INICIAR SESIÓNEl mismo día
Texas, Austin
Olivia
Las palabras de Ethan solo aumentaban mi rabia. Abrían esa herida que todavía me costaba cerrar, pero, al mismo tiempo, también sembraban dudas. ¿Cómo era posible que jugara con el recuerdo de nuestro hijo? ¿Por qué regresaba después de tanto tiempo? ¿Era solo un acto desesperado para impedir mi boda? ¿O era su ego incapaz de aceptar que por fin seguía adelante?
Porque mientras él me abandonaba sin una maldita explicación, yo me quedaba sola, sobreviviendo al infierno de aceptar la muerte de Noah. Y, aun así, un día decidí levantarme. Volví a caminar por los pasillos de la empresa, convencida de que, aunque nunca volvería a ser la misma mujer, debía aprender a seguir respirando.
Todavía podía ver a Daniel apoyado sobre la mesa de la sala de juntas, fingiendo hojear los porcentajes del contrato mientras yo solo pensaba en escapar de aquella interminable negociación.
Poco a poco los ejecutivos abandonaron la sala de juntas. Esperé unos segundos antes de recoger mi carpeta, convencida de que por fin podría escapar de aquella reunión interminable. Ya tenía la mano sobre el respaldo de la silla cuando su voz volvió a detenerme.
—Tampoco disfruto de las reuniones de negocios... —comentó a mi espalda—. Pero debo admitir que esta vez resultó bastante productiva.
Me giré despacio y fruncí el ceño.
Daniel permanecía apoyado contra la mesa con una sonrisa ladeada, como si hubiera estado esperando el momento exacto para quedarse a solas conmigo.
—No cantes victoria... Los números no van a cambiar a tu favor.
Él dejó escapar una risa baja y cerró la carpeta con tranquilidad.
—Poco me importa el contrato... —replicó sin apartar los ojos de mí—. Hablo de ti.
Arqueé una ceja, divertida pese a mí misma.
—¿Estás coqueteando conmigo?
Él anuló parte de la distancia que nos separaba y apoyó una mano sobre la mesa, sin dejar de sostenerme la mirada.
—Busco algo más que un simple coqueteo... —declaró con una seguridad desarmante—. Quiero una cita. Velas, buena comida y música de fondo... si te atreves, Olivia.
Una sonrisa incrédula terminó por escapárseme.
—Estás en modo de cacería... Será mejor que busques otra presa.
Di media vuelta convencida de que la conversación había terminado, pero cuando mis dedos ya rozaban la perilla de la puerta, su voz volvió a alcanzarme.
—Soy muy persistente... —advirtió con un tono cargado de confianza—. No me rindo a la primera negativa. ¿Paso por ti a las ocho de la noche?
La voz de Daniel termina por apagarse en mi mente, pero no la confusión ni la rabia que siguen revolviéndome por dentro. Ethan continúa sosteniéndome la mirada con esos ojos cargados de desesperación... y de algo más que todavía soy incapaz de comprender.
—De acuerdo, Olivia... —cede al fin mientras asiente con la cabeza—. Lo haremos a tu manera.
Cruzo los brazos sin bajar la guardia.
—El tiempo corre, Ethan...
Él sostiene mi mirada durante unos segundos, como si buscara la forma de atravesar toda la rabia que llevo encima.
—Sé que ahora mismo me odias. —admite con la voz cansada—. Y también sé que piensas que inventaría cualquier cosa para impedir esa boda… pero si hubiera otra forma de demostrarte que no estoy mintiendo, la usaría.
Baja la vista durante un instante, como si reunir fuerzas también le doliera.
—Solo mírala... después, si quieres volver a echarme de tu vida, no voy a detenerte.
Él traga con dificultad, desliza una mano dentro del bolsillo de la chaqueta y, después de vacilar apenas un instante, saca una fotografía que extiende hacia mí.
Frunzo el ceño.
— ¿Una foto? —suelto una risa sin humor mientras la tomo entre los dedos—. ¿Eso es todo lo que tienes?
Apenas le dedico una mirada. Es un parque de diversiones lleno de familias caminando de un lado a otro, niños corriendo entre los juegos y parejas disfrutando del día. No encuentro nada fuera de lo común.
Extiendo la mano con intención de devolvérsela.
