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capítulo 6

last update publish date: 2026-08-08 01:36:59

Junto a ella, Yvonne insistió con una sonrisa curiosa:

—Sí, ábrelo. Nunca había visto un sobre rojo como ese.

Los demás invitados también se inclinaron ligeramente hacia adelante, estirando el cuello con evidente interés.

Ariana no tenía problema en abrir el sobre.

Pero lo que sí le molestó fue el tono autoritario de Yasmine.

—Lo siento —respondió con calma—, pero esto es un asunto privado. No puedo abrirlo en público.

—¿Qué acabas de decir? —replicó Yasmine, cruzándose de brazos con incredulidad, como si no hubiera escuchado bien.

Aunque no era hija de la señora Blackwood, seguía siendo hija del señor Blackwood. Desde pequeña había sido tratada como una princesa, acostumbrada a que todos cedieran ante ella.

Nadie se había atrevido a contradecirla en toda su vida.

Mucho menos… aquella mujer que, en su opinión, no era más que una intrusa.

—Dije que no puedo abrirlo —repitió Ariana, mirándola directamente a los ojos, sin rastro de miedo.

Nunca había sido alguien que intimidara a otros… pero tampoco alguien que se dejara intimidar.

El rostro de Yasmine se enrojeció de inmediato, humillada por haber sido desafiada frente a tanta gente.

—Escucha bien, estúpida —escupió con desprecio—. Será mejor que sepas cuál es tu lugar.

Su voz se elevó lo suficiente para que todos alrededor pudieran oírla.

—Yo soy hija de la familia Blackwood. En cambio, tú… no eres más que un acto de caridad de mi padre.

Sus labios se curvaron con crueldad.

—No creas que casarte con mi hermano te hace superior a nadie aquí. A sus ojos, no eres mejor que una cualquiera.

Los murmullos crecieron alrededor.

—Eres el hazmerreír de la familia —continuó sin piedad—. De lo contrario, Damian no te habría abandonado en tu noche de bodas… ni habría traído a Victoria Laurent a un evento tan importante frente a todos.

Sus palabras cayeron como cuchillas.

—Así que, si fuera tú, aprendería a comportarme —añadió con frialdad—. O de lo contrario…

No terminó la frase, pero la amenaza quedó flotando en el aire.

Las otras cuñadas observaban en silencio.

Todas provenían de buenas familias, aunque ninguna alcanzaba el nivel de los Blackwood. Siempre habían adulado a Yasmine, intentando mantenerse en buenos términos con ella.

Pero Ariana…

Era diferente.

Y eso solo hacía que Yasmine quisiera aplastarla aún más.

Sin embargo, lejos de intimidarse, Ariana sonrió levemente.

Una sonrisa tranquila.

Peligrosa.

—¿O de lo contrario… qué? —respondió con suavidad.

Su voz no era alta, pero tenía el peso suficiente para silenciar a quienes estaban cerca.

—Si no recuerdo mal —continuó—, Damian fue nombrado heredero de la familia Blackwood a los dieciocho años.

Sus ojos se fijaron en Yasmine, firmes, imperturbables.

—Eso significa que, en el futuro, el poder de esta familia estará en sus manos.

Hizo una breve pausa.

—Y aunque yo no sea nadie… sigo siendo su esposa.

Su tono se volvió ligeramente más frío.

—Quizás sea usted, señorita Yasmine, quien debería aprender a moderarse.

Sus palabras fueron directas.

Imposibles de refutar.

Porque, aunque su actitud pudiera parecer audaz… lo que decía no dejaba de ser la verdad.

Y esa verdad…

era lo que más dolía.

Sentada junto a Damian Blackwood, Victoria Laurent apretó las manos en silencio hasta clavar sus uñas en las palmas.

Provenía de una familia distinguida. Era talentosa, elegante… y, sobre todo, llevaba casi ocho años enamorada de él.

Ocho años de devoción silenciosa.

Ocho años creyendo que algún día estaría a su lado.

Y, sin embargo…

una desconocida, una “chica del campo”, había aparecido de la nada para convertirse en la esposa oficial de la familia Blackwood.

Aquello era una humillación que simplemente no podía aceptar.

