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EPISIDIO 5

Autor: QUEEN DE VIL
last update Fecha de publicación: 2026-07-03 00:46:38

AURORA

El imponente edificio de cristal y acero de Apex-Tel, la corporación de telecomunicaciones y tecnología más grande de Los Ángeles, se levanta hacia el cielo como un titán que lo controla todo.

Aquí se maneja el flujo de información del país, y el hombre detrás de este imperio es Sebas James, uno de los empresarios más implacables, herméticos y asquerosamente ricos del continente. Un tipo cuyo historial de negocios es tan impecable como peligroso.

Cruzo las puertas giratorias del vestíbulo y el aire acondicionado me golpea el rostro. Mis tacones resuenan con firmeza sobre el mármol pulido y no me detengo aunque me siento destrozada por dentro. Me acerco al mostrador de recepción con la espalda recta, disimulando la tensión acumulada en mis músculos.

—Buenos días. Vengo para la convocatoria de selección de personal. El puesto de psicóloga corporativa —le digo a la recepcionista.

La mujer teclea algo en su pantalla sin mirarme, con una eficiencia robótica.

—Piso cuarenta y dos. Dirección de presidencia. El señor James las recibirá personalmente. Tome el ascensor de alta velocidad a la derecha.

—Gracias.

Al llegar al piso cuarenta y dos, las puertas se abren a una sala de espera minimalista, con ventanales que muestran toda la ciudad. Hay cinco chicas sentadas en las sillas de cuero, perfectamente vestidas, compitiendo en silencio con la mirada.

Tomo asiento al lado de una de ellas, una rubia con un traje que cuesta lo que mi alquiler. Intento romper el hielo para aplacar mis propios nervios.

—Buenos días —le digo con una sonrisa profesional.

La chica me barre con la mirada de arriba abajo, deteniéndose un segundo de más en las solapas de mi saco.

—Buenos días —responde, con una voz tan cortante y escasa que prácticamente me congela la cara.

Vuelve la vista a su tableta de inmediato. No dispuesta a dejarme amedrentar, insisto:

—Buenos días a todas. Soy la secretaria ejecutiva del señor Sebasten James —anuncia, y su voz tiene el filo de una navaja—. El señor James se encarga personalmente de este tipo de contrataciones de alto nivel, ya que la salud mental de sus directivos es una prioridad para la empresa. Antes de que entren, les daré una serie de especificaciones estrictas. El señor James detesta la redundancia. Sean directas, concisas y no adornen sus respuestas. Si él hace una pregunta personal, respondan sin titubear. No le gustan las vacilaciones.

La rigidez de las reglas me parece extraña, casi impositiva para una entrevista de psicología, pero decido aceptarla. En este mundo corporativo, los hombres de poder juegan bajo sus propias leyes.

Las chicas van entrando una a una en orden de llegada. La rubia arrogante sale diez minutos después con el rostro pálido y la seguridad por los suelos. El filtro está siendo implacable.

—Aurora Thorner —pronuncia la secretaria, mirándome fijamente.

Es mi turno. Me pongo en pie, ajusto mi saco y avanzo con paso seguro, firme. Esta es la oportunidad de mi vida y no voy a dejar que nada me la quite. La secretaria me abre la puerta de madera noble y entro a la enorme oficina presidencial.

El espacio está rodeado de ventanales que dominan Los Ángeles, con un escritorio de madera oscura en el centro.

El hombre está de espaldas, mirando hacia la ciudad con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de vestir. Su espalda es ancha, imponente, y la tela de su traje oscuro se amolda a una musculatura que reconozco de inmediato. El pulso se me detiene. Un frío helado me recorre la espina dorsal.

Él se gira despacio. La luz del ventanal ilumina su mandíbula rígida, sus facciones duras de piedra de río y esos ojos oscuros, indescifrables, que anoche me quemaron la piel.

Me quedo completamente impactada, con el aire atrapado en los pulmones.

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Último capítulo

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    AURORA.El aire helado de Noruega nos recibió apenas la escotilla del avión privado se abrió hacia el paisaje blanco. La nieve caía en copas espesas y suaves, cubriendo las montañas y los pinos de la propiedad familiar como una alfombra de terciopelo. Sostuve a Christopher bien abrigado contra mi pecho, envuelto en su mameluco térmico y una manta de lana espesa que solo dejaba ver su nariz sonrosada y sus ojitos curiosos de cinco meses.Sebasten me rodeó los hombros, resguardándome del viento, mientras guía a mis padres, Carl y mi madre, quien venía maravillada mirando el horizonte infinito del norte.Al fondo de la pista privada, la imponente fortaleza de piedra y madera oscura de la familia se erigía entre los árboles, iluminada por cientos de luces cálidas que brillaban con intensidad en medio de la penumbra invernal.Los portones de roble de la entrada principal se abrieron de par en par antes de que pusiéramos un pie en la escalinata. Mi suegra, Lenora, apareció en el umbral luci

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