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Detrás De Las Gafas

Autor: Emya snair
last update Fecha de publicación: 2026-08-31 12:41:54

CAPÍTULO 6

La semana transcurrió entre clases, trabajos y conversaciones que, poco a poco, dejaron de sentirse como simples encuentros casuales.

Enya ya no se sorprendía tanto cuando Tyler aparecía a su lado. Incluso había comenzado a descubrir que conversar con él resultaba mucho más sencillo de lo que había imaginado.

Y, sin darse cuenta, llegó el sábado.

Enya dormía profundamente cuando el teléfono vibró sobre la mesa de noche.

Abrió los ojos con dificultad y buscó el aparato a tientas.

Tenía un mensaje.

Tyler: Buenos días. ¿Nos vemos hoy?

Enya leyó el mensaje dos veces antes de recordar el trabajo.

Y entonces recordó algo más.

Todavía no había hablado con su madre.

Enya: Buenos días. Aún no le he pedido permiso.

La respuesta no tardó demasiado.

Tyler: Déjamelo a mí.

Enya frunció el ceño.

Enya: ¿Qué significa eso?

No alcanzó a recibir respuesta.

—¡Enya!

La voz de su madre llegó desde la cocina.

—¿Sí?

—¿Puedes venir un momento?

Enya dejó el teléfono sobre la cama y se levantó.

Antes de salir, pasó por el baño. Se lavó la cara, se cepilló los dientes y se recogió el cabello de cualquier manera. No tenía intención de arreglarse demasiado. Solo iba a resolver algo rápido y regresar.

Cuando llegó a la cocina, su madre estaba preparando el desayuno.

—Se terminó el pan —dijo—. ¿Podrías ir a comprar un poco?

Enya tomó el dinero.

—Sí, mamá.

—Y no tardes mucho.

—No tardaré.

Tomó su bolso y salió de la casa con unos shorts, una camisa sencilla, sandalias y el cabello recogido sin demasiada atención.

Solo pensaba en comprar el pan y volver.

No imaginaba que, mientras caminaba hacia la tienda, alguien estaba a punto de tocar el timbre de su casa.

---

Su madre abrió la puerta y encontró a un joven de pie frente a ella.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿La señora Brider?

—Sí.

—Soy Tyler Jackson. Estudio con Enya.

La mujer lo observó unos segundos, tratando de ubicarlo.

—¿Tyler?

—Sí, señora.

—¿Pasó algo?

—No, tranquila.

Tyler sonrió con naturalidad.

—Enya y yo tenemos que hacer un trabajo de investigación. Necesitamos visitar algunos negocios para recopilar información y, como ella todavía no había podido pedirle permiso, pensé que era mejor venir personalmente.

La mujer pareció sorprendida.

—¿Tú viniste hasta aquí para preguntarme?

—Me pareció lo correcto.

Aquella respuesta consiguió arrancarle una sonrisa.

—Bueno, eso habla bastante bien de ti. Pasa.

—Muchas gracias.

Tyler entró.

La madre de Enya le indicó que tomara asiento mientras terminaba de preparar el desayuno.

Poco después, el padre de Enya apareció en la sala.

—¿Tenemos visita?

—Es Tyler —respondió su esposa—. Es compañero de Enya.

El hombre estrechó la mano del muchacho.

—Mucho gusto.

—Igualmente, señor.

—Así que tú eres el compañero con el que mi hija tiene que salir a hacer ese trabajo.

Tyler sonrió.

—Eso parece.

—¿Y qué tienen que investigar?

Tyler comenzó a explicarle.

La conversación avanzó con tranquilidad. No parecía estar frente a un interrogatorio; sus padres simplemente sentían curiosidad por el joven que había tenido la consideración de presentarse personalmente.

—¿Y dónde estudiabas antes? —preguntó su padre.

—En Estados Unidos.

—¿Viviste mucho tiempo allá?

—Unos años.

—Debe haber sido un cambio bastante grande regresar.

Tyler asintió.

—Sí. Pero uno termina acostumbrándose.

La madre de Enya colocó una taza de té frente a él.

—Bueno, mientras te acostumbras, puedes tomar algo.

—Gracias.

—Y dime una cosa —intervino el padre con una sonrisa—. ¿Cómo es Enya en la universidad?

Tyler soltó una pequeña risa.

—¿Quiere la versión amable o la verdadera?

Su padre levantó las cejas, divertido.

—La verdadera, por supuesto.

—Es muy aplicada.

—Eso ya lo sabemos.

—También es bastante reservada.

La madre de Enya sonrió.

—Eso también.

—Y cuando se concentra en algo, es difícil hacerla cambiar de opinión.

El padre miró a su esposa.

—Definitivamente está hablando de nuestra hija.

Los tres rieron.

Tyler tomó otro sorbo de té.

—Pero es muy buena compañera.

Aquello hizo que la madre de Enya lo mirara con aprobación.

—Entonces me quedo tranquila.

En ese momento, la puerta principal se abrió.

Enya entró con una pequeña bolsa de pan.

—Mamá, ya...

Se detuvo.

Tyler estaba sentado en la sala.

Con sus padres.

Tomando té.

Por un instante, Enya pensó que había regresado a la casa equivocada.

—¿Tyler?

Él levantó la mirada.

—Buenos días.

—¿Qué haces aquí?

—Te dije que me encargaría del permiso.