Damian, ajeno a la tormenta emocional a su lado, encendió un cigarrillo con total tranquilidad y se recostó perezosamente en el sofá.

El humo comenzó a elevarse en suaves espirales, difuminando parcialmente su expresión.

A través de aquella neblina gris, sus ojos se posaron por primera vez, con verdadera atención, en la mujer con la que se había casado… en su ausencia.

Ariana Valmont.

Sus cejas oscuras enmarcaban unos ojos brillantes, intensos, casi hipnóticos.

Su nariz era recta y elegante, y sus labios, suaves y rosados, parecían esculpidos con precisión.

Su piel clara contrastaba con la delicadeza de su figura esbelta.

El vestido de tul celeste que llevaba esa noche le daba un aire etéreo, casi irreal… como si no perteneciera del todo a ese mundo lleno de intrigas y venenos ocultos.

Desprendía una elegancia natural, fresca, silenciosa… peligrosa.

No sonreía.

No hablaba.

Solo observaba.

Con una indiferencia tan absoluta que resultaba desconcertante.

Esa actitud…

esa calma inquebrantable…

Solo reforzó la idea en la mente de todos los presentes.

Para ellos, lo que existía entre Damian Blackwood y Victoria Laurent era amor verdadero.

Un vínculo sólido, evidente, irremplazable.

Y Ariana…

no era más que una intrusa.

Una esposa impuesta.

Una carga.

Tal vez incluso alguien a quien él despreciaba.

Una risa burlona rompió el ambiente.

—Ariana Valmont… eres una campesina estúpida —escupió Yasmine con desprecio—. Mi hermano trajo a la mujer que ama justo delante de ti, sin el menor respeto.

Sus ojos brillaban con crueldad.

—En su corazón solo existe Victoria Laurent… y aun así te atreves a pensar que algún día serás la dueña de la familia Blackwood.

Se inclinó ligeramente hacia adelante, disfrutando cada palabra que pronunciaba.

—En el mejor de los casos… eres solo una mascota.

Hizo una pausa, saboreando la humillación.

—Si te comportas, te darán de comer.

Si no…

Su sonrisa se volvió más fría.

—Te echarán como a un perro.

Para ella, Ariana no era más que un chiste.

Una burla viviente.

Y el hecho de que esa mujer aún se atreviera a hablar de estatus dentro de la familia… le parecía ridículo.

Patético.

Entonces—

¡CRACK!

El sonido seco de una bofetada rompió el aire sin previo aviso.

El golpe fue tan repentino, tan limpio, que nadie tuvo tiempo de reaccionar.

El salón entero quedó en silencio.

Un silencio absoluto.

Denso.

Irreal.

Era tan profundo… que se habría podido escuchar caer un alfiler.

Yasmine se quedó congelada, con el rostro girado por el impacto, incapaz de procesar lo que acababa de suceder.

Ariana bajó lentamente la mano.

Su expresión no había cambiado.

Seguía siendo tranquila.

Serena.

Impenetrable.

Pero sus ojos…

sus ojos eran fríos como el hielo.

—Una hermana mayor debe comportarse como una madre —dijo con voz firme, clara, sin elevar el tono—. No te culpo por tu falta de modales… después de todo, nadie te enseñó.

Sus palabras fueron suaves.

Pero cada una de ellas cayó como una sentencia.

—Pero a partir de ahora…

Dio un paso al frente.

—Si vuelves a insultarme…

Sus labios se curvaron apenas, en una sonrisa peligrosa.

—No me importará enseñarte yo misma… cómo comportarte.

Un escalofrío recorrió el salón.

Los invitados no pudieron evitar jadear al unísono.

Porque en ese momento…

todos entendieron algo.

Aquella mujer…

no era ninguna víctima.

Yasmine había sido llevada a la familia Blackwood cuando apenas tenía tres años.

Sin embargo, la señora Blackwood nunca le permitió llamarla “madre”.

Siempre la obligó a dirigirse a ella como “tía”.

Era un hecho que todos conocían…

Y también un tema del que nadie se atrevía a hablar.

Durante años, el poder de la familia Blackwood había silenciado cualquier comentario.

Nadie quería enfrentarse a ellos.

Además, Yasmine no era precisamente alguien fácil de tratar.

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