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El despido

Autor: Marchu.14
last update Data de publicação: 2026-08-29 09:42:14

La sede de la Constructora Velasco & Asociados, la empresa donde Adrián se había desempeñado como Vicepresidente Comercial durante los últimos ocho años, ocupaba tres pisos en el distrito financiero.

A las diez de la mañana, la junta de socios principales celebraba una reunión de emergencia en la sala de directorio.

En la cabecera de la mesa, el socio mayoritario, un hombre veterano de cabello cano llamado Don Bernardo, leía con gravedad un expediente repleto de recortes de prensa y notificacio
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Último capítulo

  • EL BRILLO DE UNA MENTIRA   La caída social

    El Salón Dorado del Hotel Gran Plaza lucía abarrotado de empresarios, diplomáticos y figuras destacadas de la alta sociedad de la ciudad. Los arbotantes de cristal de Bohemia proyectaban destellos sobre los vestidos de noche y los trajes de etiqueta. Se celebraba el cóctel previo a la asamblea anual del Consejo Empresarial.Valentina Ferrer hizo su ingreso a la estancia luciendo un vestido de corte recto en terciopelo negro, sin más adorno que un broche de platino y un pequeño diamante negro sobre la solapa. Su postura era erguida, la mirada serena y el peinado impecable.A su lado, Santiago la acompañaba a una distancia discreta, actuando como su asesor y escudo operativo.En cuanto Valentina cruzó el umbral, un murmullo sutil recorrió los distintos grupos de conversación. Culpas, especulaciones y comentarios maliciosos habían circulado durante tres semanas en las columnas financieras y en los salones de té. La noticia del descubrimiento del matrimonio falso, la suspensión de Adrián

  • EL BRILLO DE UNA MENTIRA   Sin salida

    El apartamento de Camila olía a cajas de cartón acumuladas, humedad y comida rápida fría. En la sala, que hasta hacía unas semanas lucía impecable y decorada con piezas traídas de viajes internacionales pagados por Valentina, ahora se apilaban maletas a medio cerrar, bolsas de plástico y juguetes dispersos.Camila caminaba de un lado a otro sosteniendo su teléfono móvil contra la oreja, con el rostro pálido y los labios resecos.—Por favor, señora Beatriz, solo le pido un par de semanas más —suplicaba Camila, con una voz temblorosa que intentaba mantener dentro de un margen de dignidad—. Mis abogados están ajustando unas transferencias corporativas. El dinero estará disponible en cuanto se resuelva la auditoría.—Lo siento mucho, señora Camila —respondió la voz fría y desapegada de la administradora del inmueble al otro lado de la línea—. La orden de la sociedad patrimonial es taxativa. El plazo de quince días vence mañana a las cinco de la tarde. Si las llaves no están entregadas en

  • EL BRILLO DE UNA MENTIRA   Los padres

    La casona victoriana de los Ferrer, que durante años había sido el escenario de elegantes cenas dominicales y reuniones de la alta sociedad , se sentía ahora como un mausoleo silencioso y sombrío.Sin el personal de servicio que Valentina solía pagar , Elena Ferrer debía encargarse personalmente de preparar el té y limpiar el polvo de los muebles de caoba.Su padre, Ricardo Ferrer, permanecía sentado frente a la ventana del estudio con un periódico entre las manos. En las páginas de la sección de ecos sociales figuraba un artículo discreto que cuestionaba la ausencia de la familia Ferrer en la gala benéfica anual del Club de Comercio.El timbre de la puerta sonó.Elena corrió a abrir, esperando encontrar a Valentina o a algún mensajero con una carta de reconciliación.En el umbral estaba Santiago, el abogado, sosteniendo una carpeta de cuero.—Buenas tardes, señora Elena —saludó el abogado con tono respetuoso pero distante.La sonrisa de Elena se congeló en sus labios.—¿Dónde está mi

  • EL BRILLO DE UNA MENTIRA   El despido

    La sede de la Constructora Velasco & Asociados, la empresa donde Adrián se había desempeñado como Vicepresidente Comercial durante los últimos ocho años, ocupaba tres pisos en el distrito financiero.A las diez de la mañana, la junta de socios principales celebraba una reunión de emergencia en la sala de directorio.En la cabecera de la mesa, el socio mayoritario, un hombre veterano de cabello cano llamado Don Bernardo, leía con gravedad un expediente repleto de recortes de prensa y notificaciones judiciales.Adrián, sentado al otro extremo con rostro pálido y ojeras marcadas, intentaba mantener una postura profesional.—Adrián —comenzó Don Bernardo cerrando el expediente —, hemos analizado la situación durante las últimas cuarenta y ocho horas con el equipo legal de la firma.—Don Bernardo, les aseguro que los problemas personales con la familia de mi esposa... con la señorita Valentina Ferrer, no afectan la operación de la constructora —se apresuró a decir Adrián con tono suplicante

  • EL BRILLO DE UNA MENTIRA   Los niños

    El Colegio San Ignacio era una de las instituciones educativas más exclusivas y tradicionales de la ciudad. El edificio de ladrillo visto, rodeado de amplios campos deportivos, albergaba a los hijos de las familias más acomodadas del círculo empresarial.A las dos de la tarde, el timbre de salida resonó por los pasillos.Tomás, de doce años, caminaba hacia la salida con la mochila colgada en un solo hombro. Llevaba el uniforme pulcro, pero su rostro reflejaba una madurez sombría y prematura. A su lado, sujetándolo con fuerza de la mano, caminaba su hermana menor, Sofía, de ocho años, quien miraba nerviosamente a su alrededor.A través del patio principal, varios grupos de alumnos y apoderados murmuraban mientras los miraban de reojo.—Mira, ahí van los hijos de la hermana de la empresaria —susurró una madre en voz baja a otra—. Dicen que el padre en realidad es el esposo falso y que los mantuvieron ocultos diez años.—Qué vergüenza... Mi hijo me contó que en la prensa ya salió que no

  • EL BRILLO DE UNA MENTIRA   Nada es gratis

    El taller de orfebrería de Maison Ferrer olía a metal fundido, ácido de pulido y serrín de cera. El ruido sordo de los pulidores eléctricos era el único sonido que rompía el aire cargado.Nicolás vestía un sobretodo de trabajo gris, con las mangas arremangadas hasta los codos y las manos manchadas de pasta negra de pulir. Llevaba seis horas consecutivas clasificando lotes de plata bruta y ajustando los engastes defectuosos bajo la mirada vigilante del maestro artesano.La puerta del taller se abrió y Santiago ingresó con paso tranquilo, portando una tablilla de notas.—El reporte de rendimiento de la mañana es adecuado, Nicolás —dijo el abogado, deteniéndose junto a la mesa de trabajo —. El maestro orfebre informa que tienes buena mano para la nivelación de biseles.Nicolás se limpió el sudor de la frente con el antebrazo y dejó la lima sobre la bandeja de madera.—Gracias, Santiago —respondió con la voz cansada pero firme—. Solo intento cumplir con lo que prometí.—Tu hermana dio ins

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