Mag-log in—¿Qué? ¿Y cómo han llegado hasta aquí? —pregunta la mujer, confundida.—La dulce chica que estaba conmigo... Me dijo que venía hacia aquí, pero como estaba herida, terminó quedándose por el camino —miente Stella con voz temblorosa.—¿Qué ha pasado? —insiste la mujer.—Por lo que he oído, el padre del niño descubrió que estaba aquí —responde Meggie con voz firme.—¿Cómo es posible? ¿Rita no me dijo que su padre era un muerto de hambre? ¿Cómo se explica eso? —pregunta la mujer, con el rostro desencajado.—Mintió. El padre del niño es el director de Scott Holding. Ya ha matado a todo el mundo —declara Meggie con una sonrisa fría.—¡Miren lo que han hecho! Ahora que... —empieza la mujer.—¡Deshagámonos de una vez por todas de este gusano de niño! —grita Rita con voz aguda.—¡Yo mismo me encargo! —declara un hombre, apuntando con el arma a la cabeza de Davinho.Pero antes de que pueda disparar, Stella saca su arma y le dispara. Meggie también dispara. Entonces irrumpimos nosotros, disparan
Sin cuestionar nada, se marchan. Entonces cerramos la sala con llave y empezamos a desactivar las alarmas y a desbloquear las puertas, dando acceso a mi equipo.—Entren ahora —ordeno por la radio.—De acuerdo, entraremos por la parte trasera —responde Júlio.—Máxima precaución —advierto.—Para no levantar sospechas, vamos a poner las primeras imágenes en los monitores y dejarlas en bucle. Así creerán que todo está bien —sugiere Sérgio.Lo hacemos, y las imágenes empiezan a repetirse. Entonces llaman a la puerta.—¿Han entrado? —pregunto.—Sí —responde Júlio.—Perfecto —dice Sérgio.—Meggie ha reducido al proxeneta y le ha quitado la credencial. Ahora tenemos acceso a todo —informa Júlio por el micrófono.—Vamos a buscar a Davinho y a Stella. Avísenme en cuanto estén cerca de entrar —ordeno.Vuelven a llamar a la puerta. Abrimos.—¿Por qué estaba cerrada la puerta? —pregunta uno de los hombres con desconfianza.—Son órdenes. Ahora la puerta debe permanecer cerrada —responde Sérgio con
—Quedaos aquí. Las cocineras vendrán a traer la comida y se encargarán de que se lo coman todo. No queremos que estén débiles —dice el tipo, entregándome la llave antes de marcharse.Sérgio se queda en la puerta, haciendo guardia. Entonces me acerco con cuidado a Davinho. Está acurrucado junto a la puerta, temblando de miedo, con los ojos muy abiertos, como si esperara que ocurriera lo peor en cualquier momento. Me acerco despacio, con las manos levantadas, y le acaricio el rostro.—Por favor, no le hagas daño —dice una voz femenina desde un rincón oscuro. Conozco esa voz. Fue ella quien me llamó.—No voy a hacerle daño —respondo, con la voz entrecortada.—¿Papá? —la voz de mi hijo sale como un susurro, temblorosa e incrédula—. ¡Papá, has venido! ¡Papá!Se lanza a mis brazos y lo abrazo con todas mis fuerzas, sintiendo su cuerpecito temblar contra el mío. Mi hijo. Mi niño. Lo he encontrado.—Sí, he venido. He venido a salvarte —le susurro al oído—. No he venido solo. Tu madre también
Vamos a mi despacho, donde ya están Felipe y Júlio. Entramos y nos sentamos. Entonces Júlio y Felipe empiezan a ensayar con ellas.—Vamos allá —comienza Júlio, con voz tranquila—. Stella, tú serás Esther. Eras de la iglesia y terminaste quedándote embarazada. El padre del niño no quiso hacerse responsable y tus padres te echaron de casa. Y tú, Meggie, serás Renata, una chica que quiere ser independiente y busca trabajo.—Fácil, fácil —continúa Felipe, sonriendo—. Entraréis y ellos enseguida os echarán el ojo. Venid, os he colocado estos micrófonos. Stella, mantén la calma cuando veas a Davinho. Intenta ser lo más fría posible. En cuanto entréis, intentad ser lo más rápidas posible. Abridnos los accesos para que podamos entrar.—De acuerdo —responden ambas al unísono.Se preparan y, cuando están listas, salimos del despacho. Mis hombres también están preparados. Salimos de la empresa y subimos a coches sin distintivos. Emprendemos el viaje. Vamos a Resende... El tráfico está tranquilo,
Pienso. Pienso. Pienso. No es fácil. No quiero poner a Stella en peligro. Pero también quiero rescatar a mi hijo. Es un dilema que me desgarra el corazón. No hay otra opción. Lo haremos.—Está bien, ellas irán —cedo, con voz pesada—. Pero estaré siempre cerca. Y si intentan hacerles algo, actuaremos inmediatamente.—De acuerdo, vamos a prepararnos —acepta Marcos.—Voy a casa a buscar a Stella y a Meggie —anuncio, saliendo del despacho.Salgo de la empresa, voy al garaje, entro en mi coche y arranco. Voy directamente a casa. El tráfico está fluido, así que no encuentro obstáculos. En cuestión de minutos, llego. Dejo el coche delante de la casa y entro. En la sala están mi tía, mi padre, Stella y Meggie.—Dominic, ¿y Davinho? —pregunta Stella, levantándose de inmediato.—Vamos a rescatarlo hoy —respondo con voz firme.—¡Gracias a Dios! —exclama Celina, con los ojos llenos de lágrimas—. No soporto ni un minuto más de esta angustia.Se sienta junto a Stella y acaricia el rostro de su sobr
—¡Mierda! —exclamo, sintiendo que el suelo desaparece bajo mis pies—. Está bien, intenta darme más información. ¿Cómo conseguiste llamar?—Conseguí robarle el teléfono a uno de ellos —explica la chica, hablando deprisa—. Y en el cuaderno de Davinho estaba este número. Pregunté de quién era y él me dijo que era de su madre, así que llamé. Señor, aquí... Cuando entré, vi un letrero con el nombre «Posada Internacional». ¡Señor, venga rápido! ¡La señora Rita es muy mala, y Lázaro es un violador! ¡Venga antes de que le pase algo peor a su hijo! ¡Señor, están viniendo! ¡Están viniendo!Llamada finalizada.Cuelga. El silencio que sigue es ensordecedor.—¿Dónde está? —pregunta Stella, con los ojos muy abiertos.—En Resende —respondo con voz firme—. Quédate aquí y come algo. Yo voy a buscar a nuestro niño.—¡Por favor, tráelo de vuelta! —me suplica, agarrándome del brazo.—Ahora voy a traerlo —le prometo, besándole la frente.La dejo y salgo corriendo. Entro en mi coche, arranco y salgo a toda