—Ya la vi... ¿Qué tiene de interesante?
Ethan ni siquiera intenta tomar la fotografía. Deja la mano inmóvil a un costado del cuerpo y sostiene mi mirada con una calma que empieza a ponerme nerviosa.
—No estás mirando donde debes... —me pide sin apartar los ojos de los míos—. Vuelve a mirarla... por favor.
Resoplo con impaciencia y vuelvo a bajar la vista hacia la fotografía. Mis ojos empiezan a recorrerla con más calma. Una pareja caminando tomada de la mano, dos chicas riéndose mientras sostienen unos vasos de refresco, un hombre empujando un coche de bebé... Y entonces mi respiración se corta.
Un niño de unos seis años aparece al fondo de la imagen. Lleva un conejo de peluche apretado contra el pecho, igual al que Noah no soltaba ni para dormir.
El corazón empieza a golpearme con violencia.
Niego una y otra vez.
No...
Acerco la fotografía hasta casi rozarme el rostro. Mis ojos vuelven a recorrer al pequeño y entonces lo descubro.
Una fina cicatriz le cruza la frente.
La misma que Noah se hizo al caer de la bicicleta mientras Ethan intentaba enseñarle a andar sin rueditas.
El suelo parece desaparecer bajo mis pies. El aire deja de entrar en mis pulmones mientras mis dedos empiezan a temblar alrededor de la fotografía.
—No... —susurro sacudiendo la cabeza una y otra vez, incapaz de aceptar lo que tengo delante de los ojos—. No... tiene que ser una coincidencia... una maldita coincidencia...
Vuelvo a mirar la fotografía, buscando cualquier detalle que me permita convencerme de que Ethan está equivocado.
Levanto la cabeza de golpe.
Daniel acaba de entrar al atelier.
Su mirada viaja de Ethan hasta mí y termina deteniéndose en la fotografía que todavía sostengo entre las manos.
Frunce el ceño al descubrir las lágrimas deslizándose por mis mejillas.
—Olivia... —pronuncia mi nombre mientras acorta la distancia entre nosotros—. ¿Qué sucede?
El mismo díaAustin, TexasOliviaAmelia no escuchaba, ni parecía tener intenciones de hacerlo. Para ella, todo se reducía a crucificar a Ethan por su abandono durante cuatro años y, encima, pretendía intervenir en mi matrimonio a cambio de la cabeza de Charles. Lo extraño era verla revolviendo el clóset, como si quisiera desaparecer antes que tomar partido por alguno de los dos. O quizá simplemente estaba molesta porque no le había comunicado la revocación del poder. Fuera cual fuera la razón, necesitaba su apoyo como hermana.Ella continuó doblando la ropa sin decir una maldita palabra. Yo seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo ni aquella manera de chantajearme. Finalmente, dejó una prenda sobre la cama, levantó la mirada y habló.—Tengo derecho a tomarme unas vacaciones después de estar meses preparando tu boda con Daniel, después de estar consolándote como tonta… —reclamó, sacando otra prenda del armario.La miré con incredulidad.—Amelia, no me hagas sentir mal por lo qu
Dos días despuésAustin, TexasEthanSupe desde el principio que poner un pie en la mansión era una pésima idea, pero Olivia estaba convencida de que era el camino para atrapar a Charles, de forzarlo a cometer un error. Lo que conseguimos fue que yo perdiera el control y, encima, tuviera que soportar sus regaños.Después de que Bresman interviniera, Olivia me arrastró del brazo hasta la cocina mientras yo seguía fulminando a Charles con la mirada. Todavía sentía la sangre hervirme y los nudillos me ardían por el golpe. Había querido arrancarle la verdad a puñetazos, pero en el fondo sabía que Charles había conseguido exactamente lo que buscaba: hacerme perder la cabeza.—Ya basta, Ethan. Deja de seguirle el juego… —me reprendió, cerrando la puerta detrás de nosotros.—Dame cinco minutos con el cabrón —murmuré con la voz áspera, todavía con la rabia clavada en el pecho—. Te aseguro que le saco la verdad a punta de golpes.Olivia negó con la cabeza y señaló una de las sillas.—Por Dios,
