INICIAR SESIÓNTodo lo que conocía Mathew en su vida, eran lujos y elegancia, la opulencia era el pan de cada día desde que había nacido, siempre rodeado de toda clase de atenciones, y por ser el mayor de tres hermanos contó con un poco más de atención que sus otros dos hermanos.
—Entiende que se te está formando para ser el dueño del mañana, hijo. —¿Padre y si yo quisiera algo distinto? —se atrevió a preguntar un día, siendo muy joven aún. —Nosotros no tenemos derecho a “algo distinto”, Mathew. Somos personas que tienen el poder en sus manos y debemos usarlo. Pero esa forma de pensar no era algo que precisamente pasara por la cabeza del muchacho. Se mantenía en forma, siempre estaba bien peinado y bien vestido, relojes lujosos, lociones de la más alta calidad, de esas que no se consiguen en los mercados tradicionales debido a su exclusividad. Y cada cosa, entre más lujosa y excesiva que se le iba entregado, él la detestaba, odiaba esa vida, odiaba tener tanto dinero porque no sabía qué hacer con él, odiaba no poder salir solo a la calle sin un esquema de seguridad debido a los compromisos políticos de su padre. Sabía que su actitud era la de un completo desagradecido, sin embargo no se sentía mal por el desprecio a tanta opulencia. Su padre estaba siempre sumergido en una burbuja frente a las opciones de vida que tenía el joven, el hombre nunca se había tomado la molestia de preguntarle que deseaba para su futuro, pues para el todo ya estaba escrito, debía hacerse cargo de las muchas empresas y negocios familiares, además de adentrarse cada vez más en la política nacional. Tenía claro que todo eso era inevitable, que tenía que seguir los pasos de su padre, a pesar de que su siempre valiente hermana menor lo alentará a buscar su destino y no el que su padre quería para él. Siempre vivió admirado de la valentía de la pequeña, pues lograba lo que se proponía siempre, eso incluía un muy buen puesto de trabajo en TenPa, donde era la mano derecha del dueño y uno de los jóvenes empresarios más destacados del continente. Mientras que su hora llegaba, Mathew se dedicaba la vida a disfrutar de las banalidades que esta le ofrecía. —¿Qué tienes planeado para hoy? —Steven, su mejor amigo desde la secundaria, le pregunta con ansiedad. —No lo se, tal vez ir al club, partir en el yate y pedir mucha champaña —Mathew le respondió con arrogancia, sin importarle la cantidad de miles de dólares que podría costar un fin de semana como lo tenía planeado. La fiesta comenzó y como siempre, las chicas morían por que Mathew las viera y pusiera sus ojos en ellas. Que las tomara de la mano, que las vieran dándose un beso, inclusive ninguna de ellas tendría problema si la vieran teniendo sexo con el joven promesa de su circulo social. Todas querían algo de él, mientras que él se mantenía tan vacío y lejos de necesitarlas a ellas. Lorena que siempre sabía donde poner los ojos, esa noche sabía que Mathew sería de ella. —Dime algo, ¿No te cansas de estar rodeado de gente? —la elegante chica, sabía dónde atacar. —Siempre. —¿Entonces por qué lo haces? —Tengo que aparentar ser normal, Lorena. Sabes cómo es esto, todo es por compromiso. —Conmigo no, no necesitas eso. —¿Por qué contigo sería diferente? —Porque me interesas tu, no los demás —la chica estaba siendo honesta hasta cierto punto, las empresas de su padre estaban al borde de la quiebra y que la vieran saliendo con Mathew sería un impulso grande, pero también estaba perdidamente enamorada del hermoso rubio. —Creo que... No te creo —la miró fijamente. —¿Por qué? —De todos los aquí presentes, eres la más exigente, la más elegante, la más quisquillosa y la más… —Hermosa —no lo dejó terminar de hablar o sabía que se desviaría de sus intereses, le dio una sonrisa llena de picardía—. Tengo que aparentar ser normal Mathew, sabes cómo es esto. Ella respondió con las mismas palabras, haciendo que algo dentro del joven se removiera de forma automática, una leve sonrisa y un acercamiento de sus cuerpos fue suficiente para él. Toda la noche estuvieron juntos y al amanecer lo recibieron unos labios carnosos y llenos de deseo, las manos de la joven se sujetaron con firmeza de la camiseta del rubio y las manos de él bajaron hasta el trasero de Lorena, que respondió con un gemido leve al agarre. Mathew sabía lo que era tocar la sedosa y suave piel de las niñas ricas que lo rodeaban, pero Lorena tenía un aroma particular y casi adictivo, sus besos eran suaves pero lascivos, su mirada era poderosa y se sentía como poseído por ella. Así en medio de ese Yate, Mathew tuvo sexo salvaje como nunca antes lo había echo con ninguna otra mujer, entendía que muchas de ellas estaban dispuestas a complacerlo sin limites, pero esa vez con Lorena, todo fue al máximo, no hubo piedad por parte de ninguno de los dos. Luego de dos meses de continuar viéndose a escondidas, fue Mathew