LOGINEl hombre vestido con traje negro era extraordinariamente guapo.
Su figura alta y esbelta parecía tallada con precisión, y su presencia dominante hizo que más de una persona en el salón contuviera la respiración. Sus rasgos eran perfectos, casi demasiado impecables para ser reales. El puente de su nariz era recto, sus labios firmes y su mirada profunda tenía un magnetismo difícil de ignorar. Cada uno de sus movimientos estaba lleno de elegancia natural y autoridad. Parecía un hombre nacido para estar por encima de todos. Y sin embargo… Era el mismo hombre que había abandonado a su esposa el día de su boda. Aquella noche había decidido aparecer ante todos como si nada hubiera ocurrido. A su lado caminaba una mujer deslumbrante. Vestía un vestido color lavanda con una larga cola que se deslizaba suavemente por el suelo de mármol. La tela brillaba bajo la luz de los candelabros como si estuviera hecha de niebla y seda. Su belleza era impactante. Su rostro ovalado, sus delicados rasgos perfectamente proporcionados y su piel clara hacían que pareciera una criatura salida de un sueño. Era una belleza tan perfecta que resultaba casi abrumadora. La mujer se aferraba con delicadeza al brazo del hombre, inclinándose ligeramente hacia él. Parecían una pareja recién casada caminando juntos hacia una celebración. Aquella imagen resultaba demasiado provocadora. Los murmullos en el salón de banquetes crecieron rápidamente. Los invitados comenzaron a hablar entre ellos en voz baja, intercambiando miradas cargadas de emoción. Todos comentaban lo mismo. Lo increíblemente audaz que era Damian Blackwood al ignorar cualquier sentido de decoro y traer a la señorita Victoria Laurent a un evento tan importante… cuando su esposa estaba presente. Era una humillación pública. Una provocación abierta. Pero, en medio de todas aquellas miradas curiosas… Ariana Valmont simplemente levantó su taza de té. La sostuvo con calma entre sus dedos y bebió un sorbo con total tranquilidad, como si nada de aquello tuviera la menor importancia. Ignoró por completo las miradas que se dirigían hacia ella desde todos los rincones del salón. La escena enfureció al señor Blackwood. El anciano patriarca estaba sentado en la mesa principal, observando todo con el rostro tenso. Sus manos temblaban ligeramente de rabia. Pero aquella noche el salón estaba lleno de invitados influyentes: magnates, figuras importantes de la sociedad y viejos socios comerciales. Un escándalo público arruinaría la celebración. Por eso, aunque la ira hervía en su pecho, se obligó a contenerse. Se tragó las palabras duras que deseaba pronunciar. Aun así, en su interior sentía como si una pesada piedra estuviera aplastando su corazón. Después de que comenzó oficialmente el banquete de cumpleaños, el señor Blackwood pronunció unas breves palabras de agradecimiento para los invitados. Su discurso fue cordial, elegante… pero claramente apresurado. Cuando terminó, anunció que se retiraría a descansar. Antes de marcharse, llamó a Ariana. Delante de todos, sacó un gran sobre rojo del tamaño de una hoja A4 y se lo entregó personalmente. —Guárdalo bien —dijo con voz grave. Luego dirigió una mirada severa hacia su hijo. —Damian, ven a la vieja mansión mañana. No añadió nada más. Pero el significado de sus palabras era evidente. Después de aquello, el anciano se retiró del salón. En el instante en que el patriarca abandonó el banquete… La atmósfera tensa se relajó de inmediato. Las personas que habían estado conteniéndose comenzaron a murmurar otra vez. Algunos incluso parecían disfrutar del escándalo. Los alborotadores recuperaron el valor. Y, como era de esperarse… Yasmine Blackwood fue la primera en hablar. Se recostó en su asiento y miró a Ariana con una sonrisa cargada de burla. —Oye, Ariana —dijo con tono provocador—. Ese sobre que acaba de darte mi padre es bastante grande. Sus ojos brillaban con curiosidad maliciosa. —¿Por qué no lo abres aquí mismo y dejas que todos veamos qué hay dentro? Varios invitados cercanos levantaron la cabeza de inmediato. Era obvio que todos querían ver el contenido de ese sobre.Victoria acababa de salir del quirófano. Tenía el rostro pálido como la cera, pero afortunadamente todavía sentía los efectos de la anestesia y no soportaba un dolor agudo en ese momento. Sin embargo, había perdido a su bebé y su cuerpo había sufrido un fuerte golpe. Al no recibir consuelo, sino solo reproches de Michelle, sintió que la rabia le subía de inmediato. —¿Cómo puedes hablarme así? —le respondió con voz temblorosa—. Solo estaba siguiendo tus instrucciones. ¿Dónde está James? ¿Por qué no ha venido a verme? Podía guardar rencor hacia James Blackwood, pero en ese momento necesitaba que alguien la consolara, y él era la persona indicada para hacerlo. Michelle soltó una risa seca y despectiva: —James dice que eres una mujer malvada y que quiere divorciarse de ti. Ya se ha ido a casa. A sus ojos, Victoria ya no tenía ningún valor; ya no tenía ninguna posibilidad de seguir formando parte de su familia. —¿Qué? ¡Eso es imposible! —exclamó Victoria con firmeza—. James nunca ha
