แชร์

7: Pensando rápido

ผู้เขียน: Célia Oliveira
last update วันที่เผยแพร่: 2026-04-09 23:07:55

Apresurada, Doris retira las sábanas de la cama de Ava y las cambia por sábanas limpias; luego sale del cuarto con la intención de buscar a Hector y contarle sobre el nuevo problema que había surgido.

Dirigiéndose al despacho, golpea levemente la puerta y, tras oír el permiso de Hector, entra con cautela. Allí dentro, nota que Hector no está solo; a su lado está Mark Harrison, el médico responsable del cuidado de Ava y mejor amigo de Hector. Confortada por la presencia de Mark, Doris sabe que puede hablar libremente.

Notando la expresión ansiosa de Doris, Hector apoya los codos sobre la mesa, entrelaza las manos y la encara, esperando que ella hable.

—¿Qué pasó, Doris? —indaga Hector con una severidad controlada en la voz. —No me digas que cometiste otra indiscreción.

—No, Hector, yo no hice nada —responde ella rápidamente, demostrando estar ansiosa. —Solo que tenemos un problema.

—¿Qué tipo de problema? —cuestiona, alterando más la voz.

—Ava comenzó a preguntar sobre la relación de ustedes y sobre el supuesto compromiso. Le dije que preguntara directamente a usted, porque no paso de ser una empleada de la casa que no sabe gran cosa.

—Hiciste bien —responde él, adoptando un leve alivio en su expresión.

—Pero hay algo más —añade Doris, vacilante.

—Habla de una vez —ordena, impaciente con todo aquel suspenso.

—Ella pidió que le lleve fotos de ustedes dos juntos, para intentar recordar algo.

Hector lanza una mirada preocupada a Doris y luego mira a su amigo Mark, que le devuelve la mirada, consciente del posible problema que eso representa.

—Está bien, dile que le llevaré el álbum por la noche y que veremos las fotos juntos —declara Hector, ya con un plan en mente.

Confundida con la respuesta, Doris frunce el ceño.

—¿Cómo hará eso? —indaga, preocupada.

—No te preocupes, Doris —responde con confianza. —Conozco a un profesional especializado en inteligencia artificial que puede resolver eso para nosotros. Él tomará las fotos de Ava con el verdadero prometido y hará la edición para que yo aparezca en ellas. Así, Ava no sospechará de nada.

Sorprendida por la sagacidad de Hector, Doris asiente y sale del despacho, aliviada por resolver aquella cuestión.

Mientras ella se va, Mark mira a Hector con las cejas levantadas.

—Eres más astuto de lo que pensé —comenta Mark.

—Solo soy un hombre precavido —rebate.

—¿Hasta dónde vas a llegar con esto, Hector? —pregunta Mark, preocupado.

—Hasta que consiga comprar las acciones de su empresa —dice él, sonando frío y calculador.

—¿No crees que estás yendo demasiado lejos? Estás cometiendo un delito al esconder a Ava aquí mientras su familia la considera muerta.

—¿Delito? ¡Le salvé la vida! ¡Si no fuera por mí, Ava estaría muerta!

—Sí, lo sé, pero ¿de qué sirve haberla salvado si la mantienes aquí como si fuera una prisionera?

—No haré esto por el resto de la vida —se burla. —Cuando su memoria regrese, decidiré qué haré con ella.

—Ya que estamos hablando de eso, si queremos tener una idea clara del impacto del trauma en la mente de Ava, necesitamos realizar exámenes neurológicos específicos —interviene Mark, sacando a relucir una preocupación profesional.

—Entonces haz esos exámenes —responde Hector, práctico y directo.

—No es tan simple —empieza Mark, vacilante, sintiendo la necesidad de explicar mejor. —Los exámenes que Ava necesita son complejos y requieren equipos especializados que solo encontramos en hospitales.

—Ava no irá a ningún hospital —declara Hector con firmeza, cortando cualquier posibilidad de argumentación.

—Pero, Hector, es por su bien —insiste Mark.

—Entonces trae los equipos aquí. No importa cuánto cueste —declara.

—Está bien… —Acepta Mark, sabiendo que es imposible discutir con Hector Moreau. —¿Puedo visitarla ahora?

—Ve.

Mark asiente y sale de allí para hacer la consulta de rutina con Ava.

Mientras tanto, Hector toma el teléfono y llama al profesional en IA, explicando con urgencia lo que desea.

[…]

Es de noche, y Ava está en la terraza de su cuarto, acomodada en un sillón. A lo lejos, observa el extenso patio cubierto de palmeras que se extienden por el vasto jardín de la mansión de Hector. Aislada, la residencia está alejada de cualquier vecindario cercano, intensificando la sensación de soledad. Mientras mira el horizonte, su mente divaga sin lograr fijarse en nada específico; hay un vacío que parece resonar con el silencio a su alrededor.

