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Destinados
Destinados
Autor: Rumi Baslan

EPÍGRAFE

Autor: Rumi Baslan
last update Data de publicação: 2022-08-12 21:06:52

AMÉRICA

—¡Tienes que apoyarnos, somos una familia! —exclama mi hermana mayor Alene.

Me quedo callada, el silencio me resulta tan ensordecedor, que soy capaz de respirar la hostilidad que emana de sus palabras con filo.

—Somos hermanas, no puedes estar en contra —toma mis manos y las acuna entre las de ella—. Por favor, apóyanos.

Desciendo la mirada, Alene es mayor que yo por un minuto, somos gemelas, la adoro, pero no estoy de acuerdo con lo que ella y mi padre planean, la venganza de este tipo no deja nada bueno al final, en especial cuando se trata de derrocar un imperio empresarial como lo es el de Bryce Henderson.

—No quiero problemas —refuto, alejándome de ella.

Mi padre, quien hasta ese momento se había mantenido a raya de la situación, sentado desde su escritorio, se pone de pie y molesto, me lanza una mirada cargada de advertencias.

—¿Acaso tengo que recordarte que es gracias a la familia Henderson que tu madre murió? —refuta.

«No, no lo olvido»

Sello mis labios, entrar en una discusión con ellos me resulta desgastante.

—Solo te pedimos que no aparezcas por estos lugares —añade mi hermana—. Nadie sabe y nadie se puede enterar de que somos gemelas.

El tono de voz de Alene desciende a decibelios apenas audibles.

—Hija, nada más te estamos pidiendo que te mudes y que de ser necesario, nos apoyes —añade mi padre, mirando a mi hermana con orgullo.

No soy idiota, sé que de las dos, es su favorita. Me remuevo inquieta sobre mi sitio. Deshaciéndome de su tacto.

—Está bien, me voy a mudar, solo no quiero que me metan en problemas —arguyo, realizando una mueca de desagrado.

Ambos parecen satisfechos con mi respuesta.

—¿Y nos vas a apoyar? —inquiere Alene con ilusión en el rostro, ladeando una media sonrisa tan suya.

—De eso no estoy muy segura, entiendo que por culpa del padre de Bryce Henderson, mamá murió, me molesta tanto como a ustedes, pero tengo una vida, y quiero seguir en la paz que esta me ofrece, así que no quiero problemas ni verme metida en asuntos legales por su culpa —esclarezco con sinceridad.

El rostro de mi hermana cambia fugazmente.

—Lo que estás haciendo se llama traición —chasquea la lengua.

Niego con la cabeza.

—No, lo que hago es ser inteligente, hermana —tomo mi bolso y me acerco a mi padre, para darle un beso de despedida.

Sin embargo, se aparta como si mi tacto le causa conflicto.

—Bien, nos vemos luego.

Salgo del departamento en busca de aire puro, limpio de pensamientos tóxicos y llego hasta un bar familiar, donde pido un trago, botana y paso la mayor parte del tiempo, comiendo, metida en los diseños que realizo en la laptop que llevo conmigo a todos lados.

El tiempo se me pasa volando hasta que mi móvil suena con demasiada insistencia, salgo de mi estupor y reviso el nombre que resplandece en la pantalla, tratándose de mi padre, comienzo a recoger mis cosas al tiempo que respondo.

—Papá.

Miro la hora que marca el reloj colgado en una de las paredes del local. Son las seis de la tarde.

—¡¿Dónde estás?! —exclama alterado—. ¡Tienes que venir al hospital, ahora mismo!

Mi corazón se detiene, el mundo se congela y las manos me tiemblan al saber que se trata de Alene.

—Voy para allá -cuelgo.

No hace falta que mi padre me diga más, entro al auto y me apresuro, al llegar, subo al piso correspondiente, donde encuentro a mi padre, caminando de un lado a otro en el área de espera.

—¿Qué sucede? —rompo el silencio que nos envuelve.

Mi padre levanta la mirada y me fulmina con ella.

—Todo esto es tu culpa —dice con la respiración acelerada.

—¿Qué?

—Si hubieras aceptado todo desde un principio, Alene no habría ido tras de ti, para tratar de hablar contigo —apunta—. Tu hermana tuvo un accidente automovilístico, un camión de carga chocó contra ella, el conductor estaba ebrio.

Mi corazón comienza a bombear a toda velocidad, mis puños se aprietan, mi padre aparta la mirada de mí y quiero decirle que no es mi culpa, pero no lo veo oportuno, sé defenderme, no obstante, me preocupa la salud de mi hermana, por lo que decido quedarme callada solo esta vez.

Las horas pasan hasta que el doctor, que la estaba operando, sale del quirófano y se acerca a nosotros.

