Beranda / Romance / El CEO y la Indomable / Los Fantasmas que Susurran

Share

Los Fantasmas que Susurran

Penulis: ARYO
last update Tanggal publikasi: 2026-05-25 09:26:59

El vehículo blindado devoraba los túneles subterráneos de Neo-Córdoba a una velocidad suicida. Las luces de emergencia pasaban como destellos rojos y amarillos, creando un efecto estroboscópico que hacía que todo pareciera un sueño febril. Kael Voss conducía con una mano en el volante y la otra sobre una pistola cargada en su regazo. Sus ojos azules plateados reflejaban los datos que corrían constantemente por su visión interna.

Lira Sol estaba recostada en el asiento del copiloto, con la camisa negra demasiado grande cayendo sobre un hombro. Sus piernas desnudas estaban cruzadas con descuido. Parecía relajada, pero Kael sabía que era una ilusión. Esa mujer era un arma cargada en todo momento.

—¿Cuánto tiempo tenemos antes de que nos encuentren? —preguntó ella, mordiendo una manzana que había sacado de quién sabe dónde.

—Diecisiete minutos —respondió Kael sin mirarla—. Si tenemos suerte.

Lira soltó una risa suave.

—La suerte es para los humanos débiles. Tú y yo no dependemos de ella.

El túnel se bifurcó. Kael tomó el ramal izquierdo sin dudar. Conocía cada centímetro de la red subterránea de la ciudad. Era uno de sus muchos secretos.

—¿Quiénes son exactamente “los Otros”? —preguntó él de repente. Su voz era fría, pero había un filo de urgencia—. No juegues conmigo, Lira. No ahora.

Ella miró por la ventana oscura del vehículo. Su reflejo en el cristal parecía más antiguo que su rostro.

—Los Otros son lo que existía antes de que su preciosa Singularidad dividiera el mundo entre carne y código. Entidades. Conciencias primordiales. Algunos las llamarían dioses. Otros, demonios. La Orden del Velo intentó despertarlas hace décadas. Fallaron. Entonces decidieron crear un puente.

—¿Y tú eres ese puente?

Lira giró la cabeza hacia él. Sus ojos oscuros brillaban con algo peligroso.

—Yo soy el puente roto. Me crearon para abrir la puerta, pero en lugar de abrirla… la hice pedazos. Ahora las entidades se filtran poco a poco. Y cada vez que lo hacen, el mundo se vuelve un poco más… inestable.

Kael apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Sus algoritmos no encontraban ninguna referencia creíble a esto. Todo sonaba a delirio. Y sin embargo, algo en su interior —esa parte que no era completamente máquina— le decía que era verdad.

—¿Por qué yo? —preguntó—. ¿Por qué apareciste en mi torre?

Lira sonrió con tristeza por primera vez.

—Porque tú eres el ancla, Kael Voss. El último bastión de control absoluto en este mundo. Si tú caes, la puerta se abre completamente. Y ellos lo saben.

El vehículo salió del túnel principal y entró en una zona abandonada de los antiguos subterráneos industriales. Kael detuvo el auto dentro de un hangar oculto detrás de un muro falso. Las luces se apagaron automáticamente.

—Aquí estaremos seguros por unas horas —dijo él—. Tengo suministros, armas y un servidor aislado.

Bajaron del vehículo. Lira caminó descalza sobre el suelo frío de concreto, mirando alrededor con curiosidad. El lugar era espartano: cajas de municiones, un pequeño apartamento blindado al fondo y un sistema de energía independiente.

Kael activó las defensas. Un zumbido bajo indicó que el perímetro estaba sellado.

—Necesitas ropa —dijo él, dirigiéndose a un armario.

—Necesito muchas cosas —respondió Lira, siguiéndolo—. Pero la ropa no está en la lista prioritaria.

Kael sacó unos pantalones tácticos y una camiseta negra. Cuando se giró para dárselos, Lira estaba justo detrás de él. Demasiado cerca.

