FAZER LOGINHenry no dijo otra palabra a Merlin. Simplemente se quedó allí unos segundos, los ojos fijos en él, como si intentara memorizar su rostro, intentara entender qué tipo de hombre podía quitárselo todo sin siquiera alzar la voz.No hubo estallido, ninguna amenaza, ningún argumento. Solo silencio lleno de algo más pesado que la ira.Luego, sin otra mirada, Henry se giró y empezó a caminar hacia la puerta.Sus pasos eran firmes, pero había un peso en ellos, como si cada movimiento le costara algo.Al alcanzar la puerta, se abrió lentamente desde el otro lado.Diana ya estaba volviendo a entrar.Por un breve momento, se quedaron cara a cara.Henry abrió ligeramente la boca, queriendo decir algo, cualquier cosa, para detenerla, alcanzarla, deshacer todo lo que había salido mal entre ellos.Pero antes de que pudiera hablar, ella levantó la mano.Un simple gesto de que se callara.Lo detuvo al instante.Ni siquiera lo miró.Ni una sola vez.Pasó a su lado como si no fuera más que un desconocid
“No eres bienvenido aquí”, estalló Diana en el momento en que se giró y vio a Henry de pie en la puerta, la voz afilada, llena de una fuerza que cargaba tanto ira como algo más profundo, algo que se había estado construyendo durante mucho tiempo.Los ojos le ardían al clavarse en los de él, toda la postura rígida de rechazo. “Lárgate”.La palabra salió suavemente, pero cargaba peso, del tipo que se oprime pesadamente en el silencio de la habitación del hospital.Por un breve segundo, él simplemente se quedó allí, captando la visión frente a él. Diana estaba de pie cerca de la cama de Merlin, el cuerpo inclinado de forma protectora hacia él, la mano todavía descansando cerca de la de él.La intimidad de aquel pequeño gesto golpeó a Henry más fuerte que cualquier cosa que ella acabara de decir.Pero en lugar de girarse, en lugar de irse como ella exigía, dio un paso adelante.Cada paso era lento, pesado, deliberado, las zapatillas de hospital haciendo sonidos débiles contra el suelo pul
Objeción en el caosHoras después, los párpados de Henry parpadearon lentamente, como si incluso aquella simple acción requiriera esfuerzo.El techo blanco brillante encima de él se difuminaba dentro y fuera de foco mientras sus ojos forcejeaban por adaptarse a la luz. Un dolor sordo y palpitante pulsaba en el lado de su cabeza, extendiéndose lentamente como olas.Parpadeó otra vez, esta vez más deliberadamente, y giró la mirada ligeramente hacia un lado, intentando reconocer dónde estaba.El leve olor a antiséptico llenó su nariz.La ordenada esterilidad de la habitación, las sábanas blancas metidas con fuerza a su alrededor, la línea intravenosa conectada a su brazo. Todo apuntaba a un solo lugar.Era un hospital.Tragó saliva con sequedad, la garganta áspera, los labios ligeramente agrietados. “¿Así que esto es lo que se siente despertar en una habitación de hospital completamente solo?”, murmuró débilmente, la voz ronca, apenas audible incluso para él mismo.Los ojos se movieron l
“Señor Johnson”, llamó Diana, la voz temblando mientras forcejeaba por elevarse por encima del crepitar del fuego que ahora rugía como una bestia viva entre ellos y Joseph.Las llamas lamían salvajemente las paredes rotas, alimentándose con hambre de madera y escombros, enviando espeso humo que se enrollaba en el aire.Merlin la sujetaba con fuerza por el brazo, tirando de ella ligeramente hacia atrás mientras las chispas volaban peligrosamente cerca. Su agarre era firme, protector, los ojos explorando cualquier posible escape.A un lado, la mandíbula de Henry se tensó, los puños cerrándose mientras la rabia ardía a través de él con la misma fiereza que el fuego frente a ellos.“Viejo loco, ¿me traicionaste?”, escupió, la voz baja pero llena de veneno, los ojos clavados en la figura sombría de Joseph más allá de las llamas.El calor se intensificó, presionando contra su piel, haciendo difícil respirar.El fuego se había extendido más rápido de lo que cualquiera de ellos anticipó, trag
El pecho de Merlin subía y bajaba con fuerza mientras forcejeaba contra las cuerdas que le ataban las manos detrás de la silla.Las venas del cuello se marcaban por el esfuerzo, el sudor le corría por el rostro a pesar del aire frío del edificio abandonado.Los dedos trabajaban desesperadamente, retorciéndose, tirando, forzando contra el nudo apretado que se había clavado con dolor en su piel durante demasiado tiempo.Luego de pronto, hubo un ligero desplazamiento.La cuerda se aflojó.Los ojos se le abrieron de par en par.La esperanza destelló a través de ellos como un rayo.Con un último tirón, liberó las manos.“Diana”, llamó Merlin de inmediato, la voz ronca por el esfuerzo, respirando con fuerza mientras se impulsaba de la silla.Diana seguía congelada donde estaba de pie, el detonador agarrado con fuerza en las manos temblorosas.Los ojos permanecían fijos hacia adelante, desenfocados, todo el cuerpo bloqueado en el aterrador peso de la decisión que creía que tenía que tomar.“
La respiración de Diana salía rápida e irregular al dar un paso adelante, los ojos fijos en Merlin atado sin fuerzas a la silla en medio del edificio abandonado.La luz tenue parpadeaba encima de ellos, proyectando sombras inestables que hacían que la escena se viera aún más aterradora de lo que ya era.El corazón le latía con violencia contra el pecho.Había una bomba sujeta con fuerza alrededor del torso de Merlin.Los cables la recorrían en bucles enredados, luces parpadeantes destellando en rojo a intervalos que se sentían como una cuenta atrás hacia algo irreversible.Incluso sin oírla con claridad, podía percibir el tictac, firme, frío, sin misericordia.“Merlin…”, llamó otra vez, la voz más suave ahora, quebrándose bajo el peso del miedo y la desesperación.Empezó a moverse hacia él.Cada paso se sentía más pesado que el anterior, como si el propio suelo intentara retenerla.El cuerpo le temblaba, pero no se detuvo. Su mente ya había tomado una decisión: no lo iba a dejar allí.







