LOGINJordan estacionó su coche frente a un lujoso hotel en el centro de Londres.
Apagó el motor, pero no salió de inmediato. Permaneció unos segundos con las manos aferradas al volante, observando la entrada del edificio.
No tenía ninguna intención de estar allí.
Si había aceptado aquella reunión, era únicamente porque Camille le había hablado de un importante contrato internacional que podría beneficiar al Wilson Group. Los negocios siempre eran su prioridad. Esa era la única razón por la que había ido.
Finalmente, soltó un leve suspiro y salió del coche.
Apenas cruzó las puertas del hotel, una voz conocida lo llamó desde atrás.
—Jordan...
Él se dio la vuelta.
Camille Laurent caminaba hacia él con paso seguro. Su largo vestido rojo atraía todas las miradas, y su sonrisa seguía siendo tan radiante como años atrás.
—Gracias por venir —dijo con dulzura.
Jordan permaneció impasible.
—Me dijiste que era urgente.
—Lo es. Ven, estaremos más tranquilos adentro.
Ella lo condujo hasta un salón privado, donde el silencio contrastaba con el bullicio del vestíbulo.
Durante los primeros minutos hablaron del supuesto contrato. Camille mencionó algunos documentos, hizo un par de preguntas y, poco a poco, la conversación tomó un rumbo mucho más personal.
Lentamente, extendió la mano y la colocó sobre la de Jordan.
—Te he extrañado...
El contacto apenas duró un segundo.
Jordan retiró la mano de inmediato.
—No hemos venido aquí para hablar del pasado.
Por un instante, la sonrisa de Camille vaciló. Sin embargo, recuperó rápidamente la compostura.
—Entonces dime... ¿Nunca volviste a pensar en nosotros?
Jordan sostuvo su mirada.
—No.
La respuesta salió sin la menor vacilación.
Pero Camille conocía a ese hombre desde hacía muchos años.
Sabía reconocer cuándo mentía.
Cada vez que intentaba ocultar lo que sentía, su mirada se volvía más fría, casi imposible de descifrar.
Inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Y con ella... eres feliz?
Jordan guardó silencio.
No dijo una sola palabra.
No hizo el menor gesto.
Pero aquel silencio decía mucho más que cualquier respuesta.
Camille esbozó una leve sonrisa.
—Ya lo entiendo...
Cruzó los brazos.
—No la amas.
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Al mismo tiempo, en la villa Wilson, Angelina seguía dando vueltas en la cama.
El sueño se negaba a llegar.
Cada vez que cerraba los ojos, el mensaje de Camille volvía a aparecer en su mente.
Quería confiar en su esposo.
Lo deseaba con todas sus fuerzas.
Pero su corazón ya no encontraba tranquilidad.
Después de unos minutos, se incorporó lentamente.
Abrió el cajón de su mesita de noche y sacó un álbum de fotos que había guardado con mucho cuidado.
Sus dedos acariciaron la cubierta antes de abrirlo.
La primera fotografía la hizo sonreír a pesar del dolor.
Era el día de su boda secreta.
Jordan sonreía.
En aquella época la miraba con una ternura que parecía completamente sincera. En sus ojos ella veía amor, orgullo... y la promesa de un futuro juntos.
Hoy, esa mirada había desaparecido.
Una lágrima resbaló por su mejilla y cayó sobre la fotografía.
Con la yema de los dedos acarició el rostro de su esposo.
—¿Dónde está el hombre con el que me casé...? —susurró con la voz temblorosa.
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Al mismo tiempo, en el salón privado del hotel, Camille aprovechó un momento de distracción de Jordan.
Sacó discretamente su teléfono.
Desde un ángulo cuidadosamente elegido, tomó varias fotografías que hacían parecer que estaban disfrutando de una cena romántica.
Observó cada imagen con atención.
El resultado era perfecto.
Una sonrisa de satisfacción apareció lentamente en sus labios.
—Exactamente lo que necesitaba...
Sus ojos brillaron de satisfacción.
Sin que Jordan lo sospechara, la primera trampa contra su esposa acababa de ser tendida.
