LOGINEl silencio del salón duró apenas unos segundos. Camilo volvió a levantar la voz. —¡Valentina, no puedes hacer esto! ¡Tienes que escucharme! ¡Realmente te amo, estaba tan ciego cuando no te valoré, por favor dame otra oportunidad! El hombre intentó avanzar nuevamente hacia ella, pero dos elementos de seguridad se interpusieron inmediatamente. —¡Suéltenme! —exigió Camilo, forcejeando— ¡Valentina tiene que saber que la amo, y que no debe casarse de alguien tan frío como ese imbecil de Ferrer! Damiano ni siquiera volteó a verlo, ese hombre era tan insignificante para él que podía acabarlo cuando quisiera. —Sáquenlo de aquí. Los guardias sujetaron a Camilo por los brazos y comenzaron a conducirlo hacia la salida. —¡Valentina! ¡No puedes casarte con él! —continuó gritando—. ¡Esto no termina aquí! ¡Voy a volver por tí! —¡Fuera! —ordenó uno de los guardias. Camilo siguió forcejeando mientras era llevado por el enorme vestíbulo de la mansión. Las puertas principales se
La mano de Valentina permanecía entre las de Damiano cuando él se inclinó ligeramente hacia ella. Por un instante, el poderoso CEO Ferrer pareció olvidar que decenas de personas los observaban. —Te amo —murmuró. Valentina sonrió emocionada. Sus mejillas se sonrojaron, pero también dijo. —Yo también te amo, Damiano. Frente a ellos, todo estaba preparado. La mesa de ceremonia había sido cubierta con un elegante mantel blanco, bordeado con pequeños detalles dorados. Sobre ella descansaban los documentos matrimoniales, dos plumas de tinta negra, un pequeño arreglo de rosas blancas y una carpeta donde se encontraban las actas que tendrían que firmar. El juez civil ocupaba su lugar detrás de la mesa, mientras que a ambos lados se encontraban los testigos, mientras los invitados guardaban absoluto silencio. Damiano y Valentina tomaron asiento frente al juez. El funcionario abrió la carpeta y comenzó a leer formalmente los datos de ambos, sus nombres completos y la volu
Esa tarde, el sol comenzó a caer sobre la enorme mansión Ferrer, envolviendo sus jardines en una luz dorada que poco a poco se transformó en el resplandor suave de las primeras luces nocturnas. Durante semanas, Damiano Ferrer había supervisado personalmente cada detalle de la boda. Hacía preguntas a Valentina, se esto o aquello para que las cosas fueran a su gusto. Aquella noche, todos pudieron comprobarlo. La mansión parecía haber sido transformada en un escenario de cuentos. El gran salón principal había sido dispuesto para la ceremonia y posteriormente para la recepción. En lo alto, enormes lámparas de cristal proyectaban destellos sobre las paredes revestidas en tonos marfil y dorados. Largas cortinas de seda caían desde los ventanales hasta el suelo, mientras cientos de pequeñas luces cálidas habían sido colocadas estratégicamente para crear una atmósfera íntima y sofisticada. El camino hacia el altar estaba cubierto por pétalos de rosas blancas, y cada mesa es
El presidente Damiano Ferrer, tenía tantas cualidades que mencionarlas todas te llevaba algo de tiempo. Pero había algo que lo tenía completamente fuera de su elemento: organizar su propia boda. Aquella mañana, el CEO estaba sentado en su despacho con una libreta abierta. En la primera página había escrito: BODA DE DAMIANO Y VALENTINA Debajo aparecían tres palabras: Lugar. Fecha. Invitados. Damiano observó la hoja durante varios segundos. —Esto debería ser sencillo. Puedo hacerlo, claro que puedo. En ese instante entró su asistente. —Señor, ¿quiere que contratemos a una organizadora de bodas? —No. —¿Una empresa especializada? —Tampoco. El asistente parpadeó una y otra vez. —Entonces... Damiano tomó el teléfono. —Voy a llamar a Eliester. Una hora después, Eliester Ivanov llegó a la compañía de su amigo. Entró a la oficina y encontró a Damiano rodeado de carpetas. —¿Qué ocurrió? —preguntó. —Voy a casarme con Valentina. Eliester sonrió. —
La tarde había caído sobre la mansión Ferrer cuando el lujoso automóvil de Damiano atravesó los enormes portones. El CEO bajó primero, con su habitual expresión seria, pero aquella tarde llevaba algo diferente en los ojos. Sus hijos venían con él. Donovan salió corriendo apenas el vehículo se detuvo. —¡Mamá! Emma fue detrás de él. —¡Mamá, mamá! Valentina apenas tuvo tiempo de dejar lo que estaba haciendo antes de recibir a ambos niños entre sus brazos. —¿Cómo se portaron? Los dos pequeños se miraron. Demasiado rápido. Demasiado inocentemente. Valentina entrecerró los ojos. —¿Qué hicieron? —Nada —respondió Donovan. —Nada —repitió Emma. Damiano apareció detrás de ellos. —No les creas. Valentina soltó una carcajada. —¿Qué hicieron ahora? —Entraron a mi oficina, movieron documentos, hicieron una reunión empresarial con tres de mis directivos y después convencieron a mi secretario de que necesitaban dulces porque estaban trabajando. Emma levantó
La noticia de los gemelos que estaban por llegar, todavía flotaba en el ambiente cuando Damiano decidió que aquel día no quería separarse de sus hijos. Pero el presidente no tenia idea de que ese día estaría lleno de travesuras de sus pequeños demonios. Damiano Ferrer había entrado a reuniones con inversionistas, negociaciones y hecho millonarias, y juntas donde una sola palabra suya podía hacer temblar a una empresa completa. Todo en aquella mañana que parecía ser de lo más normal. Pero no esperó que aquella mañana también descubriría que nada de eso lo había preparado para pasar un día entero con Donovan y Emma en su compañía. —Se portan bien —les advirtió mientras caminaban por el enorme vestíbulo de Ferrer Corp.— Nada de correr, nada de entrar a oficinas sin permiso y, sobre todo, no toquen nada. Emma levantó la mano. —¿Y si es algo que no se rompe? Damiano entrecerró los ojos. Esa pregunta parecía llevar algo más oculto. —Emma... —Está bien, papá, seré bue







