LOGINHace seis años, Noelia Bustos hizo de todo para enamorar al muchacho más guapo de la facultad de Derecho, Marcos Leiva. Después de tres meses de relación, ella lo dejó así nada más. —Me cansé de acostarme contigo —le dijo con total tranquilidad. Seis años después de que terminaron, se volvieron a encontrar. Pero, todo era distinto. Antes, ella era la niña rica y él, el muchacho pobre. Ahora, él era un peso pesado en un bufete de primer nivel, mientras que ella cargaba con deudas, una hija y un pasado de violencia doméstica. Cuando decidió separarse de su marido, Marcos apareció como su abogado para el divorcio. —Todo esto te lo buscaste tú sola —le dijo él, con una sonrisa burlona. Noelia sabía que Marcos la odiaba con toda el alma, e intentó que no volviera a pasar nada entre ellos. Al final, el día que ella se iba, con una sonrisa, le deseó: —Que tengas una feliz boda. Pero él cruzó mar y tierra para buscarla. En el único hostal de un pueblo pequeño, en una habitación a oscuras, Marcos la acorraló y, con los ojos rojos, la abrazó fuerte. —¿En serio fuiste capaz de dejarme otra vez?
View MoreAl escucharla, a Marcos se le desencajó la cara por un segundo. Sus ojos se volvieron una tormenta de emociones.El médico dio su diagnóstico sin muchos rodeos:—Lo más seguro es que sea una reacción gastrointestinal fuerte y cólicos uterinos por la carga hormonal. Vamos a ponerle una inyección para los espasmos y el dolor, y la dejamos un rato en observación para ver cómo evoluciona.Pasaron a Noelia a una camilla en el área de observación. Al poco tiempo de la inyección, el medicamento empezó a hacer lo suyo y ese dolor punzante, que la tenía doblada, comenzó a ceder. Tras los exámenes de rutina, se confirmó que no había nada de qué preocuparse: todo era daño colateral de la pastilla de emergencia.—Los efectos secundarios de este tipo de medicamentos varían mucho de una mujer a otra —explicó el doctor, clavando la vista en Marcos—. Algunas ni lo sienten, pero en otras puede provocar desde dolores abdominales y náuseas, hasta mareos o irregularidades en el ciclo. Además, no se debe
El talento de su madre venía de sus años de gloria, cuando se podía dar el lujo de recibir clases particulares con los mejores pasteleros. Ella siempre preparaba esas delicias para que Noelia y Cecilia se dieran un gusto.—Mamá, te quedan de maravilla. Un día de estos deberíamos organizar un taller en la posada y te contrato como la experta que eres.—Claro que sí, mi hija. Ya sabes que para lo que me ocupes, yo siempre estoy más que puesta —respondió Teresa con una sonrisa.Después de platicar un rato, Noelia se llevó los dulces a la posada. Sentía que su madre tenía toda la razón: ya no podía darle más largas al asunto, era hora de cantarle la verdad a Marcos sobre Cecilia.Esta vez, el reencuentro con Marcos en Valleverde se sentía diferente. Era como si después de tantos obstáculos, la corriente por fin los hubiera vuelto a juntar. Ahora que estaban bien, no quería ocultarle nada más. Pensaba poner todas las cartas sobre la mesa, de la forma más sincera posible.Al entrar en la p
Al final, ya se imaginarán, no fue solo una vez más. Marcos era así: cuando se encarrilaba, no tenía para cuándo acabar.Noelia acabó agotada y, después de mucho insistirle, por fin logró que se retirara a su cuarto.En cuanto él se fue, Noelia le echó llave a la puerta y cayó como piedra en la cama. Durmió tan profundo que no sintió nada hasta que la claridad inundó todo el cuarto. Se despertó de un brinco cuando el sol le pegó de lleno en la cara.Apenas se sentó en la cama, los recuerdos de la noche anterior le vinieron de golpe. Cada imagen era tan nítida que el corazón se le ponía a mil, mezclando el aturdimiento del sueño con la cruda moral de la mañana siguiente.Afuera ya se escuchaba el movimiento. Las risas de los huéspedes saludándose en el vestíbulo llegaban hasta su cabaña. La posada ya estaba a todo lo que daba, mientras ella seguía ahí tirada por culpa de su noche de locura.Le dio un coraje consigo misma que no podía con él. ¡No debió haber bajado la guardia de esa man
—Tú eres mi regalo —el aliento de Marcos le quemaba la piel—. Noelia, no tienes idea de cuánto te deseo... te deseo muchísimo. Me hiciste una falta inmensa cada día que pasamos separados.Su mano bajó con decisión. Noelia sintió la presión justo donde el deseo le palpitaba con más fuerza. Cerró los ojos y se dejó llevar, en una rendición total de los sentidos. Sus defensas terminaron de desmoronarse y una llama interna empezó a quemarla a fuego lento. Se aferró con fuerza al brazo de Marcos, hundiendo los dedos en su piel, y dejó escapar un gemido ahogado que apenas pudo contener.Había que ser honesta con una misma. Noelia admitía que también lo había extrañado a morir en esos seis meses. De lo contrario, no habría tenido aquel sueño prohibido en cuanto él volvió a aparecer en la posada.Marcos se inclinó para devorar sus labios. En el momento en que se tocaron, fragmentos de aquel sueño absurdo y vergonzoso le cruzaron por la mente como relámpagos: el espacio estrecho, la oscurida
Noelia se dio una vuelta por la planta baja del hospital. Cuando regresó, Rodrigo ya se había ido.—Julieta, ¿qué hay entre tú y el profesor Lozano?Preguntó, curiosa.—Me gusta. Pero yo a él no.—¿No le gustas?A Noelia no le pareció eso. La forma en que Rodrigo había mirado a Julieta parecía escon
La sala estaba a oscuras; solo había una lámpara de pie prendida en la esquina. Marcos estaba sentado en el sofá. Con esa poca luz, aunque se le veía la cara seria, en los ojos se le notaba que estaba aguantándose la rabia.—Al final, ¿eres entrenadora de golf o de cartas? —preguntó, con un tono car
Durante el mes siguiente, a Noelia le fue muy bien en su trabajo en el club de golf. Cuando Rosa supo que trabajaba en el Club Internacional de Golf Montealto, fue de una vez a sacar una membresía con Noelia. No solo fue ella: llevó también a varias amigas adineradas.Ese mes, solo en comisiones, No
—¡Allí! —Daniel señaló hacia la zona VIP—. ¡Tía, la pelota vino de allá!Noelia sabía que la señora Flores era complicada. Trató de calmarse y explicó:—Señora, en el campo de práctica a veces pasan estas cosas, fue un accidente...—No fue ningún accidente. Lo hice a propósito. Le apunté a él.Noeli






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