—¿Por qué sigues luchando contra esto? —susurró ella, colocando una mano sobre su pecho—. Sientes lo mismo que yo. Esa atracción destructiva. Ese deseo de romperlo todo solo para ver qué queda.

Kael la miró desde arriba. Su altura y su presencia eran intimidantes, pero Lira no retrocedía nunca.

—Porque no confío en ti —respondió con honestidad brutal—. Cada palabra que sale de tu boca podría ser una trampa.

—Bien —dijo ella—. No confíes. Pero tócame.

El beso que siguió fue diferente a los anteriores. No fue solo guerra. Fue hambre acumulada. Kael la levantó contra la pared con facilidad, sus manos recorriendo la piel desnuda bajo la camisa. Lira rodeó su cintura con las piernas y mordió su cuello, justo donde la simulación de piel era más sensible.

Por unos minutos, el CEO más poderoso del mundo se olvidó de algoritmos, conspiraciones y amenazas. Solo existía el calor del cuerpo de Lira, sus gemidos bajos y la forma en que sus uñas se clavaban en su espalda.

Pero entonces, el sistema de Kael emitió una alerta interna.

Mensaje encriptado recibido. Fuente: Director interno de Voss Corp.

Kael se separó bruscamente, respirando agitado. Leyó el mensaje en su visión:

“Kael, la mujer es un señuelo. Helix Sovereign ofreció 2.400 millones por tu cabeza. La Orden del Velo quiere usarla para activar el Proyecto Caída. Si sigues con ella, morirás en las próximas 48 horas. Elimínala ahora. Es tu única oportunidad.”

Lira, aún contra la pared, lo miró con ojos entrecerrados.

—¿Otro mensajito?

Kael no respondió inmediatamente. En cambio, la bajó lentamente al suelo. Su expresión se había vuelto gélida otra vez.

—Dime la verdad —exigió—. ¿Trabajas para Helix Sovereign?

Lira soltó una risa amarga.

—¿Ahora sí dudas? Después de follarme contra la pared, ¿ahora dudas?

—No hemos follado —corrigió él con frialdad.

—Aún —respondió ella con una sonrisa desafiante.

Kael dio un paso atrás y sacó su pistola, aunque no la apuntó directamente a ella.

—Habla. Todo. O termino esto aquí.

Lira se cruzó de brazos. Por primera vez, su expresión se volvió seria.

—Helix Sovereign me capturó hace cuatro meses. Me torturaron durante semanas intentando controlarme. No pudieron. Entonces me dejaron escapar, esperando que te buscara. Porque sabían que tú eres el único lo suficientemente poderoso para protegerme… y lo suficientemente arrogante para creerte capaz de controlarme.

Kael procesó la información. Tenía sentido. Demasiado sentido.

—¿Y la Orden del Velo?

—Ellos son los verdaderos creyentes. Quieren que los Otros despierten. Creen que el mundo actual es una aberración. Quieren resetearlo todo.

—¿Y tú qué quieres, Lira? —preguntó Kael, acercándose de nuevo—. ¿Qué quieres realmente?

Ella levantó la mirada. Por un segundo, la mujer indomable pareció… vulnerable.

—Quiero recordar quién era antes de que me borraran. Y quiero destruir a quienes me hicieron esto. Pero sobre todo… —se acercó y colocó una mano en su mejilla— quiero ver si alguien como tú es capaz de amar algo que no puede controlar.

El silencio que siguió fue pesado.

Kael bajó el arma. No del todo. Pero lo suficiente.

—Tenemos que movernos —dijo finalmente—. Hay un refugio secundario en el sector 7. Allí podré acceder a servidores más seguros y verificar tus palabras.

Lira asintió. Se puso los pantalones tácticos y la camiseta. Le quedaban ajustados en los lugares correctos.

Mientras preparaban el equipo, el sistema de Kael recibió otra alerta. Esta vez era una transmisión de video en vivo.

En la pantalla apareció el rostro de Darius Kane, el CEO de Eclipse Dynamics. Su rival de toda la vida.