—¿Usted es el padre de la Srta. Alene Sullivan? —se dirige hacia mi padre.

—Sí, soy yo, y ella es su gemela —me señala con la mirada, mi padre, lleno de angustia en su tono de voz.

—La paciente tuvo fractura de brazo y pierna derecha, su hombro se dislocó, pudimos detener la hemorragia y parece estar fuera de peligro —responde con gesto adusto—. Pero tengo que ser honesto con ustedes, el impacto del choque fue tal, que su columna vertebral obtuvo daños posiblemente irreparables. Con el tiempo podremos saber...

—¿Qué es lo que está tratando de decirme? —mi padre se altera.

El doctor nos mira a los dos de hito en hito, soltando un largo suspiro.

—Que, posiblemente, su hija no vuelva a caminar.

BRYCE

Tiro una bola perfecta y con ello gano el juego, Rupert, mi mejor amigo, niega con la cabeza, observando conmigo, el dulce sabor de la victoria, recoge el dinero y nos dirigimos hacia la barra, donde pide dos tragos dobles.

—La chica de la mesa cinco, no deja de lanzarte las bragas —me comenta entre risas.

Con cero discreción, porque me considero un hombre directo, volteo hacia su dirección, notando como una morena de ojos grises, me sonríe con coquetería, levanto mi trago en dirección suya y le devuelvo el gesto, luego me giro dándole la espalda.

—Eres un cojonudo —espeta Rupert con diversión—. Deberías disfrutar estas dos semanas que tienes de soltería.

—Sabes que soy leal —siseo.

Y es cierto, me considero un hombre enamorado de Alene Sullivan, la mujer que va a ser mi esposa en unas semanas, con la que he decidido compartir el resto de mi vida.

—Eso, amigo mío, te convierte en un tonto con suerte -ríe.

Niego con la cabeza, pagamos y nos marchamos, viendo la desilusión de las mujeres que nos comían con la mirada, nos despedimos y me dirijo a mi casa, una que adquirí hace un año, pensando en que sería al gusto de Alene para vivir. Me despido de Rupert y al llegar, me parece extraño no haber recibido una llamada o mensaje de mi prometida.

Frunzo el ceño, decido darme una ducha y al terminar, le marco, no me contesta, intento cinco veces más, estoy a nada de darme por vencido, cuando por fin contesta.

—¿Hola?

Abro la boca para reclamar, pero me detengo cuando noto algo distinto en su tono de voz.

—¿Alene? —inquiero con cautela.

Hay un silencio al otro lado de la línea, un respiro profundo.

—Sí...

Pero dudo. Tensando el cuerpo, sospecho.

—¿Quién eres tú?

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Último capítulo

  • Destinados    EXTRA: Somos Uno

    BRYCEHace años creí haber encontrado a la mujer de mi vida, Alene, estaba equivocado, porque ahora, teniendo a América desnuda a mi lado, dormida como en un sueño, me siento el hombre más afortunado del mundo. Han pasado dos años y siento que no la merezco, cada día que transcurre hace que mi amor por ella incremente, me levanto, está agotada, hace un mes me dio el mejor regalo, dio a luz a dos hijos míos. Porque sí, luego de que perdiéramos a nuestro bebé, no dejamos de intentar y es como quedó embarazada de gemelos, un varón y una niña, sacaron su color de cabello, pero ambos mantienen mis ojos verdes, al igual que los de su hermana mayor; Madeline, mi pequeña de cuatro años. No sé qué mierda hice para merecer a esta familia, pero la cuido día con día. Me incorporo, me doy una ducha de agua caliente y al salir, me encuentro con un par de pequeños brazos que se aferran a mis piernas. —¡Papi! Madeline ríe con la boca llena de chocolate. —¿Qué ha sucedido aquí? —la cargo. —Enc

  • Destinados    EPÍLOGO

    AMÉRICAMiro a Bryce hablando con el doctor, luego de todo el revuelo con Vanesa, llegó la policía y la llevaron al hospital, no murió, pero si quedó gravemente herida, él dice que su familia piensa internarla en un centro psiquiátrico para ayudarla, es lo mejor, eso creo, y ahora, luego de dos días de todo el revuelo con la prensa, estamos en casa. Mandó llamar a su doctor de cabecera para que me revisara y verificar que todo esté bien. Lo estoy, pero es como si no escuchara razones. Miro a Bryce y siento que no lo merezco, es decir, todo lo que inició fue por la sed de venganza de mi padre y hermana, él iba a ser mi cuñado y terminó siendo mi marido, el padre de mi hijo. Quien en estos momentos frunce el ceño con algo que le dice el doctor. Luego lo despide y cierra la puerta. —¿Todo bien? —inquiero con cautela. —Tienes un poco de anemia, al parecer mi trabajo es que comas mucho, estás demasiado delgada —anuncia con disgusto. Un silencio incómodo se aloja entre los dos. —Cre

