INICIAR SESIÓNCielle obvió aquellas palabras, pues aunque no hacía mucho caso a ese hecho, él siempre supo que Idan sería su enemigo. Desde que lo vio por primera vez en días anteriores, desde que contempló el rencor con el que le hablaba y miraba. A pesar de eso nunca trató de hacerse ver a sí mismo como el inocente, Idan podía ser el criminal pero no era el único villano de aquella historia, él también tenía parte de culpa, no solo por corromper a un ángel y volverlo el mismísimo Diablo, sino por ocultar la verdadera razón de su pasada y desesperada decisión.
—Sigamos con el cuestionario —se limitó a decir el abogado. Idan asintió, caminó hasta una pequeña mesita de madera donde tenía varias botellas caras de whisky y procedió a servirse un trago. —Entonces háblame de la relación que había entre tú y el principal testigo —volvió a preguntar mientras se colocaba los lentes. —¿Quieres un trago? —extendió un vaso en su dirección pero el contrario negó. —Evigheden, por favor la respuesta. —Oh cierto —siguió sirviéndose el trago —. Solía ser uno de los empleados de la empresa. —¿No tenía nada que ver con los temas ilegales? —No —agarró el vaso en la mano y caminó para nuevamente tomar asiento —, pero un día vio más de lo que debería ver. —¿Y qué hiciste? —Lo soborné para que se quedara callado, pero el tipo creyó ser más listo que yo y tuvo una sorpresa no muy grata —se llevó el vaso a los labios. —¿Por qué no simplemente lo mataste desde el comienzo? —¿Disculpa? —elevó una ceja —. Das muy buenas sugerencias criminales para ser un abogado. —Si no logro pensar como ustedes cómo crees que llegaría a ganarme la reputación que tengo. —Lo recuerdo eres el pequeño genio, pero no es nuevo para ti ese apodo, desde que te conocí te llamaban de ese modo. —¿Y bien? —El tipo era totalmente inofensivo, pensé que con algo de dinero cerraría el pico. —No tan inofensivo como puedes ver. ¿Tenía pruebas en tu contra? —Sí, de alguna manera consiguió hacerse con documentos de los que falsificamos, videos y fotografías. —Bueno es obvio que no estás directamente relacionado con algunos de esos documentos o fotos. Al parecer sus pruebas no son muy contundentes pero aún así son lo suficientemente fuertes como para llevarte a juicio. —¿Cómo tienes seguridad de algo así? —Porque existen delitos que no tienen derecho a fianza, como el homicidio, el secuestro y el tráfico de drogas. Por ende si te hubiesen probado alguno estarías en prisión a esperas del juicio. —Entonces, ¿puedes ganar? —Por supuesto —cerró la agenda y se quitó los lentes —, pero eso depende. —¿De qué? —De muchos factores, pero sobre todo de qué tantos deseos tenga de verte en libertad, después de todo somos enemigos y personalmente prefiero a mis enemigos tras las rejas. —Pero tu ego no te dejaría perder un caso como este. Como de costumbre ignoró las palabras del criminal, para recoger sus cosas. —Por hoy no tenemos nada más que hablar, con las cosas que me has dicho terminaré de estudiar completamente el caso, y después te diré mi decisión. —¿Te marchas? —¿Qué esperabas, que me quedara para la cena? —Esperaba que tú fueras la cena. —Tus insinuaciones sexuales pasan de lo obvio a lo ridículo —se colocó el abrigo —. Lamento informarte que tendrás que masturbarte pensando en nuestros encuentros pasados, porque no habrán futuros. —¿Estás seguro de ello? Confieso que desde que te vi te traigo tantas ganas que si pudieras hasta te dejaría embarazado. —Vulgar —contrajo las facciones con desagrado. —Tan vulgar como tus gritos cuando lo hacíamos. —Me largo —sentenció para tomar la puerta principal dando largos y apresurados pasos. Idan ni siquiera se inmutó en ponerse de pie o acompañarlo hasta la salida. Él solamente permaneció viéndolo irse mientras reía maliciosamente. Cielle no dejaba de ser tímido en ciertos aspectos, a él siempre le avergonzaban las palabras sucias, aunque en el fondo le gustaba escucharlas. Era como una curiosa mezcla de chico tímido con un instinto sexualmente salvaje. Era ese un aspecto íntimo de él, algo que solo una persona conocía a la perfección. Mientras iba en el ascensor, Cielle lanzó numerosas maldiciones, resopló y hasta pateó la puerta del mismo. Tenía que de alguna manera dejar salir toda aquella ira, o estallaría. Idan sabía bien como sacarlo de quicio en instantes, le molestaba tanto que lo conociera tan bien. Durante años se había esforzado por cambiar, por ser otro tipo de persona, una más madura e independiente, pero no lo había logrado en su totalidad. Aunque trataba de verse más fuerte seguía siendo el mismo de antes, el mismo que se sonrojaba al recibir un beso, el que se avergonzaba de su propia desnudez, el que disfrutaba los minutos de soledad y silencio, el que leía en las noches y tomaba café negro, seguía siendo el mismo que amó a Idan. Todo eso le ocasionó temor porque él sabía que Idan sí había cambiado, que lidiaba con una persona