Mag-log inVictoria permaneció inmóvil en medio de la sala.
No corrió detrás de Ethan. No intentó detenerlo una vez más. Solo escuchó el sonido de la puerta al cerrarse y, segundos después, el rugido del motor alejándose de la mansión. El silencio que quedó fue ensordecedor. Su mente repetía una y otra vez las mismas palabras. "Ya no te quiero." ¿Cómo era posible? ¿En qué momento su esposo había dejado de amarla sin que ella lo advirtiera? Buscó alguna señal, alguna discusión, algún cambio de actitud que hubiera ignorado. No encontró nada. Hasta la noche anterior habían cenado juntos, habían reído recordando sus primeros años de matrimonio y habían compartido la misma cama. Nada tenía sentido. --- Mientras tanto, Ethan conducía rumbo a Malibú. Había dejado todo organizado en la productora para tomarse unos días libres. Necesitaba empezar de nuevo. Cuando el portón de la casa se abrió y Scarlett vio el automóvil entrar, salió corriendo. Apenas Ethan bajó con la valija, ella se lanzó a sus brazos. —¡Mi amor! ¡Por fin! Lo abrazó con fuerza, incapaz de contener la emoción. —No puedo creer que por fin estemos juntos... Que nunca más volveremos a separarnos. Ethan sonrió y la estrechó contra su pecho. —Nunca más. Scarlett buscó sus labios con desesperación. Él respondió al beso mientras acariciaba su espalda. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que no tenía que esconderse. --- En la mansión de Beverly Hills, el reloj marcaba el mediodía. Victoria seguía sentada exactamente en el mismo lugar. El desayuno permanecía intacto sobre la mesa de la cocina. El café se había enfriado hacía horas. Intentaba comprender lo que había ocurrido, pero su mente era incapaz de encontrar una explicación. Desde su punto de vista, su matrimonio no atravesaba ninguna crisis. Sí, Ethan trabajaba demasiado. Pero nunca imaginó que aquello pudiera terminar en un divorcio. Era como si ambos hubieran vivido realidades completamente distintas bajo el mismo techo. Cuando comenzó a caer la tarde, se levantó lentamente. Cerró las puertas de la casa y subió a la habitación. Al pasar junto al comedor, su mirada se detuvo en la carpeta que Ethan había dejado sobre la mesa. La tomó entre sus manos. Durante varios segundos observó la portada sin atreverse a abrirla. Finalmente, la abrazó contra su pecho y caminó hasta el dormitorio. Se metió en la cama sin cambiarse de ropa. No tenía fuerzas para llorar. Solo quería despertar y descubrir que todo había sido una pesadilla. Mientras tanto, Ethan comenzaba a instalarse en su nuevo hogar. La casa frente al mar estaba en silencio. Desde los ventanales del dormitorio se veía el océano y el sonido de las olas envolvía el ambiente. Scarlett descansaba a su lado en la cama, apoyando la cabeza sobre su pecho. Lo observó unos segundos antes de sonreír. —¿Por qué no salimos a cenar para celebrar? Ethan acarició distraídamente su cabello. —Scarlett, escúchame. Me tomé unos días libres para estar contigo, pero no podemos pasearnos por todos lados. Ella levantó la cabeza. —¿Por qué no? —Porque todavía no. Victoria no tomó bien lo del divorcio y no quiero que la prensa empiece a especular antes de tiempo. Un escándalo ahora podría perjudicar tu carrera... y también mis producciones. La expresión de Scarlett cambió de inmediato. Se incorporó y se alejó de él. —Nadie te asegura que Victoria vaya a firmar el divorcio. Cruzó los brazos, visiblemente molesta. —Estoy cansada de esconderme, Ethan. Pensé que todo eso terminaría cuando te mudaras conmigo. Ethan suspiró. —Lo sé, pero entiéndeme. Es lo mejor para los dos. Tomó una de sus manos. —Mañana se publicará un comunicado anunciando oficialmente mi divorcio. Después dejaremos pasar unas semanas y, cuando presentemos mi nueva serie, haremos pública nuestra relación. Scarlett permaneció en silencio. —Solo te pido un poco más de paciencia. Ella terminó por asentir. —De acuerdo... Él sonrió, aliviado. —Además, quiero compensarte. Aprovechemos estos días libres y vayámonos lejos de aquí. Solo tú y yo. Los ojos de Scarlett se iluminaron. —¿De verdad? —Claro. Elige el