  • Destinados    EPISODIO 68: Estamos a Mano

    AMÉRICABusco algún indicio de que sea una habitación como la de la pareja que quiere ser vista, pero no, esta solo tiene un sofá, las paredes están cerradas, no hay manera de que escape de esto. —Si lo que buscas son cámaras, no las vas a encontrar —me dice Bryce, quitándose la ropa. —¿Qué haces? —inquiero con cautela. —Lo que debí haber hecho desde que llegaste a la conclusión de que haciendo que Alarik te besara y te tocara, ibas a lograr que te diera el divorcio —espeta con firmeza. —Ya no podemos estar juntos —declaro—. ¿Acaso no lo ves? Soy la hermana de la mujer que te iba a destruir, te he engañado todo este tiempo, te oculté una hija, perdí a tu bebé, estamos casados solo por contrato, uno que no debió ser. Trato de que entre en razón, pero al parecer no lo logro. Se queda desnudo, solo con los bóxer, retrocedo, sin embargo, él me jala con fuerza haciendo que mis pechos se aplasten contra su duro tórax. —¿A dónde vas? —baja sus manos hasta mi trasero y lo apretuja. —B

  • Destinados    EPISODIO 67: Vamos a Jugar De Verdad

    BRYCEAmérica cree que puede jugar conmigo a su antojo. Bien, le voy a demostrar que no puede, que soy mejor jugador que ella, por lo que decido ignorarla y concentrarme en la rubia que me mira como si fuese lo único que está en su mundo. No me agrada, ella se lame los labios al tiempo que ancla sus ojos sobre los míos, luego, ligeramente viajan hasta mi polla, la cual no puede estar más muerta, ya que el único coño que deseo probar es el de la malcriada que me ignora y que no para de reír a propósito, con Alarik. —Bien, comencemos —anuncia uno de mis socios. Veamos hasta qué punto es capaz de llegar América, con tal de matar esto que siento por ella. No va a lograr que le dé el maldito divorcio, eso ya debe saberlo más que de sobra. —Como saben —habla Ricardo, un socio y amigo—. Este juego es exclusivo, todos los que estamos aquí, es porque lo queremos, a nadie se le obliga, se ha hecho ya el intercambio de parejas y por ende, solo nos queda disfrutar, no hay límite, a menos de

  • Destinados    EPISODIO 66: Soy Tu Marido

    AMÉRICAHan pasado tres semanas desde que perdí a mi bebé, por mi error, por Bryce, por Vanesa, y en todo este tiempo he descubierto dos cosas, soy buena haciendo que él se enfade, y que puedo llevarlo hasta el límite. En estos días he sido distante solo con él, lo ignoro la mayor parte del tiempo, hablamos solo cuando lo creo necesario y siempre que el tema se trate de Madeline, quien le ha tomado un cariño sorprendente. No es que esté celosa, después de todo es su padre, pero hay veces en las que por las noches me mantiene despierta el miedo de perderla para siempre, y que cuando crezca me haga a un lado para estar con su padre. Debby dice que son miedos normales, que ella me ama y que soy su mamá. Pero esa espina de confusión, sigue ahí, en alguna parte de mi pecho, lista para atormentarme una noche más. Me pongo de pie, me levanto con el corazón latiendo fuertemente. Me pongo de pie y salgo de la habitación para ir a la cocina por un vaso de agua, Vanesa no se ha aparecido y

  • Destinados    EPISODIO 65: Muéstrame Lo Peor

    BRYCEA lo largo de mi vida me he enfrentado a varios obstáculos, pero ninguno se compara con la batalla interna a la que me estoy enfrentando, amo a América, ella es mi vida, ni muerto pienso dejarla, eso es un hecho, pero al mismo tiempo quiero asesinarla. La pérdida de nuestro hijo me tambalea, era mío, pero todo esto es culpa de Vanesa, si ella no hubiera mentido y enfrentado a mi jodida esposa para ocasionar una ruptura, América no hubiera reaccionado de ese modo tan imprudente. Y ahora, verla como si la luz se le hubiera muerto en los ojos, hace que las entrañas se me revuelvan, sus ojos no tardan en llenarse de lágrimas cuando le digo que ha perdido a nuestro hijo, comienza a sollozar con fuerza. —¡Dios, es mi culpa, mi culpa! —chilla con fuerza. —No lo es —intento acercarme a ella, no obstante, me detengo en el último momento—. Fue un accidente. Ella levanta la mirada llena de rabia. —¿Eso te repites para no odiarme más de lo que ya debes hacer? —inquiere en medio de un

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