Home / Mafia / Deseo Prohibido / Capítulo 1

Share

Capítulo 1

Author: Anne Mon
last update publish date: 2022-09-20 08:14:50

ANYA

5 años antes.

—¡Anya!—grita Narkissa, al entrar a mi dormitorio, me di cuenta de que estaba molesta —¡¿Cómo demonios es que dejaste que te vendieran con ese monstruo?!

Nadie comprendía que era algo que yo no podía evitar, tenía que aceptarlo y ya. Jamás me dieron la opción de elegir y la verdad no sé si la quería o no. Salirme de este encierro y entrar a otra cárcel venía siendo lo mismo, solo que con un hombre a lado mío, uno que es un desconocido para mí. 

—Sabes que no tengo voz ni voto en esto —digo en un tono triste y pesado. 

Estaba haciendo mi último equipaje, la mala noticia ya me la habían dado y solo me quedaba hacer esto, para marcharme para siempre de esta jaula de oro y entrar a otra.

—En que siglo creen que vivíamos. Mis tíos no pueden hacerte esto, me rehusó a que te vayas con ese monstruo. 

—Para ellos así será, ellos son los quedan las órdenes. 

Narkissa se acerca y me arrebata las prendas de ropa que tenía entre mis manos. 

—¡Por Dios no seas estúpida! -me quede viéndola, nunca se había expresado de esa forma conmigo —Perdón, no quise hablarte de ese modo. Es que odio que te traten así, que se aprovechen de tu inocencia. No dejaré que se salgan con la suya.

—Kissa, ya está hecho. No hay nada que hacer, más que aceptarlo. Él vendrá por mí en un par de horas —digo cabizbaja mientras suelto un suspiro. 

Ella niega mientras dice un rotundo "NO" y sale por la puerta llena de furia.

Narkissa, es mi prima más cercana y la única que ha estado conmigo, la única persona que me ha demostrado que me quiere. Ella y yo crecimos juntas, ya que nuestro vínculo viene por nuestros padres que son hermanos. Cuando Kissa y Vladímir su hermano mayor, quedaron huérfanos, mis padres se hicieron cargo de ellos hasta que mi primo cumplió la edad suficiente para valerse por si solo, pero Narkissa no espero a hacer mayor y lo siguió. 

Eran inseparables y se querían mucho, aún lo siguen haciendo pero cada quien por su lado. Mi prima es una mujer guapísima e independiente, ella siempre fue como un ejemplo para mí, de ella he aprendido muchas cosas, pero nada más porque me falta el coraje el valor que ella tiene. 

Nunca he podido enfrentar a mis padres y decirles "no" a algo que no quiera hacer, siempre fui su títere y probablemente muy pronto lo seré para ese malvado hombre.

Sergei Vasiliev, era un mafioso despiadado y cruel de la mafia rusa. Todos le llaman el monstruo, y uno se imagina del porqué. Solo me pregunté ¿por qué con él? Habiendo tantos hombres ¿por qué habían elegido al lobo? 

Aún no le conocía, únicamente lo que hablaban de él, pero con eso tenía suficiente para asustarme.

Dos horas más tarde alguien llamó a mi puerta.

—Anya, ya es hora —era mi madre, solamente se asomó, ni siquiera entro a mi dormitorio. 

Ni siquiera sé va a despedir, que puedo esperar de unos padres fríos y que carecen de amor propio. Desde que era pequeña jamás me han demostrado un mínimo afecto, siempre dude de su cariño hacia mí. A pesar de todo, yo a ellos si los quería y los perdonaba por sus actos mezquinos e inapropiados, como el venderme al capo de la Bratva.

Baje las escaleras lentamente, no es que no quisiera dejar esta jaula, sino la idea de salir de una para entrar a otra que desconocía, me aterraba. Sentía un nudo en el estómago cuando llegué a la oficina de mi padre, Me deslicé dentro, aún sin mirar a nadie mientras cerraba la puerta.

Contuve la respiración cuando levanté la mirada para verle, era un hombre con mirada peligrosa y que gritaba crueldad. Muy mayor para mi edad, quizás unos quince o hasta más. 

Ahora me doy cuenta de que todo lo que decían de él era cierto, por fuera era aterrador, no quiero averiguar su interior.

Me dejo helada y tuve que apartar mis ojos de él y de sus hombres peligrosos que lo escoltaban. No podía soportar verle, reflejaba maldad. Conocía este mundo y tipos así como Sergei Vasiliev, frecuentaban las reuniones y fiestas en las que mi familia asistía, pero no conocía más allá de eso, pero ahora iba a llegar ese día.

