INICIAR SESIÓNDesde que había leído el mensaje de Mariana, Angelina no había conseguido pronunciar una sola palabra.Sentada en la parte trasera del coche, mantenía los ojos fijos en su teléfono. Por más que volviera a leer la frase, las palabras seguían siendo las mismas.La mujer que te dio a luz no es quien tú crees.Siempre había sabido que su familia le ocultaba cosas. Durante sus investigaciones, había encontrado documentos falsificados, fotografías inquietantes y testimonios contradictorios. Incluso había descubierto que Adrian Wilson podía ser su padre biológico. Un hombre cuyo pasado parecía estar estrechamente relacionado con todas las desgracias que habían golpeado a los Carter.Pero jamás se le había ocurrido que Elizabeth pudiera no ser su verdadera madre.Aquella posibilidad le dolía más de lo que quería admitir.Elizabeth la había criado. La había protegido, cuidado cuando estaba enferma y querido a su manera. Incluso después de descubrir sus mentiras, Angelina había seguido esperand
— ¿Mamá?La palabra escapó de sus labios antes de que pudiera contenerse.Al otro lado de la línea, nadie respondió de inmediato.Jordan apretó aún más el teléfono contra su oído. Su corazón latía tan fuerte que tenía la impresión de que Angelina podía escucharlo. Tenía miedo de hablar, miedo de hacer otra pregunta y descubrir que se había equivocado.—¿De verdad eres tú?Un suspiro tembloroso llegó hasta sus oídos.—Jordan…Él cerró los ojos.Aquella voz…Durante años había intentado recuperarla de sus recuerdos. Se había esforzado por recordar su risa, la dulzura con la que pronunciaba su nombre y aquella pequeña entonación que utilizaba cuando le daba las buenas noches.Pero los recuerdos se habían ido desvaneciendo poco a poco.Solo le quedaban algunas imágenes: una mano acariciándole el cabello, un perfume de flores blancas y una canción que nunca había conseguido encontrar de nuevo.Sin embargo, no había necesitado pensar para reconocer aquella voz.La habría reconocido entre mi
Angelina contemplaba la fotografía que aparecía en la pantalla de su teléfono.Mariana estaba atada a una silla, con las muñecas sujetas por unas gruesas cuerdas. Tenía el cabello cayéndole sobre el rostro y una pequeña herida visible en la sien. Detrás de ella, una pared de ladrillos húmedos y una ventana tapiada dejaban entrever una habitación abandonada, probablemente situada en un antiguo almacén.Sin embargo, lo que preocupaba a Angelina no era la herida de Mariana.Era su mano izquierda.Amplió la fotografía con los dedos y luego se acercó a Jordan para mostrarle la pantalla.—Mira esto.Él se inclinó hacia ella.—¿Qué pasa?—Su anillo. Ya no lo lleva.Jordan examinó detenidamente la imagen.—¿Crees que se lo quitaron?—No lo sé. Pero Mariana nunca se quitaba ese anillo. Ni siquiera en el hospital se lo quitaba. Un día me dijo que lo llevaría puesto hasta el día de su muerte.Angelina levantó los ojos hacia él.—¿Y si ese anillo tiene una importancia que desconocemos?Jordan no
Angelina no había pegado ojo en toda la noche.Desde su llamada con Mariana, una pregunta no dejaba de rondarle la cabeza. ¿Por qué aquella mujer, que había criado a Jordan durante treinta años, tenía tanto miedo de que abriera la caja fuerte de Adrian?Volvió a coger el teléfono y leyó el mensaje por enésima vez.No dejes que abra esa caja fuerte bajo ninguna circunstancia.Frunció el ceño.¿Qué sabía exactamente Mariana? ¿Qué había dentro de aquella caja fuerte para que prefiriera mantener a toda la familia en la ignorancia antes que permitir que la verdad saliera a la luz?Angelina se levantó y se acercó a la ventana. Afuera, Londres despertaba lentamente. Los primeros coches circulaban por las calles todavía húmedas, mientras una fina lluvia dibujaba pequeños surcos en el cristal.Su teléfono vibró en su mano.Jordan.Contestó de inmediato.—¿Ya estás despierta? —preguntó él.—No he conseguido dormir.—Yo tampoco.Se produjo un silencio.Habían aprendido a desconfiar de las palabr
Jordan no había dormido en toda la noche.Sentado detrás de su escritorio, revisaba por enésima vez los documentos que Ricardo había reunido sobre Alexander Wilson. Cuanto más avanzaba en su lectura, más inquietante le parecía el expediente.Estaba casi vacío.No había ningún título universitario cuya autenticidad pudiera verificarse. Tampoco tenía una dirección fija desde hacía más de diez años. Ni siquiera aparecía una fotografía reciente suya en los registros públicos.Incluso las personas con las que Alexander había trabajado en el pasado parecían haber desaparecido de los archivos.Treinta y cuatro años de vida y casi ningún rastro.Jordan cerró el expediente con un suspiro de irritación.Alguien se había tomado muchas molestias para borrar a Alexander de los registros. La cuestión era saber si aquella persona había actuado para hacerlo desaparecer o si el propio Alexander había aprendido a vivir sin dejar huellas.Levantó la mirada hacia Ricardo, que esperaba frente a su escrito
Jordan volvió a leer la nota que Mariana le había dejado.Perdóname. No puedo permitir que descubras lo que Alexander realmente le hizo a nuestra familia.Sus dedos se crisparon alrededor del papel. Estuvo a punto de arrugarlo, pero se contuvo y lo alisó sobre la mesa.Ya estaba harto.Harto de las frases a medias, de las advertencias misteriosas y de los secretos que todo el mundo parecía conocer, excepto él.¿Por qué Mariana le tenía tanto miedo a Alexander?¿Qué había podido hacer treinta años atrás, cuando todavía no era más que un niño?¿Y por qué Adrian le había pedido a Jordan que esperara hasta cumplir treinta años para abrir aquella carta?Todas esas preguntas se agolpaban en su cabeza. Por más que intentaba pensar con calma, las palabras del desconocido por teléfono volvían una y otra vez a su mente.No confíes ni en Charles ni en Mariana.Jordan regresó a su antigua habitación.La escalera de madera estaba justo al lado de la vieja biblioteca. Se agachó frente al tercer esc







