LOGINExtra 1. La señora Romero.—Señora Romero.Alessia continuó caminando.—Señora Romero.Elías le tocó el brazo.—Te hablan.Ella se detuvo.Giró.Una mujer de unos cincuenta años caminaba hacia ellos con una carpeta entre las manos.—Disculpe, señora Romero. Necesito su firma antes de que se marche.Alessia parpadeó.—Claro.La mujer abrió la carpeta.—Aquí y aquí.Alessia tomó el bolígrafo.Firmó. La mujer comprobó ambas páginas.—Perfecto. Muchas gracias, señora Romero.—De nada.La mujer se marchó.Alessia permaneció mirando la carpeta que se alejaba.Elías no dijo nada. Eso era sospechoso. Giró hacia él. Sonreía.—No.—No he dicho nada.—Pero vas a hacerlo.—Solamente estaba admirando el momento.—¿Qué momento?—El momento en que mi esposa respondió naturalmente cuando la llamaron señora Romero.Alessia levantó una ceja.—No respondí.—Porque todavía no te acostumbras.—Precisamente.Elías pasó un brazo alrededor de su cintura.—Podemos practicar.—Ni se te ocurra.—Señora Romero.
Dos años después.—¡No!Arturo agarró la caja antes de que Fernando pudiera abrirla.Fernando lo miró.—¿Qué haces?—Ese regalo es para Aitana.—Precisamente.—Lo abre ella.Fernando giró la cabeza hacia la niña que estaba sentada en el suelo, rodeada de papeles de colores, cajas y juguetes.—Tiene dos años.—Y sabe abrir regalos.—Lleva diez minutos intentando comerse un lazo.—Está aprendiendo.Fernando soltó una carcajada.—Estás completamente perdido.—Tú cállate.—Te advertimos que ibas a malcriarla.Arturo frunció el ceño.—No la malcrío.Marian apareció detrás de ellos.—Le compraste un caballo, uno a ella, uno a Ezra y otro a Mael.Fernando abrió los ojos.—¿Un caballo?—Un poni a cada uno —corrigió Arturo.—Ni siquiera tienen tres años.—Crecerán.—¡Arturo!Marian le dio un golpe en el brazo. Fernando empezó a reír.—Y decías que yo sería el problema.—Tú también lo eres.Camelia apareció cargando a Ezra, que intentaba soltarse para llegar hasta Aitana.—Bájame.—Espera.—Qui
Capítulo 249. Capítulo final.Meses después.—Estás nervioso.—No.—Luciano.—No estoy nervioso.Gabriel se acercó y le acomodó la corbata.—Está torcida.Luciano lo miró.—No la toques.—Soy tu padre. Tengo ciertos derechos.—Nos conocemos desde hace menos de un año.—Y ya estoy recuperando tiempo.Renata soltó una carcajada desde unos pasos más allá.Luciano la señaló.—No lo animes.Gabriel sonrió.La ceremonia era pequeña. Familia. Amigos. Nada exagerado.Exactamente como Luciano y Renata habían querido.—¿Preparado? —preguntó Gabriel.Luciano miró a Renata.Ella llevaba un vestido sencillo. Hermoso. Y estaba sonriendo.—Sí.Esta vez no dudó.Minutos después, frente a todos, Luciano tomó sus manos.—Prometimos que ninguno desaparecería.Renata sonrió.—Lo recuerdo.—Pues voy a ponértelo más difícil.—¿Cómo?—Legalmente.Todos rieron. Renata negó con la cabeza.—Romántico hasta el final.—Te advertí.—Y aun así estoy aquí.Luciano dejó de sonreír.—Eso es lo importante.Cuando lleg
Meses después.—Elías, si vuelves a preguntarme si estoy bien, voy a pedir que te saquen.—Solo quiero saber.—Estoy pariendo. ¿Cómo demonios crees que estoy?Elías cerró la boca.Durante exactamente diez segundos.—¿Quieres agua?Alessia lo fulminó con la mirada.—Quiero que salga.—Eso también quiero yo.—Tú no tienes derecho a querer nada ahora mismo.—Entendido.La contracción aumentó. Alessia apretó su mano. Elías hizo una mueca, pero no se quejó.Habían pasado horas. Demasiadas. Y cada vez que alguien entraba en aquella habitación, Elías preguntaba lo mismo. Sí, el bebé estaba bien. Sí, Alessia estaba bien. Cuánto faltaba. Qué necesitaban.—Otra vez —indicó la doctora.Alessia negó.—No puedo.Elías se inclinó.—Sí puedes.—Te odio.—No me importa.—Mentira.—Completamente.Alessia soltó una risa agotada. Después gritó. Elías sostuvo su mano.—Estoy aquí.Ella abrió los ojos.Aquellas palabras. Siempre. Él había estado allí incluso cuando no sabía quién podía ser. En todo momen
Capítulo 247. Nuestro hijo.—Señor Zaldiviar, necesito que suelte la puerta.Fernando miró su mano. Estaba agarrando el borde de la puerta del ascensor.—La estoy sosteniendo.—La está bloqueando.—Es diferente.—Fernando.La voz de Camelia consiguió que reaccionara. Soltó inmediatamente.Las puertas se cerraron. Camelia estaba apoyada contra la pared del ascensor, respirando lentamente. La contracción había terminado.Fernando miró el indicador.Segundo piso.—¿Por qué demonios esto va tan despacio?—Porque es un ascensor.—Deberían hacerlo más rápido.—Claro. Mañana presentas una queja.—Lo haré.Camelia soltó una risa.—Estás más nervioso que yo.—No estoy nervioso.—Casi arrancas la puerta.Fernando abrió la boca.Las puertas finalmente se abrieron.—Vamos.—No puedo correr.—No te estoy pidiendo que corras.—Tu cara sí.Fernando redujo el paso. Habían llegado al hospital hacía menos de veinte minutos. Para él parecían horas.Una enfermera los condujo hasta la habitación. El médic
Capítulo 246. Llegó la hora.—No cabe.Fernando empujó la maleta.—Sí cabe.—No.—Camelia.—Fernando, llevas cinco minutos intentando cerrar una cremallera. Evidentemente, no cabe.Él se sentó encima.—Ahora cabrá.Camelia lo observó desde la cama.Su vientre, enorme a esas alturas del embarazo, le impedía incluso inclinarse cómodamente hacia delante.—¿Qué demonios metiste ahí?—Lo necesario.—¿Para un parto o para emigrar?Fernando consiguió cerrar la cremallera.Sonrió satisfecho.—Listo.Camelia entrecerró los ojos.—Ábrela.—No.—Fernando.—Acabo de cerrarla.—Quiero saber qué pusiste.—Cosas.—Eso me tranquiliza muchísimo.Él abrazó la maleta.—No confías en mí.—Precisamente porque te conozco.Fernando terminó cediendo. Abrió. Camelia miró. Ropa. Documentos. Cargadores. Artículos para ella. Ropa para el bebé. Dos mantas. Después, otra.Camelia levantó una.—¿Tres?—Puede hacer frío.—Nacerá en un hospital, no en Siberia.—Una es más gruesa.Camelia siguió revisando.Sacó ocho c







