FAZER LOGINEl mismo día
Austin, Texas
Ethan
Nunca imaginé que cada palabra salida de los labios de Olivia pudiera dolerme de esa manera. Sabía que me odiaba, lo esperaba. Pero descubrir cuánto pesaba ese odio mientras me sostenía la mirada fue muy distinto.
Aun así, no podía rendirme. Si quería que me escuchara, solo me quedaba una oportunidad.
La fotografía.
Enterré el miedo, soporté su burla, me tragué la impotencia y al final le tendí la fotografía. Entonces ocurrió.
Vi cómo cada uno de sus gestos cambiaba frente a mis ojos y, sin quererlo, mi mente regresó al pasado. A aquellos días en que una sola mirada de Olivia bastaba para detenerme el corazón. Al instante en que mi vida cambió para siempre.
Todavía podía verla en la cocina, moviéndose de un lado a otro mientras removía la salsa y tarareaba una canción que nunca aprendí a recordar. Yo estaba apoyado contra el marco de la puerta, observándola en silencio, con los brazos cruzados y una sonrisa que ni siquiera intentaba disimular.
Como si sintiera que la observaba, giró la cabeza hacia mí.
Sus ojos encontraron los míos y esa sonrisa capaz de desarmarme apareció en su rostro.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí espiándome? —preguntó divertida, sin dejar de remover la olla.
Me encogí de hombros y avancé un par de pasos.
—Intento descubrir qué pretendes... —respondí acercándome a la encimera—. Pasta, una botella de vino... y mi postre favorito. Todo esto me parece demasiado sospechoso.
Olivia dejó escapar una risa baja y negó con la cabeza.
—¿No puedo preparar una cena para mi esposo?
La observé en silencio. Había algo distinto. No era la cena, tampoco el vino... era ella.
—Respuesta equivocada... —murmuré estrechando los ojos mientras buscaba una explicación en su rostro—. ¿Qué sucede, Olivia?
Su sonrisa vaciló un segundo. Bajó la vista hacia sus manos y respiró hondo antes de volver a encontrar mis ojos.
—Sé que teníamos planes para el futuro... —susurró con una mezcla de nervios y emoción—. Pero me descuidé...
Fruncí el ceño sin comprender.
Ella tomó mi mano despacio y la llevó hasta su vientre.
—Estoy embarazada.
El recuerdo desapareció en un parpadeo.
Mis ojos encontraron los de Olivia. La incredulidad había borrado cualquier rastro de burla y, poco a poco, el miedo terminó por abrirse paso en su rostro.
Fue entonces cuando un hombre alto, de unos treinta años, cabello castaño y ojos azules, entró al atelier con paso decidido. El traje impecable y la seguridad con la que pronunció el nombre de Olivia bastaron para comprender quién era.
No necesitaba que nadie me lo dijera.
Ese era el hombre con el que pensaba casarse.
Y ahora nadie dice una sola palabra. Olivia sigue aferrada a la fotografía. Sus ojos permanecen clavados en ella, como si todo lo demás hubiera dejado de existir.
Aprovecho ese instante y acorto la distancia que nos separa.
—Estoy hablando con mi esposa.
El desconocido me corta el paso y se coloca delante de Olivia, dejando claro que no piensa permitirme volver a acercarme.
—¿Tu esposa? —repite con una sonrisa llena de desprecio—. Dejaste de ser su esposo el día que decidiste abandonarla.
Sostengo su mirada sin moverme un centímetro.
—No me importa quién seas. Olivia y yo tenemos un asunto pendiente. No interfieras.
Una sonrisa de suficiencia le cruza el rostro.
—Todo lo que tenga que ver con Olivia es asunto mío. Dentro de unos días será la señora Brooks.
Las palabras todavía resuenan cuando otra voz irrumpe en el atelier.
—Vaya... miren quién decidió regresar.
No necesito girarme para reconocerla.
Charles.
Cuando nuestras miradas chocan, la sonrisa se le borra por un instante. Es tan breve que cualquiera podría pasarla por alto, pero yo la veo. Después vuelve a esconder el desconcierto detrás de esa expresión hipócrita que tantas veces aprendí a detestar.
—Volví para tu desgracia, Charles. —sentencio sin apartar los ojos de los suyos.
Él recupera la compostura y suelta una risa seca.
—Haznos un favor, Ethan. —espeta con voz venenosa— Regresa a donde m****a hayas estado todos estos años y deja en paz a Olivia.
