INICIAR SESIÓNÉl empieza a observarla distinto.Elena no respondió de inmediato. Miró la mano de Adrián sobre la suya.Luego lo miró a él, Con Confusión, pero también… algo más.—Carne —dijo al final, pero aún no vienen los platos de comida, amor, ¿Acaso sabes que cenaremos hoy? —Si, Primero lo importante, solo quiero que te sientas a gusto. —Esperare la carne cariño —dijo Elena con naturalidad, actuado a la perfección. Adrián asintió Como si esa simple elección fuera suficiente para sostener la escena.Pero no lo era, no con Tania ahí, y mucho menos con su madre observando cada gesto, no con el tío midiendo cada palabra.—Siempre tan correcta —murmuró Tania, tomando su copa—. Antes no eras así, Adrián guardo silencio forzado. Adrián no la miró, no esta vez.—La gente cambia —respondió él Pero sus ojos… estaban en Elena. Ya el sentía que Elena le hacia sentir bien de alguna manera. Y eso no pasó desapercibido, Ni para Tania. Y menos para su madre.En ese momento los sirvientes de la mansión l
Horas despues. Ya había caído la noche y todo se sentía tan raro. Adrián se va a la mansión secreta y cuando el abre la puerta la mira que ella está en el sillón ya lista. Allí estaba Elena hermosa que hizo que adrián la viera como si eso fuera un comienzo a su sentimiento. —Esto no cambia nada —dijo ella de pronto, con la voz más determinada de lo que se sentía.Adrián se acercó un poco a ella, apenas hacia ella con cara de confusión. —Sí lo cambia.—No —cortó Elena—. Solo llegaste tarde.Un golpe directo a su cara, Adrián apretó la mandíbula.—No lo vi antes, no vi la hora, pero tenemos tiempo, no es tarde, no exageres. —No quisiste verlo —corrigió ella.—Elena…—No —lo interrumpió—. No me expliques. No me justifiques. No lo necesito.Se llevó una mano al rostro, tocando apenas la mejilla donde aún ardía la bofetada.Ese gesto… lo quebró más que cualquier palabra.Adrián dio un paso, luego otro, acercándose más al sillón. —Déjame ver, lo siento por mi madre, no te compre cre
El aire se cortó en seco. Adrián no giró de inmediato.Pero su expresión cambió, más fríalo. —Sal de aquí, Tania —dijo sin mirarla.Ella sonrió. Como si disfrutara cada segundo.—Sigues igual… —murmuró, acercándose—. Siempre tan correcto frente a los demás… y tan distinto cuando nadie mira.Elena se detuvo, no se fue. Se giro lentamente, calculando la escena. —No estoy para juegos —añadió Adrián, ahora mirándola directo—. Y mucho menos contigo.Tania ladeó la cabeza.—¿Ah, no? —su mirada se deslizó hacia Elena—. Qué rápido cambiaste.Solo se escuchó silencio Elena no intervino.Pero tampoco se apartó.—No confundas —dijo Adrián—. No has vuelto por mí.—No —respondió Tania con una sonrisa suave—. Volví porque nunca te fuiste del todo.Elena bajó la mirada un segundo, no por debilidad, solo quería control. —Si terminaste —dijo Elena con calma—, tengo trabajo.Ambos la miraron.Pero ella ya no estaba en la escena, no emocionalmente, Y eso incomodó más que cualquier reclamo.Tania la o
Dos semanas después.El edificio olía a control, poder… y decisiones que no se discutían dos veces.Elena volvió a entrar como si no perteneciera ahí, O como si nunca hubiera salido del todo, despues de todo lo que paso, ella quería respuestas claras. Tacones elegantes, mirada fija. Y esa expresión que ya no era miedo… sino cálculo.Adrián estaba en la sala de juntas cuando ella entró.Sin anunciarse, sin permiso especial, solo llegó.—Llegas tarde —dijo él sin levantar la vista de los documentos.—Llegas obsesionado con controlar todo, te recuerdo que somos esposos, y l esposa debe lucir perfecta, y aparte no tengo horarios, prefiero desayunar no como tú, que traes una cara de limón —respondió ella, dejando una carpeta sobre la mesa.Adrián hizo Silencio forzado. Los asistentes se movieron incómodos. demasiado ruido para un lugar donde no debía haber emociones, mas bien tensiones. Adrián finalmente alzó la mirada.Elena no lo miró de inmediato, primero abrió la carpeta de docume
A la mañana siguiente.El sol entró por la habitación, como si nada pasara para una noche que ninguno de los dos quiso admitir.Elena abrió los ojos lentamente, desubicada por un segundo… hasta que recordó.La cama, la línea de almohadas, el matrimonio.Giró apenas la cabeza, las almohadas seguían en su sitio, pero él… no.Su lado de la cama estaba vacío, como si nunca hubiera estado ahí.Elena se incorporó despacio, apretando la sábana contra su cuerpo.Algo en su pecho se estrujo, y eso se llama Molestia, ella no sabía por qué.—Perfecto —murmuró—. Mejor así. Sus ojos desviaron al pequeño papel de la mesa, y ella lo leyó. —Geneal ahora resulta que tengo que bajar gradas y buscar el rotulo de típicos, que espanto —se dijo en sus adentros. Elena se bañó, se maquillo y se puso ropa elegante, un hermoso chor con una camisa crop top. Mientras ella bajaba las gradas del hotel se encontró con un aroma delicioso y era nada menos que el desayuno.La mesa estaba puesta, dos tazas, dos plat
Horas despues. El viaje no fue anunciado, Elena ya lo sabía.La puerta cerrándose, carro encendido, destino… irrelevante.Elena no preguntó. Adrián no explicó.El silencio entre ellos ocupó todo el espacio del carro, imposible de ignorar. Afuera, la ciudad las luces se veían, Elena por un momento pensó que esto llegaría ser muy difícil ara ella. La distancia y sus respiraciones era lo único que los unía. —¿A dónde vamos? —preguntó Elena al fin, despues de dos horas de camino.—A cumplir —respondió Adrián, sin emoción alguna. Elena apoyó la cabeza contra el vidrio, observó su reflejo.La mujer del vestido blanco ya no estaba, ahora había algo más frío.5 minutos despues ambos se bajaron sin hablar mucho. El lugar era perfecto. Un hotel aislado, elegante, diseñado para parejas que creían en finales felices. Vista al mar. Viento suave. Finalmente llegaron a la habitación. La puerta de la habitación se abrió, adrián entró primero, Elena detrás.La suite era amplia, Una sola cama, El







