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Capítulo 100.

Autor: CINVAN
last update Fecha de publicación: 2025-09-15 01:08:38

POV – ARMANDO.

Había pasado un mes desde que Carla desapareció y cada día sin noticias era una daga clavada en mi paciencia. La mansión se había convertido en una fortaleza: guardias en cada entrada, vehículos blindados, protocolos de seguridad que hacían que hasta salir al jardín pareciera una operación militar.

Y aun así, yo no tenía paz. Valeria trataba de mostrarse fuerte por los niños, pero yo veía en sus ojos el miedo, la desconfianza de cada sombra. Vanessa había dejado de dormir tranqui
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Último capítulo

  • EL PRECIO DE AMAR    Palabras de despedida

    Palabras de despedidaPor Cintia Vanessa Barros (CINVAN)Querido lector, querida lectora:Hoy llegamos juntos al final de un viaje. Y aunque los finales suelen estar cargados de silencios, de nostalgia y, a veces, de cierto alivio, siento que este no es un adiós definitivo, sino una pausa necesaria para mirarnos a los ojos, tú y yo, y reconocernos en lo que hemos compartido.Cuando comencé a escribir El precio de amar, no imaginaba la magnitud del camino que se abriría ante mí. Cada palabra, cada página, cada respiración que di mientras tejía la historia de Valeria, de Esteban, de Adrián, de Elena, de Armando, y de tantos otros personajes, se convirtió en un espejo en el que se reflejaban mis propias dudas, miedos y esperanzas. No escribí esta novela desde la distancia, sino desde la cercanía brutal de las emociones que a veces nos desbordan.Porque esta no es solo la historia de una mujer que descubre las traiciones de su marido. Es, ante todo, el relato de una metamorfosis: el tráns

  • EL PRECIO DE AMAR    Epílogo – La promesa eterna.

    POV Armando.Cinco años han pasado desde que vencimos a los fantasmas del pasado. Y, aun así, hay noches en las que despierto sudando frío, convencido de que volveré a abrir los ojos en medio de la selva, rodeado de fuego y de muerte. Pero entonces escucho una respiración tranquila a mi lado, el roce de su mano buscándome entre las sábanas, y recuerdo que no tengo que luchar más. Que la guerra terminó, que Valeria está aquí conmigo, y que nada ni nadie podrá arrebatármela otra vez.El amanecer en la mansión tiene un sonido particular. Ya no es el silencio solemne de antes, cuando todo este lugar me parecía un mausoleo esperando su regreso. Ahora es un caos lleno de vida: pasos pequeños corriendo por los pasillos, risas que estallan sin permiso, discusiones entre Vanessa y Alessandro, los gritos de los trillizos reclamando atención. Y yo, un hombre que un día creyó que estaba condenado a la soledad, me descubro sonriendo como un tonto solo por escucharlos.Me asomo al balcón y observo

  • EL PRECIO DE AMAR    Capítulo 130.

    POV ValeriaEl tiempo tiene un extraño poder: todo lo devora, todo lo cura, todo lo transforma. Han pasado cinco años desde aquella guerra que casi nos arranca la vida, y hoy, al mirar a mi alrededor, apenas puedo reconocer a la mujer que fui entonces.Estoy en la terraza de la mansión. El sol de la tarde cae dorado sobre el jardín, pintando sombras largas que bailan sobre el césped. El viento me acaricia el rostro con esa tibieza que me recuerda que la calma, al fin, se ha quedado a vivir con nosotros.Allí, frente a mí, está la escena que nunca me canso de contemplar: Armando jugando con nuestros hijos. Sus carcajadas retumban en el aire, mezcladas con los gritos emocionados de los pequeños. Los trillizos corren como locos, intentando escapar de sus manos fuertes que los persiguen con fingida torpeza.—¡Atrápenlo, atrápenlo! —grita Antonio, el más travieso, mientras se lanza sobre su padre.—¡Yo puedo solo! —añade Andrés, aunque enseguida tropieza y termina en brazos de Armando.Áng

  • EL PRECIO DE AMAR    Capítulo 129.

    POV ValeriaDicen que los primeros meses de vida de un hijo son un torbellino. Yo podría jurar que, con tres, ese torbellino se convierte en un huracán. La mansión, que alguna vez fue escenario de batallas y conspiraciones, hoy parecía un hospital improvisado: pañales por todas partes, biberones alineados en la cocina como si fueran armas listas para la guerra, ropas diminutas colgando en sillas y sillones.El amanecer ya no llegaba con calma. Era anunciado por un coro de llantos, cada uno con su propio tono, como si Andrés, Antonio y Ángel hubieran aprendido a turnarse para no dejarnos dormir nunca más de tres horas seguidas.Me descubrí agotada, con las ojeras marcadas y el cuerpo pesado, pero jamás había sentido tanto amor, tanto propósito en cada día.Armando no dormía mejor que yo. Ese hombre, que había enfrentado guerras y enemigos, estaba ahora en guerra contra los pañales. Lo veía en las madrugadas, caminando de un lado a otro con Ángel en brazos, murmurándole palabras en voz

  • EL PRECIO DE AMAR    Capítulo 128.

    POV ValeriaEl hospital ya había quedado atrás, pero el recuerdo de esa noche todavía me erizaba la piel. Tres vidas habían llegado al mundo entre luces quirúrgicas y lágrimas, y ahora, de regreso en la mansión, todo parecía distinto. Las paredes que durante años guardaron silencios y heridas, hoy vibraban con el eco de llantos diminutos, risas nerviosas y pasos apresurados.Ana, con su delantal manchado de leche y papilla, era un torbellino que no paraba. Corría del cuarto de los bebés a la cocina, de la cocina al cuarto de juegos, y aunque estaba agotada, en sus ojos brillaba un orgullo inmenso.Vanessa fue la primera en entrar a la habitación donde estaban las cunas alineadas. Se quedó de pie, con la mochila del colegio todavía colgando de un hombro, observando a los tres bebés que dormían bajo luces suaves. Alessandro se acercó a ella, temeroso, como si los tres pequeños fueran cristal a punto de romperse.—¿De verdad son mis hermanos? —preguntó en un susurro.—Sí, mi amor —respon

  • EL PRECIO DE AMAR    Capítulo 127.

    POV ValeriaLa noche se quebró con un dolor punzante, seco, que me hizo arquearme en la cama. Primero pensé que era otra de esas contracciones falsas que llevaba semanas soportando, pero cuando el calor me recorrió la espalda y sentí la humedad cálida entre mis piernas, supe que había llegado la hora.—¡Armando! —grité, con un hilo de voz.Él estaba a mi lado en segundos, como si hubiera estado esperando esa llamada toda la vida. Encendió la luz, me miró y su rostro endurecido se transformó en un gesto de pánico contenido.—Ya es el momento, mi amor —susurró, tomando mi rostro con las manos—. Respira, estoy aquí.El caos se desató. Ana corrió por los pasillos de la mansión llamando a los guardias. Vanessa apareció con los ojos llenos de lágrimas, y Alessandro, todavía con el pijama arrugado, preguntaba qué pasaba. Armando los abrazó a ambos con un movimiento rápido.—Su mamá va a traer a sus hermanitos. Cuídenla desde aquí —les dijo, antes de cargarme casi en brazos hacia el coche.El

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