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NO SOY UN CHICO:

last update Fecha de publicación: 2024-09-09 16:53:02

                                                                          ═∘◦✧◦∘═

Un silencio que pareció una eternidad se hizo presente. 

—Raissa fue a New York de compras, le alenté a que te diera una sorpresa —soltó una risita de niña traviesa—. Espero que hayan logrado verse, me gusta que te relaciones con ella. 

—¡Eres única, mamá! —exclamó exasperado— ¡Entre Raissa y yo no existe ninguna relación!

—Por tu tono de voz, creo que te molestó mi comentario —la mujer inquirió de manera firme—. Sabes bien que no me importa, quiero que sientes cabeza de una vez por todas, y ver corriendo a mis nietos por toda la casa. 

—Eso será cuando llegue el momento, y yo decidiré con quién.

—No me hables en ese tono, Bash —le regañó—. Recuerda que soy tu madre, y solo quiero lo mejor para ti. La familia Vlachos, es una de las más ricas e influyentes de Grecia.

—¿Y crees que eso me importa? No me trates como a un chico, soy lo suficientemente mayor como para hacer mi propio dinero. 

—Soy tu madre, así tengas cien años. Sé lo que es mejor para ti, por eso me preocupo. 

—Madre, no quiero discutir en este momento contigo. Además, el avión va a despegar. 

Sin decir nada más, terminó la llamada. Se ajustó de nuevo el cinturón de seguridad, y se reclinó en su asiento. Cerró los ojos, muy poco le importaba que sus hombres de seguridad supieran las discusiones con su madre. Al contrario, estaban acostumbrados.

Muchas veces había discutido con su padre, por haber ido a la universidad en América, y no en el Reino Unido, como él quería. Pero principalmente lo hacía por descansar de ambos, a veces era agobiante estar entre el medio de los dos. 

Sin embargo, su padre se sintió orgulloso de él en el instante en que enfermó y Bastiaan se hizo cargo de manera inmediata del negocio familiar. Dándole a demostrar que había valido la pena visitar la hermosa Grecia, solo verano y en Navidad durante muchos años.

Cosmo Karagiannis, había muerto de un infarto dos años después que le cedió el control absoluto de toda su fortuna. La cual, Bastiaan con su esfuerzo, dedicación, astucia, inteligencia y determinación, triplicó. Ya no eran ricos e influyentes, en la actualidad eran más poderosos y reconocidos a nivel mundial. 

—Tienes cojones al mandar al carajo a Raissa —Leander se estaba burlando de él. 

El avión se estabilizó, y una de las azafatas se acercó con una botella de whiskey y dos vasos. 

—Ella y mi madre quieren volverme loco. 

—Sabes que la chica tiene años esperando poder atraparte.  

—Yo no quiero nada con ella, y mi madre se empeña en metérmela por los ojos.

—Sea con ella o con otra, tendrás que casarte algún día. 

—Es cierto, pero más que continuar con mi apellido, quiero a una mujer que sea mi compañera —dio un trago hasta el fondo de bebida—. No quiero ser como mi padre, y mi madre. 

—Entiendo, llegamos en ciento veinte minutos a Brooksprings —le informó Leander cambiando el tema.

—¿Has llamado a Astrid? Le informé esta tarde que llegaríamos hoy.  

—Le diré a Donna que lo haga.

Al darse cuenta de la manera cortante en que Leander habló, frunció el ceño. 

—¿Sigues molesto con ella? 

—Esa puerta mejor no abrirla en este momento, Bash —miró a los lados. 

—De acuerdo, no quise entrometerme —se encogió de hombros—, pero si quieres un consejo, no le des tregua. Es mi prima y la amo, pero en algún momento tiene que sentar cabeza. 

—¡Ja! Me parece absurdo que seas tú quien diga eso —Leander negó con la cabeza y se tomó su whiskey.

—Tienes razón, no soy quién para hablar del tema —Bastiaan alzó las manos en gesto de rendición.

—Señor, disculpe —La voz de la azafata llamó la atención de los dos hombres—. Tiene que venir a ver lo que hizo su prometida. 

—¡¿Mi qué?! —gritó Bastiaan.

—Lo siento, señor —la joven se aclaró la garganta—. Lo que hizo la señorita Raissa en su habitación. 

Ambos hombres se levantaron al mismo tiempo, y fueron a ver de qué se trataba. Raissa había destrozado el lugar. Desde los espejos y lámparas, pasando por las sábanas y almohadas.  

