y fuerte. También me dijo que Galilea logró sobrevivir.—Así es. Galilea sigue con vida, pero aún no despierta —replicó Volkan—. Esa incertidumbre no deja de preocuparme.—Si ella fue capaz de soportar un em
Vulcano mantenía la cabeza inclinada hacia el cuerpo de Galilea, percibiendo un eco sumamente distante y frágil en lo más profundo de su ser. De repente, experimentó una sensación sutil y estremecedora, similar a la caricia tibia de una mano rozando su hocico.Tras aquel roce efímero, la presencia de Volkan irrumpió en la conexión compartida entre ambos para consultar con impaciencia el estado de la situación.—¿Percibes algo? —preguntó.—Sí, pero es sutil y débil. Aunque esto demuestra que su loba sigue ahí —reveló—. No tienes de qué preocuparte, ella regresará.*****Ágata permanecía en la tranquilidad de su alcoba con la pequeña Nova descansando entre sus brazos. La observaba con auténtica devoción, recorriendo con la mirada cada uno de sus diminutos rasgos, incapaz de ocultar la inmensa felicidad que aquella cachorra despertaba en su corazón.—Nova, cariño... cuánto tiempo esperé este momento. Al fin estás aquí, conmigo. No imaginas la alegría que has traído a mi vida. Quiero que












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