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last update Fecha de publicación: 2026-07-30 02:43:12

Su respiración comenzó a volverse dificultosa, el pecho le subía y bajaba con rapidez mientras lo miraba desde abajo.

—¿Qué... qué es lo que estás haciendo, Sebastian? —logró articular, intentando que su voz sonara firme, aunque el temblor la delató.

—No, Cassandra, más bien dime tú qué es lo que estás haciendo —murmuró él, inclinándose un poco más—. Me quitas la empresa, compras la deuda, me arrebatas mi lugar. Luego me humillas dejándome en un puesto de subordinado miserable, y ahora, de la n
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Último capítulo

  • Demasiado Tarde Para Pedir Perdón Señor, CEO   EPÍLOGO

    Sebastian soltó un suspiro, como si estuviera reuniendo valor. Deslizó una mano dentro del bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña y elegante caja de terciopelo oscuro, con un sutil acabado metálico en los bordes. Nunca antes se había sentido nervioso como en ese momento; y es que estaba a punto de hacer algo desde lo más profundo de su corazón. Ella sintió como su órgano vital se paralizaba en ese preciso momento y sus ojos se abrían de par en par.—Sebastian... —susurró, con los ojos muy abiertos.Él no se arrodilló; en cambio, se mantuvo de pie, mirándola a los ojos con una intensidad que la dejó sin aliento, acorralando su corazón con pura devoción. Abrió la caja y dentro brillaba un hermoso anillo de diamantes, resplandeciente bajo la luz de la luna.—Cassandra, mírame —pidió él con voz suave pero firme, asegurándose de tener toda su atención—. Quiero que entiendas algo antes de que digas nada. No te estoy pidiendo esto porque tengamos un hijo en común. No es una obligación,

  • Demasiado Tarde Para Pedir Perdón Señor, CEO   FINAL

    Tres días pasaron hasta que la tormenta finalmente se disipó. Tres días llenos de declaraciones interminables ante las autoridades, exhaustivas revisiones de seguridad y reuniones maratónicas con el equipo legal de la compañía. Pero esa mañana, algo había cambiado y el aire se sentía diferente; se podía respirar justicia al tiempo que libertad.Frente al espejo de cuerpo completo se encontraba ella, estaba terminando de prepararse por último se alisó la falda de su traje oscuro y terminó de ponerse unos elegantes tacones. Al mirarse, ya no veía a la mujer asustada que había sido casi que arrastrada a Italia. Veía a una mujer fuerte, a una madre dispuesta a todo, lista para reclamar su lugar en el mundo.Sebastian la esperaba en el vestíbulo. Cuando la vio descender por las escaleras, se quedó sin aliento por un instante. Con una sonrisa llena de orgullo, le ofreció el brazo y juntos salieron hacia el auto que los llevaría al centro de la ciudad.Una hora más tarde, se encontraban en l

  • Demasiado Tarde Para Pedir Perdón Señor, CEO   160

    El salón quedó sumido en un silencio denso. Jordan no paraba de caminar, desbloqueando el teléfono cada treinta segundos para ver si había algún mensaje de Sebastian. Samantha no soltaba la mano fría de Cassandra.El reloj del pasillo dio las tres y media de la madrugada. En ese mismo instante, las bombillas parpadearon una sola vez. Y la mansión se quedó a oscuras.Cassandra ahogó un grito y se puso de pie de un salto.—¡Luca!—¡Nadie se mueva! —ordenó Jordan. La voz le tembló, pero el instinto de proteger a su novia y a la familia de su mejor amigo pudo más que el miedo. Encendió la linterna del móvil—. Vamos arriba. Despacio, hacia el cuarto del niño.Subieron los escalones a oscuras, a trompicones. A Cassandra el corazón le golpeaba las costillas. Cuando abrieron la puerta de la habitación, el alma les volvió al cuerpo: Luca seguía acurrucado, abrazando su peluche, respirando al ritmo pausado de un sueño profundo. Cassandra se tiró a la cama y lo cubrió con su cuerpo, como un escu

  • Demasiado Tarde Para Pedir Perdón Señor, CEO   159

    Esperaba que se rompiera, que le suplicara que no fuera. Pero Cassandra solo cerró los ojos, respiró hondo y, al abrir los ojos, sosteniéndole la mirada, se plantó firme. Le puso las manos sobre el pecho, apretando la tela de su camisa. —Hazlo —le dijo, con una firmeza que a él mismo le costó procesar—. Ve y acaba con esto de una vez por todas. No dejes que se acerquen a nuestro hijo. Pero prométeme una cosa, Sebastian... vas a volver a cruzar esa puerta. Sebastian la atrajo hacia sí y la besó con una mezcla de desesperación y urgencia, sin palabras, antes de soltarla. —Volveré. Te lo juro. Media hora después, un auto cruzó la seguridad de la propiedad. Jordan y Samantha llegaron escoltados por dos camionetas de refuerzo. Samantha corrió a encerrarse con Cassandra, mientras Sebastian y su equipo táctico salían hacia la oscuridad de la carretera. A kilómetros de ahí, el convoy se detuvo en el perímetro del almacén. El edificio era una mole de sombra y silencio. Con señas mudas, l

  • Demasiado Tarde Para Pedir Perdón Señor, CEO   158

    El monitor de seguridad parpadeó una vez más, confirmando el intruso. Sebastian salió disparado del despacho, con el rostro tenso y el instinto de cazador a flor de piel. Sin embargo, cuando sus hombres peinaron el perímetro exterior, no encontraron hombres armados ni un asalto frontal.Encontraron algo mucho más perturbador: una caja de terciopelo negro abandonada sobre el capó del coche de Sebastian, justo en el centro del camino de entrada. Dentro, no había amenazas directas, sino una fotografía instantánea, tomada apenas unas horas antes. En ella, aparecían Cassandra, Luca y el propio Sebastian en el jardín, riendo mientras jugaban. La imagen era tan nítida que el mensaje era inconfundible: «Estamos aquí. Sabemos lo que haces. Te arrepentirás».En ese preciso momento la tranquilidad que llegó a sentir se terminó de ir. La reacción de Sebastian fue inmediata y asfixiante. En menos de una hora, dictó duplicar la seguridad y ordenó cancelar la salida al cine y el paseo a caballo, pro

  • Demasiado Tarde Para Pedir Perdón Señor, CEO   157

    La mañana siguiente comenzó con una quietud inusual. El sol entraba con suavidad por los grandes ventanales, bañando el salón de la mansión con una luz dorada que intentaba disipar cualquier rastro de la tensión vivida la noche anterior. Sebastian, fiel a su palabra, no había salido de la propiedad; había transformado la sala de reuniones de la mansión en su oficina improvisada, asegurándose de estar siempre a pocos metros de Cassandra y Luca.En el jardín, Samantha y Cassandra caminaban lentamente mientras Luca jugaba a unos metros de distancia. El ambiente era fresco, pero el peso del miedo aún flotaba en el aire.—Tienes que dejar de mirar por encima del hombro, Cass —dijo Samantha—. Sebastian ha puesto seguridad extra. Estás más segura aquí de lo que has estado en años.Cassandra suspiró. —Lo sé, Sam. Pero el miedo no se apaga como un interruptor. Siento que en cualquier momento el pasado va a romper esta burbuja. Todavía todo es demasiado peligroso con mis hermanos allá afuera..

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