INICIAR SESIÓNCapítulo 69: El heredero conoce a su familia La noticia del nacimiento del bebé recorrió Italia en cuestión de minutos. El heredero de la familia Villaseñor había nacido. En el pasillo del hospital, el señor y la señora Villaseñor aguardaban con una mezcla de ansiedad y emoción. Reina caminaba de un lado a otro sin poder quedarse quieta. De pronto, la puerta de la habitación se abrió. Raymundo apareció sosteniendo un pequeño bulto envuelto en una manta beige con azul. Su rostro, siempre firme y sereno, ahora estaba iluminado por una felicidad imposible de ocultar. — ¿Quieren conocer al nuevo miembro Villaseñor? — Preguntó con una sonrisa que le iluminaba el guapo rostro. — No te olvides de que también es un Rodríguez, Raymundo. — Se escuchó la voz del CEO Rodríguez. El magnate estaba ansioso por conocer a su nieto. Todos se acercaron de inmediato. Los abuelos CEOS fueron los primeros en verlo. Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de las abuelas.
El teléfono apenas sonó una vez. — ¿Papá? ¿Qué sucede? La voz firme de Raymundo cambió por completo al escuchar la respiración agitada de su padre. — !Hijo... llegó el momento! A Alondra se le rompió la fuente. ¡El bebé ya viene, ya vamos camino al hospital! Durante un segundo, el tiempo se detuvo para el empresario. El CEO se puso de pie de un salto, haciendo que la silla girara hacia atrás. — ¿Ella está bien? No me ocultas nada, papá!Carajo, mi bebé ya va a nacer y yo no estoy ahí! —Sí. Está tranquila, pero las contracciones ya comenzaron, está teniendo mucho dolor. — ¡Voy para allá enseguida! !Pobre de mi Alondra! El empresario no esperó más respuesta y cortó la llamada a su padre, volteó a ver a los socios y dijo: — !Mi hijo está por nacer! ¡La junta se cancela hasta nuevo aviso! Algunos CEOS se quedaron sorprendidos, la junta era bastante importante, y ellos no dejaban el trabajo por el nacimiento de uno de sus hijos. Pero otros que si le daban importanc
La luna de miel en Egipto, había sido de ensueño. Paseos interminables por el desierto y las doradas arenas del país Africano, hicieron que los esposos grabaran en sus memorias recuerdos para toda la vida. MESES DESPUÉS. La mañana amaneció serena sobre la villa Villaseñor. Una tenue niebla cubría los extensos jardínes italianos, mientras el canto de los pájaros anunciaba el inicio de un nuevo día. Dentro de la elegante residencia, todo parecía transcurrir con absoluta normalidad, aunque había una sensación imposible de ignorar. Era como si la propia casa supiera que ese día estaba destinado a cambiar la historia de la familia. En la enorme habitación principal, Alondra abrió lentamente los ojos. Instintivamente llevó una mano hasta su vientre. —Buenos días, mi amor... — Susurró acariciando la piel tensa de su embarazo. El bebé respondió con una fuerte patadita, como si supiera que su madre le hablara. Ella sonrió. — Ya lo sé... Quieres conocer a tu papá, ¿Cierto?
La música envolvía la pista de baile con una melodía elegante. Bajo el cielo estrellado de Italia, las luces de la villa iluminaban a las parejas que seguían celebrando la boda de Raymundo y Alondra. En el centro de la pista, Liam y Mia bailaban como si el resto del mundo hubiera desaparecido. Él mantenía una mano firme en la cintura de la joven, mientras la otra sostenía la suya con una naturalidad que hizo sentir a mis que no se acababan de acercar tanto. — ¿Qué pasa? — Preguntó Liam al notar que ella no dejaba de mirarlo. — Nada... — Puedes decirme lo que sea, siempre voy a escucharte. Ella soltó un pequeño suspiro. — Solo estaba pensando que nunca te había visto bailar. Creí que no sabías. El CEO levantó una ceja. Cómo diciendo que no había cosa que no supiera hacer. — Me estás subestimando, señorita Cienfuegos. Bailo perfecto, mamá me enseñó hace tiempo. — Parece como si realmente estuvieras disfrutándolo. Liam sonrió con ese aire de seguridad que siem
La boda del año continuaba llena de romanticismo. Pero conforme avanzaba la noche, la gran celebración comenzaba a transformarse en algo más íntimo. Los invitados seguían bailando bajo las miles de luces que colgaban de los árboles de la villa Rodríguez. La música flotaba en el aire como una caricia suave, mientras las estrellas brillaban sobre el cielo italiano. Raymundo y Alondra seguían siendo el centro de la fiesta. Cada mirada que intercambiaban estaba llena de amor. Cada sonrisa parecía una promesa. Cada roce hablaba de una historia que apenas comenzaba. Sin embargo, no eran los únicos que estaban viviendo algo importante aquella noche. Porque entre Liam Rodríguez y Mia Cienfuegos, estaba ocurriendo algo que ninguno de los dos había previsto. Algo mucho más peligroso que una simple atracción, era algo mucho más profundo. Todo comenzó después de varios bailes. Después de varias conversaciones. Después de varias sonrisas. Liam había pasado años rodead
La noche había caído por completo sobre la villa Rodríguez. Miles de luces doradas colgaban entre los árboles centenarios del jardín, balanceándose suavemente con la brisa. Las lámparas de cristal reflejaban destellos cálidos sobre los senderos de piedra, mientras el aroma de las rosas blancas llenaba el ambiente. Parecía un sueño. Un cuento de hadas hecho realidad. Y en el centro de aquel escenario mágico estaban ellos. Raymundo y Alondra. Marido y mujer. La orquesta comenzó a tocar una melodía lenta y elegante y romántica. Los invitados guardaron silencio. Era el momento del primer baile de los recién casados. Raymundo extendió una mano hacia la novia. — ¿Me concede esta pieza, señora Villaseñor? Alondra sintió un escalofrío recorrerle la piel. Todavía no se acostumbraba a escuchar aquel apellido en ella. Sonrió emocionada. — Yo... por supuesto que sí, señor Villaseñor. Entonces él la llevó al centro de la pista. La tomó por la cintura. Su mano