Enya miró a su madre.

—¿Él vino a pedirte permiso?

—Sí. Y muy educadamente, por cierto.

Enya volvió a mirarlo.

—¿De verdad viniste hasta aquí?

—Te dije que lo haría.

Ella abrió la boca para responder, pero no encontró nada que decir.

Su padre intervino.

—Tu compañero vino a explicarnos todo. Nos pareció bastante responsable.

—Yo...

Enya se quedó callada.

Entonces pasó frente al espejo de la sala.

Se vio.

El cabello medio recogido.

Los shorts.

La camisa sencilla.

Las sandalias.

Y, sobre todo, recordó que Tyler llevaba allí quién sabía cuánto tiempo.

Su expresión cambió por completo.

—Voy a cambiarme.

—Enya, acabas de llegar —dijo su madre.

—Lo sé.

Se giró rápidamente hacia las escaleras.

—¡En cinco minutos bajo!

Tyler tuvo que contener una sonrisa.

—No te rías —advirtió ella antes de desaparecer.

Él levantó las manos.

—No he dicho nada.

Pero la sonrisa terminó escapándosele.

---

Unos minutos después, Enya apareció nuevamente en la sala.

Esta vez llevaba el cabello arreglado, sus gafas y una ropa más apropiada para salir.

Tyler se puso de pie.

—¿Lista?

—Ahora sí.

Se despidieron de sus padres y salieron.

Apenas estuvieron fuera, Enya lo miró.

—Todavía no entiendo cómo supiste dónde vivo.

Tyler mantuvo la mirada al frente.

—Digamos que pregunté lo necesario.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es la respuesta que vas a obtener.

Enya soltó una pequeña risa.

—Eres bastante misterioso.

—¿Eso es malo?

—Todavía no lo he decidido.

Tyler sonrió.

Caminaron juntos hacia la zona comercial donde realizarían la investigación.

---

El trabajo terminó siendo mucho más entretenido de lo que Enya había esperado.

Visitaron pequeños comercios, hicieron preguntas a los propietarios y anotaron información sobre los precios, los productos y la manera en que cada negocio competía con los demás.

En uno de los locales, una mujer mayor los observó durante unos segundos mientras conversaban.

Finalmente sonrió.

—Qué bonita pareja hacen.

Enya levantó la mirada de inmediato.

—Oh, no, nosotros...

La mujer soltó una risita.

—No hace falta que te pongas nerviosa, muchacha.

Enya sintió que sus mejillas comenzaban a calentarse.

—No somos novios.

La mujer miró a Tyler.

Él pareció pensarlo un instante.

—No —respondió con calma—. Todavía no.

Enya giró la cabeza hacia él.

—¡Tyler!

La mujer rio abiertamente.

—Bueno, bueno. Yo no he dicho nada.

Enya quiso desaparecer.

Tyler, en cambio, parecía disfrutar demasiado de su incomodidad.

Cuando salieron del negocio, ella lo miró seriamente.

—¿Era necesario?

—¿Qué?

—Lo que dijiste.

—Solo estaba siendo educado.

—Eso no fue educación.

—Entonces quizá fue honestidad.

Enya intentó mantener el rostro serio, pero terminó sonriendo.

—Eres imposible.

—Eso ya me lo habías dicho.

Y siguieron caminando.

---

Después de varias horas, terminaron de recopilar la información que necesitaban.

Se sentaron en una pequeña cafetería para ordenar las notas.

Enya dejó el cuaderno sobre la mesa.

—Creo que tenemos suficiente.

—Sí.

—Por fin.

Tyler la observó.

—¿Cansada?

—Un poco.

—Lo hiciste bien.

Enya levantó la mirada.

—¿Eso fue un cumplido?

—No te acostumbres.

Ella sonrió.

—Demasiado tarde.

Tyler soltó una risa.

Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio.

Enya comenzó a revisar nuevamente sus apuntes, pero Tyler seguía observándola.

—¿Qué? —preguntó ella.

—Nada.

—Me estás mirando otra vez.

—Lo sé.

Enya entrecerró los ojos.

—Entonces sí hay algo.

Tyler señaló sus gafas.

—Siempre las llevas.

Enya tocó la montura.

—Sí.

—Pero esta mañana no las llevabas.

Ella lo miró sorprendida.

—¿Te fijaste?

—Sí.

—¿Por qué?

Tyler se encogió de hombros.

—Porque cuando abriste la puerta parecías otra persona.

Enya bajó la mirada.

—¿Otra persona?

—No exactamente.

Él extendió la mano y tomó con suavidad el borde de sus gafas.

—Solo digo que no necesitas esconderte tanto detrás de ellas.

Enya permaneció quieta.

—No me estoy escondiendo.

Tyler sonrió ligeramente.

—Claro.

Antes de que ella pudiera protestar, le retiró las gafas con cuidado.

Enya abrió los ojos.

—Tyler...

Él la miró durante un instante.

Y esta vez no hubo ninguna broma.

—Tienes unos ojos muy bonitos.

Enya sintió que el calor regresaba a sus mejillas.

—Gracias.

Tyler le devolvió las gafas.

—De nada.

Enya volvió a colocárselas, aunque una pequeña sonrisa permaneció en sus labios.

No sabía exactamente qué estaba ocurriendo entre ellos.

Pero, por primera vez, no sintió la necesidad de alejarse.

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