—Ya lo escuchaste —interviene Brooks, colocándose todavía más cerca de ella—. No tienes nada que hablar con mi prometida.
No pierdo el tiempo respondiéndoles. Mi mirada busca de nuevo los ojos de Olivia.
Sigue aferrada a la fotografía. Los dedos le tiemblan alrededor del papel. Ni siquiera parece escuchar la discusión que acaba de estallar a su alrededor. Brooks la rodea con un brazo.
No logra apartar los ojos de esa imagen... como si en ella acabara de encontrar la respuesta que lleva cuatro años buscando.
Unas horas más tarde
Le dediqué una última mirada a Olivia antes de darme la vuelta, convencido de que iba a detenerme.
No lo hizo.
Abandoné el atelier con una punzada clavada en el pecho y la impotencia pegada a la piel. Caminé sin rumbo. Dejé que mis pasos decidieran por mí. No miraba hacia dónde iba. Por momentos juré volver a ver a Noah corriendo delante de mí con esa sonrisa capaz de derretirnos el alma. Detrás aparecía Olivia, riendo mientras intentaba alcanzarlo, y durante unos segundos volví a creer que todavía existía un lugar donde los tres seguíamos siendo una familia.
El sonido de una bocina terminó por arrancarme de aquel espejismo. Levanté la cabeza y descubrí el cartel del hotel frente a mí. Ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta allí. Lo único que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza era la misma pregunta.
¿En qué había fallado?
¿Qué más debía haber hecho para que Olivia me creyera?
Dejo escapar el aire con pesadez mientras cierro la puerta de la habitación a mi espalda. El silencio vuelve a envolverme y empiezo a guardar las pocas pertenencias que traje conmigo. Tomo la chaqueta del respaldo de la silla y, casi por instinto, mis dedos encuentran la fotografía donde aparecemos Olivia, Noah y yo sonriendo en el jardín de la casa.
Me quedo mirando la fotografía.
El nudo regresa a mi garganta.
Justo cuando estoy a punto de guardarla, tres golpes secos contra la puerta rompen el silencio de la habitación.
Frunzo el ceño.
No espero a nadie.
Dejo la fotografía sobre la mesa y camino hasta la puerta.
Giro el picaporte.
El aire se me queda atrapado en los pulmones.
Al otro lado de la puerta está Olivia.
Aprieta la fotografía contra el pecho con tanta fuerza que el papel termina arrugándose entre sus dedos. Sus ojos buscan los míos con una mezcla de miedo, dudas y una esperanza que todavía se niega a aceptar.
—¿De dónde sacaste esta foto?
El mismo díaAustin, TexasOliviaAmelia no escuchaba, ni parecía tener intenciones de hacerlo. Para ella, todo se reducía a crucificar a Ethan por su abandono durante cuatro años y, encima, pretendía intervenir en mi matrimonio a cambio de la cabeza de Charles. Lo extraño era verla revolviendo el clóset, como si quisiera desaparecer antes que tomar partido por alguno de los dos. O quizá simplemente estaba molesta porque no le había comunicado la revocación del poder. Fuera cual fuera la razón, necesitaba su apoyo como hermana.Ella continuó doblando la ropa sin decir una maldita palabra. Yo seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo ni aquella manera de chantajearme. Finalmente, dejó una prenda sobre la cama, levantó la mirada y habló.—Tengo derecho a tomarme unas vacaciones después de estar meses preparando tu boda con Daniel, después de estar consolándote como tonta… —reclamó, sacando otra prenda del armario.La miré con incredulidad.—Amelia, no me hagas sentir mal por lo qu
Dos días despuésAustin, TexasEthanSupe desde el principio que poner un pie en la mansión era una pésima idea, pero Olivia estaba convencida de que era el camino para atrapar a Charles, de forzarlo a cometer un error. Lo que conseguimos fue que yo perdiera el control y, encima, tuviera que soportar sus regaños.Después de que Bresman interviniera, Olivia me arrastró del brazo hasta la cocina mientras yo seguía fulminando a Charles con la mirada. Todavía sentía la sangre hervirme y los nudillos me ardían por el golpe. Había querido arrancarle la verdad a puñetazos, pero en el fondo sabía que Charles había conseguido exactamente lo que buscaba: hacerme perder la cabeza.—Ya basta, Ethan. Deja de seguirle el juego… —me reprendió, cerrando la puerta detrás de nosotros.—Dame cinco minutos con el cabrón —murmuré con la voz áspera, todavía con la rabia clavada en el pecho—. Te aseguro que le saco la verdad a punta de golpes.Olivia negó con la cabeza y señaló una de las sillas.—Por Dios,