El malestar físico de ella había sido suavizado por los medicamentos que el médico le administró más temprano, durante una visita llena de promesas de nuevos exámenes, pero sin garantías sobre la recuperación de su memoria. En este momento de quietud, la melancolía se instala suavemente a su lado, mientras la brisa nocturna susurra entre las palmeras, trayendo consigo el aire salado del mar distante. Ava siente la soledad del paisaje y, en ese momento, su mente se vuelve hacia Hector Moreau.

A pesar de que él afirma ser su prometido, ella se siente perturbada por la falta de cualquier emoción o sentimiento hacia él. Aunque él afirma que son cercanos, percibe una frialdad en él; los ojos de Hector no reflejan sentimientos, creando una evidente sensación de distancia. Esa desconexión la deja inquieta, aumentando sus dudas y la sensación de que algo no está bien.

El suave ruido de una puerta al abrirse desvía la atención que ella tenía en el horizonte hacia el interior del cuarto, donde ve entrar a Hector.

Al verla en la terraza, él camina hasta donde está y se sienta a su lado.

—Buenas noches —la saluda con voz baja.

—Buenas noches, Hector —responde Ava, bajando la cabeza por sentirse cohibida al verlo aparecer justo cuando pensaba en él.

—¿Cómo te sientes?

—Mejor —responde ella, con un leve alivio en la voz. —El medicamento que el médico recetó realmente ayudó. No siento dolor en el cuerpo ni en la cabeza ahora.

—Qué bien —dice él, demostrando preocupación. —Espero que pronto te recuperes por completo.

Con una delicadeza profunda, Hector extiende la mano y toca el rostro de ella con suavidad, trazando una línea cariñosa con el pulgar. Se inclina para besarla, pero Ava se aparta, bajando la cabeza, aún vacilante.

Sin demostrar ninguna incomodidad o irritación por la actitud, Hector deposita un beso leve en la frente de ella y toca suavemente su barbilla, levantando su rostro para que sus ojos se encuentren.

—No tienes que tener miedo de mí, querida. Mis intenciones son las mejores —susurra, depositando también un beso suave en el cuello de ella.

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • Destinos entrelazados: Rescatada por el enemigo   219: Mark y Estelle [Final]

    —¿Puedes ayudarme con esas cajas? —pregunta Estelle, acomodando su cabello recogido de forma desordenada mientras sostiene la tapa de una de las cajas abiertas en el nuevo apartamento.—Claro, amor —responde Mark con una sonrisa cariñosa, acercándose para ayudarla.El nuevo hogar de ella quedaba justo al lado del suyo, algo que parecía simple en la práctica, pero que para Mark era casi simbólico: ella estaba cada vez más cerca, no solo físicamente, sino de la vida que él soñaba compartir.Pasan las siguientes horas armando muebles, encajando estanterías, cargando bolsas y riendo entre tropiezos e instrucciones mal interpretadas del manual. Cuando finalmente colocan el último tornillo de la mesa de comedor, ya pasaban de las once y media de la noche.—Creo que ya es suficiente por hoy —comenta Mark, respirando hondo y limpiándose el sudor de la frente con la manga de la camisa.—Estoy de acuerdo. Estoy agotada —sonríe ella, sentándose en el suelo con la espalda apoyada en la pared.—Vo

  • Destinos entrelazados: Rescatada por el enemigo   218: Debe ser verdadero

    —Oh, David… ¿Tienes idea de lo que estás haciendo? —pregunta ella, visiblemente nerviosa, como si quisiera protegerlo de sí misma.—Sí, la tengo.—No creo que esto vaya a funcionar… ¡Mírate! Eres un hombre rico, importante, con una vida completamente diferente a la mía. ¿Y yo? Solo soy una mujer que necesita trabajar el doble para ayudar a sus padres y cuidar de sus hermanos pequeños.—Eres una mujer fuerte, decidida y… de alguna manera, lograste hacer algo que nadie jamás hizo: captar mi atención. Pérsia, me pareces increíble. Y quiero mucho descubrir cómo es tener a alguien como tú en mi vida.Ella baja la mirada, dudando, apretando sus propias manos.—Pero… ¿Y si esto no funciona?—¿Y si funciona? —responde él, con una sonrisa confiada. —Vamos a pensar en positivo, ¿de acuerdo? Nunca he estado en una relación, nunca me he abierto así con nadie, pero contigo quiero intentarlo. Y quiero hacer todo de la manera correcta.Ella lo mira con los ojos brillantes, dividida entre el miedo y

