LOGINÚltimo extra. Significado de la felicidad.Un año despuésLa casa de Gabriel y Sofía ya no parecía demasiado grande.Eso fue lo primero que Luciano pensó al entrar.Había dos cochecitos cerca de la puerta. Dos mantas sobre uno de los sofás, biberones en la cocina.Un monitor sobre la mesa y dos moisés en la terraza que daba a los jardines.—Siete habitaciones —murmuró Luciano—. Lo sabía.Renata, que entraba detrás con Amira, le dio un pequeño empujón.—Son dos bebés, no siete.—Por ahora.—No empieces.Los mellizos habían nacido unas semanas antes. Un niño y una niña.Y aquella era la primera reunión familiar grande desde que Sofía había regresado a casa con ellos.Gabriel apareció con su hijo en brazos.Tenía el cabello desordenado y una expresión que Luciano jamás le había visto.—Tienes mala cara —comentó.Gabriel lo miró.—Buenos días para ti también.—¿No duermes?—Tengo mellizos.—Tú querías siete habitaciones.—No tenemos siete bebés.Sofía apareció detrás sosteniendo a la niña
Extra 53. Donde siempre debimos estar.Dos meses despuésLuciano descubrió ese día que Gabriel había cometido un error al comprar una casa con siete habitaciones.No era una opinión.Era una advertencia.—Siete —repitió, mirando las ventanas del segundo piso mientras terminaban de acomodar las sillas en los jardines—. Son siete habitaciones para dos personas.Gabriel se ajustó los gemelos de la camisa.—No compré la casa solo.—La pagaste tú.—Pero la elegimos Sofía y yo.—Eso no responde para qué necesitan siete habitaciones.Fernando, que estaba a pocos metros con Elías, soltó una carcajada.—Yo que tú no preguntaría.Luciano giró hacia él.—¿Por qué?—Porque algunas respuestas pueden quitarte el sueño.Luciano miró nuevamente la casa.Era grande, aunque Sofía había rechazado las primeras propiedades que Gabriel le mostró porque, según ella, no pensaba recorrer medio kilómetro para encontrar a su marido. Aquella había sido el punto medio. Amplia, luminosa, con una enorme terraza y j
Extra 52. Una familia muy complicada.Durante dos segundos hubo silencio.Después, Marian exclamó emocionada. Camelia se levantó inmediatamente para abrazar a Sofía. Renata sonrió y Alessia comenzó a hacer preguntas al mismo tiempo que Elías felicitaba a Gabriel.Luciano continuó sentado. Mirándolos.Gabriel esperó.—Puedes decir algo.Luciano respiró profundamente.—Acabo de conseguir una hermana.Sofía comenzó a sonreír porque sabía exactamente lo que venía.—No pienso llamarla madrastra.Las carcajadas explotaron alrededor de la mesa.—Técnicamente seguiría siendo tu hermana —respondió Sofía.—¡Eso lo empeora!Incluso Gabriel comenzó a reír. Luciano finalmente se levantó. Miró a Sofía.—¿Estás segura?No había burla esta vez.Sofía sostuvo su mirada.—Sí.Luciano asintió. Después miró a Gabriel.—¿Y tú? ¿Eres mi papá o mi cuñado?Gabriel abrió la boca, pero luego la cerró.Luciano señaló hacia él inmediatamente.—¿Ves? Ni siquiera tú sabes responder.—Sigo siendo tu padre.—Pero v
Extra 51. Nadie estaba escondiendo a nadie.Dos semanas después, Camelia descubrió que reunir a toda la familia en un mismo lugar era bastante más difícil que conseguir que Fernando admitiera que estaba exagerando.Y aquello ya era decir mucho.—Es una comida familiar —le recordó por tercera vez mientras bajaba los escalones de la terraza.Fernando contempló los inmensos jardines de la casa como si esperara la llegada de cien personas en lugar de unas cuantas familias. Habían preparado una mesa larga bajo la sombra de los árboles, otra con bebidas y postres, y varias zonas para sentarse repartidas entre la terraza y el césped.—Precisamente. Es la familia.—Parece una recepción.—Eso es porque todavía no han llegado todos. Cuando lleguen, parecerá una invasión.Camelia soltó una carcajada.—Tenemos jardines suficientes para perder a la mitad y no encontrarlos hasta mañana.—No digas eso delante de los niños.Demasiado tarde.Ezra pasó corriendo frente a ellos con Aitana detrás.La niñ
Extra 50. La novia de Gabriel.El hombre respiró profundamente.—Pedí el divorcio por la mentira. Por descubrir que la persona con la que compartí mi vida durante décadas me ocultó algo que habría cambiado muchas decisiones de nuestra familia. Porque perdí la confianza en ella.Gabriel bajó ligeramente la mirada.—Porque siendo padre no puedo entender cómo una persona puede echar de su vida a alguien indefenso que es parte de ti. Su mandíbula se tensó.—Ella no tuvo la suficiente confianza para decirme la verdad. Yo era su esposo. Era el padre de Sofía y Emma. Luciano era el hermano de mis hijas y ella decidió por todos.Gabriel asintió lentamente.—Me contó lo que le dijo cuando apareció a los diecinueve. Le dijo que tenía una familia y que no quería que regresara a complicarla. —El hombre soltó el aire y negó con la cabeza—. Mientras tanto, yo estaba viviendo dentro de esa supuesta familia sin saber que había un muchacho afuera al que mi esposa acababa de rechazar para protegerme d
Extra 49. No confundir las cosas.Dos días después, Gabriel estacionó frente a la casa de los padres de Sofía y permaneció dentro del coche aproximadamente treinta segundos preguntándose en qué momento su vida se había vuelto tan complicada.A los cincuenta y seis años esperaba haber dejado atrás las conversaciones incómodas con padres.Claramente, había sido demasiado optimista.No es que fuera a pedir permiso. Sofía era una mujer adulta y Gabriel jamás habría insultado su capacidad de decidir haciendo algo semejante. Pero tampoco quería que su padre se enterara por otra persona de que aquello que había comenzado como unas cuantas salidas acababa de convertirse en una relación formal.Y, considerando la historia que los conectaba, ocultárselo habría sido todavía peor.Tocó el timbre.El padre de Sofía abrió pocos segundos después y la sorpresa apareció inmediatamente en su rostro.—Gabriel.—Necesito hablar contigo.El hombre lo observó durante un momento.—Últimamente, esa frase nun







