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MALA IDEA:

last update Fecha de publicación: 2024-09-09 16:50:57

                                                                                ═∘◦✧◦∘═

Bastiaan Karagiannis, se aflojó el nudo de su corbata, mientras le daba un trago a su fino whisky. Estaba agotado, había pasado el día entre vuelos y reuniones. Cuatro inversionistas querían tener negocios con él. Parecían ser buenos en lo que hacía y sobre todo estables, pero solo una de ellas no le dio buena espina. Ernesto Samper, y su impaciente asistente Walter Johnson. Este último parecía ser de las personas que no les importaba hacer cualquier cosa por dinero. 

Sin embargo; iba a arriesgarse, porque Soluciones y Proyectos, Inc. Era la única de todas las empresas de las que había entrevistado, que por alguna extraña razón cumplía con los requisitos y normativas que solicitaba. Además, tenía un curriculum empresarial impecable, algo que le pareció completamente sospechoso. 

Cerró los ojos porque en ese instante la voz por los parlantes de su avión le indicaba que despegarían en cinco minutos. Leander, su amigo y mano derecha, se sentó de frente a él. Ambos hombres se abrocharon los cinturones de seguridad. 

—Comenzaremos a trabajar a partir de la semana que viene con Soluciones y Proyectos, Inc. —le recordó a Leander—. Pero antes quiero que le eches un vistazo, no sé el porqué tanta perfección no se me hace creíble.  

En el instante en que Leander iba a hablar se acercó a él, uno de los hombres de seguridad. 

Masculló una maldición, luego el recién llegado asintió y se retiró. 

—¿Qué sucede? —Bastiaan frunció el ceño. 

—Tienes visita en tu habitación. 

Él abrió mucho los ojos.

—¿De quién hablamos? —preguntó con sospecha.

—Es mejor que lo veas por ti mismo. 

—Diles, que retrasen el despegue por unos minutos mientras veré de quién se trata. 

Tomó hasta el fondo su trago, lo puso en la mesita que tenía en frente. Luego se dispuso a soltarse el cinturón de seguridad e ir hasta su habitación en el avión. 

—Bash, tardaste demasiado —le dijo una voz melodiosa al abrir la puerta. 

—¿Qué carajo haces aquí? —La miró con cara de pocos amigos.

—Me moría de ganas por verte de nuevo —la rubia despampanante caminó hasta él envuelta con una fina bata de seda, que dejaba claro que no tenía nada debajo. 

—Raissa, no has respondido a mi pregunta, y ya muchas veces te he dicho que no me llames de esa forma —apretó los dientes—. Solo mi familia puede hacerlo.

La despampanante rubia se encogió de hombros y le sonrió de oreja a oreja. Como si Bastiaan no estuviera molesto con ella. 

—Eso no es problema, muy pronto seremos más que familia —se encogió de hombros y se acercó a él para ponerse de puntillas y rozar sus labios con los suyos—. Vine desde Patras,  a verte, pues hace mucho tiempo que estás lejos de casa, y te he extrañado un montón.

Bastiaan dio una respiración profunda, dio un paso hacia atrás rompiendo el contacto con ella. 

—Das por hecho algo que no está definido, Raissa. 

Aquellas palabras hicieron que la rubia pusiera cada una de sus manos a un lado de su cintura.

—¿Quién es tu capricho del mes, Bash? —cuestionó con los ojos entrecerrados. 

—No tengo el porqué contestar a tus preguntas —Bastiaan apretó los puños—. La última vez que nos vimos te dije que desistieras de la idea de una relación amorosa entre tú y yo —la señaló con el dedo—. Me estoy cansando de advertirte de que no me llames Bash.

—¿Por qué?

—Porque no eres nadie en mi vida, y no tienes derecho a hacerlo.

Un jadeo de lamento brotó de los labios de Raissa, pero Bastiaan no se arrepintió de haber sido un poco rudo. En sus planes no estaba casarse todavía, y mucho menos con ella. Una chica mimada, hija de uno de los hombres más poderosos de Grecia, al igual que él. 

—¿Sabes que si yo le cuento a mi papá lo que me has dicho, podría meterte en problemas? —le informó Raissa. 

—¿Sabes que la acabas de cagar amenazándome? —replicó Bastiaan enarcando una ceja—. Yo le podría hacer saber a tu querido papá que me acosas de una manera un poco indebida, algo inaceptable para una chica de la alta clase social —le señaló con el dedo índice cuando ella intentó reclamarle—. Ni se te ocurra pensar, que le hablaré de algún compromiso entre tú y yo. 