Al extremo de la habitación se encontraba Narkissa y Vladimir, parecía que habían discutido, ya que ella se miraba algo alterada y su hermano la sujetaba del brazo detrás de él. Ella siempre había sido muy expresiva e incontrolable, eran de las muchas características que me gustaban de mi prima.

Mi padre se movió hacia mí, puso su mano en mi espalda y me guio hacia mi futuro esposo. El hombre parecía una roca, sus ojos eran oscuros y fríos, una mirada dura que te pone la piel erizada por los escalofríos de terror que provocaba.

Asustada como un cordero comencé a temblar.

—Te hago entrega de mi más preciada joya —le dijo mi padre sin ninguna emoción.

Narkissa se removió aún en el agarre de su hermano, pero Vlad no la soltó. 

—¡Esto es injusto! —grito Narkissa —¡No pueden obligarla hacer esto!

—¡Narkissa es suficiente! —le lanzo una mirada fulminante mi padre y después le hizo una seña a Vladimir.

Mi primo sin nada de esfuerzo se inclinó para levantar a su hermana echársela sobre su hombro y de esa manera la saco de la habitación, mientras ella gritaba y pataleaba luchando contra su hermano, quién solo quería protegerla.

—Y bien... es toda tuya, puedes tomarla y llevártela cuando quieras.

Mis ojos se dirigieron bruscamente en su dirección. Me estaba ofrecido como si fuera una de sus mercancías, me sentía como un animalito indefenso entre tantos hombres armados, peligroso y crueles. Y mi propio padre me había regalado como un objeto.

Mis ojos se humedecieron, sin embargo, reprimí el llanto, no debía llorar y menos frente de ellos. Me sobresalté cuando sentí que tomó de mi brazo en un modo brusco y rígido, por más que quise controlar mis nervios no podía lograrlo y menos si me tocaba, ya que su toqué me desagradó de inmediato.

—Ahora me perteneces —mascullo cerca de mi rostro con esa mirada cruel. Definitivamente, seguiré siendo un objeto más, uno que no tiene valor para nadie.

Sin darme tiempo de ver a mi padre, halo de mí y me llevo consigo lejos de allí. No dejo que me despidiera ni viera a nadie. Llevándome casi arrastras al infierno, a la nueva jaula de oro, que ahora se convertirá del horror.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Deseo Prohibido   Capítulo 36

    ANYAEl hombre de manos callosas me arrastra por el pasillo del yate; mientras el otro camina detrás de mí, como si esperara que hiciera algo estúpido… como si pudiera.Las paredes pulidas reflejan mi figura desencajada como un espejo deformante. De pronto, uno de ellos —el más corpulento, con cicatrices que le serpentean por los nudillos— se detiene delante de mí, quedando de frente.Mis ojos se abren con sorpresa cuando sus manos van a mis muñecas y las libera. Mi cerebro apenas logra procesar eso, cuando en eso siento un jalón por detrás y solo veo cómo mi abrigo es arrancado de mi cuerpo. La prenda cede y un escalofrío me recorre la espalda. No sé si por el frío que siento ahora o por el miedo.—¿Qué hacen…? —la pregunta sale temblorosa, casi infantil. No obtengo respuesta de ninguno de los dos.Solo me invade el pánico, y, sin embargo, no hago nada para evitarlo, pero mis ojos se agrandan, imaginando lo peor: ¿Querrán desvestirme por completo? ¿Es esto lo que Serguéi ordenó? El m

  • Deseo Prohibido   Capítulo 35

    ANYAEl helicóptero se eleva en cuestión de segundos, y con él, también mi pánico.Mis muñecas duelen, las cuales ahora rozan por el cuero que las mantiene prisioneras. No puedo moverme, tampoco ya no puedo escapar. Debí haber aprovechado cuando tuve la oportunidad, ahora estoy atada y estoy siendo vigilada por estos matones, ni siquiera puedo girar del todo para ver por la ventanilla, ya que todos esos ojos están puestos sobre mí.Pero eso no es lo peor.Lo peor es la mirada de Serguéi, sus ojos oscuros han estado clavados en mi desde que subimos al helicóptero.Esta sentado al frente, justo en diagonal a mí, no me ha quitado los ojos de encima ni un segundo. Es como si estuviera esperando que yo le confiese algo, puedo notarlo en su mirada, en ese rostro duro y cruel, que exige con un silencio estridente.Puedo ver como su mandíbula se tensa. Sus manos descansan sobre sus rodillas, sus dedos se mueven, crispados, como si se estuviera conteniendo a tomar mi cuello para apretarlo hast

