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4: Un hombre sin corazón

last update Date de publication: 2026-04-09 23:01:07

Parada en la puerta está Doris, la empleada designada para cuidar de Ava.

—No, claro que no. Llegaste en el momento perfecto, Doris. Mi prometida acaba de despertar y necesita ayuda para bañarse.

Al oír la palabra «prometida» salir de la boca de Hector, Doris frunce el ceño, pero permanece en silencio. Lo conocía muy bien y sabía que enfrentarlo en ese momento le traería complicaciones a ella misma.

—Claro, señor, haré todo lo que necesite —dice Doris, lanzando una mirada furtiva hacia Ava en la cama, que parece ligeramente confundida y desorientada. —Hola, señora. Me llamo Doris y estoy cuidando de usted desde que llegó —revela, dirigiéndose a Ava.

Ava solo asiente, sin responder nada.

Sintiendo que ya había hecho parte de su trabajo allí, Hector decide salir, pero antes mira a su empleada y comenta:

—¿Podemos hablar un momento a solas? —propone, lanzando una mirada más seria a la empleada, que entiende rápidamente.

—Claro, señor.

Antes de salir de la habitación, Hector se gira hacia Ava y comenta:

—Volveré más tarde, querida. Por ahora, solo descansa —dice, dejando un beso casto en su frente.

Mientras observa a Hector salir de la habitación, Ava intenta buscar respuestas, pero su mente está demasiado cansada para recordar algo.

Del lado de fuera del cuarto, cerca de la puerta, Doris se gira hacia Hector con la mirada llena de cuestionamientos.

—¿Qué estás tramando, Hector? —murmura, con miedo de que Ava escuche del otro lado.

—Nada del otro mundo —responde él, abriendo una sonrisa cínica en los labios.

—Hector, te conozco desde que naciste. ¿Por qué no llevaste a esa muchacha al hospital en lugar de mantenerla aquí?

—Porque, si ella va al hospital, su familia la encontrará —revela.

—¿Y eso no es lo correcto? Su familia está desesperada por su desaparición. Incluso en los periódicos están hablando de eso. Las búsquedas están ocurriendo en todas direcciones y hasta ya comenzaron a considerar la posibilidad de que haya sido arrastrada por la corriente o que los peces la hayan devorado después de que el vehículo en el que estaba cayera al mar.

—¡Que todos lo piensen! —exclama con desdén.  —No me importa ninguno de ellos. Por mí, que sufran pensando que está muerta.

Al notar la expresión sombría en el rostro de Hector, Doris se asusta. Nunca lo había visto de esa manera.

—Deberías ser más humano, Hector. Esa muchacha ya está sufriendo demasiado por no recordar nada.

—¿Más humano? —cuestiona, intrigado. —Fui yo quien la salvó. No tengo la culpa de lo que le pasó, ¿está bien? Fue el desgraciado del prometido quien intentó matarla; si no fuera por mí, lo habría logrado.

—Sí, lo sé, pero ¿qué ganas manteniéndola aquí?

—Tengo mis propios planes —revela.

—Hector… —La voz de Doris sale como una reprimenda.

—Perdió la memoria, Doris. ¡No recuerda nada! No fue culpa mía —interfiere.

—Pero eso es un crimen —insiste Doris. —¿Desde cuándo te volviste tan ambicioso?

—Siempre lo fui —rebate. —Si nunca lo notaste, es porque ese corazoncito blando no te deja. La desaparición de Ava hará que las acciones de su empresa caigan y voy a ganar mucho con eso.

Asustada por el ambicioso plan de Hector, Doris frunce el ceño. Él nunca había demostrado compasión por nadie, pero aquella situación parecía estar pasando los límites.

—Hector, me da miedo hasta dónde puede llevarte tu ambición. Deja eso de lado, hijo mío. Eres joven y muy exitoso. ¿Qué te falta?

—Tu problema es que te conformas con poco —protesta. —Lo que está en juego nunca fue el dinero. Es el prestigio, el respeto. Estoy cansado de estar siempre en segundo lugar, ¡yo quiero la cima!

—Tu ambición me asusta, hijo mío. Desde que tu madre falleció, fui yo quien te cuidó. Siempre fuiste un muchacho inteligente; puedes muy bien conseguir las cosas de la manera correcta.

Mientras habla, Doris acerca su mano al rostro de Hector y lo acaricia; sin embargo, aquella caricia lo incomoda hasta el punto de sujetar el brazo de ella y apartarlo.

—Aunque hayas cuidado de mí, recuerda una cosa, Doris. ¡No eres mi madre! —anuncia con frialdad. —Ya no soy un niño, así que deja esas demostraciones tontas de cariño. Aunque te considere mucho, no voy a dejar que influyas en mi vida.

—Está bien… —dice ella, bajando la cabeza, un poco avergonzada. —A veces olvido que ya eres un hombre hecho y tomas tus propias decisiones.

Hector percibe un tono de autocompasión en Doris, lo que lo deja impaciente. Odiaba las demostraciones de debilidad de las personas.

—¡Deja el drama y haz tu trabajo! Cuida de Ava y, si ella pregunta algo sobre nuestro compromiso, solo afírmalo y convéncela de que es verdad.

—¿Qué harás cuando ella se recupere?

—No es asunto tuyo —anuncia, brusco.

Aun acostumbrada a aquel tono en las respuestas directas de Hector, Doris insiste:

—Sé que no es asunto mío, pero me preocupo —rebate. —No pude dejar de notar lo cerca que estabas de ella cuando entré en la habitación.

—Aquello no fue nada, solo estábamos conversando —explica él.

—¿Necesitaban estar tan cerca?

Un bufido irónico escapa por las narinas de Hector, que respira hondo para no perder el control.

Por el hecho de que Doris lo había criado desde la infancia, él siempre le dio libertad para expresar abiertamente sus opiniones como quisiera. Sin embargo, en ese momento sentía que ella estaba cruzando los límites.

—¿Desde cuándo te volviste tan entrometida? —pregunta, cruzando los brazos.

—No estoy siendo entrometida, solo me preocupo por ti y por lo que puedas hacer.

—No te preocupes por nada. Sé muy bien cuáles son mis límites.

—Sé que lo sabes, pero ella es una muchacha joven y bonita, por eso me preocupo —insiste Doris. —¿No crees que ya ha sufrido lo suficiente? —cuestiona. —Además de haber perdido la memoria en el accidente, también terminó perdiendo al bebé que esperaba.

Al pronunciar esas palabras, la puerta de la habitación donde se encontraba Ava se abre de manera brusca, revelándola de pie, con una expresión visiblemente angustiada.

—¿Qué acabas de decir? —pregunta Ava. —¿Perdí un bebé? —cuestiona, con los ojos bañados por la duda.

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