FAZER LOGINLuna no sabía qué esperar cuando se bajó del coche frente a la nueva dirección. Pero definitivamente no esperaba esto.
El edificio parecía sacado de otra época. Una mansión londinense de tres pisos, con columnas de piedra caliza, balcones de hierro forjado y una gran puerta doble de madera negra con herrajes dorados. En el dintel, un símbolo tallado: una V entrelazada con hojas de laurel y un cuervo.
Un portero con guantes blancos le sostuvo la puerta sin decir una palabra.
Y apenas cruzó el umbral, Luna sintió que había entrado a otra dimensión. Las paredes estaban cubiertas con paneles de roble oscuro, lámparas de candelabro iluminaban los techos altos, y un aroma tenue a cuero antiguo y papel envejecido flotaba en el aire.
Era como estar en 1700… Como si el tiempo se hubiese doblado, y pensó que esta estructura la había cuidado durante siglos para mantenerla tan intacta, además de que el lujo que destacaba era lo más impresionante del lugar.
Cuando ella llegó a la recepción, una mujer joven, vestida con un uniforme sobrio y elegante, le ofreció una sonrisa.
—Bienvenida, señorita Miller. Le estábamos esperando, sígame, por favor.
¿La estaban esperando?
Luna tomó el aire y luego asintió sin decir una palabra o refutar la indicación. Tenía tanto por contarles a sus hermanos por llegar a casa, que se estaba aprendiendo cada paso de memoria para no perder los detalles.
Subieron por una escalera de mármol, y en cada paso, Luna sentía que su reflejo se multiplicaba en los espejos con marco dorado. Pasaron salones con cortinas pesadas, chimeneas encendidas, y relojes antiguos que aún funcionaban con precisión.
Cuando llegó a la segunda planta, notó que cada oficina parecía una habitación aislada, con grandes puertas y ventanales ornamentales, así que ella sonrió de pura satisfacción mientras los vellos de su cuerpo se erizaban.
No podía creerlo.
—Por aquí —La mujer abrió una “oficina” y cuando entró se encontró con un espacio íntimo, con una chimenea encendida, una ventana con vistas a los tejados de Londres, y una pequeña biblioteca personal con libros que parecían haber sido seleccionados especialmente para ella.
Parecía sacado de una novela antigua…
—Señorita Miller, el señor Denzel dejó especificaciones e instrucciones específicas. Sus compañeros pasarán durante el día para presentarse y usted conocerá a cada empleado de este edificio. Por favor, revise su bandeja. Ha sido creado una cuenta de correo especialmente para usted, y como nueva integrante de nuestro grupo especial de Unilever, le doy la bienvenida. Sepa también que estaré a su orden para cualquier inquietud. Tiene un teléfono, una computadora, y todo lo que sea necesario. El señor Denzel en las instrucciones, la guiará a través del correo por donde puede comenzar.
Luna pasó un trago. Estaba abrumada por tanto formalismo y asintió hacia ella, forjando una sonrisa en su rostro.
—Muchas gracias… Ammm…
—Clara Stewart.
—Un gusto, Clara.
—Igualmente.
La mujer se giró caminando con elegancia y Luna se miró a sí misma, sintiéndose fuera de contexto. Se metió un mechón de cabello en la oreja y se mordió el labio, girándose hacia todo el lugar y negando todo el tiempo.
—Esto es… increíble. No puedo creerlo, Luna. —Se tomó sus mejillas, completamente emocionada, y lo primero que hizo fue buscar en su correo los archivos de Denzel y las instrucciones que debía seguir en su nuevo trabajo.
A lo largo del día, distintos miembros del equipo se presentaron con amabilidad, deferencia y un extraño respeto que Luna no terminaba de entender. La trataban como si supieran algo que ella no. Como si alguien hubiera hablado por ella antes de que llegara.
Luna se sintió abrumada con tanta atención, pero amó su lugar de trabajo desde el primer segundo.
Y a las 5:15 p. m., su bandeja vibró y un mensaje apareció en pantalla:
“Reunión en el tercer piso. Cuando esté en el piso, notará que solo hay una gran puerta después de las escaleras y un pasillo. Preséntese en 15 minutos. — Denzel.”
Luna frunció el ceño, y luego se levantó de inmediato para buscar el tocador, lavarse las manos y verse al espejo.
Debía ser la primera reunión formal, ya que ella había llegado como nevo miembro, e imaginaba que iban a presentarla en su nuevo equipo de trabajo.
Ella salió del baño y miró alrededor, notando que nadie subía al tercer piso, sin embargo, buscó las hojas que había impreso con el material que Denzel le asignó y al cual hizo unas notas, y las metió en una carpeta para llevarla a la reunión.
