LOGINLeonard mira la pantalla, todavía impactado por lo que acaba de escuchar. Ninguno de los dos encuentra las palabras, porque lo que acabamos de escuchar era mucho más retorcido de lo que imaginábamos. Sabíamos que los planes de Cintia y Lyssa estaban cargados de manipulación, pero el nivel de engaño y las dobles intenciones que estaban desarrollándose era desconcertante.
Mi jefe empezó a caminar de un lado a otro, como si el moCLÍO:Leonard, sin embargo, no parece acobardarse. Me busca con la mirada y deja escapar un suspiro, como si estuviera liberando algo que llevaba cargando desde hace años. —Sí, nos imaginaba platicando, riendo a carcajadas, entre abrazos intensos. Me hice un mundo donde compartíamos momentos intensos y nos decíamos lo mucho que nos amábamos y cuánto nos necesitábamos —siguió contando con una expresión de añoranza. Mis manos tiemblan ligeramente, pero él las envuelve con las suyas. Todavía tiene las mismas manos que conocí aquella primera vez, firmes y cálidas, aunque ahora están llenas de cicatrices que narran su propia historia. —Yo también hacía eso —confieso y veo cómo le brillan los ojos—. Sí, ¿recuerdas aquel lugar donde te conté de nuestro Alan por prime
CLÍO:Después de mucho, hemos logrado librarnos de todos los que nos perseguían. Cada uno de nosotros ha logrado formar, al fin, nuestras familias. Hoy hemos decidido hacer un picnic en un parque, en el lugar donde hemos venido a pasarnos unas vacaciones. —Alan, no hagas eso con tus hermanitas. —Corre Leonard detrás de nuestros hijos. —Papá, quiero montar patineta y ellas no me dejan —protesta Alan, molesto porque quiere jugar y ellas lo siguen. —Eres su hermano mayor y es tu deber velar por ellas —le exige Leonard con calma. —¡No me gusta ser el hermano mayor! Siempre me están regañando por culpa de ellas. ¡Me iré a vivir con mi abuelo Martín y mi tío, ellos se la pasan en grande! —protesta molesto Alan, mientras se aleja rumbo a ellos, que juegan a la lucha libre un poco más allá. &nbs
HENRY:Su sonrisa me golpea como un rayo de luz, pero antes de que pueda responderle, se lleva una mano al vientre y frunce el ceño, aplastando su expresión risueña con una mueca. —¿Estás bien? —pregunto, más rápido de lo que puedo pensar. Lúa deja escapar un gemido suave, pero no responde de inmediato. Sus dedos comienzan a apretar los míos con más fuerza. Una mano me arrebata las llaves y, al mirar, respiro aliviado al ver que es papá. —Menos mal que vino mi suegro —dice Lúa al ver aparecer a papá—, porque a este paso tendré el bebé aquí, o quizás nos matemos por el camino. —¡Gracias al cielo que viniste, papá! —exclamo hecho un manojo de nervios—, creo que voy a vomitar. —Vamos, hijo, que no se diga. Lúa, sujétate de
LEONARD:Me sentí atrapado entre el pasado que no entendía y el futuro que debía enfrentar. Elliot caminó hacia mí, acercándome al bebé sin necesidad de palabras. El pequeño rostro era hermoso. —Leonard, es hora de decidir —escuché, mientras el peso de la situación caía sobre mis hombros—. ¿Qué harás? Miré al bebé una vez más. Sus pequeños dedos se movieron levemente, apenas un suspiro de vida, pero fue suficiente para hacer temblar todo mi mundo. —Te aseguro que la bebé tiene los mejores padres del mundo y estará con su familia —le contesté a mi suegro, tomando el bebé de las manos de Elliot—. Te repito que Lyssa robó ese embrión de ellos. Si quieres, te muestro las pruebas. —No hace falta, confío en Elliot —
Rodrigo espera afuera, y de repente ve a uno de sus hombres que viene corriendo a avisarle. —Señor Rodrigo, la policía viene para acá por el accidente —le informó de inmediato. —¡Vámonos ahora mismo! —Salen raudos de allí, justo para ver cómo dos agentes de policía ya estaban hablando con la enfermera. Nos montamos en su auto y desaparecemos.LEONARD:Mientras tanto, en un hotel en el centro de Lisboa, espero nervioso junto a mis ahora dos suegros, Martín y Elliot. Habíamos viajado a Portugal para acabar de saber si, en verdad, Lyssa se había embarazado de uno de los embriones de mis padres, de los que no tenía idea que existieran. Si era verdad, no podía dejar que un hermano mío se criara con ella. —¿Estás seguro, Elliot, de que te van a traer al bebé? ¿No será mejor
LYSSA:Por otro lado, en Lisboa, Portugal. Después de sufrir un aparatoso accidente, me han traído a emergencias. El doctor lleva rato tratando de convencerme. Está en eso cuando llega Rodrigo. —Señora, le estamos diciendo que tenemos que hacerle una cesárea o morirá el feto —insiste por enésima vez. —Todavía no tengo nueve meses —expliqué, cubriendo mi vientre con ambas manos. —Le falta muy poco. Le aseguro que sobrevivirá si lo hacemos ahora —repitió de nuevo. Rodrigo entró apurado en la sala, con los ojos cargados de preocupación. Su traje, desordenado para alguien tan meticuloso como él, evidenciaba que había llegado directo desde su reunión. A pesar de su intento por parecer calmado, su tono de voz lo traicionó. —Lyssa, ¿qué está pasando? —preguntó al acercarse, mientras clavaba su mirada, intensa y llena de preguntas, en mi rostro. —Quieren hacerme una cesárea, pero aún no es tiempo —respondí, con más firmeza en la voz de la que realmente sentía en mi interior.







