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Una Oportunidad Inesperada

Author: Emya snair
last update publish date: 2026-09-01 02:29:28

CAPÍTULO 7

El lunes llegó con una calma engañosa.

Después de un fin de semana que había dejado más de una imagen dando vueltas en la cabeza de Enya, regresar a la universidad debería haber sido sencillo. Sin embargo, mientras atravesaba el pasillo que conducía al salón, no pudo evitar recordar ciertos momentos del sábado.

La conversación con Tyler.

Su manera de observarla.

Y, sobre todo, aquel comentario sobre sus ojos.

Enya sacudió ligeramente la cabeza, como si con aquel gesto pudiera apartar el recuerdo.

—No pienses en eso —murmuró para sí.

Cuando entró al salón, Tyler ya estaba allí.

Como si se tratara de algo que ambos habían decidido sin necesidad de hablarlo, el asiento junto a él permanecía libre.

Enya dejó su bolso y tomó asiento.

—Buenos días —saludó Tyler.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?

Ella lo miró de reojo.

—Más o menos.

—Entonces estamos igual.

Enya sonrió.

—¿Tú tampoco dormiste bien?

—Digamos que tuve una conversación bastante interesante conmigo mismo.

—Eso suena preocupante.

—Lo fue. Perdí la discusión.

Enya soltó una pequeña risa.

Tyler sonrió al verla.

La confianza entre ambos había adquirido una naturalidad que ninguno parecía haber planeado. Ya no necesitaban buscar una excusa para conversar. Las palabras aparecían con facilidad, incluso en los silencios.

Poco después, el profesor entró al aula.

El murmullo general desapareció cuando dejó varios documentos sobre el escritorio.

—Antes de comenzar con la clase, quiero hablarles del trabajo de investigación.

Algunos estudiantes intercambiaron miradas.

—Como saben, ya están conformadas las parejas. Durante las próximas semanas deberán desarrollar un análisis sobre las dinámicas comerciales y las oportunidades de intercambio en distintos mercados.

El profesor hizo una pausa.

—Pero hay algo que todavía no les había mencionado.

El interés aumentó de inmediato.

—La pareja que obtenga la puntuación más alta no solamente recibirá puntos adicionales para la asignatura. También tendrá la oportunidad de representar nuestra carrera en un concurso académico que se celebrará el próximo mes.

Varias voces comenzaron a escucharse.

—¿Un concurso?

—¿Contra otras universidades?

El profesor levantó una mano para pedir silencio.

—Habrá jueces invitados, profesionales con amplia trayectoria en el área de comercio internacional y representantes de importantes empresas. Será una excelente oportunidad para quienes pretendan desarrollar una carrera en este campo.

Enya se enderezó en su asiento.

Aquello sonaba mucho más importante de lo que había imaginado.

—Y existe un incentivo adicional —continuó el profesor—. Los estudiantes que destaquen podrán ser considerados para beneficios académicos, entre ellos apoyos económicos destinados a la continuidad de sus estudios. Dependiendo del resultado y de las condiciones del programa, estos beneficios podrían cubrir una parte considerable de la matrícula.

Enya dejó de escribir.

La palabra matrícula permaneció suspendida en su pensamiento.

—Así que será mejor que se tomen el trabajo en serio —concluyó el profesor.

Tyler se inclinó ligeramente hacia ella.

—Parece que tenemos trabajo.

Enya asintió.

Pero esta vez no sonrió.

---

Durante el resto de la clase procuró concentrarse.

Tomó apuntes, respondió cuando el profesor preguntó y participó en la discusión junto a Tyler. Sin embargo, aquella información había despertado una inquietud que no lograba apartar.

Cuando terminó la clase, el profesor llamó a Enya antes de que saliera.

—Enya, necesito que pases por Dirección durante el almuerzo.

Ella frunció el ceño.

—¿Ocurrió algo?

—Nada que deba preocuparte. Solamente quieren conversar contigo sobre algunos asuntos administrativos.

La respuesta no consiguió tranquilizarla del todo.

---

La cafetería estaba más concurrida de lo habitual.

Tyler tomó una mesa y dejó su mochila sobre una de las sillas.

—Te espero aquí —le dijo a Enya antes de que ella se marchara—. No tardes demasiado.

—Lo intentaré.

Ella caminó hacia el edificio administrativo.

Al entrar en Dirección, una mujer la recibió con una expresión amable.

—Enya, toma asiento.

La joven obedeció.

Durante unos segundos, la mujer revisó algunos documentos.

—Quería hablar contigo personalmente porque existe un saldo pendiente relacionado con tu matrícula.

Enya parpadeó.

—¿Pendiente?

—Sí. Tus padres han realizado varios pagos, pero todavía queda una cantidad por cancelar.

Enya bajó la mirada hacia sus manos.

—Yo... no sabía.

—Probablemente querían evitar preocuparte.

Aquella posibilidad le produjo una sensación extraña.

Sus padres siempre habían intentado mantenerla al margen de los problemas económicos. Nunca le habían permitido sentir que algo pudiera faltarle.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—La universidad puede otorgarles un plazo adicional, pero necesitamos que la situación se regularice.

Enya respiró lentamente.

—Entiendo.

La mujer cerró la carpeta.

—No quiero que esto afecte tu rendimiento. Precisamente por eso te recomiendo que aproveches todas las oportunidades académicas que se presenten.

Enya recordó inmediatamente el concurso.

—El profesor dijo que los ganadores podrían recibir algún tipo de ayuda económica.

