LOGIN••Narra Elliot••El primer golpe lo di sin pensarlo.Mi puño se estrelló contra el rostro de Carlos Mendoza, y sentí cómo su nariz cedía bajo mis nudillos. El hombre cayó al suelo de mi sala, gimiendo, con las manos cubriéndose la cara. Pero no me detuve. Me incliné, lo tomé por el cuello de la camisa y lo levanté, solo para golpearlo de nuevo.Mis nudillos ardían con cada impacto, pero no me importó. Normalmente, usaba mi dinero para hacer que otros hicieran el trabajo sucio, no era como Maximilian que estaba acostumbrado a usar su propia fuerza contra sus enemigos. Y aún así, aquí me encontraba, manchando de sangre mi costosa alfombra blanca. —¡Te dije que hablaras! —grité, tirando de su camisa hasta que las costuras cedieron—. ¡Te dije que me dijeras todo lo que sabías!—¡Ya lo hice! —sollozó Carlos, con la sangre brotando de su nariz—. ¡Ya le conté todo al señor King!—¡No me basta! —Lo arrojé contra el suelo, y él se arrastró hacia atrás, intentando alejarse de mí—. ¡Quiero sab
Me tomé un café cargado y me hice cargo de varios documentos mientras los empleados llegaban. Estuve en mi oficina hasta las nueve, llevando mi día con normalidad. Al salir, ya todo estaba en movimiento. La planta funcionaba veinticuatro horas al día, pero el sonido de la masiva cantidad de empleados de la mañana comparado al personal reducido de noche, hacía que el lugar se sintiera más vivo. Fui directo a la oficina de Carlos, ya que era uno de los beneficios de ser Jefe de ingenieros. Al entrar, estaba dándole un mordisco a un sándwich. El hombre de cincuenta años y barriga prominente tosió, como si hubiera visto al demonio en persona. —Señor King —Se obligó a tragar el bocado de golpe, poniéndose de pie—. Qué sorpresa. No esperaba verlo por aquí. —Siéntese —ordené, sin estrechar su mano. Carlos obedeció, pero sus ojos no dejaban de moverse, de buscar una salida. Sabía que algo andaba mal. Tener al nuevo dueño de la compañía en tu oficina, jamás era bueno. —Carlos Mendoz
••Narra Maximilian••La empresa estaba en silencio cuando llegué esa mañana. El turno nocturno aún estaba de guardia, era mucho más pequeño que el turno diurno. Había decidido ir temprano, antes de que los empleados llegaran, antes de que el edificio se llenara de ruido y movimiento. Necesitaba investigar sin interrupciones, sin preguntas, sin miradas curiosas. Solo yo, los archivos, y la verdad.Que forma de celebrar mi luna de miel. Pero después de la escena que montaron la feliz pareja Kingston, el llanto arrasador de Vienna y el desmayo de la modelo anémica, poco pudimos hacer anoche. El sótano era un lugar que nunca había visitado. Ni siquiera sabía que existía hasta que uno de mis hombres me informó que había un almacén en el nivel más bajo del edificio, cerrado desde hacía años. Pietro lo había clausurado, según los registros de Elliot, poco después de que Bianca desapareciera.Eso no era coincidencia.Bajé por las escaleras de servicio, con una linterna en la mano. El aire
••Narra Bianca•• —Lo que oíste. Me quedo aquí. Elliot dio un paso hacia mí, y yo retrocedí. No quería que me tocara. No ahora. Mis emociones eran tan confusas en este momento. Ni yo sabía lo que estaba sintiendo. No sabía por qué me molestaba tanto su cercanía con aquella modelo, ni por qué mi cuerpo temblaba al estar bajo su escrutinio. Necesitaba alejarme. —Bianca, no es seguro. No sabes lo que está pasando. Pietro tiene gente en todos lados. Si te quedas aquí, podrías estar en peligro. Pietro, Pietro, Pietro. Ese nombre de nuevo, acompañado de peligro y una revoltura de estómago que siempre me provocaba. Todos me decían que era un mal hombre, que era peligroso. Pero nadie me explicaba por qué. Nadie me decía por qué ese nombre me perturbaba tanto. —¿En peligro? —hablé con fuerza, el veneno saliendo de mi voz—. ¿En peligro de qué, Elliot? ¿Ese tal Pietro me está buscando? ¿Existe alguna razón para qué me busque? ¿De que me haga algo? ¿Me lo puedes explicar de una buena
••Narra Vienna••Iba a vomitar. Esto no podía estar pasando. Ese hombre no podía vigilar nos de esa manera. Tomé la mano de Bianca, sacándola del baño. No sé por qué, pero tenía el impulso de tenerla a mi lado, a mi alcance. No quería estar sola y tampoco quería dejarla sola.El celular se sentía caliente en el bolsillo de mi pantalón. Tuve que guardarlo para poder tomar la mano de Bianca mientras la otra la usaba para afincarme en el bastón. Caminé lo más rápido que la fisioterapia y el bastón resistía. Mi mente estaba hecha un nudo. ¿Cómo se había enterado? ¿Quién le había dicho? La boda había sido secreta. Íntima. Nadie fuera de nuestro círculo sabía.—¿Vienna? —Bianca me miró, preocupada—. ¿Estás bien? Estás pálida.—No —Admití con la mayor convicción que me podía permitir—. No estoy bien. Pietro sabe que nos casamos. Y no debería saberlo.—Ese hombre… —Su mano se presionó sobre la mía, con fuerza—. Ese hombre debe ser muy malo. Todos parecen odiarlo o temerle. —Es un mal homb
••Narra Bianca•• Me sentí tan tonta. Tan patética. Que mi esposo besara a esa mujer tan hermosa justo enfrente de mí causaba una presión en mi pecho que dolía. Y yo… solo hui. Hui mientras él disfrutaba con esa modelo profesional. ¿Debí quedarme? ¿Hubiera sido más bochornoso si lo abofeteara, si la insultaba a ella por besar a un hombre caaado? Negué con la cabeza, mirando mi rostro enrojecido en el espejo del baño. Un baño tan inmenso. Cuando vivía en la calle, hubiera sido feliz solo quedándome en un baño de este tamaño, cálido y limpio. Es más, solo tener un techo sobre mi cabeza me aliviaba. Ahora vivía en una mansión con un hombre que era un completo desconocido, pero decía ser mi esposo. Estaba rodeada por su círculo social, por sus amigos que poseían lugares tan lujosos como estés. Y yo… yo estaba fuera de lugar. —No puedo reclamarle. Yo misma le dije ayer que no me considerara su esposa porque yo no podía considerarlo a él como mi esposo —Me dije a mí misma, llevánd