—¡Eres un bastardo! —Raissa se le fue encima. 

—¿Todo listo para irnos? —Leander llegó en el momento oportuno—. Recuerda que estamos cortos de tiempo. 

—Como siempre, sabes cuando aparecer, Leander —Raissa se ajustó la bata por su presencia. 

—Siempre, Raissa —le guiñó el ojo.

—Te daré cinco minutos, para que te vistas y te bajes de mi avión —Bastiaan uso una voz que advertía cuidado—. Después de eso, no quiero verte en mucho tiempo, y no se te ocurra amenazarme así nunca más. 

—Te vas a arrepentir Bastiaan de este desplante. 

—¿Continúas amenazando? —se le acercó para intimidarla— ¿Quieres que te baje así mismo del avión y que todo el mundo se entere? 

—Le diré al piloto que aguarde cinco minutos —intervino Leander, y se marchó. 

—Tienes solo cinco minutos, Raissa —le señaló una vez más—. No voy a perder más tiempo contigo. 

Caminó hasta la salida y cerró la puerta detrás de él. Justo cuando iba a sentarse de nuevo en su puesto, su teléfono celular comenzó a vibrar en el bolsillo de su pantalón, hizo una mueca al ver quién lo llamaba. 

—¡¿Esto es en serio?! —exclamó en voz alta. 

—Hola, cariño. Supongo que estás en un tiempo de descanso para que me hayas contestado tan rápido. 

—Hola, para ti también —se aclaró la garganta al alzar la vista y encontrarse con los ojos de Raissa chispeando de furia, mientras se dirigía a la salida del avión—. En cinco minutos despega el avión, ¿qué necesitas?

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Último capítulo

  • DÉJATE QUERER ©   COMPARACIÓN:

    Bastiaan dio una respiración profunda, porque ya sabía lo que se le venía.—¿En dónde están mis cosas, Bash? —Cara quiso saber con voz enojada—. Quiero irme de esta casa ahora mismo. —Pedí que te cambiaran de habitación… y no, no puedes irte…—¿Cómo que no puedo hacerlo? —cuestionó frunciendo el ceño.—¿En dónde te quedarás? —la miró haciendo una mueca con la boca—. Además de que no conoces la ciudad. —Pero no puedo quedarme aquí —ella alzó las manos en exasperación— ¡Tu madre no me quiere aquí!¿Cómo explicarle que dejarla ir no sería posible? Porque no quería hacerlo, así de simple. Estaba seguro de que ella no lo iba a entender. —No le hagas caso…—Si lo hago, esta es su casa y yo soy una paracaidista.Bastiaan rompió la distancia entre ellos, la tomó de la cintura y de manera inmediata buscó sus labios. —Estás muy equivocada —expresó cuando rompió el beso, y luego posó su frente sobre la suya —. No lo entiendes, ¿cierto? —La verdad que no, vas tan rápido que no puedo seguirte

  • DÉJATE QUERER ©   INCREÍBLE

    Todavía el ambiente estaba tenso en la mesa, pero Minerva hacía como si no pasara nada. Astrid apretaba los puños al verla tan imponente. —Siéntate a la mesa de una vez por todas —le dijo su tía.—No voy a sentarme a la mesa, se me quitó el hambre…—Les diré a las empleadas que cierren la cocina, después de que terminemos de cenar —Minerva la miró y enarcó una ceja—. No podrás comer, ni siquiera prepararte un sandwich. —Siempre puedo pedir una pizza o ir por unas hamburguesas, lady Minerva —replicó Astrid dándole una sonrisa sarcástica—. Ahora me voy a mi habitación, tengo incómoda la vista. Bastiaan tamborileaba los dedos sobre la mesa, mientras miraba fijamente a su progenitora. La idea de que viniera a América ya no le parecía muy bueno, a pesar de que solo lo había hecho, porque quería otra opinión médica sobre su estado de salud. —Es increíble el comportamiento de esa niña —la mujer mayor se quejó, y miró a su hijo con indignación— ¡¿Te diste cuenta cómo me trató, Bash?! —Si

  • DÉJATE QUERER ©   INCOMODIDAD:

    La tarde transcurrió de manera rápida, y cuando Astrid y Cara se dieron cuenta, ya había anochecido. —¡Oh, Dios mío! —exclamó Astrid un poco sorprendida—. Casi es hora de la cena, hemos estado aquí todo el día.—Sí, el tiempo corre tan de prisa…—Lo bueno es que ya no tendré a Bastiaan monitoreando cada uno de mis movimientos —soltó una risita. —Es mejor que nos vayamos a casa —Cara entornó los ojos ante aquel comentario, porque era obvio que desde el momento en que le había enviado un mensaje a su primo para darle a conocer su número nuevo, el aparato telefónico fue bombardeado. Se estaban subiendo al vehículo cuando una vez más Bastiaan llamó. —Esto es muy incómodo, pero eso ya lo sabías —se quejó ella en voz muy bajita— ¿Quieres que Astrid se dé cuenta?—¿De qué eres más que una amiga de la familia? —él replicó con burla— ¿De qué estamos juntos? —¡Bash…! —chilló—. Hablaremos cuando llegue a casa. De su pecho salió un jadeo de asombro, por lo último que dijo “casa”. Negó con l

  • DÉJATE QUERER ©   CONTROL:

    La conversación con su mejor amiga hizo que su humor cambiara de bueno para mejor, haciéndola olvidar por completo que hizo un viaje de más de diez horas —aunque, realmente, Bastiaan se había encargado de su cansancio— para ella el jet-lag en ese momento era solo un mito. Por esa razón aceptó ir de compras con Astrid para buscar un vestido que le hiciera lucir hermosa esa noche. Ella se había encargado de que la esperanza renaciera de manera más afianzada dentro de su ser. Ya que le contó como fue el estado de ánimo de Bastiaan mientras estuvo fuera del país. Así que sin darle mucha vuelta al asunto, decidió darles una oportunidad, aunque estaba un tanto indecisa por la relación jefe - empleada. La cual sabía de qué no estaría muy bien vista ante los ojos de los trabajadores de la empresa. «¡Además de ser una recién llegada, es la amante del jefe!», pensó con repelús al estar en esa situación. —¡Ya no aguanto más! —se quejó Astrid. Cara la miró un tanto confundida. —¿Qué ocurre

  • DÉJATE QUERER ©   INVITACIÓN:

    —¿Cara? —su amiga la trajo de vuelta a la realidad, ella la miró con angustia, y con la respiración entrecortada, lo que hizo que le pusiera las manos sobre los hombros— No debes temer por nada, ya todo pasó —le dio una sonrisa—. Lo que pasó con Walter no te perseguirá jamás.«¡Lo dudo!, quiso gritarle. —Está bien, pero…—Nada… —terminó Astrid por ella—. Has llegado en un buen momento…—No te entiendo —Cara negó con la cabeza. —Mañana por la noche tendremos una fiesta de la empresa —su amiga juntó las manos como si fuera una niña de cinco años, eso hizo que ella sonriera y recordara lo optimista y alegre que siempre era. Dio un suspiro porque no tenía conocimiento de eso, Bastiaan no le había entregado el cronograma de sus actividades. Tampoco de su agenda, eso le hizo apretar los dientes. —¿Qué celebrarán? —no pudo evitar preguntar con curiosidad.—Es el segundo aniversario de la fusión del conglomerado con una cadena de hoteles muy prestigiosa —su amiga respondió muy animada—.

  • DÉJATE QUERER ©   AL DÍA:

    Casi veinte minutos después, Cara se encontraba con Astrid en la habitación que Bastiaan le había asignado, que causó un poco de desconcierto porque estaba en el área de los integrantes de la familia, y no en el de empleados como regularmente se hacía. Sin embargo, las dos amigas comenzaron a ponerse al día en lo sucedido con sus vidas durante los dos años que Cara estuvo fuera del país. —La verdad es que estás muy cambiada —Astrid le dio una sonrisa sincera—. Ahora entiendo que tenías toda la razón en marcharte. —Lo siento —Cara susurró—, no debí irme de esa forma…—Cierto, pero era la única manera —le soltó con una risita—. Estar bajo la protección de los hombres Karagiannis, no es del todo fácil. —A veces es un poco sofocante, pero se puede manejar —manifestó Cara, y luego la miró seria — ¿Qué pasó con tu empresa? ¿Por qué no estás en Brooksprings?—¡Oh, no! —Astrid le hizo un gesto con la mano—. Todo está muy bien, nos hemos expandido y como es parte del conglomerado, no tenía

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