  • Destinos entrelazados: Rescatada por el enemigo   217: Solo acéptame

    Después de escuchar el consejo de su padre, David se da cuenta de que ya no podía seguir esperando a que las cosas se resolvieran solas. Y, en el fondo, tampoco quería. Algo dentro de él había cambiado, una urgencia, un valor que llevaba meses dormido.Toma el portátil que suele usar para trabajar en casa, accede al sistema de la empresa y localiza la dirección residencial de Pérsia. Sabe que aparecer de sorpresa, aún más por la noche, puede asustarla. Tal vez diga cosas que él preferiría no oír. Pero aun así, estaba dispuesto a arriesgarse. Después de tantos meses de silencio y autocontrol, la tortura emocional que se impuso solo le prueba una cosa: ya no puede seguir aplazando lo inevitable.En cuanto encuentra la dirección y el número de la casa, lo anota en un papel y lo guarda en el bolsillo. Luego se viste deprisa y sale de casa con pasos apresurados.—Hijo, ¿a dónde vas a esta hora? —La voz de Rafaela lo sorprende en el jardín, haciéndolo detenerse por un instante.David se gir

  • Destinos entrelazados: Rescatada por el enemigo   216: ¿Y si...?

    Y así pasaron los días… días que se convirtieron en semanas, y semanas que se transformaron en meses.Todo contacto con Pérsia pasó a ser estrictamente profesional. Ella entraba en su despacho con informes en mano, entregaba análisis detallados sobre los clientes, se sentaba a su lado para revisar contratos y, aun así, entre ellos no había una sola palabra más allá de lo necesario.Ningún desvío. Ningún recuerdo. Ninguna brecha.Era como si nada hubiera pasado.Pero había pasado, y eso lo consumía en silencio, a pesar del tiempo.Lo que más dolía de todo aquello era la manera en que ella lograba ser fría. Como si él fuera solo un rostro más entre tantos con los que debía tratar. Y, por más que su voluntad fuera atravesar ese muro que ella había construido entre los dos, su sentido del respeto y, quizá, el miedo de alejarla definitivamente lo mantenían inmóvil.En otra noche más, al llegar a casa después de un día agotador, David tomó una larga ducha, en el inútil intento de lavar de s

  • Destinos entrelazados: Rescatada por el enemigo   215: Un idiota

    Sin entender qué tipo de juego David estaba intentando hacer, Pérsia tira del brazo de una vez, rompiendo el contacto bruscamente.—¡Lo que haces con tus recuerdos no es problema mío! —rebate, con la voz temblorosa.—¿Me estás provocando a propósito, no es así? —retruca él, con una sonrisa torcida que más parece un intento de ocultar el nerviosismo que siente.—Estoy intentando sobrevivir, David —responde, y por primera vez lo llama por su nombre, haciéndolo tragar saliva. —Puedes volver a tu mundo millonario y cómodo, pero yo... bueno, yo no tengo ese privilegio.El silencio que se instala es pesado, como si el aire se hubiera vuelto denso a su alrededor. David observa su expresión rígida, casi impasible, pero él ya ha visto más. Detrás de ese autocontrol, aún reconoce a la mujer que tembló en sus brazos.—Pérsia… —susurra, ahora con la voz más baja, quebrada. —Si estás arrepentida, dímelo.—No estoy arrepentida —responde demasiado rápido, y en ese mismo instante desvía la mirada. —S

  • Destinos entrelazados: Rescatada por el enemigo   214: No me ignores

    Por la mañana, David llega a la oficina con los nervios a flor de piel. No durmió bien y, por más que lo intentara, no lograba sacar a Pérsia de la cabeza. Aquella pasante, con su cabello rizado y ojos desafiantes, estaba perturbando su paz.—¿Persia ya llegó? —Es lo primero que pregunta, en cuanto se encuentra con su secretaria.—Buenos días, señor Smith. Sí, la señorita Pérsia llegó hace unos minutos —responde con una sonrisa profesional.Él lanza una mirada rápida hacia el escritorio donde ella debería estar, pero el lugar está vacío.—¿Y dónde está ahora?—En el almacén, organizando algunos documentos.Respira hondo, ya impaciente.—Dígale que venga a mi oficina. Inmediatamente.Sin esperar respuesta, entra en su despacho, cierra la puerta con más fuerza de la necesaria y camina hasta la ventana, intentando contener el sentimiento que lo dominaba. Afloja la corbata y se quita el saco, sintiendo el sudor recorrerle la nuca, un contraste incómodo con el frío de aquella mañana nublad

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status