completamente diferente al chico de sonrisa resplandeciente, y eso le hizo tener miedo de volver a amarlo, porque ya no estaría amando al de antes, estaría amando al Diablo. —Sé fuerte D' La Fontaine —le habló al él que vio reflejado en el espejo del ascensor, justo antes de que las puertas se abrieran. Caminó por el mismo lugar por el que había entrado, esta vez las miradas de todos los trabajadores estaban indiscretamente posadas sobre él. En la entrada su auto había sido recién traído y cuando el trabajador le devolvió la llave subió para pisar el acelerador a fondo. Un abogado violando al menos tres leyes de tránsito no era algo muy común de ver, pero en esa ocasión Cielle no estaba demasiado preocupado al respecto. Si recibía una multa de tránsito no le importaba, tampoco si tenía que dormir en un calabozo en la estación de policía, nada de eso le preocupaba en ese momento. Él solo condujo como si no hubiese un mañana, así se estuviera llevando las luces rojas y los pasos peatonales. Quizás era que en el fondo esperaba ser detenido, recibir un castigo por su cobardía, por ser débil. La suerte ese día parecía estar de su lado, o tal vez no, quién sabe, pero ni un solo policía se cruzó en su camino. Se vio en casa minutos después, mucho antes de lo que esperó llegar. Subió hasta el segundo piso donde vivía y entró a su departamento, lanzó su abrigo al suelo y su portafolios de mala gana sobre el sofá. Llegó hasta su habitación y entró al baño para tomar una ducha de agua fría. Después de que había logrado calmar grandemente el enojo, se encontraba en la habitación frente al espejo mientras se vestía. Contempló la casi imperceptible cicatriz entre sus costillas derechas, deslizó el dedo por su superficie. Era esa la marca que había quedado luego de un contratiempo en el que se vio envuelto junto a Idan, intentando protegerlo de un ataque recibió una puñalada al colocarse en frente; era uno de los malos recuerdos que guardaba de su tiempo juntos. —Y pensar que casi muero por él —arrugó los labios y torció el gesto —. Nuevamente estoy protegiéndolo y es un malagradecido. Terminó de vestirse y se dirigió a la cocina en busca de algo dulce que comer. Mientras buscaba en la nevera su helado de galleta y crema, sintió un sonido provenir de la entrada. Había sido un fuerte crujir en su puerta así que fue a verificar qué sucedía. Apenas se acercó, escuchó voces venir del otro lado y la puerta crujir ante un fuerte golpe. La manera en que estaba siendo violentada su entrada no le dejó mucho a la imaginación. Fuera quién fuera el o los responsables no pretendían entablar una conversación amistosa. Enseguida todas las alarmas se activaron en su interior. El miedo se apoderó de su cuerpo y se quedó paralizado por unos segundos, hasta que otro estruendo lo hizo reaccionar. Sin pensarlo más, corrió hasta la habitación de huéspedes y se encerró dentro del pequeño armario de la misma. Su respiración era un caos y todo su cuerpo temblaba. Podía escuchar aquellas voces dentro del departamento y el sonido de cada objeto ser destruido. Golpes, destrozos, gruñidos, todos aquellos ruidos llegaban para sumirlo más en un estado de pánico, estaba perdido y lo sabía. Tenía su teléfono en el bolsillo de su pantalón así que no tardó en tomarlo en manos para marcar por ayuda, aunque sabía que debía llamar a la policía por alguna razón sus dedos terminaron marcando el número de Idan. No tuvo tiempo para procesar las razones que lo llevaron a una decisión tan estúpida y patética, porque la voz conocida resonó del otro lado de la línea. —Idan —susurró aterrorizado —, han irrumpido en mi apartamento, estoy en problemas. —¿Qué? ¿Estás bien? —Estoy oculto, no me han encontrado. —Quédate justo donde estás, iré enseguida. —Por favor apresúrate, tengo miedo —confesó abrazándose a sí mismo. —Nada va a sucederte, lo prometo.New York, Estados Unidos 2 años después .... La primavera había llegado y bañado la gran ciudad con su dulce aroma. Corría una brisa cálida que traía consigo el aire de la naturaleza en Central Park. Cielle llevaba un libro entre sus manos, caminaba con lentitud por la acera dando cortos pasos, regresaba de una librería luego de encontrar aquel libro que llamó mucho su atención. Se trataba de El Proceso, de Franz Kafka. Se quedó ensimismado al ver dos niños pasar por su lado, eran pequeños, de aproximadamente seis o siete años de edad, tenían sus manos tomadas y caminaban junto a unos adultos. En los labios del abogado se dibujó una sonrisa amplia, los niños siempre le habían parecido la cosa más hermosa del mundo. Dos pasos más y se detuvo, su teléfono comenzó a sonar repetidas veces. Miró la pantalla comprobando que se trataba de Micah. —Hola —contestó continuando su andar. —¡D' La Fontaine eres el mejor! —chilló —. Me enteré de que ganaste el caso de la señora Rebecca,
