LOGINHace seis años, Noelia Bustos hizo de todo para enamorar al muchacho más guapo de la facultad de Derecho, Marcos Leiva. Después de tres meses de relación, ella lo dejó así nada más. —Me cansé de acostarme contigo —le dijo con total tranquilidad. Seis años después de que terminaron, se volvieron a encontrar. Pero, todo era distinto. Antes, ella era la niña rica y él, el muchacho pobre. Ahora, él era un peso pesado en un bufete de primer nivel, mientras que ella cargaba con deudas, una hija y un pasado de violencia doméstica. Cuando decidió separarse de su marido, Marcos apareció como su abogado para el divorcio. —Todo esto te lo buscaste tú sola —le dijo él, con una sonrisa burlona. Noelia sabía que Marcos la odiaba con toda el alma, e intentó que no volviera a pasar nada entre ellos. Al final, el día que ella se iba, con una sonrisa, le deseó: —Que tengas una feliz boda. Pero él cruzó mar y tierra para buscarla. En el único hostal de un pueblo pequeño, en una habitación a oscuras, Marcos la acorraló y, con los ojos rojos, la abrazó fuerte. —¿En serio fuiste capaz de dejarme otra vez?
View MoreLeonardo no obtuvo respuesta, pero siguió mirándola. Observó sus labios apretados mientras se concentraba, el leve temblor de sus pestañas y el cabello largo que caía junto a su cara.Cuando un mechón le rozó la piel, llevó consigo ese aroma suave y tan propio de Elena, que poco a poco llegó hasta su nariz.Ese aroma... hacía mucho que no lo sentía.Durante incontables noches, la había abrazado mientras contemplaba su rostro dormido y respiraba esa fragancia que tanto le traía paz.Sin embargo, desde que terminó con ella, ese aroma se había vuelto tan inalcanzable como un humo que se deshace entre los dedos.Ahora, por fin, había vuelto hasta él.Leonardo era como un ladrón codicioso que solo quería respirarlo una vez más, y luego otra.Al notar que de pronto se había quedado callado, Elena apartó un poco el hisopo y levantó la mirada.Sus ojos se encontraron.La mirada de Leonardo era profunda como una noche oscura, llena de un dolor y una lucha que ella no lograba comprender.La mira
Al oír la voz, Lorenzo miró instintivamente hacia la entrada.Era Leonardo.Estaba de pie junto a la puerta, muy erguido, con una presencia intimidante.Lorenzo se quedó desconcertado.Elena aprovechó ese instante. Sin dudarlo, reunió todas sus fuerzas, levantó el pie y le dio una fuerte patada en la entrepierna.—¡Ah...!Lorenzo soltó un grito de dolor y se encorvó de inmediato. El dolor casi le hizo perder el equilibrio.Mientras seguía aturdido, Elena se dio la vuelta y corrió hacia Leonardo.Humillado y furioso, Lorenzo tardó unos segundos en recuperarse. Luego, con los ojos enrojecidos, ignoró el dolor y fue tras ella para vengarse.Cuando intentó clavarle el vidrio a Elena, Leonardo levantó el brazo para bloquearlo y la protegió detrás de él.El vidrio afilado le cortó el brazo al instante. Sin embargo, la herida no afectó en absoluto sus movimientos.Actuó con rapidez y precisión. Aprovechando su ventaja física, lo inmovilizó con unos cuantos movimientos y redujo fácilmente a Lo
Al ver la frialdad en el rostro de Elena, Lorenzo moderó enseguida su entusiasmo y sonrió para disimular.—Señorita Elena, no me malinterprete. Estas flores son para felicitarla por la ampliación del hostal. Esta vez tampoco vine con otras intenciones. Simplemente creo que este lugar es tranquilo y adecuado para escribir, así que planeo quedarme una temporada.Elena sabía que sus intenciones no eran tan simples, pero tenía un negocio y todo huésped era un cliente. Mientras él no se propasara, tampoco podía echarlo sin más.Esbozó una sonrisa cortés y distante.—Si viene a hospedarse y escribir, naturalmente es bienvenido. Le pediré a la recepcionista que lo registre. ¿Quiere la misma habitación de antes?—Sí, la misma.—Está bien.Elsa registró a Lorenzo. Después de verlo subir, se acercó discretamente a Elena.—Elena, la forma en que ese hombre te mira es muy extraña. Me pone la piel de gallina. Ten mucho cuidado.Elena asintió.—No te preocupes, estaré atenta. Además, este es nuestro
El rostro de Leonardo se ensombreció.Elena ya había sacado el celular y le transfirió el dinero directamente.Después de pagar la comida, sacó de su bolso una tarjeta bancaria. La contraseña estaba escrita claramente sobre ella.Era la tarjeta que Leonardo le había dado como compensación el día en que terminaron. Además, también había puesto a su nombre la vieja casa que ella había convertido en hostal.—Te devuelvo esto —dijo Elena con calma—. No gasté ni un centavo del dinero de la cuenta. Además, deposité otros treinta mil dólares. Es el pago por tu vieja casa, calculado según el precio de mercado. Si no te parece suficiente, puedo agregar más.Leonardo no tomó la tarjeta.—No recupero lo que ya di.—Sé que eres generoso —dijo Elena, mirándolo con serenidad—. Pero lo nuestro fue de mutuo acuerdo. Aunque terminar de forma tan repentina no fue la mejor manera de hacerlo, en general tampoco salí perdiendo. Mi conciencia no me permite quedarme con tu dinero ni con tu casa.Leonardo tra






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