Michelle se quedó sin palabras, paralizada, cuando las puertas del quirófano se abrieron y salió el médico. —Lo siento mucho. Hicimos todo lo posible, pero no logramos salvar al bebé. —¡No puede ser! —gritó Michelle, incrédula, con los ojos desorbitados—. ¡Hace solo unos minutos me dijiste que había esperanzas! ¿Cómo es posible que en tan poco tiempo…? De pronto cayó en la cuenta y se volvió bruscamente hacia Damian: —¿Has sido tú? ¿Le ordenaste al médico que no salvara al niño? —Esa es la retribución que te corresponde a ti y a Victoria —respondió él con frialdad. Sin añadir nada más, Damian se dio la vuelta y se marchó, mientras Michelle rompía a llorar desconsoladamente. Se volvió entonces hacia Zachary y comenzó a golpearlo con rabia: —¡Eres un hombre inútil! ¿No ves hasta dónde ha llegado tu hermano? Ha matado a tu propio nieto y tú te quedas ahí sin decir ni hacer nada. ¡Zachary Blackwood, no sirves para nada! Cuanto más lo regañaba, más amargura sentía, y sus golpes ca
—No miento. Son ustedes los que no tienen conciencia. Ava se puso roja de ira. Michelle y Yasmine no tenían límites: eran capaces de convertir sus mentiras en una supuesta verdad solo con tal de hacer daño a los demás. Si no hubiera visto lo que pasó con sus propios ojos, incluso ella habría podido creerles. —Está bien, Ava, no hace falta que hables en mi favor —intervino Ariana con calma—. La verdad es que me siento muy decepcionada. En una familia tan respetada como los Blackwood, hay quienes dedican su tiempo a planear estas artimañas. Si mi abuela hubiera sabido que así funcionaban las cosas aquí, nunca habría aceptado que me casara. Agradezco mucho a mi suegro por el trato que me ha dado hasta ahora, pero ya no quiero seguir formando parte de esta familia. Adiós. Dicho esto, Ariana se dio la vuelta y se marchó sin añadir una sola palabra más. Damian no dudó ni un instante: se levantó de inmediato y salió tras ella. A sus espaldas se escuchaban las voces alteradas de sus padr
—Ambas se harían las víctimas, pondrían en peligro a Ava y lograrían que mi suegro y mi suegra me odiaran. Incluso podrían haber pagado a la prensa para difundir mentiras, y en poco tiempo todo el mundo me vería como alguien desequilibrada y malvada. ¡Un plan perfecto para salirse con la suya! —¡Jajá! Pero nunca me ha importado tener mala reputación. Para mí la regla es clara: si me atacan, respondo con la misma moneda. Eso lo dejé muy claro desde el día en que me casé. ¡Ustedes no quisieron creérmelo, así que ahora tendrán que pagar el precio de su propia estupidez y su odio! Michelle se puso roja de furia al ver al descubierto su estrategia. Levantó la voz y gritó: —¡Tú…! ¡Eso es una mentira infame! ¡Toda esta confusión es culpa tuya! Has ido demasiado lejos esta vez: golpear a una mujer embarazada y empujarme a mí también… ¡una persona tan agresiva solo merece que le caiga un castigo divino! —Tú sabes muy bien quién es la que merece ese castigo —respondió Ariana con frialdad.
El grupo entero se dirigió hacia el jardín trasero. Además de los ciruelos de flores rojas, también había otros de flor blanca, todos en plena floración. Aún quedaban copos de nieve adheridos a las ramas, lo que creaba un paisaje realmente hermoso y pintoresco. —Mamá, ayúdame a tomar algunas fotos —pidió Victoria—. Este lugar está precioso. Le entregó su teléfono a Michelle, luego tomó del brazo a Yasmine y a Yvonne para posar juntas. Cuando terminaron, se acercó a Ariana y la agarró del brazo con aparente afecto: —Ariana, tomemos una foto nosotras también. Esa actitud fingida le resultó desagradable a Ariana, que soltó suavemente el brazo para liberarse de su agarre. —No, gracias. No me gusta que me tomen fotos. En realidad, no le importaba en absoluto lo que Victoria pudiera pensar. Una expresión de tristeza apareció en el rostro de Victoria: —¿Todavía me guardas rencor? Sé que no te cae bien la familia Laurent, ni mi madre ni yo, pero hay muchas cosas que no estaban en mi
Llevaba un abrigo de lana negro y cargaba en sus brazos un gran oso de peluche. Sin prestarle ninguna atención a su cuñado, se dirigió directamente hacia su hermana: —¡Ariana! Este es mi regalo de Año Nuevo para ti. ¡Feliz año! Espero que este año te veas aún más hermosa. —Muchas gracias, Caleb —respondió ella con alegría, mientras tomaba el peluche. Por dura y decidida que fuera una mujer, siempre conservaba un poco de ese corazón infantil. —Seguro que todavía no has desayunado. Anoche tu cuñado preparó bolas de masa; están deliciosas. Ven y pruébalas. —De acuerdo —aceptó él. Caleb notó que Damian lo miraba con una expresión de fingido disgusto, aunque no se movió de su sitio. Tuvo que contener la risa: estaba claro que su cuñado volvía a sentir celos. —¿Vienes a comer, Damian? —le preguntó Ariana. —Claro que sí, ¿por qué no iba a hacerlo? —respondió él, y los siguió hasta el comedor. Al ser el primer día del año, Caleb se mostró muy discreto y no lo provocó a pro







