LOGINHace seis años, Noelia Bustos hizo de todo para enamorar al muchacho más guapo de la facultad de Derecho, Marcos Leiva. Después de tres meses de relación, ella lo dejó así nada más. —Me cansé de acostarme contigo —le dijo con total tranquilidad. Seis años después de que terminaron, se volvieron a encontrar. Pero, todo era distinto. Antes, ella era la niña rica y él, el muchacho pobre. Ahora, él era un peso pesado en un bufete de primer nivel, mientras que ella cargaba con deudas, una hija y un pasado de violencia doméstica. Cuando decidió separarse de su marido, Marcos apareció como su abogado para el divorcio. —Todo esto te lo buscaste tú sola —le dijo él, con una sonrisa burlona. Noelia sabía que Marcos la odiaba con toda el alma, e intentó que no volviera a pasar nada entre ellos. Al final, el día que ella se iba, con una sonrisa, le deseó: —Que tengas una feliz boda. Pero él cruzó mar y tierra para buscarla. En el único hostal de un pueblo pequeño, en una habitación a oscuras, Marcos la acorraló y, con los ojos rojos, la abrazó fuerte. —¿En serio fuiste capaz de dejarme otra vez?
View MoreMarcos estaba sentado en la silla giratoria de cuero negro. Ese día tenía puesto un traje azul marino de corte impecable; el cuello de la camisa blanca, perfectamente abotonado, transmitía pura disciplina.Entre los dedos le daba vueltas sin notarlo a una pluma de platino; el metal relucía con cada movimiento.—Señor Leiva, la otra parte exige que, en la cláusula de defensa de propiedad intelectual, después de activarse el derecho de recompra preferente se excluya la participación de nuestros fondos asociados. ¿Qué opina…?Se quedó callado unos segundos y, justo cuando iba a hablar, la pantalla del celular se iluminó.No era una llamada, sino un mensaje.Bajó la mirada: era una foto enviada por Patricia.En la imagen, Noelia estaba junto a un muchacho, tomados de la mano."Marcos, hoy me encontré con Noelia y su novio. Es bien guapo. Parece que Lucas ya no tiene ninguna oportunidad".Marcos dejó caer la pluma sobre la mesa con un golpe seco.La tensión llenó la sala de repente.—¿Todo
—Claro, Noelia, deja que Nicolás te lleve. Por aquí es difícil conseguir taxi —agregó Camila.—De acuerdo, gracias, Nicolás.Él tomó las llaves y salió con ella.Su auto estaba en el estacionamiento del edificio: un Volvo gris plata, recién comprado; cuando abrió la puerta todavía se sentía el olor a nuevo.En el camino, un cliente nuevo escribió preguntando por las tarifas de las clases de golf. Noelia estuvo contestando todo el camino, mientras Nicolás manejaba callado.La luz de la tarde era intensa. Cuando pararon en un semáforo, Nicolás se estiró y bajó la visera para taparla del sol.Veinte minutos después, llegaron al club.—Gracias por traerme hoy, Nicolás —dijo Noelia.—De nada —miró la entrada del club y sonrió—. Nunca he jugado golf. ¿Puedo entrar a mirar?—Claro.—Perfecto.Se bajaron juntos. Apenas entraron, Noelia vio a Patricia.Estaba sentada en un banco junto al pasto, tapándose la cara del sol con el bolso. De vez en cuando miraba hacia la entrada. Cuando vio a Noelia
Pocas personas la llamaban tan temprano.Noelia miró la pantalla: era Camila, a la que no veía desde hacía mucho.Después de ese incidente en que las retuvieron a ella y a Cecilia, Camila renunció a trabajar con la familia Ibarra. Por suerte lo hizo a tiempo y no quedó envuelta en los problemas posteriores.—Hola, Camila.—Noelia, hace mucho que no la llamaba. ¿Cómo ha estado?—Muy bien. ¿Y usted? ¿Cómo está de salud?—También bien. Le tengo una buena noticia: trasladaron a Nicolás a Montelargo. ¿Tiene tiempo al mediodía? Si puede, almorzamos juntas.—Claro que sí.Ese día tenía clases de golf por la tarde, así que tenía tiempo de sobra.—Perfecto. ¿Qué quiere comer? Se lo preparo.—Hace tiempo que no pruebo su pollo al ajillo ni su carne en salsa roja. Los extraño mucho.—Muy bien, hoy se los hago.Al mediodía, Noelia fue a su casa.Llevó frutas y los dulces favoritos de Camila. Cuando entró, vio a dos personas ocupadas en la cocina.—Camila, Nicolás, ya llegué.Él salió de inmediato.
—No hace falta, gracias, señor Leiva. Puedo volver en taxi.Noelia se negó, rápida y muy educada, con miedo de que Patricia se diera cuenta de que vivía en la casa de Marcos.Tomás notó la tensión; miraba al uno y al otro.Patricia también se fijaba bien en la reacción de Marcos.Él no insistió. Cerró la puerta y dejó que Tomás manejara.Noelia se quedó ahí, viendo cómo el auto se alejaba. Mientras suspiraba aliviada, ciertas emociones dentro de ella empezaron a crecer.La desconfianza y los tanteos de Patricia la hacían sentir culpable. Aunque no había elegido esa situación, su cuerpo y su corazón habían traicionado a Patricia. Se sentía culpable.Caminó un buen rato antes de tomar un taxi a la casa.Cuando llegó, estaba muy cansada. Trató de estudiar edición media hora, pero no pudo más; se bañó y se durmió.Creía que Marcos no iba a volver esa noche. Pero, a medianoche, sintió que el colchón se hundía un poco.Él había vuelto. El aire traía el olor fresco del jabón de baño; seguro,






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