destino. Ella no tardó en responder. —Europa. Nunca he estado de vacaciones allí. Siempre soñé con recorrer Italia y Francia. Ethan sonrió. —Entonces será Europa. Scarlett volvió a acercarse, rodeó su cuello con los brazos y lo besó con entusiasmo. Por primera vez, ambos sintieron que el futuro que habían imaginado juntos estaba a punto de comenzar. Llevaban cuatro días recorriendo Italia. Habían paseado por las calles de Roma, navegado por los canales de Venecia y disfrutado de largas cenas frente al lago de Como. Para Scarlett, aquellas eran las primeras vacaciones de su vida; para Ethan, eran un intento de convencerse de que había tomado la decisión correcta. Esa tarde esperaban en la sala VIP del aeropuerto para abordar el vuelo con destino a París. Scarlett revisaba una revista de moda mientras Ethan observaba distraídamente la pista a través de los ventanales. Su teléfono vibró una vez más. Durante los últimos días había recibido varias llamadas desde la mansión de Beverly Hills. Al principio creyó que era Victoria. No respondió. Sin embargo, esa mañana decidió devolver la llamada. Al otro lado de la línea no estaba su esposa, sino Sarah, la empleada doméstica. Su voz sonaba preocupada. —Señor Callahan... la señora Victoria no está bien. Ethan frunció el ceño. —¿Qué ocurrió? —Desde que usted se fue casi no sale de su habitación. Apenas ha probado un poco de agua. No ha comido en días. Ethan permaneció en silencio. —Tampoco responde las llamadas de sus amigas. Sus padres llevan varios días intentando comunicarse con ella, pero no les contesta. Por un instante, sintió un incómodo peso en el pecho. —¿Ha visto a un médico? —No, señor. Se niega a recibir a nadie. Ethan cerró los ojos. No había imaginado que Victoria reaccionaría de esa manera. Tras unos segundos, habló con voz firme. —Prepára pertenencias. Voy a enviar a alguien para que las recoja. Sarah dudó antes de responder. —Sí, señor... La llamada terminó. Desde entonces, Ethan no había podido dejar de pensar en ella. —¿Todo bien? —preguntó Scarlett al notar su expresión. Él guardó el teléfono en el bolsillo. —Sí... Solo era un asunto de la oficina. Victoria necesitaba tiempo. Con el paso de las semanas aceptaría el divorcio y seguiría adelante con su vida. Eso era lo que él esperaba.Kate dejó lentamente la taza sobre la mesa.Su expresión dejó de ser divertida.—Creo que eligió el peor momento posible para entrar en esta casa.Richard acomodó nerviosamente su corbata.—Me dijeron que podía venir cuando quisiera. Voy a pedirle, señora Hayes, que mantenga el lugar limpio. Pensé que la casa estaba amueblada.Victoria cruzó los brazos.—Lo estaba antes de que pasara Atila el Huno y la saqueara. Así que, si tiene un problema, se queja con Atila —exclamó.Luego lo miró seriamente.—Voy a pedirle que se retire y que la próxima vez que venga avise y toque el timbre —agregó Victoria.Richard carraspeó.—Señora Hayes, entiendo que...—Callahan. Mi apellido es Callahan. Y no, no entiende —dijo Victoria con firmeza.Richard guardó silencio.Victoria suspiró.—Se nota que es un buen hombre, señor Coleman, pero nosotras tenemos un problema.Kate le hizo señas para que se asomara hacia la cocina.Richard obedeció.Entonces vio la escopeta sobre la encimera.Y la pared destroza
Kate caminaba por uno de los pasillos del Imperial Crown Theatre junto a su asistente, Félix.A su alrededor reinaba el caos.Los periodistas seguían alucinados con las declaraciones de Ethan Callahan y todos comentaban lo mismo: él y Scarlett ya se encontraban camino a la exclusiva fiesta privada del equipo de Black Code.Kate recorrió el lugar con la mirada.Buscaba a un periodista en particular.Peter Whitmore.Un verdadero hijo de su buena madre, al que le encantaba revolver la mugre.Lo encontró rodeado de cámaras y productores, revisando frenéticamente su teléfono.Kate se acercó con una sonrisa.—¿Quieres algo mejor que las declaraciones de Ethan Callahan? —susurró.Peter levantó la vista de inmediato.Una sonrisa astuta apareció en su rostro.—Pero si es la bella Kate.Se acomodó la chaqueta.—¿ Qué sería algo mejor?Kate cruzó los brazos.—¿Qué te parece una escandalosa infidelidad?Peter arqueó una ceja.—Él dijo que llevan dos años en crisis y seis meses separados.Kate sac