Cuando subió la gran escalera de mármol, tan amplia como las demás, frunció el ceño al ver que nadie estaba por allí y se apresuró mirando su reloj de pulsera.
Era un pequeño corredor silencioso, alfombrado, con retratos al óleo colgando de las paredes. El pomo de la puerta era de bronce tallado, y cuando lo giró, la sala la envolvió.
No había una junta, de hecho, no había nadie. Luna abrió los ojos ante una habitación enorme, amplia, pero un poco oscura, y no por falta de luz, sino por elección. Las persianas estaban medianamente cerradas, aunque permitían apenas unas franjas del atardecer filtrarse entre las cortinas pesadas. Todo parecía medido, contenido. Como un escenario diseñado para que ella sintiera cada paso, y cada respiración.
Había una enorme biblioteca hasta el techo, y todo era tan fino y antiguo que su pecho se sintió aplastado. Todo esto, hasta que terminó de girarse, y lo encontró a él.
El mismo hombre al que había visto antes. Silencioso, distante. Esta vez, estaba solo y parecía que la esperaba.
Luna se quedó de pie, y justo entonces, dentro de él, todo volvió a tensarse.
Andrey sintió los hilos invisibles de su interior sacudirse con violencia. Como si su cuerpo entero recibiera una descarga eléctrica bajo la piel. Su respiración cambió y su oído se agudizó al sonido de sus latidos. Su visión se centró solo en ella y su corazón —habitualmente impasible— golpeó como si algo lo arrastrara contra concreto.
No era posible en su mundo, pero era real.
La había sentido antes en el primer encuentro, por eso la había seguido, por eso la había observado desde lejos, pero ahora, a solas con ella, la certeza lo atravesó como una lanza:
Luna no era como las demás.
Y no había más tiempo, necesitaba crear una fachada, una justificación y tal vez… un espacio.
—Hola, Luna…
Así, solo eso.
No “señorita Miller”, ni formalidades, solo su nombre, como si lo hubiera dicho mil veces antes. Como si lo hubiese susurrado dormido en alguna otra vida.
Andrey no se levantó, no sonrió, pero esa mirada estaba en ella, y con eso, Luna sintió que se le secaba la boca, cuando un latido tembloroso le estremeció el pecho.
Sus labios temblaron, no de frío… sino de algo más profundo, más primitivo, como si su cuerpo reaccionara por sí solo ante él.
—Yo… ¿Usted me conoce?
Andrey ladeó la cabeza, y luego negó de forma lenta.
—No… pero eso cambiará pronto, Luna.
El nacimiento no ocurrió en un hospital, pero Luna lo supo desde el principio.Después del orfanato, después del fuego blanco, después de ver a Andrey despertar con un pulso humano y sangre que tardaba en detenerse, nada en ella pudo volver a fingir normalidad.Pasaron semanas, nada tranquilas, pero si distintas.Los Nefilim que quedaban no atacaron de inmediato. Algunos desaparecieron y otros perdieron fuerza. Denzel explicó que la muerte del que había poseído a Alex había enviado una señal a través de planos invisibles y el nuevo vínculo ya no podía ser arrancado sin consecuencias.Andrey cambió, al principio, lo negó… Por supuesto que lo negó.Insistió en que seguía siendo igual, que su fuerza era suficiente, que su cuerpo solo necesitaba adaptarse. Luego se cortó la palma con un vaso roto y la herida tardó varios minutos en cerrar.Luna lloró más que él y Andrey solo miró la sangre con una expresión que ella no pudo descifrar.—Duele —murmuró.Luna le tomó la mano.—¿Mucho?Él neg
La luz no salió de Denzel, ni de Eirik, ni de Andrey.Salió de Luna.Un estallido blanco y dorado atravesó el sótano, partiendo el círculo oscuro bajo sus pies. Las paredes se agrietaron. Las sombras retrocedieron como animales quemados.Abril gritó y Alex la cubrió con su cuerpo. Denzel levantó una barrera apenas a tiempo para evitar que el techo cayera sobre ellos, mientras que Andrey llegó hasta Luna y la sostuvo contra su pecho.—¡Luna!Ella no podía responder, tenía los ojos abiertos, pero no veía el sótano… Veía otra cosa. Un espacio inmenso, sin cielo ni tierra y en medio, el bebé.No tenía forma definida. Era una silueta pequeña hecha de luz y oscuridad entrelazadas.No era monstruoso, ni era aterrador… Era hermoso y estaba solo.Así que Luna extendió una mano.—Mi amor…La figura giró hacia ella, no tenía rostro, pero Luna sintió que la miraba.Entonces vio a Andrey detrás del niño, hecho de ceniza dorada, deshaciéndose lentamente.No.Luna corrió hacia él, pero el espacio se