El pasillo del hospital estaba extrañamente tranquilo.Después de toda la agitación de las últimas horas, aquel silencio parecía casi irreal.Angelina estaba sentada en un sillón, con los dedos fuertemente entrelazados. No podía apartar la mirada de la puerta del laboratorio.La enfermera acababa de extraerle sangre.Jordan también había dado una muestra.Cerca de la ventana, Rodriguez permanecía de pie, con los brazos cruzados. Miraba hacia afuera sin prestar realmente atención a lo que ocurría en el exterior.Daniel, en cambio, no podía quedarse quieto. Caminaba unos pasos por el pasillo, regresaba sobre sus pasos y volvía a empezar.Nadie hablaba.Finalmente, Angelina rompió el silencio.—¿Cuánto tiempo tardarán?Lucas, sentado un poco más lejos, levantó la cabeza.—Unos minutos.Ella asintió suavemente.Unos minutos...Para los demás, quizá.Para ella, cada segundo parecía interminable.Éden estaba detrás de aquella puerta.Su hermano.Apenas acababa de encontrarlo.Había pasado a
— ¡Eden!Angelina ni siquiera sintió cómo sus rodillas golpearon el suelo. Cayó junto a su hermano y enseguida tomó su mano.Le temblaban tanto los dedos que apenas podía sostenerla.La sangre se escapaba entre los dedos de Eden.— Mírame.Él abrió los ojos con dificultad.Su rostro ya estaba mucho más pálido.— Te estoy mirando...— No cierres los ojos, ¿de acuerdo?Eden intentó sonreír.— Das muchas órdenes para alguien que conozco desde hace apenas unas horas.A Angelina se le escapó una pequeña risa nerviosa.Pero desapareció casi de inmediato.Sus ojos se llenaron de lágrimas.— No bromees.Pasó una mano temblorosa por el rostro de su hermano.— Te lo suplico. Quédate conmigo.Jordan se arrodilló junto a ellos.Sin perder un segundo, se quitó la chaqueta.— Daniel, llama a una ambulancia.— Ya lo hice.Jordan colocó la tela sobre la herida.— Presiona aquí.Eden se tensó de inmediato.Un gemido escapó de sus labios.— Podrías hacerlo un poco más despacio...Jordan le lanzó una mi
El silencio que siguió fue pesado y helado.Samuel Kipper avanzaba tranquilamente entre los hombres de Black Crown, como si estuviera caminando por su propia oficina.Angelina lo miraba sin poder creerlo.Samuel.El hombre que había pasado tantos años al lado de Jordan.El hombre que ella siempre había visto tranquilo, sereno, casi imposible de hacer perder el control.El hombre en quien Jordan había depositado toda su confianza.Y durante todo ese tiempo...Los había estado traicionando.—Eres tú... —murmuró Jordan.Samuel levantó la mirada hacia él. Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios.—Empezaba a preguntarme cuánto tiempo tardarías en descubrirlo.Jordan dio un paso hacia él.Su rostro apenas mostraba emoción, pero tenía los puños apretados.—¿Desde cuándo?—Desde el principio.Jordan frunció el ceño.—¿Desde el principio de qué?Samuel inclinó ligeramente la cabeza.—Desde el comienzo de tu reinado en Wilson Group.La mirada de Jordan se endureció.—Trabajaba
Camille avanzó lentamente entre los hombres de Black Crown.El sonido regular de sus tacones resonaba sobre el suelo polvoriento del almacén.Angelina la miraba fijamente, incapaz de creer lo que estaba viendo.—Tú...Camille se detuvo a pocos metros de ella.—Buenas noches, Angelina.Jordan se colocó de inmediato delante de su esposa.Un acto reflejo.—¿Qué haces aquí?Camille sonrió.—¿De verdad me haces esa pregunta, Jordan?Su mirada pasó de Angelina a Edén.—He venido a recuperar lo que me pertenece.Edén dejó escapar una pequeña risa fría.—Tu nombre no aparece en ninguna parte de mi herencia.La sonrisa de Camille se tensó ligeramente.—No sabes nada de mí.—Entonces, ilumínanos.Camille dio un paso hacia delante.—Mi padre trabajó durante años para Black Crown.Angelina frunció el ceño.—¿Robert Laurent?Camille asintió.—Dedicó su vida a proteger los intereses de esa organización.Jordan la observó con atención.—¿Y tú lo sabías todo?—Al principio, no.Camille miró a Jordan.
El silencio que siguió fue casi insoportable.Angelina permaneció allí, inmóvil, con los ojos fijos en Edén.Ya no conseguía respirar con normalidad.Las últimas palabras que acababa de pronunciar no dejaban de repetirse en su cabeza.Mi hermana pequeña.No.No, aquello no era posible.Negó lentamente con la cabeza.—Mientes.Edén no apartó la mirada.—Ojalá.—No es posible.Su voz tembló.—Rodríguez es mi abuelo. Gabriel es mi padre. Angela es mi madre...—Ellos te criaron —respondió Edén—. Pero eso no los convierte en tus padres biológicos.Angelina retrocedió bruscamente.Jordan la sujetó del brazo para impedir que cayera.—Angelina...Ella se soltó de inmediato.—No. No me toques.Necesitaba pensar.Respirar.Entender.Pero, en aquel enorme almacén, tenía la sensación de que el aire se había vuelto demasiado pesado.Su mirada se dirigió hacia Rodríguez.—Abuelo...El anciano bajó la mirada.Angelina sintió que el corazón se le encogía.—¿Es verdad?Rodríguez permaneció en silencio
Jordan permaneció unos segundos más mirando la pantalla de su teléfono.El mensaje no había cambiado.La dirección seguía allí.Un antiguo almacén, al este de Londres.23:30. Ven solo.Frente a él, Angelina cruzó los brazos.Su expresión era seria.—Voy contigo.Jordan levantó la mirada.—No.—Jordan...—Ha sido muy claro. Quiere que vaya solo.—¿Y de verdad crees que voy a quedarme aquí mirando cómo te marchas?Él soltó lentamente el aire, agotado ya por aquella discusión.—Angelina, es peligroso.Ella dejó escapar una risa breve y amarga.—¿Desde cuándo te preocupa saber si algo es peligroso para mí?Jordan guardó silencio.La pregunta acababa de golpearlo de lleno.Su mirada cayó hacia el suelo.—Sé que no siempre he estado ahí para ti.—¿No siempre?Angelina soltó una pequeña risa sin alegría.Después lo miró directamente a los ojos.—Casi nunca estuviste ahí, Jordan.Nadie volvió a decir una palabra.En el salón, Daniel, Lucas y Rodríguez habían dejado de hablar. Hasta el aire pa







