LOGINÁNGELO
—Qué día más loco, tenemos que cerrarlo en la fiesta de inauguración del bar de la famosa Mía.
— ¿Es esa señorita, la hija del petrolero Colmenares?, la que cambia más de novio que de calzones.
—Si es, con ella somos muy buenos amigos y no por el dinero, ella colocó un bar para pasarla de maravilla.
—Pero Ángelo, le prometí a su abuelo llevarlo directo a casa, me llamó muy preocupado contándome que soñó que eras un ratón que eras agarrado en una ratonera.
—Esas son pamplinas, chocheras de viejo, vamos a divertirnos, que la vida es corta y más en este negocio.
—Señor, es que desconfío de Pacho y buches, están raros, se han secreteado todo el día, y se molestan cuando los confronto.
—Fresco Miguel, ellos saben que si me traicionan, desaparecen, conmigo no se juega.
La confianza se mezcla con la arrogancia y se marcha creyendo que en esta ciudad sus enemigos no lo asecharían, ¡cuál equivocado estaba! Por supuesto que a veces pueden suceder cosas malas para que sucedan las buenas y, sí, sus hombres le vendieron su posición a unos enemigos, no por dinero o poder, sino por envidia y resentimiento. Además de que hacía unos días Ángelo casi los acaba por excederse en el uso de la fuerza cobrando unas deudas. No fue culpa de ellos, ese deudor ya se pasó al descaro y en el momento de estarlo golpeando, preciso apareció su hijo tratando de defenderlo, agravó la situación gritando. Les tocó también golpear al muchacho, el cual se tropezó desnucándose, por ende tocó silenciar al papá y echarles tierra con la deuda, en fin cosas de la mafia, lo complicado era que esto no coincidía con el código moral de Ángelo. Ellos se resintieron de que los castigara por este accidente, haciendo que contactaran a los rivales, revelando sus movimientos.
—Vamos, Miguel, que la noche es joven. —Se suben a su hermoso auto, uno de esos al que nadie puede insultar, la radio suena una melodía de acordeón, de la nada un camión chirriando, las llantas los embisten. Ángelo siente el golpe en su cabeza y un olor a humo en el aire, mira a su alrededor, todo gira, en realidad el auto salió dando botes quedando de cabeza. Desorientado, siente que unos brazos lo extraen del vehículo. Advierte ahogarse, se concentra en su nariz tratando de respirar, forzando los pulmones, abre la boca como si bostezara intentando que fluya aire, se desplomaría de no ser porque dos hombres lo llevan arrastrando, lo cargan de los brazos, voltea un poco y ve que a Miguel le sucede lo mismo, es arrastrado por dos más.
— ¿Qué hicieron? —les grita un hombre de voz familiar.
—Señor, los trajimos para comprobar si realmente son, no nos queremos que nos pase lo de kun-fu que se confundió. —explica uno de los matones con voz ronca, como si llevara flemas.
—Esos son, ¡termínenlos! Que no quede títere con cabeza, y exploten el vehículo, toca desaparecer las mangas del chaleco. —Dio la nefasta orden ese jefe.
— ¡Aguarda, Max! Eres tú, te reconocí. —Ángelo lo interrumpió. ¿Cómo puedes hacer esto? Fuimos amigos, trabajaste para mi familia desde que eras niño, crecimos juntos, fuimos como hermanos, quisiste independizarte y te di medio, Estados Unidos, ¿eso no es suficiente?, ¿Cuánto o qué quieres?
—Mi querido Ángelo, esto no se trata de dinero, tampoco es porque esté resentido con tu familia o contigo, de cómo siempre fui tratado como tu mascota, lo que pasa es que no me quiero conformar con solo un pedazo de Estados Unidos, lo quiero todo y lo que resta, además me asocié con otros grupos y la mayoría te quieren fuera a ti y a tu estirpe.
A lo lejos está una mujer en su carro, observó cuando el camión de basura golpeó al coche. Al bajarse a ayudar, le tocó lanzarse al piso al notar a un grupo de hombres armados y bien vestidos, que se bajaron de este camión,
—No puede ser, es la mafia, —pensó—, ¿cómo puedo ayudarles? Pero odio a los mafiosos, los van a acribillar, ¿qué hago? Virgen, ilumíname.