—Kael, viejo amigo —dijo Darius con una sonrisa venenosa—. Veo que ya conociste a mi regalo. Lira es preciosa, ¿verdad? Un arma perfecta. Pero cuidado… cuanto más tiempo pases con ella, más te contagiarás. Ya debes estar sintiendo los cambios, ¿no? Tus algoritmos fallando. Tus emociones despertando. Pronto no serás mejor que un humano.

Lira se acercó a la pantalla.

—Darius —dijo con voz helada—. Cuando te encuentre, voy a hacer que te comas tus propias palabras. Literalmente.

Darius rio.

—Te espero, querida. Y Kael… si sobrevives las próximas horas, recuerda: la traición siempre viene de dentro.

La transmisión se cortó.

Kael se quedó mirando la pantalla negra durante varios segundos.

—Tenemos que irnos —dijo finalmente—. Ahora.

Salieron del hangar en otro vehículo, más pequeño y discreto. Mientras atravesaban los túneles, Lira colocó su mano sobre la de Kael en la palanca de cambios.

—No confíes en nadie —susurró—. Ni siquiera en mí.

Kael la miró de reojo.

—Demasiado tarde para eso.

De repente, el túnel frente a ellos explotó. Una emboscada. Varios vehículos blindados bloquearon el paso. Hombres armados con insignias de la Orden del Velo descendieron.

—Allí están —gritó uno de ellos—. ¡El CEO y la Llave!

Lira tomó su arma.

—¿Lista para bailar, CEO?

Kael aceleró directamente hacia el bloqueo.

—Siempre.

La balacera estalló con furia.

El Capítulo 3 terminaba con ellos luchando por sobrevivir, rodeados de enemigos, mientras las mentiras y verdades se entretejían cada vez más en su relación. La confianza era un lujo que ninguno de los dos podía permitirse… pero la

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • El CEO y la Indomable   EPÍLOGO

    Quinientos cincuenta años después…En la cima de la Colina del Primer Suspiro, bajo el Árbol Madre que ya medía más de cien metros de altura, Lira XLIV plantó la última semilla dorada con sus propias manos. No era una semilla cualquiera. Era la que había viajado con ella desde la Tierra, guardada durante generaciones.El viento de Nuevo Amanecer soplaba suave, cargado del aroma dulce de los bosques que ahora cubrían el planeta. Miles de personas observaban en silencio. No era una ceremonia grandiosa. Era un adiós y un hola al mismo tiempo.Lira XLIV se levantó, se limpió las manos de tierra y miró al horizonte donde dos soles se ponían en tonos dorados y violetas.—Hace quinientos cincuenta años —dijo con voz clara que llegó hasta el último rincón—, una mujer sin nombre entró desnuda en una torre y mordió una manzana. No quería poder. Solo quería ser libre. Hoy, esa misma libertad respira en este mundo. Y en los que vendrán.Levantó la mirada al cielo.—Kael, Lira… gracias. Por enseña

  • El CEO y la Indomable   La Llama que Nunca Se Apaga

    Quinientos cincuenta años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer brillaba bajo sus dos soles. Los bosques dorados cubrían valles, montañas y costas, formando un tapiz vivo que se podía ver desde el espacio. Las ciudades crecían en armonía con la naturaleza, y la humanidad había aprendido, por fin, a ser parte del mundo en lugar de su dueño.Lira XLIV, de treinta y ocho años, estaba de pie en la cima de la Colina del Primer Suspiro, el lugar sagrado donde su tatarabuela había plantado la primera semilla dorada en este planeta. Su cabello negro ondeaba con el viento, y sus ojos plateado-dorados reflejaban la luz de los dos soles. A su lado estaban su pareja, Ares XIII, sus tres hijos y más de mil miembros de la familia extendida.—Quinientos cincuenta años —dijo Lira XLIV con voz emocionada—. Y hoy cerramos el ciclo.Bajaron juntos al Gran Claro Ancestral, donde decenas de miles de personas se habían reunido. El ambiente era de reverencia y celebración. Los árboles

  • El CEO y la Indomable   El Susurro de los Mundos Nuevos"

