MasukCamille guardó discretamente su teléfono en el bolso.
Una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios.
Todo estaba saliendo exactamente como lo había planeado.
Levantó la vista hacia Jordan, que ya consultaba su reloj con evidente impaciencia.
—Me hablaste de un contrato importante —dijo él con voz tranquila, pero fría—. No tengo mucho tiempo.
En un instante, Camille volvió a ponerse la máscara de la mujer de negocios.
Sacó una carpeta y la deslizó hacia él.
—El Grupo Sterling está buscando un socio para su nuevo proyecto inmobiliario. Pensé que el Wilson Group podría estar interesado.
Jordan hojeó rápidamente las primeras páginas.
Su mirada se detuvo unos segundos sobre algunas cifras antes de cerrar la carpeta.
—Gracias. Mi equipo lo revisará.
Se puso de pie de inmediato.
—Si hemos terminado, me voy.
La sonrisa de Camille desapareció.
—¿Ni siquiera aceptas tomar una copa conmigo?
—No.
La respuesta llegó sin la menor vacilación.
Camille bajó la mirada por un instante y dejó escapar una sonrisa amarga.
—Has cambiado mucho...
Jordan la observó durante unos segundos.
Su rostro no reflejaba ninguna emoción.
—La gente cambia.
Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y salió del salón privado.
La puerta se cerró tras él.
La sonrisa de Camille desapareció por completo.
Sus dedos se aferraron con fuerza a su bolso.
—Puedes seguir rechazándome todo lo que quieras, Jordan... —murmuró entre dientes—. Al final, volverás a mí.
Sacó enseguida su teléfono y marcó un número.
La llamada fue respondida casi al instante.
—¿Está todo listo? —preguntó.
Una voz masculina respondió al otro lado de la línea.
—Sí, señorita Laurent. Las fotos se publicarán en el momento previsto.
La sonrisa de Camille regresó de inmediato.
Fría.
Calculadora.
—Perfecto.
Observó durante unos segundos las fotografías guardadas en su teléfono.
—Esta vez, Angelina no sobrevivirá a este escándalo.
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Era casi medianoche cuando Jordan regresó por fin a la villa.
Toda la casa estaba sumida en un profundo silencio.
Al pasar frente a la cocina, abrió el refrigerador casi por costumbre para sacar una botella de agua.
Su mirada se detuvo de inmediato en el pastel cuidadosamente guardado.
Las tres velas seguían junto a él.
Permaneció inmóvil durante unos segundos.
Las palabras de Angelina volvieron a resonar en su mente.
Hoy... es nuestro tercer aniversario de bodas.
Una extraña sensación le oprimió el pecho.
Cerró lentamente la puerta del refrigerador y subió al segundo piso.
Cuando entró en su habitación, la única luz que permanecía encendida era la de la lámpara de noche.
Angelina estaba profundamente dormida.
Un álbum de fotos seguía descansando entre sus brazos, abrazado como si fuera un tesoro.
Algunos mechones de cabello cubrían parte de su rostro.
Jordan permaneció en silencio.
¿Cuánto tiempo hacía que no se detenía a mirarla de verdad?
Parecía tan tranquila...
Tan frágil.
Y, sin embargo, una fina marca de lágrimas secas seguía visible sobre su mejilla.
Sintió un inexplicable nudo en el pecho.
Se acercó despacio para no despertarla.
Con mucho cuidado, retiró el álbum de sus brazos.
En ese mismo instante, una fotografía cayó al suelo.
Jordan se agachó para recogerla.
Era una fotografía de su boda secreta.
Los dos sonreían.
En el reverso de la imagen, unas palabras escritas por la propia Angelina llamaron su atención.
"Sin importar las pruebas que enfrentemos, te amaré hasta mi último aliento."
Leyó aquella frase una vez.
Luego una segunda.
Y una tercera.
Un peso inexplicable se instaló en su corazón.
Sin decir una palabra, colocó con cuidado la fotografía de nuevo dentro del álbum.
Después acomodó suavemente la manta sobre los hombros de Angelina y apagó la lámpara de noche.
Permaneció unos instantes observándola dormir.
Todavía no sabía que aquella mujer, que seguía amándolo en silencio a pesar de todas las heridas que él le había causado, estaba a punto de desaparecer de su vida.
Y cuando por fin comprendiera lo mucho que ella significaba para él...
Tal vez ya sería demasiado tarde.
Camille avanzó lentamente entre los hombres de Black Crown.El sonido regular de sus tacones resonaba sobre el suelo polvoriento del almacén.Angelina la miraba fijamente, incapaz de creer lo que estaba viendo.—Tú...Camille se detuvo a pocos metros de ella.—Buenas noches, Angelina.Jordan se colocó de inmediato delante de su esposa.Un acto reflejo.—¿Qué haces aquí?Camille sonrió.—¿De verdad me haces esa pregunta, Jordan?Su mirada pasó de Angelina a Edén.—He venido a recuperar lo que me pertenece.Edén dejó escapar una pequeña risa fría.—Tu nombre no aparece en ninguna parte de mi herencia.La sonrisa de Camille se tensó ligeramente.—No sabes nada de mí.—Entonces, ilumínanos.Camille dio un paso hacia delante.—Mi padre trabajó durante años para Black Crown.Angelina frunció el ceño.—¿Robert Laurent?Camille asintió.—Dedicó su vida a proteger los intereses de esa organización.Jordan la observó con atención.—¿Y tú lo sabías todo?—Al principio, no.Camille miró a Jordan.