Sabía que si gritaba, les llamaría la atención. No pasaba la policía, ni otro carro, quizás porque era tarde de la noche y parecía que fuera a llover. Miró, por todas partes, desesperada, vio algo que le dio una idea. Una sucursal de un banco estaba a unos metros, busco alguna cosa para golpearla, una piedra o un palo para aventarle, y no lograba encontrar nada, diviso una piedra alargada, se arrastró a agarrarla y esa cosa se le desató en la mano, tal vez era excremento de perro. Siguió buscando y encontró a un lado de la calle una bujía, sin dudarlo la lanzo contra el banco, le dio a un vidrio fisurándolo y logrando su acometido, la alarma sonó, en pocos minutos llegaría la policía.
— ¡Llego la policía! —gritó nervioso uno de los asesinos, soltando a Miguel, quien aprovechó a sacar una pistola que ocultaba en el sobaco, disparándole a uno de sus captores.
— ¡Déjenlos quietos! —gritó la mujer desesperada, revelando su ubicación, y unos de esos matones le empezaron a disparar.
—¡Virgen santísima!, ¿qué hago? —ella pensó en voz alta. En un momento su vida pasó por sus ojos, y desde luego ya había estado en situaciones difíciles, no como esta, aunque difíciles. Se arrastró hasta el auto, luego en cuclillas y, por último, corriendo, tapándose las orejas con las manos, con las manos temblorosas, casi quietas debido al ruido de los cristales, quebrándose por los proyectiles, entró al carro y lo más agachada que pudo lo prendió arrancando. Las llantas chillaron como un perro pequeño, emprendió su huida, pero la calle estaba bloqueada por ese accidente. Como un haz de luz divisó un pequeño espacio entre el camión de la basura y el edificio, sabía que no era una experta midiendo distancia.
Mientras tanto, Ángelo se pudo liberar un brazo, buscó en su bolsillo, y solo encontró sus llaves, las empuñó, lanzándolas hacia uno de sus captores que lo agarraban, imaginando que le pincharía un ojo. Esa imagen cambió cuando escuchó el crujir de los dientes, recibió a cambio una cachetada que lo envió contra el piso, algo menor de lo que le tocó a Miguel. Que ahí mismo le dispararon varias veces, por un momento parecía que cocinaran palomitas de maíz, porque también trataron de callar a esa misteriosa entrometida.
XIMENA—Ángelo, asesinaré primero a tus hijos, luego a tu cuñada, luego a ti, aunque me tomaré mi tiempo con todo—, el anciano cogió un atizador algo oxidado y se dirigió a la jaula de los prisioneros.—Señor, nos informan que Alexandro tomó otra ruta; es posible que se torciera. Como que se robó el dinero—, un secuaz llega a informarle.—Eso no puede ser posible, y de serlo, le buscaremos a la mamá y le aplicaremos unas quinientas balas para que esa rata salga de su escondrijo—. Giuseppe escupió al suelo y por poco se le cayó la caja de dientes.—Aparte hay algo muy extraño, los vigías de la carretera reportan muchos autos en el sector, más de lo normal; es posible que se trate de un rescate; sería mejor, señor, si os eliminamos rápido y nos marchamos—, el ayudante agacho la cabeza mientras hablaba.—tonterías, eso no significa nada, además que este momento lo he esperado por años; lo voy a saborear, me deleitaré, será un momento especial para llevarme al cielo—, el anciano le pegó u
ÁNGELO—Te agradezco mucho este último favor.—Descuida y recuérdalo muy bien, no puedo tener amistades con un soplón, aunque tu abuelo también ayudó. El viejo vendió el castillo y lo poco que le quedaba.—Sí, José Luis, lo sé, me comento que se siente muy culpable por todo lo sucedido con Ximena, que sabe que tendrá que pagar eso cuando se muera.—Ángelo, ya basta de sermones, debemos concentrarnos en el operativo, no debieron de haber llamado a la policía, eso lo complica todo.—Yo no fui, fue cosa de ella y del detective Das; yo hubiera preferido algo de nosotros.—Puede que sea mejor; ese padre de Max, su verdadero nombre es Giuseppe Lalín, tiene más dinero que nosotros juntos y, por ende, más hombres y medios.—Confió en que lo lograremos, como siempre lo hacemos.—Por supuesto, Ángelo, lo logramos o nos morimos; de cualquier forma, para el hueco nos conducimos.—Puede que eso suceda, pero al menos me llevaré conmigo a Giuseppe; lo enviaré a que se reúna con Max.—Por lo menos es
