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Capitulo 15

Penulis: J Ran
last update Tanggal publikasi: 2025-10-28 16:33:35

El ascensor se detuvo suavemente en el piso treinta y cinco con un sonido apenas audible, como un suspiro metálico. Las puertas se abrieron revelando el penthouse nupcial: un espacio que parecía diseñado para deslumbrar. Las paredes de cristal envolvían el lugar, dejando ver el skyline nocturno de Ciudad Real extendiéndose hasta el horizonte. Los rascacielos, como centinelas iluminados, parpadeaban contra la negrura del cielo, mientras miles de luces se reflejaban en la superficie del río que c
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  • El CEO Necesita una Esposa    Epílogo

    Tiempo después El mar brillaba bajo la caricia suave del atardecer. La arena, tibia todavía por el sol de la tarde, se deshacía entre los dedos de Valentina mientras corría descalza junto a su hermano menor. Cada paso dejaba huellas pequeñas que el oleaje venía a besar y borrar, como si el tiempo mismo jugara con ellos.Valentina, con su cabello suelto y ondeante, reía a carcajadas. A sus diez años se había convertido en una niña fuerte, creativa y feliz. En su rostro ya no quedaba rastro del dolor que había marcado su infancia.A su lado, un pequeño de 2 años trataba de seguirle el ritmo. Su cabello oscuro brillaba con reflejos dorados bajo la luz, y sus ojitos grandes, iguales a los de Dylan, estaban llenos de curiosidad. Tropezaba de vez en cuando, pero Valentina lo tomaba de la mano con ternura, como si quisiera guiarlo en cada paso de su corta vida.—¡Más rápido, Matías! —exclamó Valentina, estirando su brazo para jalarlo suavemente.El niño jadeaba, pero sonrió, mostrando sus p

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 52

    El campus de la universidad estaba en plena ebullición. Los árboles, vestidos de verde intenso, daban sombra a los estudiantes que caminaban con libros y carpetas bajo el brazo, mientras el aire se llenaba de risas, conversaciones y el murmullo lejano de un grupo que practicaba música en los jardines.Greeicy acababa de salir de una clase y el sol tibio de la tarde acariciaba su rostro. Caminaba con paso tranquilo, pero un mareo repentino la obligó a detenerse. Se llevó la mano a la frente, intentando respirar hondo. El mundo giraba a su alrededor, los sonidos se volvían lejanos, distorsionados, como si estuviera bajo el agua.—¿Greeicy? —preguntó una compañera, alarmada.Antes de poder responder, las piernas de la joven cedieron y su cuerpo cayó suavemente hacia el suelo. Los estudiantes gritaron, corrieron en su dirección.—¡Ayuda, alguien que llame a emergencias! —se escuchó entre voces asustadas.Dylan estaba en una reunión de trabajo cuando recibió la llamada. El corazón se le ac

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 51

    El sol de la primavera se filtraba por los ventanales del hospital, bañando la habitación de Valentina con un resplandor dorado. Afuera, los árboles mecían sus ramas y un grupo de aves trinaba en la distancia, como si presintieran que algo grande estaba a punto de suceder. Dylan estaba sentado en una de las sillas, los codos apoyados en sus rodillas y las manos entrelazadas, mientras observaba a su hija con una mezcla de ansiedad y esperanza.Valentina, con sus ojos grandes y chispeantes, se encontraba en el centro de la sala de rehabilitación. A su alrededor, los doctores murmuraban, ajustaban las máquinas, pero había una atmósfera distinta, cargada de expectativa. —Valentina —dijo uno de los médicos, con una sonrisa contenida—. Cuando estés lista, da un paso.La habitación quedó en silencio. Dylan contuvo el aliento. Recordaba los días oscuros, las lágrimas de impotencia, la manera en que su hija se negaba a aceptar lo que le había sucedido tras aquel accidente. Pero también record

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 50

    Los días habían pasado con un ritmo extraño, como si el tiempo se hubiera detenido y a la vez corrido demasiado deprisa. La tormenta que había sacudido a la familia parecía, poco a poco, dar tregua. Sin embargo, en algún rincón del mundo, el eco del pasado aún dolía.En la cárcel, Amalia vivía un tormento distinto. Las rejas frías, oxidadas y cubiertas de polvo, eran ahora su mundo. El olor metálico se mezclaba con el hedor a humedad que impregnaba los muros, y el eco de los candados resonaba cada noche como un recordatorio de su derrota.La primera vez que intentó imponerse, como solía hacerlo en su vida de lujos, una de las reclusas la empujó contra la pared y le dijo con desprecio:—Aquí no eres nadie.Ese día lo entendió. Ya no era la señora Suárez, ni la mujer de Aníbal, ni la madre protectora que decía ser. Era solo Amalia, una interna más, una sombra perdida.Cada noche lloraba en silencio, recostada en el colchón duro que olía a sudor y lejía. Cerraba los ojos y murmuraba nomb

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 49

    La noche en la colina estaba envuelta en un silencio sepulcral, apenas roto por el silbido del viento que azotaba los árboles. La casa vieja, aquella donde Amalia se escondía, parecía un fantasma del pasado: ventanas rotas, maderas crujientes y un olor a humedad impregnando el aire.Las camionetas negras se detuvieron frente al portón oxidado. Elías dio la orden, y varios hombres descendieron, armados y atentos. Dylan iba junto a él, con el rostro serio, dispuesto a enfrentar al demonio que casi destruye a su familia.—Está adentro —murmuró Elías, señalando la luz tenue que se filtraba por una ventana del segundo piso.Con un golpe certero, derribaron la puerta. El estruendo resonó por la casa como un trueno. Desde arriba, un grito desgarrador se escuchó:—¡No! ¡No entren!Amalia apareció en lo alto de la escalera, con el cabello desordenado y los ojos encendidos de furia. Sostenía una botella rota como si fuera un arma. Su respiración era agitada, y la sombra de la locura se reflejab

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 48

    El aire en la sala de la mansión Suárez estaba cargado de una tensión sofocante. Afuera, la tarde caía lentamente, pintando el cielo con tonos naranjas y violetas que se filtraban por los ventanales. Sin embargo, dentro, nadie reparaba en la belleza del atardecer. La atmósfera estaba impregnada de un silencio expectante, apenas roto por el tictac metálico del reloj de pared.Greta permanecía sentada en el sillón de terciopelo verde, con las piernas cruzadas y el rostro altivo, aunque sus manos delataban nerviosismo al apretar con fuerza la tela de su falda. Frente a ella, Dylan caminaba de un lado a otro como una fiera enjaulada, la mirada fija en el suelo, los puños cerrados. Greeicy estaba en un rincón, con los brazos cruzados y el corazón golpeando en el pecho: sabía que ese momento era inevitable, pero no por eso menos doloroso.Aníbal, de pie junto a la chimenea apagada, observaba a todos con la seriedad de un juez que está a punto de dictar sentencia. Su mirada dura no se aparta

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