El silencio que siguió fue casi insoportable.Angelina permaneció allí, inmóvil, con los ojos fijos en Edén.Ya no conseguía respirar con normalidad.Las últimas palabras que acababa de pronunciar no dejaban de repetirse en su cabeza.Mi hermana pequeña.No.No, aquello no era posible.Negó lentamente con la cabeza.—Mientes.Edén no apartó la mirada.—Ojalá.—No es posible.Su voz tembló.—Rodríguez es mi abuelo. Gabriel es mi padre. Angela es mi madre...—Ellos te criaron —respondió Edén—. Pero eso no los convierte en tus padres biológicos.Angelina retrocedió bruscamente.Jordan la sujetó del brazo para impedir que cayera.—Angelina...Ella se soltó de inmediato.—No. No me toques.Necesitaba pensar.Respirar.Entender.Pero, en aquel enorme almacén, tenía la sensación de que el aire se había vuelto demasiado pesado.Su mirada se dirigió hacia Rodríguez.—Abuelo...El anciano bajó la mirada.Angelina sintió que el corazón se le encogía.—¿Es verdad?Rodríguez permaneció en silencio
Jordan permaneció unos segundos más mirando la pantalla de su teléfono.El mensaje no había cambiado.La dirección seguía allí.Un antiguo almacén, al este de Londres.23:30. Ven solo.Frente a él, Angelina cruzó los brazos.Su expresión era seria.—Voy contigo.Jordan levantó la mirada.—No.—Jordan...—Ha sido muy claro. Quiere que vaya solo.—¿Y de verdad crees que voy a quedarme aquí mirando cómo te marchas?Él soltó lentamente el aire, agotado ya por aquella discusión.—Angelina, es peligroso.Ella dejó escapar una risa breve y amarga.—¿Desde cuándo te preocupa saber si algo es peligroso para mí?Jordan guardó silencio.La pregunta acababa de golpearlo de lleno.Su mirada cayó hacia el suelo.—Sé que no siempre he estado ahí para ti.—¿No siempre?Angelina soltó una pequeña risa sin alegría.Después lo miró directamente a los ojos.—Casi nunca estuviste ahí, Jordan.Nadie volvió a decir una palabra.En el salón, Daniel, Lucas y Rodríguez habían dejado de hablar. Hasta el aire pa
La vidéo se detuvo.Durante unos segundos, nadie se movió.Angelina permaneció con los ojos fijos en la pantalla negra. Sentía que las cuatro palabras que acababa de escuchar seguían resonando en la habitación.Soy Éden Wilson.Éden estaba vivo.Después de todo ese tiempo…— Está vivo… —susurró.Su voz temblaba.Jordan apretó suavemente sus dedos entre los suyos.— Sí.A unos pasos de ellos, Rodriguez tenía el rostro tenso. Parecía incapaz de apartar la mirada de la pantalla.— No puede ser…La doctora Margaret se volvió hacia él.— Usted sabía que había sobrevivido.Rodriguez negó lentamente con la cabeza.— Pensé que había muerto.— No, Rodriguez.La voz de la doctora era fría.— Usted solo sabía que alguien se lo había llevado.Él levantó la mirada hacia ella, pero no encontró nada que responder.De repente, un ruido metálico resonó en el pasillo.Todos se giraron.La puerta de los archivos se abrió violentamente.Dos hombres aparecieron en el umbral.— ¡Que nadie se mueva!Uno de
El coche atravesaba Londres a toda velocidad.En el asiento trasero, Angelina estaba sentada junto a Jordan. Ninguno de los dos decía una palabra.El teléfono de Rodriguez seguía sobre el espacio entre los asientos delanteros, con el mismo mensaje en la pantalla:«Vengan a St. Mary's antes de medianoche. Vengan con Angelina.»Angelina observaba las calles pasar detrás de la ventanilla. Las luces de la ciudad se reflejaban en el cristal, pero apenas las veía.Tenía demasiadas preguntas dando vueltas en su cabeza.Finalmente, no pudo contenerse más.—¿Por qué yo?Jordan volvió la mirada hacia ella.—Porque estás relacionada con este secreto.Angelina frunció el ceño.—¿Pero cómo?Esperó una respuesta.Rodriguez, sentado delante, permanecía en silencio.Angelina se inclinó ligeramente entre los asientos.—Abuelo... quiero saber la verdad.
Los faros de los coches iluminaron de repente las ventanas de la mansión.Angelina sintió que Jordan se colocaba delante de ella.— Quédate detrás de mí.Ella apretó los puños.— No voy a dejar que te enfrentes a esto solo.Jordan giró ligeramente la cabeza hacia ella.Su mirada era seria.— Por una vez, confía en mí.Angelina permaneció en silencio.Quería responderle que sí.Quería poder confiar en él sin pensarlo, como antes. Pero después de todas las revelaciones de aquella noche, aquella simple palabra se había vuelto mucho más complicada.Unos pasos resonaron en el vestíbulo.Lentos. Seguros.Entonces, la gran puerta de entrada se abrió.Un hombre vestido con un largo abrigo negro entró en la mansión. Dos hombres lo siguieron de cerca.Observó la habitación con una calma casi inquietante.— Buenas noches.Jordan avan