XIMENALos carros de bomberos llegan al lugar, abriéndose paso entre los curiosos y oportunistas; la policía acordona el lugar y busca testigos de la tragedia.—Detective, un soldado herido. Dice que unos sujetos muy sospechosos iban a dejar un auto en la acera del frente, y que un compañero se fue a impedírselo y el conductor le disparó; por eso ellos le contestaron el fuego y eso causó esa terrible explosión—, un policía le informaba a su superior.—Yo sabía que iban a atentar contra Ximena. Y como siempre mi jefe no me hizo caso.—Detective, si se tomaron muchas precauciones y por eso habían redoblado la guardia—, el oficial se marchó a ayudar a los bomberos a retirar escombros.Rodeada de escoltas, salió Ximena, sucia y desorientada por el caos.—Señora Ximena, ¿está herida?—Detective Das, ¿qué sucedió? ¿Usted sabe algo de Ángelo? —Ximena saludó abrasando a su detective.—Al parecer se proponían volar este edificio por los cielos, para silenciarla. En cuanto a Ángelo, pues supuse
XIMENA—Necesito que me den salida, tengo que ir a verlo, estas palabras las he repetido muchas veces, cada día en estas semanas, y recibo las mismas respuestas, aunque hoy un doctor me contesta algo diferente.—Señora Ximena, usted sabe que es algo muy complejo, pues el señor se encuentra en otro hospital, ya que se encontraba más lastimado. Por otro lado, usted aún requiere de cuidados especiales; aunque le tengo una noticia, va a salir de aquí—, el doctor con cara de anciano bonachón frunce los labios para dar una pausa dramática o para esperar mi contestación, pero yo solo le hago una mueca de desconcierto, así que mejor prosigue: —Sí, como lo oye, vamos a salir.—¿Explíqueme mejor; noto algo extraño en la manera en que lo dice? —Mientras yo hablo, el viejo mueve la boca entre sonrisas fingidas y chupinazos.—Doña Ximena, es que el juez que lleva su caso exige que sea interrogada; a eso iremos y puede ser que su esposo también sea requerido; de pronto lo vea en ese sitio—, el médi
XIMENA—¿Dónde estoy?, ¿quién soy yo? —gritó estas preguntas varias veces. Hasta que de tope me llega la claridad de la conciencia, y los recuerdos me golpean de repente. Miro a mi alrededor; me demoro en asimilar que me encuentro en un hospital, en una sala de primeros auxilios; el olor a anestesia me sube la tensión. Los doctores me rodean con jeringas, tal vez con calmantes, aunque los inyectan en el suero y me parece que alcanzo a preguntar por Ángelo y mis hijos antes de quedarme dormida.No tengo manos, tampoco pies, menos rostro o algo; me parece que soy un cuadro en una pared contemplando el horizonte; de pronto también soy alguien que observo el cuadro. Detallo que es un lienzo de mi vida, que se pintó con lágrimas y sonrisas. Lo veo y me veo, ambas pantallas en el mismo tiempo, hasta que una energía azul nos sacude y mis ojos ven una gran luz. Giro la cabeza y observó personas vestidas de blanco y azul. Escucho: —La vamos a entubar.Es un procedimiento para la respiración as
XIMENA—tranquilos mis niños, ya falta poco para llegar a Bogotá. —Ximena consolaba a sus hijos y a ella misma.El largo viaje llegaba a su fin, llego al terminal del salitre, bajo normal, el helado aire de la ciudad la tranquilizo, inspiro el aroma del progreso y se dispuso a marchar al abordaje de los taxis. Todo parecía perfecto hasta que vio a un hombre que al verla llamo por teléfono a alguien.—me van a atrapar. —estas palabras se le alcanzaron a escapar y volteo alzando a sus hijos y camino rápido, aunque sin correr para no despertar sospechas, disimulo para girar la cabeza, para mirar y observo que el tipo la seguía acompañado de otros ambos vestidos de negro. Calculo que su mejor estrategia era devolverse para la flota con el pretexto de que se le había olvidado el equipaje, por esto pudo volver pasar a la zona de descargue. Pero en lugar de ir a buscar una maleta inexistente, marcho rápido hacia la salida de los buses, atravesó la avenida, camino unos metros y se encontró co







