MasukHace seis años, Noelia Bustos hizo de todo para enamorar al muchacho más guapo de la facultad de Derecho, Marcos Leiva. Después de tres meses de relación, ella lo dejó así nada más. —Me cansé de acostarme contigo —le dijo con total tranquilidad. Seis años después de que terminaron, se volvieron a encontrar. Pero, todo era distinto. Antes, ella era la niña rica y él, el muchacho pobre. Ahora, él era un peso pesado en un bufete de primer nivel, mientras que ella cargaba con deudas, una hija y un pasado de violencia doméstica. Cuando decidió separarse de su marido, Marcos apareció como su abogado para el divorcio. —Todo esto te lo buscaste tú sola —le dijo él, con una sonrisa burlona. Noelia sabía que Marcos la odiaba con toda el alma, e intentó que no volviera a pasar nada entre ellos. Al final, el día que ella se iba, con una sonrisa, le deseó: —Que tengas una feliz boda. Pero él cruzó mar y tierra para buscarla. En el único hostal de un pueblo pequeño, en una habitación a oscuras, Marcos la acorraló y, con los ojos rojos, la abrazó fuerte. —¿En serio fuiste capaz de dejarme otra vez?
Lihat lebih banyak—¡Señor Leiva, qué gusto volver a verlo!Pablo vio a Marcos y enseguida se le acercó con una sonrisa falsa para saludarlo.Marcos asintió muy serio, pero eso no afectó en lo más mínimo el entusiasmo de Pablo.—Señor Leiva, hace unos días su bufete me llamó para advertirme algo. Si no hubiera sido por eso, el negocio del puerto de Montelargo habría terminado en un gran problema para mí."¿Hace unos días? ¿Una llamada?".Noelia recordó el día del probador: justo después de que Marcos mandó un mensaje, el teléfono de Pablo había sonado. "¿Había sido ese momento?".—Señor Ibarra, en el puerto de Montelargo, unos amigos y yo también tenemos algunos negocios —dijo Marcos con voz tranquila, aunque con un tono amenazante.—Últimamente se ha pasado de la raya. Permítame recordarle algo: hacer negocios para ganar dinero es normal, pero hay ciertas líneas que es mejor no cruzar. De lo contrario, las consecuencias pueden ser graves.La cara de Pablo se puso tensa en un instante.Durante años, prot
Pablo y Paula miraron a Noelia al mismo tiempo para advertirle que no dijera nada fuera de lugar.—No pasó nada —respondió Noelia—. Hace un tiempo me fui de viaje unos días; cuando volví, estaba un poco cansada y por eso no la contacté.—Mientras no haya problemas, está bien. Cuando tengas tiempo, acuérdate de invitarme. Los dos movimientos que me enseñaste me salen muy bien ahora; solo falta que vengas a verlos.—Claro.No habían hablado mucho cuando, en la entrada del salón, empezaron a llegar otros invitados.—Noelia, ponte cómoda. Voy a saludar a la gente; luego seguimos conversando —dijo Rosa.—Perfecto, vaya usted.Apenas se fue Rosa, su suegra Paula agarró a Noelia del brazo y se la llevó aparte.—Escuché a Pablo decir que últimamente estás armando un escándalo por el divorcio. ¿Todo porque Pablo se emborrachó y, sin querer, te tocó un poco? ¿Por eso fuiste a la policía a denunciar violencia doméstica? —Paula estaba indignada.—Noelia, ¿de verdad no sabes cuál es tu lugar? La fa
El médico se acercó para limpiar la “herida” de Noelia y aplicarle una pomada para la inflamación.Después de todo ese caos, Noelia estaba ya agotada y sin ganas de seguir eligiendo vestidos. Se probó uno cualquiera con un bordado de flores; le pareció aceptable y decidió encargarlo para que lo enviaran a Casa del Mirador.Cuando Noelia se fue, Marcos seguía sentado abajo, acompañando a Patricia mientras ella elegía vestidos. Noelia no lograba entenderlo: ese hombre ya tenía novia, ¿por qué seguía metiéndose en su vida?Por suerte, ese día pasó sin problemas.Tres días después iba a ser el banquete de cumpleaños de Rosa. Durante ese tiempo, Noelia le pidió a Pablo que le enviara videos diarios de la rutina de Cecilia. Extrañaba a su hija, claro, pero también esperaba encontrar en el fondo de las grabaciones alguna pista que le permitiera averiguar dónde la había escondido Pablo.Por desgracia, él fue muy cuidadoso y en los videos no había ningún detalle útil del entorno. Noelia no veía
—¡Vete, por favor! —le rogó ella.—Puedo irme, pero primero arreglemos cuentas.—¿Qué cuentas? ¿Qué, ya no fui a cocinarte?—La del hotel.Apenas dijo eso, Marcos la agarró de la cintura, bajó la cabeza y estampó sus labios calientes en el cuello delicado de Noelia. Como esa vez, no fue un beso suave, sino uno lleno de castigo, una marca intensa y posesiva.—Ah... —Noelia se quejó de dolor; la mezcla de dolor y cosquilleo le recorrió el cuerpo y la hizo temblar.Luchó inútilmente por soltarse, pero contra Marcos, su fuerza no era más que la de una hormiga. En el espacio cerrado solo se escuchaban sus respiraciones agitadas, enredadas una con la otra. Unos segundos después, Marcos la soltó.Noelia tropezó y se apoyó en el espejo. Al instante vio, en un lado del cuello, esa marca roja, clara y ambigua.Maldita sea. Todos los vestidos que había elegido eran strapless. ¿Cómo iba a probárselos ahora?Marcos se enderezó. Miraba la huella que había dejado sobre la piel blanca de Noelia; sus o
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