Share

Capítulo 5: El divorcio

Author: Nita Vale
last update publish date: 2026-07-07 16:20:55

—Dependes de mí y no sobrevivirás ni un solo día sin mí. Será mejor que lo pienses de nuevo antes de firmar esos papeles.

Clarke fulminó a Madeleine con la mirada desde el otro lado de la mesa.

Madeleine intentó mantener la calma, aunque su expresión decía lo contrario. Clarke podía ver claramente el miedo escrito en su rostro. Aun así, ella estaba decidida. Había tomado una decisión y esta vez no se echaría atrás.

Extendió la mano hacia el bolígrafo que estaba sobre la mesa. Le temblaban ligeramente las manos mientras acercaba los documentos del divorcio. Se quedó mirando el documento durante un largo momento. Después firmó con su nombre.

Sintió como si un cuchillo le atravesara el pecho en cuanto su firma quedó sobre el papel. Dejó el bolígrafo y colocó los documentos extendidos sobre la mesa.

—Sobreviví a un matrimonio contigo —dijo—. Sé que también sobreviviré a esto.

El abogado de Clarke se aclaró la garganta y deslizó los documentos por la mesa hacia él.

—Gracias, señora Robson. Ahora le toca a usted, señor Clarke.

Clarke bajó la mirada hacia el documento que tenía delante. No dudó. Se limitó a sonreír con suficiencia y tomó el bolígrafo.

El corazón de Madeleine se rompió en pedazos mientras veía su mano moverse sobre el papel. Una parte de ella quería gritarle que se detuviera para que pudieran volver a casa y arreglarlo todo. Pero ella ya había firmado. Su matrimonio de cuatro años había terminado.

—Presentaré estos documentos mañana y me pondré en contacto con ustedes para informarles de los próximos pasos si se necesita algo más —anunció el señor Notary mientras recogía los papeles—. Ahora, con su permiso.

Sin una pizca de remordimiento en el rostro, Clarke estrechó la mano de su abogado. El hombre recogió sus cosas y se marchó. Entonces Clarke se puso de pie y empujó la silla hacia atrás. Esta raspó con fuerza el suelo de mármol de la oficina.

No era una coincidencia que el señor Notary, quien había preparado los documentos del divorcio, fuera colega de Clarke. Clarke era un abogado muy conocido en la ciudad, respetado en los círculos jurídicos y muy valorado por sus compañeros. Cuando Madeleine tomó la decisión de poner fin al matrimonio, él se había puesto personalmente en contacto con el señor Notary y le había pedido que se encargara de los documentos. No quería que un desconocido supervisara el proceso. Quería a alguien conocido, alguien que hiciera que todo fuera lo más limpio y rápido posible. El señor Notary había aceptado sin hacer preguntas.

Madeleine no sabía nada de aquello cuando llegó esa mañana. Simplemente se había presentado en la dirección que el abogado de Clarke le había enviado, había firmado donde le indicaron y solo después comprendió que incluso aquella sala había sido preparada bajo las condiciones de Clarke.

—¿No vas a decir nada, Clarke? —preguntó Madeleine. La voz se le quebró al pronunciar su nombre.

Clarke se detuvo y se giró lentamente.

—¿Qué quieres que diga?

—Cualquier cosa. —Hizo una pausa—. Cualquier cosa, Clarke. Nuestro matrimonio de cuatro años acaba de terminar y estás ahí de pie, sonriendo como si te hubiera tocado la lotería. ¿No estás triste? Acabas de perder al amor de tu vida, ¿y aun así no sientes absolutamente nada?

—¡Tú no eres el amor de mi vida! —replicó Clarke.

Abrió desmesuradamente los ojos y Madeleine se quedó completamente inmóvil, incapaz de mover el cuerpo. Durante años, había creído que él era el amor de su vida y que ella era el suyo.

—¿Cuándo vas a entender que no te amo? Estoy cansado de tenerte en mi casa y me alegra muchísimo que por fin estemos terminando con esto. Ahora podré tener la libertad que siempre he querido —volvió a arremeter.

Madeleine esperaba que se detuviera. Tenía los ojos llenos de lágrimas y estas ya habían comenzado a caer, pero él las vio y no sintió nada. Continuó.

—Tú quisiste este divorcio por una infidelidad menor. Ahora ya lo tienes. Veamos cuánto tiempo sobrevives ahí fuera por tu cuenta.

Después salió y cerró la puerta de golpe detrás de él.

Madeleine permaneció de pie en la oficina vacía, mirando la puerta cerrada. No podía creer lo que acababa de ocurrir. Había llamado «menores» a sus infidelidades.