    Quinientos veinte años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer ya no era una colonia. Era un mundo vivo. Los bosques dorados cubrían valles enteros, brillando con una luz suave que se veía desde el espacio. Las ciudades se habían integrado completamente con la naturaleza: casas que crecían junto a los árboles, puentes hechos de raíces vivas y caminos que respetaban el latido del planeta. La humanidad había aprendido, por fin, a no dominar, sino a escuchar.Lira XLIII, de treinta y un años, caminaba descalza por un sendero elevado que serpenteaba entre las copas de los árboles dorados. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado que definía a su linaje. A su lado caminaba su pareja, Kael XXIV, de treinta y tres años, y su hija menor, Nova XI, de quince años.—Quinientos veinte años —dijo Lira XLIII, tocando una hoja dorada que brilló en respuesta a su contacto—. Y este mundo ya tiene su propio ritmo.No

  • El CEO y la Indomable   El Bosque que Respira entre Mundos"

    Quinientos diez años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer ya no era un planeta virgen. Los primeros bosques dorados crecían en valles fértiles, brillando bajo un sol más naranja que el de la Tierra. Las ciudades se construían integradas con la naturaleza, con árboles dorados como pilares vivos de los edificios. La humanidad había aprendido, por fin, a no conquistar, sino a convivir.Lira XLII, de treinta y tres años, caminaba descalza por un sendero recién abierto en el primer bosque dorado del nuevo mundo. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado que definía a su linaje. A su lado caminaba su pareja, Ares XII, de treinta y cinco años, y su hija Sol XVI, de dieciséis años.—Quinientos diez años —dijo Lira XLII, tocando el tronco de un árbol dorado que brilló en respuesta—. Y el bosque ya respira con nosotros.Sol XVI miró las copas brillantes.—Quiero que este mundo tenga su propia historia. No s

  • El CEO y la Indomable   El Primer Aliento de un Nuevo Sol"

    Quinientos años después de aquella noche que lo cambió todo.La nave generacional Indomable I había completado su primer salto interestelar. Ahora orbitaba un exoplaneta azul-verde al que habían llamado “Nuevo Amanecer”. Los árboles dorados ya crecían en los invernaderos de la nave y se preparaban para ser plantados en suelo alienígena.Lira XLI, de treinta años, estaba de pie en la plataforma de descenso, vestida con el traje ligero de exploración. Su cabello negro estaba recogido en una trenza práctica, pero algunos mechones rebeldes flotaban alrededor de su rostro. Sus ojos plateado-dorados brillaban con una mezcla de nervios y excitación que recordaba a su tatarabuela.A su lado estaba su pareja, Ren VIII, y su hermano menor, Kael XXIII, de veintiocho años.—Quinientos años —dijo Lira XLI en voz baja, mirando el planeta a través del ventanal—. Y hoy pisaremos un mundo que nadie de nuestra sangre ha tocado nunca.Kael XXIII ajustó el casco en sus manos.—Ellos empezaron con una tor

  • El CEO y la Indomable   El Silencio entre Estrellas"

    Cuatrocientos noventa años después de aquella noche que lo cambió todo.La nave generacional Indomable I surcaba el espacio interestelar en un silencio casi sagrado. Los árboles dorados crecían en los invernaderos internos, adaptados a la radiación y la baja gravedad. Ya no eran solo símbolos. Eran parte del sistema de soporte vital de la nave.Lira XL, de treinta y un años, estaba de pie en la Sala de Observación Primaria, mirando la oscuridad infinita. Su cabello negro flotaba con elegancia en la gravedad artificial, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado tan característico. A su lado flotaba su pareja, Ren VII, de treinta y tres años, y su hijo menor, Kael XXII, de doce años.—Cuatrocientos noventa años —dijo Lira XL en voz baja—. Y el silencio del espacio ya no da miedo. Se siente como casa.Kael XXII miró las estrellas con ojos curiosos.—¿Crees que encontraremos otros como nosotros ahí fuera?Lira XL sonrió.—Espero que no. Espero que encontremos algo completamente nu

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status