La cita era en el Imperial Crown Theatre.La alfombra roja se encontraba completamente iluminada y cientos de paparazzi se agolpaban detrás de las vallas metálicas, sosteniendo cámaras con enormes teleobjetivos.Los reflectores barrían el cielo nocturno mientras las pantallas gigantes proyectaban la llegada de cada invitado.La limusina negra se detuvo frente a la entrada principal.El chofer descendió primero y abrió la puerta con elegancia.Ethan Callahan bajó del vehículo.Los flashes estallaron una y otra vez.Era su primera aparición pública tras el anuncio de su divorcio.Sonrió con la seguridad de quien llevaba años caminando por aquella alfombra.Después se hizo a un lado y extendió la mano.Scarlett bajó del coche.Los flashes volvieron a destellar con más fuerza.Vestía un espectacular vestido confeccionado en satén blanco.La pieza se componía de un cuello tipo halter, con una pronunciada abertura en la zona del escote y un delicado escote también en la espalda, dando como
Victoria se dirigió a su habitación y buscó su neceser. Al abrirlo, notó que no había llevado la caja donde estaban las píldoras anticonceptivas.Frunció el ceño.Comenzó a pensar y recordó que no las había tomado durante las últimas semanas. Ni siquiera recordaba cuándo había tomado la última. Supuso que había sido el día de su cumpleaños.Por regla general, ella no solía olvidarlas.Ethan no quería hijos, así que siempre había sido muy rigurosa y precavida. Incluso solía tener una caja de reserva.—¡Piensa, Victoria, piensa! —murmuró, llevándose una mano a la frente.No.Su mente debía estar jugándole una mala pasada y su cuerpo estaba pasándole factura.Venía comiendo mal y durmiendo pésimo. Además, había conducido durante más de veinticuatro horas y ese día se había levantado tan tarde que incluso se había saltado el desayuno.Tomó el teléfono y llamó a Los Ángeles.En una habitación de un exclusivo hotel, el teléfono volvió a sonar.Una mano salió de entre las sábanas.Kate estir
Victoria se sentó en el porche de la casa de sus padres.Era de noche.El silencio era casi absoluto, interrumpido únicamente por el canto de los grillos y el croar lejano de las ranas. Una brisa tibia movía lentamente la mecedora donde estaba sentada.Apoyó los codos sobre las rodillas y entrelazó las manos.Comenzó a pensar en lo que había dicho su padre.¿Sería cierto que el dinero había cambiado a Ethan?En apenas unas semanas, Ethan se las había arreglado para destruir lo que ella siempre había considerado un matrimonio decente.Había matrimonios donde los platos volaban por los aires.Donde los gritos despertaban a los vecinos.Ellos no eran así.Siempre habían terminado llegando a un acuerdo.O eso había creído.Como aquella vez, después de que Ethan firmó su primer contrato importante y compraron la casa.Ella había sacado el tema de tener un hijo.Todavía recordaba la cocina iluminada por el sol de la tarde.El café sobre la encimera.Y la expresión de Ethan cambiando de inme
Kate había insistido tanto que al final Victoria aceptó.Le prestaría uno de sus vehículos y le dejaría dinero para el combustible.—Considéralo una inversión en tu salud mental —dijo Kate, dejándole las llaves sobre la mesa de la cocina—. Necesito que regreses viva de Louisiana.Victoria sonrió apenas.— Asi me gusta. En el fondo Kate intentaba facilitarle el viaje.No solo porque había perdido el acceso a sus tarjetas.También porque conocía perfectamente a la familia Hayes.Cuadriculados.Orgullosos y expertos en hacer preguntas incómodas.Victoria tomó las llaves.—Te devolveré el dinero.—Ni se te ocurra empezar con eso.—Lo haré.Hizo una pausa.—Después de pensarlo mucho... decidí vender las joyas que Ethan me regaló.Kate dejó de sonreír.—¿Todas?—Todas.Victoria bajó la mirada.—Tengo que pagarle a Sarah.Kate frunció el ceño.—Ni con eso te colaborará.—Lo sé.Victoria respiró hondo.—Pero cuando hablé con el abogado de Ethan prácticamente me dejó claro que todo empezará a