—Es posible. Los mejores resultados pueden ser considerados para determinados beneficios académicos. No puedo garantizarte que cubra la totalidad de tu matrícula, pero sí podría representar una ayuda importante.

Enya levantó la mirada.

Por primera vez desde que había entrado, algo parecido a la esperanza apareció en sus ojos.

—Entonces voy a esforzarme.

La mujer sonrió.

—Eso es exactamente lo que quiero escuchar.

Enya salió de Dirección con una mezcla de alivio y preocupación.

Tenía una oportunidad.

Pero ahora sentía que no podía desperdiciarla.

---

Cuando regresó a la cafetería, Tyler la estaba esperando.

Apenas la vio acercarse, apartó su mochila de la silla.

—Por fin. Ya estaba considerando enviar una patrulla de rescate.

Enya intentó sonreír.

—No exageres.

—Entonces dime que todo salió bien.

Ella dejó su bolso junto a la silla.

—No fue nada grave.

Tyler la observó durante un instante.

No insistió.

Había algo en la manera en que ella evitaba su mirada que le decía que no quería hablar del asunto.

—¿Te dijeron qué maldad habías cometido para citarte? —preguntó con una sonrisa.

Enya soltó una pequeña risa.

—Ninguna.

—Qué decepción.

Ella negó con la cabeza.

—Fue por la matrícula.

La expresión de Tyler cambió ligeramente.

—¿Hay algún problema?

—Mis padres todavía no han terminado de pagarla.

Lo dijo con sencillez, aunque por dentro aquella frase pesaba mucho más.

—Pero podemos ganar el concurso —añadió rápidamente—. El profesor dijo que podría haber ayudas económicas.

Tyler la miró con atención.

—Entonces vamos a hacerlo bien.

—¿Así de fácil?

—No dije que fuera fácil.

Una sonrisa apareció en el rostro de Enya.

—Tenemos que ganar.

—Eso sí sonó peligroso.

—Lo digo en serio.

—Ya me di cuenta.

Tyler tomó el cuaderno que ella había dejado sobre la mesa.

—Bien. ¿Por dónde empezamos?

La preocupación de Enya comenzó a transformarse poco a poco en determinación.

Abrió sus apuntes.

—Tenemos que investigar mucho más de lo que pensábamos.

Tyler la observó mientras ella hablaba.

Nunca la había visto tan concentrada.

Había algo diferente en aquella mirada. Una especie de firmeza que hasta entonces había permanecido escondida detrás de sus gafas, de su timidez y de aquella costumbre suya de pasar desapercibida.

—¿Qué? —preguntó Enya al notar que la observaba.

—Nada.

—Me estás mirando.

—Estoy comprobando algo.

—¿Qué cosa?

Tyler sonrió.

—Que definitivamente eres más peligrosa cuando te tomas algo en serio.

Ella le dio un pequeño golpe con el lápiz.

—Ayúdame en vez de molestar.

—Eso intento.

Y durante unos minutos, el ruido de la cafetería pareció quedar lejos.

---

Esa tarde, cuando Enya llegó a casa, encontró a sus padres en la sala.

Dejó el bolso y se acercó.

—Mamá.

—¿Cómo te fue?

Enya dudó unos segundos.

—Bien. Aunque me llamaron de Dirección.

Su madre dejó lo que estaba haciendo.

—¿Por qué?

—Por la matrícula.

El silencio que siguió fue breve, pero suficiente.

Enya lo notó.

—Me dijeron que todavía queda una parte pendiente.

Su madre intentó conservar la calma.

—No tienes que preocuparte por eso.

—Pero yo no sabía.

—Tu papá y yo estamos solucionándolo.

Enya miró hacia su padre.

Él permanecía sentado, aparentemente tranquilo, aunque sus ojos revelaban una preocupación que intentaba ocultar.

—Además —continuó ella—, el profesor habló de un concurso. La pareja que obtenga la mejor puntuación podrá representar la carrera y existen posibilidades de conseguir una ayuda económica para la matrícula.

Su madre sonrió.

—Eso sería maravilloso.

—Voy a esforzarme muchísimo.

—Lo sé —respondió su padre—. Pero no quiero que pienses que tienes que resolver los problemas de los adultos.

Enya se acercó y lo abrazó.

—No estoy intentando resolverlos. Solo quiero ayudar.

Su padre le acarició el cabello.

—Y ya estás ayudando siendo responsable con tus estudios.

Enya sonrió.

—Entonces voy a ganar.

—Primero termina el trabajo —respondió él con una sonrisa.

Ella soltó una risa.

—También.

Después de despedirse, Enya subió a su habitación.

La puerta se cerró.

Y con ella desapareció la sonrisa de sus padres.

La madre miró a su esposo.

—¿Qué vamos a hacer?

Él permaneció en silencio unos segundos.

—Estoy buscando una solución.

—No podemos seguir aplazándolo.

—Lo sé.

Ella bajó la voz.

—¿Y si no conseguimos el dinero a tiempo?

El hombre respiró profundamente.

—Todavía tenemos opciones.

—¿Cuáles?

Él la miró.

—La última sería solicitar un préstamo y poner la casa como garantía.

Su esposa palideció ligeramente.

—No quiero llegar a eso.

—Yo tampoco.

Ambos guardaron silencio.

Arriba, Enya encendió la luz de su habitación sin imaginar la conversación que acababa de ocurrir bajo sus pies.

Abrió el cuaderno de investigación.

En la primera página escribió cuidadosamente:

Trabajo de investigación — Objetivo: ganar.

Se quedó mirando aquellas palabras durante unos segundos.

Esta vez no podía permitirse fallar.

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