—¡Joder! —Bastiaan estaba completamente furioso— ¡Esta mujer quiere volverme loco!

—Es una chica enamorada —Leander se estaba carcajeando.

—Cuando llegue a esa jodida ciudad en donde está Astrid, lo primero que haré será llamar a Néstor e informarle todas las estupideces que hace su hija. 

—Pienso que no deberías de hacerlo —esa vez Leander hablaba en serio. 

—¿Por qué no? —quiso saber él. 

—Sabes que la última vez que hablaste con él, fue para decirle que no aceptabas su propuesta de sociedad —Leander hizo un gesto—. Si le dices que no quieres nada con su hija, lo tomará como un rechazo y eso puede traer repercusiones. 

Bastiaan lo miró algo ofendido. 

—Tienes razón, pero no sé por qué presiento que saldré jodido en todo esto con esa mujer. 

—Si esa es la mujer que tiene el destino para ti —su amigo le palmeó el brazo, burlándose—. Entonces así será, Bastiaan.

Leander, había sido su mejor amigo, desde que tenía nueve años. Él era completamente griego, puesto que nació en Atenas. Su llegada siempre fue un misterio, y más por el disgusto de Minerva, su madre, que cuando se enteró de que el chico fue adoptado sin consultarle, se marchó a Grecia por dos años. Su padre insistió en que se trataran como verdaderos como hermanos. 

Por su parte, Bastiaan había nacido en América. Pero por insistencia de su abuelo materno, para que aprendiera el idioma, vivió en Grecia hasta los siete años. Por eso fue muy fácil para él relacionarse con Leander, y desde entonces se habían vuelto cercanos, aunque no compartieran la misma sangre. 

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Último capítulo

  • DÉJATE QUERER ©   COMPARACIÓN:

    Bastiaan dio una respiración profunda, porque ya sabía lo que se le venía.—¿En dónde están mis cosas, Bash? —Cara quiso saber con voz enojada—. Quiero irme de esta casa ahora mismo. —Pedí que te cambiaran de habitación… y no, no puedes irte…—¿Cómo que no puedo hacerlo? —cuestionó frunciendo el ceño.—¿En dónde te quedarás? —la miró haciendo una mueca con la boca—. Además de que no conoces la ciudad. —Pero no puedo quedarme aquí —ella alzó las manos en exasperación— ¡Tu madre no me quiere aquí!¿Cómo explicarle que dejarla ir no sería posible? Porque no quería hacerlo, así de simple. Estaba seguro de que ella no lo iba a entender. —No le hagas caso…—Si lo hago, esta es su casa y yo soy una paracaidista.Bastiaan rompió la distancia entre ellos, la tomó de la cintura y de manera inmediata buscó sus labios. —Estás muy equivocada —expresó cuando rompió el beso, y luego posó su frente sobre la suya —. No lo entiendes, ¿cierto? —La verdad que no, vas tan rápido que no puedo seguirte

  • DÉJATE QUERER ©   INCREÍBLE

    Todavía el ambiente estaba tenso en la mesa, pero Minerva hacía como si no pasara nada. Astrid apretaba los puños al verla tan imponente. —Siéntate a la mesa de una vez por todas —le dijo su tía.—No voy a sentarme a la mesa, se me quitó el hambre…—Les diré a las empleadas que cierren la cocina, después de que terminemos de cenar —Minerva la miró y enarcó una ceja—. No podrás comer, ni siquiera prepararte un sandwich. —Siempre puedo pedir una pizza o ir por unas hamburguesas, lady Minerva —replicó Astrid dándole una sonrisa sarcástica—. Ahora me voy a mi habitación, tengo incómoda la vista. Bastiaan tamborileaba los dedos sobre la mesa, mientras miraba fijamente a su progenitora. La idea de que viniera a América ya no le parecía muy bueno, a pesar de que solo lo había hecho, porque quería otra opinión médica sobre su estado de salud. —Es increíble el comportamiento de esa niña —la mujer mayor se quejó, y miró a su hijo con indignación— ¡¿Te diste cuenta cómo me trató, Bash?! —Si

  • DÉJATE QUERER ©   INCOMODIDAD:

    La tarde transcurrió de manera rápida, y cuando Astrid y Cara se dieron cuenta, ya había anochecido. —¡Oh, Dios mío! —exclamó Astrid un poco sorprendida—. Casi es hora de la cena, hemos estado aquí todo el día.—Sí, el tiempo corre tan de prisa…—Lo bueno es que ya no tendré a Bastiaan monitoreando cada uno de mis movimientos —soltó una risita. —Es mejor que nos vayamos a casa —Cara entornó los ojos ante aquel comentario, porque era obvio que desde el momento en que le había enviado un mensaje a su primo para darle a conocer su número nuevo, el aparato telefónico fue bombardeado. Se estaban subiendo al vehículo cuando una vez más Bastiaan llamó. —Esto es muy incómodo, pero eso ya lo sabías —se quejó ella en voz muy bajita— ¿Quieres que Astrid se dé cuenta?—¿De qué eres más que una amiga de la familia? —él replicó con burla— ¿De qué estamos juntos? —¡Bash…! —chilló—. Hablaremos cuando llegue a casa. De su pecho salió un jadeo de asombro, por lo último que dijo “casa”. Negó con l

  • DÉJATE QUERER ©   CONTROL:

    La conversación con su mejor amiga hizo que su humor cambiara de bueno para mejor, haciéndola olvidar por completo que hizo un viaje de más de diez horas —aunque, realmente, Bastiaan se había encargado de su cansancio— para ella el jet-lag en ese momento era solo un mito. Por esa razón aceptó ir de compras con Astrid para buscar un vestido que le hiciera lucir hermosa esa noche. Ella se había encargado de que la esperanza renaciera de manera más afianzada dentro de su ser. Ya que le contó como fue el estado de ánimo de Bastiaan mientras estuvo fuera del país. Así que sin darle mucha vuelta al asunto, decidió darles una oportunidad, aunque estaba un tanto indecisa por la relación jefe - empleada. La cual sabía de qué no estaría muy bien vista ante los ojos de los trabajadores de la empresa. «¡Además de ser una recién llegada, es la amante del jefe!», pensó con repelús al estar en esa situación. —¡Ya no aguanto más! —se quejó Astrid. Cara la miró un tanto confundida. —¿Qué ocurre

  • DÉJATE QUERER ©   INVITACIÓN:

    —¿Cara? —su amiga la trajo de vuelta a la realidad, ella la miró con angustia, y con la respiración entrecortada, lo que hizo que le pusiera las manos sobre los hombros— No debes temer por nada, ya todo pasó —le dio una sonrisa—. Lo que pasó con Walter no te perseguirá jamás.«¡Lo dudo!, quiso gritarle. —Está bien, pero…—Nada… —terminó Astrid por ella—. Has llegado en un buen momento…—No te entiendo —Cara negó con la cabeza. —Mañana por la noche tendremos una fiesta de la empresa —su amiga juntó las manos como si fuera una niña de cinco años, eso hizo que ella sonriera y recordara lo optimista y alegre que siempre era. Dio un suspiro porque no tenía conocimiento de eso, Bastiaan no le había entregado el cronograma de sus actividades. Tampoco de su agenda, eso le hizo apretar los dientes. —¿Qué celebrarán? —no pudo evitar preguntar con curiosidad.—Es el segundo aniversario de la fusión del conglomerado con una cadena de hoteles muy prestigiosa —su amiga respondió muy animada—.

  • DÉJATE QUERER ©   AL DÍA:

    Casi veinte minutos después, Cara se encontraba con Astrid en la habitación que Bastiaan le había asignado, que causó un poco de desconcierto porque estaba en el área de los integrantes de la familia, y no en el de empleados como regularmente se hacía. Sin embargo, las dos amigas comenzaron a ponerse al día en lo sucedido con sus vidas durante los dos años que Cara estuvo fuera del país. —La verdad es que estás muy cambiada —Astrid le dio una sonrisa sincera—. Ahora entiendo que tenías toda la razón en marcharte. —Lo siento —Cara susurró—, no debí irme de esa forma…—Cierto, pero era la única manera —le soltó con una risita—. Estar bajo la protección de los hombres Karagiannis, no es del todo fácil. —A veces es un poco sofocante, pero se puede manejar —manifestó Cara, y luego la miró seria — ¿Qué pasó con tu empresa? ¿Por qué no estás en Brooksprings?—¡Oh, no! —Astrid le hizo un gesto con la mano—. Todo está muy bien, nos hemos expandido y como es parte del conglomerado, no tenía

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