El mismo díaAustin, TexasCharles¿Acierto, error, pérdida de tiempo? No sabía cómo encasillar a Daniel. Y aun así, su relación con Olivia podía acercarme a la verdad sobre la muerte de Noah y, quizás, inclinar la balanza a mi favor. Al fin de cuentas, él tenía su confianza. Estaban a punto de casarse.Y, sin embargo, me desagradaba su silencio, aquella calma que no conseguía descifrar en su mirada. Finalmente, frunció el ceño y su voz rasgó el ambiente.—Con sinceridad, Charles, no sé qué pensar. Olivia está aferrada a una fotografía del niño. ¿Cómo si eso fuera suficiente para emprender una búsqueda? —respondió, dejando escapar el aire.Fruncí el ceño y me incliné sobre el escritorio.—Explícate mejor, Daniel. ¿Qué es eso de la fotografía? —pregunté, sintiendo cómo la inquietud comenzaba a instalarse en el pecho.Daniel apoyó las manos sobre la carpeta y sostuvo mi mirada.—Existe una fotografía de un niño de unos seis años con los rasgos de su hijo. Tiene una cicatriz en la frente
El mismo díaAustin, TexasOliviaCada hallazgo solo me llevaba a la misma conclusión: Noah, con su corta edad, debía estar encerrado en algún sitio horrendo, sufriendo maltratos sin comprender siquiera lo que estaba viviendo. Sí, imaginaba lo peor; ¿cómo no hacerlo después de que cada escena resultaba más espeluznante que la anterior? Comprendí que el miedo no podía paralizarme. Al contrario, más que nunca debía sacar fuerzas de donde ya no quedaran para seguir adelante.Y aun habiendo tomado la decisión de acudir a la mansión, Ethan continuaba empecinado en arrinconar a Charles. Apenas se levantaba, ya estaba pegado al celular, deambulando por el pequeño departamento, como esta mañana.Apenas salí de la cama, arrastré los pies hasta la cocina disfrutando del olor a café recién hecho y lo encontré con la espátula en una mano y el celular en altavoz.Sonreí apenas y avancé hasta servirme una taza.—Te llamo después, Steve —dijo Ethan con una sonrisa antes de cerrar la llamada y girars
El mismo díaAustin, TexasEthanLlegué a pensar que Rose Green nos ofrecería un dato concreto para encontrar a Noah y hundir a Charles en la cárcel. No diré que fue una pérdida de tiempo; al contrario, nos dio información valiosa sobre el secuestro, pero al mismo tiempo el camino se nos acabó. Por primera vez desde que regresé a la vida de Olivia, no encontraba una pista que seguir. Era hora de pensar en la idea descabellada de mi esposa.Y aun sabiéndolo, me costaba aceptarlo, así que quise pensar en otra salida. Volví a revisar las carpetas de la investigación, extendí los mapas sobre la mesa mientras intentaba encontrar un punto que se nos hubiera escapado. Entonces la voz de Olivia se instaló en el ambiente.—Ahí no está lo que buscas. Ya tomé una decisión y no cambiaré de opinión.Levanté la mirada y la encontré de pie frente a mí, con una toalla alrededor del cuerpo y el cabello mojado cayéndole sobre los hombros.—Estaba mirando las posibles rutas desde Austin hasta Nuevo Méxi
Al día siguienteAustin, TexasCharlesMiraba una y otra vez aquel ataúd con impotencia. No sabía quién carajos se atrevía a burlarse de mí y esa falta de certezas me enervaba todavía más. El pecho me subía y bajaba con violencia, tenía los puños apretados y la mirada encendida mientras Foster permanecía paralizado frente a la fosa. De dos zancadas salí de allí y quedé frente a él.—Foster, ahora mismo revisa las malditas cámaras de seguridad, los putos registros, interroga a quien sea, pero me das el nombre de quien carajos sacó el cuerpo del niño —exigí, señalando hacia la oficina.Foster tragó saliva y bajó la mirada antes de atreverse a responder.—Eh… Bennett, eso no estaba incluido en lo que acordamos —protestó, retorciéndose las manos.Me acerqué hasta quedar a pocos centímetros de él.—Mira, imbécil, mueve ese trasero. Haz lo que te digo o vas a pasar una larga temporada tras las rejas de una celda —amenacé, conteniendo apenas la furia.Foster masculló algo por lo bajo y apret