quién decidió que era momento de empezar a salir en público con aquella mujer que se metía entre sus pantalones y lo hacía perderse por completo. Justo cuando la relación se empezó a tornar más formal de lo que cualquiera en la sociedad hubiese imaginado y paralelamente las acciones y el valor de la empresa del padre de Lorena empezaron a elevarse, la relación empezó a decaer. Entre más alto las acciones estaban, más peleas entre la pareja habían. Algo que aunque la actitud fría de Mathew no demostrara, por dentro él sentía el peso de estar perdiendo a una chica que consideraba no solo su novia, sino su amiga. —¿Qué sucede contigo? Estás cada día más distante —la mujer no pudo sostener la mirada fija y penetrante de los claros ojos del hombre que había aprendido a querer. Pero al mismo tiempo, por orden de su padre, debía buscar una presa más grande y de preferencia mayor que ella, un hombre con el que pudiera hacer negocios, Lorena se había convertido prácticamente en una moneda de cambio para sus progenitores, porque aunque la chica confronto a su padre acompañada de su mamá, jamás pensó que esta tuviese completo conocimiento de sus negras intenciones de casi prostituirla con tal de concretar tantos negocios como los hicieran mejorar sus finanzas y si esos negocios se iban a dar por la sola presencia de su hija, allí ella debía estar. —Sucede algo, que para alguien tan privilegiado como tú, es casi imposible de entender —sus palabras estaban cargadas de rabia, estaba cansada de ser usada y no poder vivir. —Lore, así no eres tu, dime que sucede. —No es tu problema, quiero que me dejes en paz, a partir de hoy, esto —movió sus manos señalándolos a ambos—, se acabó. Mathew, pudo salir detrás de la hermosa mujer, pudo acorralarla y besarla, hasta que ella cediera y le contara la verdad, pero era orgulloso, eso le habían enseñado en casa, que su apellido, su linaje y su dinero lo hacían tan valioso que él no podía ir detrás de nadie. Mathew no era un seguidor. —¿No has visto noticias, verdad hermano? —Elizabeth, como siempre con mucho ímpetu y poca prudencia le preguntó. —¿Se supone que tengo que ver las noticias populares? Veo solo lo que me interesa, finanzas y economía. —Bueno, si Lorena aún te interesa… El joven no siguió escuchando a su hermana, se levantó de su lugar y caminó con dirección al televisor de gran pantalla que nunca usaba, lo encendió y busco rápidamente en la tablet el canal de noticias, no había nada, husmeo otro poco en sus redes sociales y fue allí cuando apareció la fotografía. Luego de los dos meses que llevaba separado de Lorena, en los medios podía ver claramente su fotografía, con un espectacular vestido rojo y un anillo casi más grande que su mano, un anillo de compromiso, la rubia estaba de la mano con un empresario extranjero posiblemente mayor que ella unos 10 o 15 años. —Supuse que tenías que saberlo —la voz de su hermana volvió a sonar por el altavoz. —Eres peor que papá —dijo con firmeza. —No lo soy, Mathew. A diferencia de papá, yo te muestro la realidad, pero no te digo que hacer con ella, eso es tu problema. Solo quiero tu bien y ya te lo había dicho, ella no te convenía. —Lo que me fastidia de todo esto es que al final sigo teniendo la razón, Elizabeth —dijo con arrogancia. —¿Cuál es esa verdad? —En mi vida, en una vida como la que estoy destinado a llevar, no tengo espacio para el amor, el verdadero amor. —No digas eso, no seas absurdo, tu eres quien define tu destino. —Dile eso a papá, mi destino está escrito y así deberá ser. El joven que recién empezaba a asistir a reuniones junto a su padre, se recompuso y salió por la puerta de doble hoja, en madera maciza y color caoba de su casa, para subirse al lujoso auto que lo llevaría a las empresas que un día lideraría.El mundo se cerró.No de golpe… no con ruido.Sino lento.Pesado.Inevitable.—¡Salgan todos! —ordenó el médico con firmeza—. ¡Ahora!Las manos comenzaron a moverse rápido.Enfermeras. Instrumentos. Una jeringa.Alicia seguía llorando, temblando, resistiéndose incluso cuando su cuerpo ya no tenía fuerzas.—¡No! ¡No, por favor! —su voz se rompía—. ¡No quiero dormir más! ¡Es tu culpa! ¡Es u culpa Mathew! Eso fue lo que terminó de destruirlo. Mathew no opuso resistencia cuando lo empujaron fuera de la habitación.No dijo nada.No luchó.No pidió quedarse.Porque entendió que él era el problema.La puerta se cerró frente a sus ojos.Y algo dentro de él… se vino abajo.No caminó, pero tampoco supo cómo llegó al pasillo.Solo sintió el aire pesado, el pecho apretado y las manos vacías.Y entonces… ya no pudo más.Sus piernas cedieron. El golpe contra el suelo fue seco, pero no le importó, porque el dolor… ya no estaba en su cuerpo. Estaba en otro lado.Más profundo.Más irreversible.—Math