El orfanato olía igual.Eso fue lo que rompió a Luna por dentro.No las paredes descascaradas, ni los pasillos largos, ni las luces parpadeantes que parecían encenderse solo para burlarse de ella. Fue el olor, la humedad y el miedo infantil acumulado.Luna se quedó paralizada apenas entró y Andrey lo sintió.—Respira.Ella intentó hacerlo, pero el aire no pasaba.Alex estaba detrás, tan pálido como ella. Denzel cerró la puerta con un gesto y la luz exterior desapareció.El edificio cambió, las paredes parecieron alargarse y el pasillo frente a ellos ya no era el mismo.Denzel maldijo en una lengua que Luna no conocía.—Lo doblaron.—¿Qué significa? —preguntó Alex.—Que no estamos caminando por el edificio real. Estamos dentro de un recuerdo manipulado.Una risa infantil sonó a lo lejos y Luna apretó la mano de Andrey.—Abril.Corrió antes de que pudieran detenerla.—¡Luna! —rugió Andrey.Pero ella ya iba por el pasillo, siguiendo la risa, siguiendo la voz de su hermana cuando era niña
Londres ardía sin fuego.Desde el aire, la ciudad parecía la misma: luces extendidas, tráfico, puentes, edificios altos cortando la noche. Pero Luna lo sintió apenas el avión descendió.Algo estaba mal. No era destrucción visible… pero si algo peor.Una presión en la garganta, un peso en el aire como si miles de personas hubieran despertado de pronto con miedo sin saber por qué, y Andrey lo sintió también.—Están alimentándose —dijo y Denzel miró por la ventanilla.—Miedo colectivo.Alex, sentado al otro lado, bajó la cabeza.—Eso hacían conmigo. Me empujaban recuerdos… Cosas pequeñas. Rabia, celos…. Miedo. Y luego lo hacían crecer hasta que parecía mío.Luna le tomó la mano y él la apretó con cuidado.—No debí acercarme a ti cuando estaba así.—No eras tú.—Una parte sí.Luna no supo qué responder, pero Andrey sí.—Todos tenemos una parte oscura. Eso no significa que deba gobernarnos.Alex lo miró, sorprendido y Andrey no añadió nada.Cuando llegaron a la casa protegida donde Abril d
Alex despertó llorando.No fue un llanto fuerte, sino un sonido pequeño, quebrado, casi infantil, saliendo de un hombre que había sostenido demasiada culpa durante demasiado tiempo.Luna estaba junto a él en la cripta, sentada en el suelo de piedra, con la cabeza apoyada contra el pecho de Andrey mientras Denzel revisaba los límites del lugar y Eirik mantenía encendida la llama central.Alex respiraba con dificultad, pálido, tembloroso, envuelto en una manta. Las venas negras habían desaparecido, pero habían dejado marcas finas bajo su piel, como grietas después de un incendio.Abril no estaba allí, y eso era lo que más le dolía a Luna, no sabían dónde estaba.Cuando el ataque comenzó, Abril estaba en Londres bajo protección de Denzel. Pero si los Nefilim habían encontrado el monasterio, también podían encontrarla a ella.—Tenemos que volver —dijo Luna por tercera vez.Andrey no respondió de inmediato, pero Eirik sí.—Si sales ahora, la madre será tomada —Luna lo miró con rabia.—La ma
El ataque comenzó sin forma.No hubo pasos de ejército ni armas contra puertas. No hubo cuerpos escalando el acantilado ni sombras atravesando ventanas. La oscuridad simplemente se filtró entre las piedras del monasterio, como humo vivo, como una enfermedad entrando en los pulmones del mundo.Luna sintió el golpe en el vientre antes de escuchar el primer estruendo.Se dobló sobre sí misma con un grito y Andrey la sostuvo de inmediato.—¡Luna!—No… no soy yo… —jadeó ella—. Es él… lo están llamando.Denzel levantó una barrera en el pasillo. La luz salió de sus manos como un círculo brillante que chocó con la masa negra que avanzaba desde las paredes. Eirik se colocó junto a él, murmurando palabras en una lengua que sonaba anterior al tiempo.Andrey cargó a Luna en brazos.—¿A dónde?Eirik no se giró.—Al corazón del monasterio. La cripta.—¿Abajo?—Es el único lugar donde no podrán entrar.Denzel apretó los dientes mientras la barrera temblaba.—Vayan.Andrey no esperó y corrió.Luna se