Dos semanas habían trascurrido en total armonía, una casi irreal. Cielle no podía creer que Fenith no lo hubiese molestado ni intentado recuperarlo a la fuerza. Además gracias a la tranquilidad de la que disfrutaba, había logrado controlar los cambios de temperamento y descontrol emocional causados por la agresiva recuperación de sus recuerdos. Osiris se presentó ante ellos y pidió disculpas al abogado e Idan, por la decisión errónea que tomó al principio. Cielle no tardó en perdonarlo pues sabía que en el fondo era una buena persona y sobre todo porque vio verdadero arrepentimiento en su mirada. Micah por otra parte se mostró más renuente a concederle el perdón tan fácilmente, obligándolo a ganárselo a base de actos que demostraran su sentir. Durante ese tiempo muchas cosas cambiaron para Cielle, siendo así que incluso logró hacer las pases con Joan. Aunque al principio se negaba a siquiera dirigirle la palabra al modelo, Idan lo había convencido luego de explicarle el porqué del
¿Renunciar a él? Idan ni siquiera tuvo que pensar demasiado aquella petición, la respuesta era no, en todas las maneras posibles. Él jamás renunciaría a Cielle, ni siquiera cuando pasaron siete años sin verse, ni siquiera cuando albergó tanto resentimiento, ni aun así dejó de amarlo. —Nunca —se limitó a responder negando con la cabeza —. No me pidas algo como eso porque sabes que es imposible. —No puedes impedirlo. —Puedo y lo haré si es necesario. Es irónico, hubo un momento en que tuve dudas —confesó en un suspiro —. Hasta esta mañana creí que debía dejarte con ellos, darme por vencido pues era el camino que elegías, pero ahora que sé que no es verdad no dejaré que tomes esa decisión. —Esto no es solo por tí, amenazan la vida de mis padres —bajó la mirada mordiendo su labio frustrado. —Déjame ayudarte. —No hay nada que puedas hacer, tampoco aceptaría la ayuda de tu gente —dijo está última palabra con asco. Él jamás perdonaría a Leonardo y su séquito por lo que sucedió
Con el paso de los días, Idan perdió cada esperanza que albergaba de salvar a Cielle. Incluso había desistido de su idea de averiguar dónde se hallaba el escondite de Fenith, pues sentía que arriesgaría su vida en vano al trata de rescatar a alguien que sin duda no quería ser rescatado. Gracias a Micah se mantenía al tanto de todos los movimientos que estaba haciendo Fenith y con cada nueva noticia se sorprendía más, la organización se había tornado increíblemente agresiva, atacando sin piedad alguna todas las bases y a los líderes del crimen organizado que regían en New York. Sin lugar a dudas sabía que aquello era obra del abogado, su odio hacia la mafia era notorio y estaba tomando venganza incluso contra aquellos que no tuvieron una participación en la muerte de sus padres, quizás era su manera de hallar consuelo, de encontrar la paz. Porque después de días Idan al fin logró entender lo que le había sucedido realmente a Cielle; al recuperar el pasado el abogado había perdido la p
Idan estaba estupefacto, y para cuando Cielle llegó frente a él aún no había podido asimilar aquella situación sin que pareciera totalmente descabellada. —¿Por qué? —preguntó en un casi quejido, su voz abandonó sus labios tan rota que daba lástima. —El porqué es algo que no entenderías —respondió el abogado encogiéndose de hombros. —Tenías tantas opciones y los elegiste a ellos. Ellos que por años han sido tu perdición —dijo incrédulo Idan. —¿Qué opción debía elegir entonces? ¿A ti, el hijo del asesino de mis padres? Yo sé que tienes conocimiento de lo que hizo, aún así tu reacción no fue la que esperé, mientras sigas aliado a su mundo serás mi enemigo. —Han pasado muchas cosas que desconoces, Cielle. —¿Cielle? —arrugó la frente y negó con el dedo —. Cielle D' La Fontaine no existe, de hecho nunca fue real. Mi nombre es Maxim Stepanov, recordar fue bueno para mí. Los disparos se detuvieron, al parecer la invasión de Fenith al lugar había tenido éxito total, ellos ganaron.
Los días transcurrieron fugaces, después de innumerables terapias Cielle había recuperado la movilidad de las piernas y sus citas con el psiquiatra había dado frutos, la cuestión era... ¿Qué tipo de frutos? Durante aquel período de semanas no permitió que nadie más lo visitara, siendo así que Idan se veía en la obligación de mantenerse alejado, cosa que aceptó sin muchas quejas. Él quería darle tiempo suficiente a Cielle para sanar todo el dolor que debía estar experimentando en aquellos momentos, sin embargo, no podía negar que se preocupaba bastante luego de las primeras palabras que escuchó salir de los labios de Cielle después de que este despertara. Quizás estaba paranoico pero cuando vio aquella mirada y la manera en la que se expresó, sintió que lidiaba con una persona totalmente diferente y eso le causó un terrible temor. Dado a que Idan pagaba los gastos del hospital, le fue avisado con antelación el día en que sería dado de alta el abogado, así que no dudó en ir a buscarl