Mientras que Mathew era observado por Alicia atentamente, Roberto estaba por llegar a su apartamento, el que compartía con Annie, solo cuando ella no estaba en misiones. El lugar estaba en silencio y sumido en una profunda oscuridad, sin embargo no era un silencio tranquilo, era uno roto.Las cosas estaban en el suelo, vidrios partidos, un cuadro torcido colgando apenas de un clavo, un cojín desgarrado.Y en medio de todo ese desastre… Annie.Sentada en el piso, con las piernas recogidas contra el pecho, los ojos rojos, la respiración irregular. Había llorado tanto que ya no sabía si le quedaban lágrimas o solo ese vacío espeso que le apretaba el pecho.Roberto no sabía cuánto tiempo llevaba así, ella tampoco lo sabía. La pelirroja solo sabía que él no estaba y eso… dolía más que cualquier otra cosa.Cuando la puerta se abrió, no se movió, pero su cuerpo sí reaccionó, ella enseguida se tensó, porque lo conocía y lo reconocía aún en la distancia. Roberto entró despacio, observando el
El hospital volvió a oler a pérdida.A desvelo.A angustia.Mathew cruzó las puertas automáticas con Alan en brazos.El pequeño estaba aferrado a su cuello, con los ojitos hinchados, la nariz roja y las manos apretadas en la camisa del que consideraba su padre, como si al soltarlo fuera desaparecer.—Papá… —susurraba de vez en cuando, sin atreverse a decir nada más.Mathew no respondía, pero no porque no quisiera, sino porque no podía. Su aspecto… Era devastador.La barba crecida, desordenada, cubría gran parte de su rostro, pero no lograba ocultar la palidez enfermiza de su piel. Tenía los labios resecos, partidos, como si llevara días sin hidratarse correctamente. Sus ojos… estaban hundidos, rodeados de ojeras oscuras, profundas, casi violáceas, como si el sueño hubiese abandonado su cuerpo por completo.Y su mirada…Su mirada estaba rota.No había brillo.No había fuerza.Solo un cansancio que iba más allá del cuerpo.Era un hombre sosteniéndose con lo último que le quedaba.Alan.
El lugar era pequeño, más bien silencioso, demasiado tranquilo para todo lo que Alicia llevaba dentro.Estaba confundida, todavía nadie le había dicho porque ya no vivían en el pueblo, ni como fue que termino en un hospital de lujo, ni porque Roberto se veía más maduro que la última vez que lo vio. ¿Pero cuando había sido la última vez que lo vio? Ni siquiera eso podía recordar. Las paredes de la casa de Roberto estaban cubiertas con recuerdos que ella no podía confirmar si eran reales o inventados por su mente. Fotografías viejas, algunas borrosas, otras más claras. En varias estaba él… pero en ninguna estaba ella.Pero cuando se veía las fotografías de su amado novio, él sonreía.Y eso era suficiente para ella. Alicia estaba sentada en el sofá, con una manta sobre las piernas y una taza de té entre las manos. Sus dedos aún temblaban un poco, pero ya no era por el frío. Era por la sensación constante de no pertenecer del todo a su propia vida. Al menos a la que creía que era suya
—¿Cree que ella pronto... —pregunto Paula, mientras miraba a su amiga sobre una camilla, luego de una semana de intensa recuperación en el hospital y de que su bebé estuviese fuera de peligro se había enterado que Alicia estaba allí recuperándose también. —Sí, es fuerte. Físicamente tuvo lesiones graves pero no comprometedoras, la verdad es que su situación es un poco más compleja por los traumas que tuvo que vivir.—No quiero ni recordarlo. Paula sabía y entendía perfectamente a lo que se refería el médico. Sabía que lo que había vivido Alicia era algo muy parecido a lo que ella había pasado durante años. Tortura, malos tratos, gritos, abusos.Esa mañana Alicia, Alan y Mathew salieron temprano con rumbo a las oficinas de TenPa, ella tan despistada como siempre, iba con varios minutos de retraso, minutos que se volvieron un infierno. Hacía 5 días se había dado cuenta de su embarazo, aunque a decir verdad lo único que había pasado era una confirmación de sus sospechas. Lloró, grito
—¡Vamos, Alicia! no te escondas más. La chica estaba empapada, ya no sabía muy bien porque le dolía tanto el cuerpo, si por le agua fría o por los golpes que le habían dado los hombres de James.—Alicia, si te dejas atrapar te prometo que no tocaré a tu hijo. Sus ojos estaban cerrados con fuerza, mucha fuerza. Sus costillas dolían como el demonio, le costaba respirar y el frío le estaba matando lentamente. —¡Te encontré! —el pequeño escondite que había encontrado no sirvió por mucho tiempo, después de todo esa mujer que creyó su madre, era alguien sedienta por sangre y eso lo hizo por un breve momento más inteligente. Alicia la mira enmudecida, parecía que los ratones se habían comido su lengua. Sus ojos estaban vacíos e inertes, allí mismo frente a quien un día creyó que era su madre, estaba cansada de correr y huir. * * * UNA HORA ANTES * * *Alicia sintió la mano de su madre en su rostro, la bofetada había sido dura y fuerte, su oído derecho estaba zumbando y un pitido, todo







