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Capítulo 1.

last update Fecha de publicación: 2021-07-23 07:27:45

Quito-Pichincha, Ecuador

Cuatro años, seis meses antes

Iván Arellano, subía las escaleras de piedra de la entrada principal de su imponente casa. Felices recuerdos se le vinieron a su mente al revivir aquellos años de niño cuando con sus padres y hermano compartían en los amplios jardines de la mansión. Su corazón se envolvió de tristeza al recordar el accidente de tránsito que segó la vida de sus progenitores.

Iván, como el mayor, se hizo cargo de su hermanito pequeño, quién en la actualidad era un afamado pintor, muy reconocido en su país natal Ecuador.

El menor de los Arellano, se estaba abriendo paso a nivel internacional, en un mes presentaba una exposición en Alemania, era bastante hermético con su vida personal y profesional, por eso no permitía que nadie se adentrara en su estudio. Cuando plasmaba sus ideas en los lienzos se transformaba en otra persona, se transportaba a través de sus manos a dimensiones desconocidas, haciendo que en cada cuadro que él pintaba dejara grabada su esencia.

Iván percibió a lo lejos: «Lobo hombre en París by la Unión» sonrió al darse cuenta que la música provenía del ala izquierda de la mansión, en donde Alain, había instalado su estudio.

«La luna llena sobre París, ha transformado en hombre a Dennis, rueda por los bares del boulevard, se ha alojado en un sucio hostal…» —cantaba y danzaba a todo pulmón Alain, mientras colocaba una capa transparente delgada de color sobre otra: una opaca, y por lo general clara. Su técnica y estilo único mezclaban veladuras, transparencias y, trabajos tonales; de esa manera sus retratos eran tan reales que con facilidad se confundían con fotografías. Gracias a esto era reconocido a nivel mundial.

De repente la música se detuvo y Alain, frenó su danza, furioso: le molestaba en gran medida que alguien ingresara a su estudio sin previo aviso y, menos que lo interrumpieran cuando realizaba su trabajo.

—¡Maldita sea! —gruñó ceñudo, giró entonces, y toda la furia que emanaba de su mirada se transformó en alegría al ver a su hermano de pie, cerca del reproductor de música. —¡Iván! —exclamó con júbilo, lanzándose a abrazarlo. Los dos se estrecharon con fuerza, al mayor no le importó que Alain, le ensuciara con óleo su impecable ropa. —¿Por qué no me avisaste que regresabas a Quito? —reclamó el menor, con el semblante lleno de regocijo.

Iván estrechó en sus brazos a su hermano, sintiendo su pecho agitado de la emoción que lo embargaba.

—Quería darte una sorpresa —comentó, aclarándose la voz—. También deseaba conocer en qué gasta el tiempo mi hermanito menor —pronunció Iván, con una sonrisa en los labios, entonces el azul de su mirada se enfocó en los paisajes que colgaban sobre las blancas paredes del estudio. Caminó sin dejar de observar aquellas obras de arte, enarcó una ceja sintiendo su pecho hincharse de orgullo—. Eres un gran artista —aseveró con la voz entrecortada.

La mirada de Alain, se iluminó por completo, el verde de sus ojos brilló como dos esmeraldas radiantes. Las palabras de Iván, provocaron que su pecho se agitara, para él, su hermano era: su mayor inspiración, y el hecho de que valorara su trabajo significaba un gran logro.

—Gracias —expresó, al tiempo que sus labios perfilaban una amplia sonrisa—, tus palabras me emocionan.

—Tan solo digo la verdad —aseveró Iván; mientras recorría el bien equipado estudio de Alain, miró el estante en donde reposaban los materiales con los cuales su hermano menor daba vida a aquellos lienzos en blanco. Sonrió al ver el orden en el que estaban acomodados: los tubos de óleo reposaban en la primera fila, seguidos de los acrílicos. Más arriba asomaban las pinturas para acuarelas. En el siguiente estante aparecieron los frascos de pinceles, junto con los aceites de linaza, y las esencias de trementina. Entonces giró observando alrededor del estudio varios caballetes en los cuales descansaban diversos cuadros cubiertos con sábanas. De inmediato se aproximó a ellos y cuando sus largos dedos se disponían a develar una de las pinturas, el artista se acercó a grandes zancadas.

—Lo siento hermanito, nadie puede ver esos retratos son mis obras maestras, lo que me dará fama internacional —declaró con orgullo, tomando la mano de su hermano, evitando que los mirara—. Si los quieres apreciar, debes venir conmigo a Alemania.

