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CAPÍTULO 8: EL INFORME DEL DETECTIVE

Autor: Elimar
last update Data de publicação: 2026-05-14 06:08:56

La mañana llegó gris, con un cielo plomizo que amenazaba lluvia. Valeria llevaba dos horas despierta cuando el portero anunció la llegada de Venegas. Se había puesto una bata de seda blanca y el pelo recogido en un moño desordenado. No había dormido bien. Las rosas de Mateo seguían sobre la mesa de la cocina, y las pruebas de Sofía descansaban dentro del sobre manila, como una bomba de tiempo.

El licenciado entró con paso firme, acompañado de un hombre delgado de anteojos negros y traje azul ma
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  • EL PRECIO DE LA MENTIRA   CAPÍTULO 30: EL PRECIO DE LA VERDAD

    El día de la boda amaneció con sol.No el sol tímido de los días de otoño que aparece un momento y luego se arrepiente. Un sol claro y sin disculpas, del tipo que parece haber decidido estar ahí y no moverse en todo el día. Como si el cielo también supiera que era un día importante y hubiera decidido estar a la altura.Valeria lo vio desde la ventana de su habitación mientras Lucía le terminaba de abrochar los últimos botones del vestido. Era blanco, pero no el blanco nupcial de la primera vez. Era un blanco más suave, más sereno, más honesto. Más parecido a lo que ella era ahora que a lo que había intentado ser durante demasiados años.—Estás preciosa —dijo Lucía, mirándola por el espejo.—No exageres.—No exagero. —Lucía se puso delante de ella y la miró directamente, con esa seriedad suya de cuando quería que algo quedara claro—. Mamá. Estás preciosa. Y eres la persona más valiente que conozco. Y mereces todo lo que está pasando hoy.Valeria la miró un momento.Luego la abrazó. Des

  • EL PRECIO DE LA MENTIRA   CAPÍTULO 29: EL OTRO LADO

    Las pruebas de compatibilidad tardaron cuarenta y ocho horas en dar resultado.Sebastián las pasó con una normalidad deliberada que Valeria reconoció como su manera de manejar la espera: fue a clase, entregó el proyecto de arquitectura, comió con Lucía en la cafetería de la universidad como si fuera un martes cualquiera. Hacía lo que había que hacer. Solo Lucía sabía que por las noches tardaba en dormirse y que a veces la llamaba tarde sin tener nada concreto que decir, solo para escuchar su voz. Y ella siempre descolgaba. Siempre.El resultado llegó un jueves por la mañana.Gabriel llamó a Sebastián directamente, sin intermediarios, porque era el tipo de noticia que merecía llegar sin filtros.—Eres compatible —dijo.Al otro lado hubo un silencio, lo que Sebastián no iba a decir en voz alta.—De acuerdo —respondió—. ¿Cuándo lo hacemos?La operación se programó para el lunes siguiente.Fueron cinco días que transcurrieron con esa densidad particular del tiempo cuando uno sabe que algo

  • EL PRECIO DE LA MENTIRA   CAPÍTULO 28: LO QUE SE SUELTA

    La habitación 312 estaba igual que siempre.Valeria entró sin dudarlo.Alejandro estaba recostado con los ojos cerrados cuando ella llegó, pero los abrió antes de que ella dijera nada, antes incluso de que sus pasos terminaran de sonar en el suelo de linóleo. Como si hubiera aprendido a reconocerlos en ese pasillo durante todos todo el tiempo que llevaba allí, esperando visitas que a veces llegaban y a veces no.Estaba más delgado que la última vez. La leucemia había seguido haciendo su trabajo silencioso y metódico y sin pausa, y eso se notaba en cada ángulo de su cara.Pero sus ojos seguían lúcidos.—Viniste —dijo.—Dijiste que era la última vez que ibas a pedirlo —respondió Valeria, sentándose en la silla junto a la cama.Alejandro intentó incorporarse levemente, con ese esfuerzo visible que ya no podía disimular. Ella no lo ayudó pero tampoco lo detuvo. Lo dejó hacer lo que podía con lo que le quedaba, que era lo único que podía ofrecerle sin mentirle.—¿Cómo estás? —preguntó él.

  • EL PRECIO DE LA MENTIRA   CAPÍTULO 27: LA PREGUNTA

    Valeria tardó tres días.No porque dudara, sino porque quería estar segura de que lo que sentía no era el alivio del final de una guerra sino algo que existía por sí mismo, independientemente de todo lo que había ocurrido antes. Quería mirar la respuesta a la luz del día, en distintos momentos y con distintos estados de ánimo, y seguir viéndola igual. Quería que fuera sólida. Que no dependiera de nada externo para sostenerse.El primer día pensó en el contrato que Don Máximo había firmado por ella antes de que pudiera elegir. En el matrimonio que había sido una jaula dorada durante diecinueve años. En la firma que había puesto sin saber del todo lo que firmaba, siendo una mujer joven que confiaba en las personas equivocadas porque no tenía todavía las herramientas para distinguirlas. Pensó en todo eso y lo dejó estar, sin negarlo ni amplificarlo. Solo mirándolo.El segundo día pensó en Gabriel. No en los últimos meses ni en el hospital ni en el juicio ni en el porche de la casa de la

  • EL PRECIO DE LA MENTIRA   CAPÍTULO 26: CERRAR LOS CÍRCULOS

    Camila llamó un martes por la mañana.Valeria reconoció el número porque lo había guardado aquella noche en el apartamento, cuando todo era todavía un nudo que nadie sabía cómo desatar y el aire entre ellas tenía esa tensión específica de las situaciones que no tienen manual. Dudó un segundo antes de descolgar, no por reluctancia sino por la extraña sensación de que algunas llamadas marcan un antes y un después aunque uno no lo sepa hasta después, cuando ya todo ha ocurrido y uno puede mirar atrás con la perspectiva que en el momento no existe.Descolgó.—Valeria —dijo Camila—. Sé que no tengo muchos motivos para pedirte nada. Pero me gustaría verte. Si tú quieres.Valeria miró por la ventana del despacho. El cielo estaba gris pero no amenazante, de ese gris tranquilo de los días que no prometen nada malo ni nada extraordinario. Solo un día más, con todo lo que eso significaba ahora.—¿Cuándo? —preguntó.Se encontraron esa misma tarde en una cafetería neutral, a mitad de camino entre

  • EL PRECIO DE LA MENTIRA   CAPÍTULO 25: ELEGIR SIN MIEDO

    Valeria no respondió de inmediato.No porque no supiera la respuesta. La sabía desde hacía semanas, quizás desde mucho antes, desde algún momento impreciso entre el pasillo del hospital y la cena en la cocina y el banco del parque donde Gabriel le había cubierto la mano con la suya sin pedir permiso ni disculparse por ello. La sabía con esa certeza tranquila que no necesita confirmación externa porque viene de adentro y ya no tiene dudas que la empujen.Lo que necesitaba era escucharse decirlo en voz alta. Porque hay cosas que existen de manera distinta cuando se dicen. Que se vuelven más reales, más concretas, más irreversibles en el mejor sentido de la palabra.Miró el mar un momento. Las olas seguían haciendo su trabajo paciente, entrando y saliendo, sin apresurarse.—Quiero que sea real —dijo al fin—. No quiero algo a medias ni algo provisional ni algo que empiece con miedo y termine cuando el miedo pase. —Hizo una pausa breve—. Quiero que sea de verdad. Todo lo que eso implique.

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