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Autor: Sassenach W
last update Data de publicação: 2026-08-06 06:42:25

Tessa nunca olvidaría a la mujer con el corazón roto que se había refugiado en este mismo espacio, viviendo en la pequeña suite que ahora usaba como oficina mientras luchaba por sacar adelante su negocio y olvidar a Peter, el hombre que le había destrozado el corazón. Afortunadamente, él había entrado en razón justo a tiempo y ahora estaban comprometidos de verdad, viviendo en su increíble casa adosada.

—Él está bien. De verdad. Los dos estamos bien.

Tessa no se lo creyó ni por un segundo, pero también sabía que Pearl no era de las que se desahogaban con facilidad. Hablaría con Tessa cuando estuviera lista. Decidiendo que ya tenía bastante lío con los números de circo y los nuevos clientes que entraban cada día como para preocuparse por qué su amiga no tenía prisa por casarse con el hombre con el que estaba comprometida, apuró con desgana su taza de café.

Cuando regresó a su oficina, Tessa se sentía más tranquila. El sabor a limón aún permanecía en sus labios y la idea de una boda de circo le parecía más ridícula que molesta.

—Los Swenson han pedido retrasar su cita media hora —dijo su asistente—. Y han llegado dos mensajes nuevos. Te los he reenviado al correo electrónico.

—Genial, gracias.

Entró en su despacho. Le quedaban diez minutos para su siguiente cita, una nueva clienta, Sophie Michaelson, y mientras esperaba consultó una página web de novias en el móvil. Era importante mantenerse al día con las últimas tendencias, aunque después de cinco años en el negocio las encontraba bastante predecibles. Estaba echando un vistazo por encima a un artículo sobre ramos hipoalergénicos cuando su asistente le dio un aviso: —La Sra. Michaelson y su prometido están aquí —dijo.

—Gracias. Salgo enseguida.

Una mirada rápida al espejo que guardaba en el cajón superior le confirmó que su boca ya no tenía restos delatadores de la delicia de limón, que su pelo rubio estaba recogido en un moño pulcro y que la máscara de pestañas no se había corrido. Un toque rápido de brillo de labios y volvió a subirse a los taconazos de infarto que llevaba para acercarse a su altura soñada de un metro setenta y cinco desde su tacaño metro cincuenta y siete otorgado por Dios.

Con su sonrisa ensayada en el rostro, salió a saludar a sus últimos clientes. Llegó a la zona de recepción y se frenó en seco, con la mano a medio extender y la boca abierta para hablar. Pero no le salió nada. Por lo general, prestaba su atención inicial a la novia, ya que casi siempre era la verdadera clienta, mientras que el novio solo participaba de forma periférica. Pero el hombre que se levantó de los mullidos asientos de la sala de espera no era uno al que pudiera ignorar.

Seguía siendo imponente, seguía siendo guapísimo de esa manera descuidada propia de un hombre que está tan acostumbrado a la atención femenina que apenas se da cuenta. Unos ojos grises agudos e inteligentes sostuvieron su mirada, con un destello de diversión al acecho en sus profundidades. Su pelo seguía siendo oscuro, aunque algunos hilos de plata brillaban en sus sienes. Ninguno de los dos habló, hasta que una voz femenina rompió su trance. Le estrecharon la mano con un apretón fresco.

—Hola. Soy Sophie Michaelson, estoy encantada de conocerla. Y este es David Warren.

De forma automática, Tessa le estrechó la mano de arriba abajo y forzó su boca para volver a poner alguna sombra de normalidad. —Encantada de conocerla. —Inclinó la cabeza hacia el hombre que no dejaba de mirarla—. Sr. Warren.

Hubo una breve pausa mientras los tres se quedaban allí de pie, antes de que ella se recompusiera. —Este... ¿por qué no pasan a mi despacho?

Se giró y echó a andar. Sintió la mirada de él clavada en ella durante todo el trayecto, y lamentó amargamente cada caloría que se había ingerido en los dos años transcurridos desde la última vez que había visto a David Warren. Una mujer tenía su orgullo. Lo último que quería era parecer gorda delante de su exnovio, a punto de casarse. Especialmente por detrás.

—¿Para cuándo planean casarse usted y el Sr. Warren? —preguntó Tessa en su tono más profesional. Se había acomodado detrás de su escritorio e hizo una seña para que la feliz pareja ocupara las dos bonitas sillas de enfrente.

Una risa distinguida le respondió. Un ja-ja de internado elitista, perfectamente modulado y silencioso. —No me voy a casar con David. Él es el padrino, pero mi prometido está fuera del país y le pidió a David que me acompañara para que no me deje llevar.

Su mirada se levantó y conectó con la de David. Sí, definitivamente eso era un destello de diversión. Bastardo. Se lo estaba pasando en grande.

—Ya veo. —En un tono mucho más bajo murmuró—: De la que te has librado.

—¿Perdón?

—He dicho: «Es una suerte que haya venido a principios de temporada». Las fechas se reservan muy rápido. Bueno, ¿qué tiene en mente, Sra. Michaelson?

Las ideas de la joven estaban sacadas directamente de las páginas web de novias actuales. —Y pensé que tal vez debería llevar un ramo hipoalergénico, ya sabe, por si alguien es alérgico. —Hubo un momento de silencio. Tessa se refugió en tomar notas para poder pensar en las preguntas que le ayudaran a descubrir qué le gustaba de verdad a esta novia. Entonces Sophie dijo—: Pero estoy muy abierta a sugerencias.

David intervino: —Yo no soy el que se casa aquí, pero siempre he pensado que algo un poco menos formal estaría bien. Una boda en un jardín, por ejemplo.

El bolígrafo de ella resbaló, dibujando una línea garabateada justo encima de la palabra novia. Se dio cuenta de que le sudaban las manos, por eso se le había escurrido el bolígrafo. —Estoy segura de que la Sra. Michaelson tiene las mejores ideas para su propia boda.

—La verdad es que no —dijo la novia—. Estoy bastante abierta a ideas. Y Stewart siempre escucha a David, así que pensamos que si venía él en su lugar sería casi igual de bueno.

—Supongo. —Tessa frunció el ceño—. Y estoy segura de que su padrino siempre tiene muchísimas ideas. Ninguna cuestionable, por supuesto.

David le lanzó una mirada de «oh, vamos, por favor». Luego se levantó. —Pienso mejor de pie. Verá, Sra. Monroe, ¿le importa si la llamo Tessa? Era Tessa, ¿verdad? —No esperó respuesta, como era habitual en él, y continuó—: Verá, Tes-sa, la mayoría de la gente quiere sentir que una relación o un matrimonio es para siempre, así que buscas algo que vaya a significar algo dentro de cincuenta años. Quieres una boda que recuerdes con cariño.

Ella sintió cómo se le subían los colores a la cara mientras le sostenía la mirada. —¿Ah, sí?

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  • DE VUELTA A TI   91

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  • DE VUELTA A TI   90

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  • DE VUELTA A TI   89

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  • DE VUELTA A TI   88

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