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CAPITULO 39

Autor: MAR
last update Data de publicação: 2025-08-12 22:39:33

La tarde estaba perfecta y suave con un tono dorado que se colaba por las cortinas de la cocina. Afuera, el canto de los pájaros y las carcajadas de Nicolás creaban un ambiente cálido, casi como si la felicidad hubiera decidido quedarse a vivir allí. El aroma a hierbas frescas y pan recién horneado se mezclaba con el suave perfume que salía del horno, mientras Mariana removía una olla con paciencia. A su lado, Sofía picaba con destreza unas verduras, sonriendo con esa complicidad que solo se co
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  • EL CEO INDOMABLE    CAPITULO 39

    La tarde estaba perfecta y suave con un tono dorado que se colaba por las cortinas de la cocina. Afuera, el canto de los pájaros y las carcajadas de Nicolás creaban un ambiente cálido, casi como si la felicidad hubiera decidido quedarse a vivir allí. El aroma a hierbas frescas y pan recién horneado se mezclaba con el suave perfume que salía del horno, mientras Mariana removía una olla con paciencia. A su lado, Sofía picaba con destreza unas verduras, sonriendo con esa complicidad que solo se construye con los años y con las batallas compartidas.—Te veo muy feliz, Mariana —comentó Sofía, acomodando los trozos de zanahoria en un plato y levantando la mirada para observarla con ternura—. Hace mucho que no te veía así.Mariana suspiró, dejando que sus labios se curvaran en una sonrisa serena, de esas que no solo se dibujan en la boca, sino que también iluminan los ojos.—Cómo no serlo, Sofía, si el hombre que siempre he amado, el padre de mi hijo, está junto a mí. Y a pesar de la distanc

  • EL CEO INDOMABLE    CAPITULO 38

    El reloj del comedor marcaba las 7:02 p.m. cuando Andrés apagó la estufa. Había preparado todo con esmero, quizás como una forma de distraerse del nudo que sentía en el estómago. El aroma de la lasaña recién horneada impregnó el ambiente, mezclado con la fragancia suave de las velas encendidas. Todo lucía acogedor, pero a él le sudaban las manos.Mariana observaba a su esposo desde el marco de la puerta, sosteniendo en brazos a su pequeño, que dormía tranquilo. Llevaba un vestido sencillo, suelto, azul marino. El cabello recogido con una cinta del mismo tono. Estaba hermosa, y a la vez, inquieta.—¿Estás seguro de que quieres que venga? —preguntó con voz suave.—Sí —respondió Andrés sin mirarla—. Necesitas escucharla, amor. Y ella necesita mirarte a los ojos.Mariana asintió sin decir más. Caminó hacia el sofá, dejó a Nicolás ahí, lo arropo y se sentó. Su corazón palpitaba con fuerza. No sabía qué esperar de Valeria. Aunque Andrés le había contado todo lo que pasó en la oficina, y le

  • EL CEO INDOMABLE    CAPITULO 37

    La oficina estaba en completo silencio, solo el leve sonido de las hojas siendo firmadas y se ompía la calma densa del lugar. La luz del atardecer entraba en líneas doradas a través de las persianas, bañando los muebles oscuros con un resplandor cálido. Andrés se encontraba sentado detrás del gran escritorio de madera, la mirada concentrada y la mandíbula tensa. Su traje impecable no ocultaba el cansancio de sus ojos ni el rencor latente en su pecho. De pronto, la puerta se abrió lentamente, sin anunciarse. —Hijo... —susurró una voz temblorosa. Andrés alzó la vista y frunció el ceño al ver a su madre de pie en la entrada. Valeria, elegante como siempre, aunque ahora con el rostro pálido y preocupado, sostenía el bolso con ambas manos como si se aferrara a él para no desmoronarse. —Mamá —dijo Andrés sin moverse—. ¿Qué haces aquí? Su tono no fue de bienvenida. Fue seco, fuerte, como un muro. Valeria tragó saliva, sintiendo cómo el corazón le palpitaba con fuerza. Avanzó con p

  • EL CEO INDOMABLE    CAPITULO 36

    El primer rayo de sol se filtró tímidamente por la rendija de la cortina, acariciando el rostro de Mariana. Con los párpados aún pesados, extendió el brazo hacia el lado vacío de la cama. Al no encontrar a Andrés, abrió los ojos con lentitud. La sábana aún conservaba su calor, lo que significaba que no había salido hacía mucho.Se incorporó con suavidad, aún un poco adormecida. El camisón de seda se deslizaba sobre su piel como una caricia tibia. Caminó descalza hacia el baño, donde se lavó el rostro con agua fría para despejarse. Frente al espejo, su reflejo le devolvió una sonrisa serena. Se colocó una bata blanca de satén y salió en busca del hombre que le había robado el corazón.Al llegar a la cocina, una imagen la detuvo por un instante en el umbral. Andrés estaba de espaldas, concentrado en la estufa. Su cuerpo musculoso y bronceado resaltaba aún más sin camisa, y el pantalón de pijama caía perfectamente sobre sus caderas. Un delantal negro cubría parcialmente su torso, y sus m

  • EL CEO INDOMABLE    CAPITULO 35

    La luz del amanecer se filtraba suavemente por las cortinas de lino blanco, tiñendo la habitación de tonos dorados. Andrés abrió los ojos lentamente, dejando que el calor del sol acariciara su piel, pero no fue eso lo que le hizo sonreír. Sobre su pecho, profundamente dormida, descansaba Mariana, con su rostro relajado, la respiración acompasada y una mano extendida sobre su abdomen. Su cabello suelto le cubría parte del rostro, y cada movimiento que hacía al respirar lo llenaba de una ternura inexplicable.Andrés no podía dejar de mirarla. Después de tantos años, tantas noches vacías, tantos sueños sin ella... tenerla así, tan cerca, tan suya, le parecía un milagro que no merecía.Una sonrisa plena se dibujó en su rostro. Con una de sus manos acarició con suavidad los cabellos que le caían sobre el rostro, intentando no despertarla, pero fue en vano.—Si me sigues mirando así, me vas a desgastar —susurró Mariana sin abrir los ojos, con una sonrisa traviesa en los labios.Andrés soltó

  • EL CEO INDOMABLE    CAPITULO 34

    La noche envolvía la ciudad en un manto de silencio y luces tenues. Afuera, la lluvia comenzaba a caer tímidamente, como si el cielo también se preparara para un momento sagrado, íntimo, que se gestaba tras las ventanas empañadas de aquella casa.Mariana y Andrés estaban frente a frente, respirando el uno al otro. El ambiente se había vuelto pesado de deseo contenido, de miradas que hablaban más que mil palabras. Ella, con sus mejillas encendidas, mordía suavemente su labio inferior, intentando controlar el temblor que recorría sus manos. Andrés, con los ojos fijos en ella, dio un paso hacia adelante y la atrajo hacia él .Sus labios se encontraron con una necesidad que desbordaba todo lo que habían callado durante tanto tiempo.El beso fue profundo, lleno de urgencia y dulzura al mismo tiempo. Las manos de Andrés rodearon la cintura de Mariana, atrayéndola más. Ella, sin dudar, se alzó levemente, enredando sus piernas en las caderas de él, buscando con su cuerpo la conexión que su alm

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