El mismo díaAustin, TexasCharles¿Acierto, error, pérdida de tiempo? No sabía cómo encasillar a Daniel. Y aun así, su relación con Olivia podía acercarme a la verdad sobre la muerte de Noah y, quizás, inclinar la balanza a mi favor. Al fin de cuentas, él tenía su confianza. Estaban a punto de casarse.Y, sin embargo, me desagradaba su silencio, aquella calma que no conseguía descifrar en su mirada. Finalmente, frunció el ceño y su voz rasgó el ambiente.—Con sinceridad, Charles, no sé qué pensar. Olivia está aferrada a una fotografía del niño. ¿Cómo si eso fuera suficiente para emprender una búsqueda? —respondió, dejando escapar el aire.Fruncí el ceño y me incliné sobre el escritorio.—Explícate mejor, Daniel. ¿Qué es eso de la fotografía? —pregunté, sintiendo cómo la inquietud comenzaba a instalarse en el pecho.Daniel apoyó las manos sobre la carpeta y sostuvo mi mirada.—Existe una fotografía de un niño de unos seis años con los rasgos de su hijo. Tiene una cicatriz en la frente
El mismo díaAustin, TexasOliviaCada hallazgo solo me llevaba a la misma conclusión: Noah, con su corta edad, debía estar encerrado en algún sitio horrendo, sufriendo maltratos sin comprender siquiera lo que estaba viviendo. Sí, imaginaba lo peor; ¿cómo no hacerlo después de que cada escena resultaba más espeluznante que la anterior? Comprendí que el miedo no podía paralizarme. Al contrario, más que nunca debía sacar fuerzas de donde ya no quedaran para seguir adelante.Y aun habiendo tomado la decisión de acudir a la mansión, Ethan continuaba empecinado en arrinconar a Charles. Apenas se levantaba, ya estaba pegado al celular, deambulando por el pequeño departamento, como esta mañana.Apenas salí de la cama, arrastré los pies hasta la cocina disfrutando del olor a café recién hecho y lo encontré con la espátula en una mano y el celular en altavoz.Sonreí apenas y avancé hasta servirme una taza.—Te llamo después, Steve —dijo Ethan con una sonrisa antes de cerrar la llamada y girars
El mismo díaAustin, TexasEthanLlegué a pensar que Rose Green nos ofrecería un dato concreto para encontrar a Noah y hundir a Charles en la cárcel. No diré que fue una pérdida de tiempo; al contrario, nos dio información valiosa sobre el secuestro, pero al mismo tiempo el camino se nos acabó. Por primera vez desde que regresé a la vida de Olivia, no encontraba una pista que seguir. Era hora de pensar en la idea descabellada de mi esposa.Y aun sabiéndolo, me costaba aceptarlo, así que quise pensar en otra salida. Volví a revisar las carpetas de la investigación, extendí los mapas sobre la mesa mientras intentaba encontrar un punto que se nos hubiera escapado. Entonces la voz de Olivia se instaló en el ambiente.—Ahí no está lo que buscas. Ya tomé una decisión y no cambiaré de opinión.Levanté la mirada y la encontré de pie frente a mí, con una toalla alrededor del cuerpo y el cabello mojado cayéndole sobre los hombros.—Estaba mirando las posibles rutas desde Austin hasta Nuevo Méxi
Al día siguienteAustin, TexasCharlesMiraba una y otra vez aquel ataúd con impotencia. No sabía quién carajos se atrevía a burlarse de mí y esa falta de certezas me enervaba todavía más. El pecho me subía y bajaba con violencia, tenía los puños apretados y la mirada encendida mientras Foster permanecía paralizado frente a la fosa. De dos zancadas salí de allí y quedé frente a él.—Foster, ahora mismo revisa las malditas cámaras de seguridad, los putos registros, interroga a quien sea, pero me das el nombre de quien carajos sacó el cuerpo del niño —exigí, señalando hacia la oficina.Foster tragó saliva y bajó la mirada antes de atreverse a responder.—Eh… Bennett, eso no estaba incluido en lo que acordamos —protestó, retorciéndose las manos.Me acerqué hasta quedar a pocos centímetros de él.—Mira, imbécil, mueve ese trasero. Haz lo que te digo o vas a pasar una larga temporada tras las rejas de una celda —amenacé, conteniendo apenas la furia.Foster masculló algo por lo bajo y apret