Madeleine se recompuso y salió de la oficina con lágrimas corriéndole por el rostro. Bajó en el ascensor, cruzó el vestíbulo y vio a Clarke cerca de la entrada, hablando con la recepcionista del mostrador como si hubiera tenido una tarde completamente agradable.

Se acercó y los interrumpió. La recepcionista volvió discretamente la atención hacia la pantalla de su ordenador, como si no hubiera estado coqueteando con él apenas unos segundos antes.

Madeleine la ignoró, se volvió hacia Clarke y preguntó:

—Clarke, ¿puedo volver a casa contigo? Por favor.

Clarke la miró con irritación.

—¿Has perdido la cabeza, Madeleine?

—Aquí tiene su paraguas, señor Clarke —dijo la recepcionista mientras le extendía un paraguas negro por encima del mostrador.

Clarke se lo agradeció con calidez y volvió a mirar a Madeleine.

—No puedes venir conmigo.

—¿Por qué no? ¿Cómo esperas que vuelva a casa con esta lluvia?

—Eso no es asunto mío —respondió Clarke.

Abrió el paraguas, atravesó las puertas de cristal, subió a su coche y se marchó.

Madeleine observó hasta que el coche desapareció. Después se volvió hacia la recepcionista.

—Lamento molestarla. ¿Por casualidad tiene otro paraguas que pueda prestarme?

La recepcionista pareció sinceramente apenada.

—Lo siento mucho, señora. Ese era el último.

Madeleine asintió y se volvió hacia las puertas. Podría haberse sentado a esperar a que la lluvia disminuyera. Quizá habría sido lo más sensato. Pero salió de todos modos, como si quisiera sentir el agua fría caer sobre ella. Como si le pidiera a la lluvia que se llevara el dolor de su corazón y arrastrara su sufrimiento con ella al marcharse.

Caminó lentamente por la acera. Los coches atrapados en el tráfico a su lado tocaban el claxon, avanzaban y volvían a tocarlo. Los sonidos llegaban a sus oídos como si vinieran de muy lejos.

Madeleine permaneció en la acera bajo la lluvia, que acababa de comenzar a disminuir. Después llegó el frío, más intenso de lo que esperaba, y se cerró el abrigo y cruzó los brazos sobre el pecho para conservar el calor.

Había trasladado sus cosas a un hotel esa mañana, mientras la casa estaba vacía. No había querido regresar después de la reunión. No habría soportado pasar otra noche viendo a Clarke pasear a Katherine por las habitaciones de aquella casa.

Levantó la mano ante cada taxi que pasaba. Ninguno se detuvo. El tráfico después de una tormenta en Los Ángeles era un castigo, y ella estaba atrapada en medio de él sin ningún lugar seco donde esperar.

Finalmente, uno redujo la velocidad y se acercó al bordillo.

Madeleine dio un paso adelante.

El sonido la golpeó antes de que pudiera entender qué era. Era un ruido agudo y penetrante que parecía venir de todas partes al mismo tiempo. Se cubrió los oídos con las manos y se oyó gritar. Entonces el suelo se movió bajo sus pies y su cuerpo cedió por completo, como si algo dentro de ella simplemente se hubiera apagado.

Lo último que alcanzó a percibir fue la puerta del conductor del taxi abriéndose y la voz del hombre gritando:

—Señora… Señora, ¿se encuentra bien?

Intentó responderle. Sus labios no obedecieron. Después, todo se volvió negro.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Después del divorcio, mi éxito se convirtió en su arrepentim   Capítulo 47

    Madeleine estaba corrigiendo la última página de un informe para un cliente cuando Kim entró en su oficina sin llamar.La mayoría de los empleados de la planta se habían marchado hacía casi una hora, y Madeleine quería terminar el informe antes de irse a casa.—Si encontraste otro problema con el informe, mándamelo por correo.—No he venido por el informe.Madeleine terminó la frase que estaba escribiendo y guardó el documento.—Entonces, ¿por qué estás aquí?Kim entró del todo.—Pensé que deberías saber algo sobre Harrison.—Lo que haya entre Harrison y yo no es asunto tuyo.—Quizá pienses diferente después de escuchar esto.A Madeleine ya no le sorprendía que Kim estuviera decidida a meterse en su relación, pero que hubiera ido a su oficina después de que todos se marcharan era diferente. Kim había esperado a que Harrison se fuera y a que no hubiera nadie cerca que pudiera interrumpirlas.—Di lo que hayas venido a decir.—Harrison tuvo una novia antes que tú.—Supuse que había tenid