  • Deseo Prohibido   Capítulo 34

    ANYAOigo solo caos fuera de la habitación, no me atrevo ni a asomar la cabeza, no puedo correr el riesgo a que Serguéi me golpee de nuevo. Menos ahora que estaba decidida a revelarme si me tocaba un solo cabello.Lo odiaba con todas mis fuerzas. Nunca había despreciado tanto a alguien en mi vida.No sé qué está pasando allí afuera. Solo hay gritos y órdenes de él, supongo que se las daba a sus hombres.Cuando escucho la puerta de la habitación abrirse, escondo rápidamente la pequeña maleta que estaba haciendo. Llevo varios días planeando esto, dándole vuelta cómo puedo salir de esta prisión de alto calibre, sin que ningún soldado o cámara me atrape en el intento. Porque si eso pasa, es muy posible que no la libre, que esta vez Serguéi si me mate.—¡Anya! —grita la voz de mi asqueroso marido. —¡¿Dónde demonios te metes?!Termino de guardar la maleta negra detrás de uno de los muebles de mi guardarropa. Él nunca revisa aquí, así que no creo que la encuentre, y si eso pasa, ya se me ocu

  • Deseo Prohibido   Capítulo 33

    LUCAEl amanecer llegó sin que pudiera pegar los ojos. La noche fue larga, pesada y cargada de pensamientos que no me daban tregua. Alan dormía, o al menos lo intentaba, acostado en el sofá con una manta hasta el cuello y el cuchillo todavía en su mano, como si eso pudiera protegerlo de lo inevitable.Yo no dormí. No podía.Mi mente seguía encadenada a ella. A su rostro. A su voz. A ese último abrazo que me pareció demasiado corto para lo que venía. Anya no era solo una obsesión o una debilidad. Era la única cosa que me anclaba a lo que quedaba de humanidad en mí.Y también era la única persona que podía hacerme perder el control en un solo parpadeo.Cuando los primeros rayos del sol entraron por la pequeña rendija de la ventana, ya estaba sentado en la mesa, con los codos apoyados y las manos entrelazadas, mirando fijo un punto muerto en la madera. Mis pensamientos seguían corriendo con el mismo ruido que la tormenta que se formaba dentro de mí.Tenía que sacarnos de aquí. A Alan y a

  • Deseo Prohibido   Capítulo 32

    LUCANos subimos a la camioneta sin más palabras. Iván se sentó en el asiento del copiloto, mientras Leo conducía. Enzo se quedó con Alan y conmigo en la parte trasera, vigilándonos de cerca.El camino fue largo y silencioso. A través de la ventanilla, el bosque pasaba como una mancha oscura e interminable, interrumpida solo por los faros de otros vehículos en la distancia.Finalmente, tras lo que parecieron horas, llegamos a una cabaña en medio del bosque. No era grande, pero estaba bien resguardada y rodeada de árboles altos que bloqueaban la vista desde el aire.Leo estacionó el auto y Enzo abrió la puerta para que bajáramos.—Aquí se quedarán hasta que tengamos todo listo para Italia —anunció Enzo, señalando la entrada—. No salgan, no llamen la atención y no intenten nada estúpido.Alan soltó un bufido, pero entramos sin rechistar.La cabaña estaba bien acondicionada. Había calefacción, una sala con sofás de cuero oscuros y una mesa con comida servida. Pero lo que más me llamó la

  • Deseo Prohibido   Capítulo 31

    LUCAEl viento helado de Oymyakon rugía con más fuerza cuando salimos de la tienda. La nieve bajo mis botas crujía con cada paso que daba, mientras Iván caminaba a mi lado, en completo silencio. Enzo y Leo iban unos pasos detrás de nosotros, con sus rostros pétreos y miradas calculadoras. Alan nos seguía de cerca, su mandíbula tensa y la desconfianza ardiendo en sus ojos. Sabía que no le gustaba la idea de que nos pusiéramos en manos de la mafia italiana, pero en este punto no había otra opción.El helicóptero seguía en el mismo punto donde aterrizó, con el rotor aún girando lentamente. Los hombres de Vang se mantenían a la distancia, observándonos con atención, listos para actuar si algo se salía de control. A pesar del trato que habíamos hecho, ninguno de nosotros confiaba completamente en el otro.Iván se detuvo junto al helicóptero y giró para mirarme.—No podemos quedarnos aquí más tiempo, tenemos que movernos rápido —dijo con su voz ronca—. No quiero correr riesgos innecesarios

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status