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CAPÍTULO 6: LA FAMILIA MORETTI - PARTE FINAL

Autor: Joe Paz
last update Data de publicação: 2025-11-26 05:04:11

Adriano caminó despacio hasta la mitad del vestuario y miró a cada uno en los ojos.

—Voy a ser breve —dijo con voz firme—. Ustedes son jugadores de fútbol, pero lo que vi hoy en el campo no es un equipo.

Los murmullos desaparecieron.

—Llevan años jugando sin una identidad, sin una idea clara. Algunos se conforman con seguir en la Serie B, otros solo están aquí para cobrar su sueldo. Eso se acaba hoy.

Algunos jugadores se removieron en sus asientos.

Luca, apoyado contra la pared, decidió intervenir.

—Vittoria no es un club de segunda categoría. O no debería serlo. Pero si seguimos así, nunca vamos a subir.

Los jugadores intercambiaron miradas.

Adriano continuó:

—Aquí no hay espacio para divas, para egos, para tipos que creen que pueden hacer lo que quieran. A partir de ahora, si alguien no cumple con el equipo, no tiene lugar aquí.

Hizo una pausa, recorriendo el vestuario con la mirada.

—Si alguno de ustedes cree que esto es demasiado, la puerta está abierta.

Silencio absoluto.

Nadie se movió.

Giulio Castelli, el capitán, finalmente habló.

—¿Y qué esperan de nosotros?

Adriano lo miró directo.

—Compromiso. Profesionalismo. Ganas de ganar.

Castelli asintió, entendiendo el mensaje.

Luca dio un paso al frente.

—Este club tiene historia. Y ahora tiene un futuro. Pero depende de ustedes si quieren formar parte de él o no.

Miró a cada jugador antes de terminar con la frase que sellaría la reunión:

—Aquí no se queda nadie que no esté dispuesto a dejarlo todo por Vittoria.

Los jugadores se quedaron en silencio un momento, hasta que uno de ellos, Matteo Rinaldi, mediocampista de veintiséis años, se puso de pie y asintió.

—Entonces empecemos a hacer esto bien.

Poco a poco, otros jugadores también se pusieron de pie, siguiéndole el paso.

Rafa de Souza no dijo nada, pero Luca vio que apretaba los puños. Sabía que lo habían puesto contra las cuerdas.

Adriano los observó con una leve sonrisa.

—Nos vemos mañana. Y más les vale que vengan preparados.

Con eso, la reunión terminó.

Luca salió del vestuario junto a su hermano, y por primera vez sintió que algo había cambiado.

Tal vez, después de todo, Vittoria tenía una oportunidad.

Trabajo Nocturno en la Oficina

El día había sido largo.

Uno tras otro, los empleados del club comenzaron a marcharse. Primero los jugadores, luego el cuerpo técnico y, finalmente, los directivos y administrativos. Incluso Adriano se despidió con una palmada en la espalda y una advertencia.

—No te mates trabajando la primera semana.

Luca solo sonrió.

—Nos vemos mañana.

Cuando su hermano salió del edificio, el silencio lo envolvió.

Era la primera vez en todo el día que tenía un momento para respirar. Pero en lugar de aprovecharlo, se inclinó sobre su escritorio, encendió la lámpara y comenzó a revisar documentos.

Había tanto por hacer.

El club necesitaba jugadores nuevos, pero para eso se necesitaba dinero. Los salarios no eran competitivos, las instalaciones requerían inversión y los patrocinadores no estaban convencidos de seguir apostando por un equipo que llevaba años sin ofrecer resultados.

No importaba que ahora Vittoria tuviera el respaldo de un Moretti. El fútbol era un negocio, y nadie invertía en un proyecto sin futuro.

Perdido en esos pensamientos, Luca apenas notó cuando la puerta de la oficina se abrió.

—Dime que no piensas quedarte aquí toda la noche.

Silvia Conti entró sin esperar invitación. Traía dos cajas de pizza en las manos y un par de botellas de agua.

Luca levantó la mirada y arqueó una ceja.

—¿Me trajiste pizza?

—A diferencia de ti, sé que los seres humanos necesitan comer.

Dejó las cajas sobre la mesa y se sentó al otro lado del escritorio.

—¿Pepperoni o margarita?

—Margarita.

Silvia sonrió.

—Sabía que dirías eso.

Abrió la caja y sacó un pedazo antes de mirar todos los papeles en la mesa.

—¿Qué revisas?

Luca tomó una hoja y se la pasó.

—Patrocinios.

Silvia la leyó mientras daba un mordisco a su pizza.

—No es un buen panorama.

—No. Muchos de los patrocinadores que teníamos están reconsiderando su permanencia. Nadie quiere invertir en un equipo que lleva años sin competir de verdad.

Silvia dejó la hoja en la mesa.

—No podemos perderlos. Si Vittoria se queda sin patrocinadores, no tendremos margen para fichajes ni para mejorar las instalaciones.

Luca suspiró y tomó un pedazo de pizza.

—Lo sé. Por eso quiero hacer algo al respecto.

—¿Qué tienes en mente?

Luca apoyó un codo en la mesa y la miró con seriedad.

—Necesitamos atraer nuevos inversores y convencer a los que ya tenemos de que este proyecto vale la pena. Quiero organizar una reunión con los principales patrocinadores. Mostrarles que Vittoria tiene un plan, que vamos a cambiar.

Silvia asintió.

—Eso suena bien, pero hablar no será suficiente. Van a querer pruebas de que puedes manejar este club.

—Lo sé. Por eso, primero necesito asegurarme de que el equipo empiece a funcionar. Si Vittoria gana, si mostramos mejoras desde el primer partido, tendremos algo con qué negociar.

Silvia tomó otro pedazo de pizza y sonrió levemente.

—Sabes, Luca, cuando te escucho hablar así, casi pareces un presidente de club de verdad.

Luca sonrió con ironía.

—Es que lo soy.

Ella soltó una risa y luego lo miró con más atención.

—Hablas en serio, ¿verdad?

—Por supuesto.

Silvia dejó la pizza sobre la caja y se cruzó de brazos.

—Bien. Entonces, voy a preparar la lista de contactos para la reunión con los patrocinadores. Y también buscaré información sobre posibles nuevos inversores.

—Eres eficiente.

—Alguien tiene que serlo.

Ambos rieron levemente.

Luca tomó otro pedazo de pizza y miró el reloj.

Casi la medianoche.

Podría irse a casa, descansar y seguir mañana. Pero algo dentro de él le decía que este era el camino correcto, que cada hora extra que pasara trabajando sería la diferencia entre un fracaso y un legado.

Silvia se levantó y tomó su bolso.

—No te quedes hasta el amanecer.

—Lo intentaré.

Ella negó con la cabeza con una sonrisa antes de salir de la oficina.

Cuando Luca se quedó solo otra vez, miró el estadio desde la ventana.

Tal vez Vittoria aún no era grande.

Pero lo sería.

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