  • Después del divorcio, mi éxito se convirtió en su arrepentim   Capítulo 46

    —Esta es tu última oportunidad.Harrison habló antes de que Clarke terminara de acomodarse en la silla.Madeleine estaba sentada a un lado de la oficina, con Kim junto a ella. Clarke había llegado preparado para convencer a Harrison otra vez, esta vez con todos los detalles necesarios.—Hay un problema legal relacionado con la crisis actual que Ashford todavía no ha resuelto —dijo Harrison—. Tienes cuarenta y ocho horas para solucionarlo.Clarke se inclinó hacia delante.—Quiero que dejemos claro qué obtiene mi bufete a cambio.—Whitmore & Hale seguirá siendo considerado.Harrison continuó antes de que nadie más pudiera hablar.—Si fallas, Ashford se queda con todo. Y no volveré a abrirle esta cuenta a tu bufete.Clarke entendió perfectamente lo que Harrison le estaba ofreciendo. No le

  • Después del divorcio, mi éxito se convirtió en su arrepentim   Capítulo 45

    Durante todo el camino de regreso, Katherine no pudo estarse quieta ni un segundo.Acusó a Clarke de haberse pasado la noche buscando excusas para acercarse a Madeleine y se negó a creer que su conversación con Harrison hubiera sido solo por la cuenta de Blackwell. Para cuando llegaron a casa, ya había pasado de hablar de la boda a hablar de Madeleine y después volvió a quejarse de lo poco que Clarke le había prestado atención durante toda la noche.Clarke entró en la casa y se volvió hacia ella.—Tienes que parar.Katherine se ofendió.—¿Yo tengo que parar?—Sí. Esto. Cada vez que Madeleine aparece, empiezas a comportarte como si yo mismo la hubiera llevado.—Fuiste a hablar con ella.—Por trabajo.—¿Y se supone que tengo que creer eso?Clarke estaba cansado de defend

  • Después del divorcio, mi éxito se convirtió en su arrepentim   Capítulo 44

    Clarke esperó hasta que Harrison se giró para hablar con Asher antes de acercarse a Madeleine.—Maddie.Ella apenas había empezado a volverse cuando Katherine apareció a su lado y se enganchó de su brazo.—Ahí estás. —Katherine sonrió a Madeleine antes de que Clarke pudiera hablar—. Te he estado buscando por todas partes.Clarke sabía que no era cierto. Había estado con Kalina hacía menos de cinco minutos.—Necesito hablar con Maddie.—¿De trabajo? —preguntó Katherine de inmediato—. ¿En una boda?—Katherine.Ella ignoró la advertencia y se acercó más a él.—Me prometiste que esta noche no se convertiría en otra reunión de Blackwell.Madeleine se limitó a ofrecerle una sonrisa educada.&mdas

  • Después del divorcio, mi éxito se convirtió en su arrepentim   Capítulo 43

    Katherine levantó la taza de café y se detuvo antes de dar un sorbo.—¿Esa es Madeleine?Kalina se volvió hacia la ventana.Madeleine acababa de salir del edificio de Blackwell.Katherine supo de inmediato que era ella, pero aun así tuvo que mirar dos veces. Madeleine llevaba un traje de trabajo entallado y un bolso en una mano mientras se dirigía hacia su auto. Parecía completamente cómoda saliendo de una empresa de la que Katherine solo había oído hablar a través de Clarke.Kalina se inclinó hacia la ventana.—De verdad es ella.Katherine bajó la taza.—Obviamente.—Ya lo sé, pero… —Kalina observó cómo Madeleine subía a su auto—. En persona se ve diferente.Katherine ya estaba cansada de escuchar eso.Cuando Madeleine estaba casada

  • Después del divorcio, mi éxito se convirtió en su arrepentim   Capítulo 42

    Madeleine fue a ver al becario a primera hora de la mañana.Era uno de los becarios de Blackwell, pero ya había demostrado ser muy útil cuando había que encontrar algo con rapidez. Podía sacar información de los registros en cuestión de minutos, y eso era exactamente lo que Madeleine necesitaba ahora. No quería otra opinión sobre los documentos que Kim había llevado ante la junta. Necesitaba a alguien que pudiera rastrear de dónde habían salido y descubrir la verdadera fuente de la filtración.Dejó las copias delante de él.—Necesito que averigües dónde empezó la filtración y quién modificó estos registros.El joven tomó la primera página y la comparó con la siguiente.—¿La filtración y los documentos?—Sí. Las dos cosas. Necesito pruebas que pueda llevar ante la junta, no suposiciones.El becario asintió y abrió su computadora.—Deme hasta mañana.Madeleine dejó las copias con él. Un día era suficiente si realmente podía hacer lo que prometía.Esta vez necesitaba algo más que su prop

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status