—Por eso estoy aquí, no podía dejarte solo en esto, desde el día que nuestros padres murieron yo juré cuidarte, protegerte y apoyarte —afirmó Iván, con la firme convicción de estar siempre pendiente de su hermano menor.

Alain ladeó sus labios, desde que fallecieron sus progenitores: Iván se transformó en su papá, entre ellos había una gran conexión, mucha confianza, desde niños se llevaban bien y expresaban infinito amor uno por el otro.

—Vuelvo en unos minutos, no te atrevas a develar mis obras —advirtió Alain, señalando con el dedo índice a su hermano, entonces giró y se adentró al baño de su estudio con la finalidad lavarse las manos, y quitarse el overol que usaba para pintar sus obras.

Mientras tanto Iván, por un instante se vio tentado en develar los lienzos, pero por respeto no lo hizo, sin embargo, en varios cuadros que colgaban de las paredes observó la firma IvAl, enarcó una ceja, pensativo.

¿IvAl? —preguntó a su hermano al momento que salió del baño.

—Es mi seudónimo —respondió sonriendo. —¿Quieres saber qué significa? —cuestionó, observándolo con brillo en su mirada.

—Claro —contestó, ansioso a espera de la respuesta de su hermano.

—Iv, por Iván, y Al por Alain, así inmortalizo nuestros nombres —afirmó inhalando profundo con el corazón lleno de alegría—. Claro que debes esperar a mi muerte para que mis obras suban de precio. —Carcajeó bromeando.

La mirada de Iván, se cubrió de nostalgia, hablar de muerte le causaba escalofrío y profunda tristeza.

—No pienses en esas cosas. —Colocó su mano derecha en el hombro de su hermano—. Más bien dime ¿cuándo me vas a presentar a esa misteriosa mujer de la que estás enamorado?

Alain esbozó una amplia sonrisa, su rostro jovial se iluminó, sus vivaces y azules ojos brillaron, pero no mencionó nada con respecto a esa misteriosa dama. Salió, junto con su hermano mayor del estudio, para dirigirse a la casa principal.

—Más bien deseo preguntarte ¿Cuándo vas a dejar la soltería? —cuestionó Alain, a su hermano mayor.

Iván carcajeó, ladeó su cabeza.

—Yo estoy bien así, me gusta la libertad —comentó—, además no he tenido la suerte de conocer a la indicada.

—Es que eres muy exigente con las mujeres —mencionó Alain, elevando su mirada al cielo.

Iván se limitó a sonreír ante las ocurrencias de su hermano.

Al ingresar al elegante salón, y recorrer por el piso de fino mármol italiano, la mirada de Iván, se clavó en una de las paredes, caminó sin dejar observar aquel retrato de sus padres que Alain, había plasmado en el lienzo. El corazón del hermano mayor, se estrujó en su pecho y algunas lágrimas brotaron de sus ojos.

—¿Tú los pintaste? —preguntó con la voz entrecortada.

—Sí —respondió Alain. —¿Qué te parece?

—Increíble, los plasmaste tan real, que es como si estuvieran aquí con nosotros...—afirmó, limpiando con el dorso de su mano aquellas lágrimas. —¡Estoy tan orgulloso de ti! —declaró Iván, abrazando a su hermano.

—Gracias —respondió Alain, con nostalgia en su mirada al también recordar a sus progenitores; luego observó su reloj y se dirigió a Iván—. Debo dejarte, este artista tiene una cita muy importante, con la 'mujer de su vida'—enfatizó la última frase.

Iván sonrió al escucharlo, anhelando que aquella dama en verdad amara a su hermano, juntos subieron a sus respectivas habitaciones.

A la mente de Iván, los recuerdos de su niñez golpearon su corazón al ingresar a su antigua alcoba, ahí en un fino estante de madera de roble, reposaban varios libros que su padre le regaló, y que su madre solía leer con él en las noches, inhaló profundo tratando de recomponerse, mientras su mirada se cristalizaba.

Luego de varios minutos, se asomó a la ventana y contempló a Alain, colocándose su chaqueta de cuero negro, su casco y sus guantes, saliendo en su Kawasaki, al encuentro con la mujer a la que afirmaba amar.

Angellyna Merida

Queridos lectores bienvenidos a esta historia, espero disfruten el libro. No olviden dejar sus comentarios y sus respectivas reseñas. Saludos desde mi lindo Ecuador.

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Comentarios (1)
goodnovel comment avatar
Liz Blandon
Uuuuuuuuuuuuu la estoy espesando a leer Y ya se está mas interesante la historia
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