FAZER LOGINChae-yeong se petrificó, escondiendo el teléfono tras su espalda. Nikolai, por su parte, se mantuvo firme, mirando fijamente a su subordinado directo.
Do-jin abrió la boca para gritar pidiendo a la seguridad armada, pero cuando sus ojos enfocaron el rostro del "intruso" bajo la tenue luz de la oficina, las palabras se le congelaron en la garganta.
Frente a él, vestido con jeans gastados y una chaqueta de cuero de chofer, estaba su jefe. El mismísimo Kang Min-seok. El socio mayoritario. El hombre más poderoso y temido de la logística del puerto.
—Señor... —balbuceó Do-jin, dando un paso atrás con los ojos abiertos de par en par, perdiendo toda la postura ejecutiva—. ¿Señor Kang? ¿Qué... qué está haciendo usted...?
Nikolai avanzó un paso rápido, cortándole la distancia a Do-jin antes de que el hombre hablara de más frente a Chae-yeong.
—Escúchame bien, oficial —dijo Nikolai con una voz helada que hizo vibrar las paredes de la oficina, mirando a Do-jin con una intensidad que prometía el despido inmediato si cometía un error—. Somos de la patrulla de inspección nocturna de la Corporación Yoon. Encontramos irregularidades en los sellos del contenedor K-890 y estamos haciendo una verificación de emergencia. ¿Hay algún problema con que cumplamos nuestro trabajo?
Do-jin miró a Nikolai. Luego miró a la joven herida que estaba detrás de él. Y finalmente volvió a mirar a su jefe, cuyo rostro transmitía un mensaje clarísimo: «Si revelas quién soy frente a esta mujer, te colgaré de una grúa del muelle».
El director de operaciones tragó saliva con dificultad, sudando frío a pesar del aire acondicionado.
—No... no hay ningún problema —articuló Do-jin con la voz temblorosa, haciendo una inclinación de cabeza casi servil—. Discúlpenme. Continúen con su... inspección. No he visto nada.
Do-jin dio media vuelta a paso apresurado, salió de la oficina y cerró la puerta de golpe, dejando a Chae-yeong completamente atónita en el centro de la sala.
—¿Qué... qué acaba de pasar? —preguntó Chae-yeong, mirando la puerta con incredulidad—. Ese era Kim Do-jin... el director ejecutivo de la firma Kang. Es uno de los hombres más poderosos del puerto. ¿Por qué se puso tan pálido y se fue sin llamar a la seguridad?
Nikolai se pasó la mano por la nuca, soltando un pesado suspiro de alivio interno.
—Te dije que este uniforme de chofer impone respeto —mintió Nikolai, tomándola del brazo sano para sacarla de allí—. Vámonos antes de que el tipo recupere el valor y cambie de opinión.
Mientras caminaban a toda prisa hacia el todoterreno oculto en las sombras, Chae-yeong miraba de reojo el perfil de Nikolai. Tenía las fotos, tenía las pruebas para la junta del viernes, pero en su mente la duda empezaba a crecer como una bola de nieve: ¿quién era realmente el hombre con el que su abuela la había casado?
El camino de regreso a la mansión de Haeundae transcurrió en un silencio tenso, roto únicamente por el murmullo constante del motor del todoterreno y el azote de la lluvia fina contra el parabrisas.
Chae-yeong mantenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono. Las fotografías de las guías de embarque falsificadas eran nítidas: los sellos de la Corporación Yoon estaban impresos sobre el código de barras asignado a la empresa fachada de Han Seung-hyun. Era la prueba definitiva de malversación de fondos y fraude aduanero internacional. Con esos archivos, la junta directiva del viernes se convertiría en la ejecución pública de su primo.
Sin embargo, a pesar de tener la victoria al alcance de la mano, la mente de Chae-yeong no dejaba de dar vueltas alrededor del incidente en la oficina del muelle cuatro.
Giró levemente el rostro para observar a Nikolai. El hombre conducía con una sola mano sobre el volante, con la mirada perdida en la carretera oscura y los músculos de la mandíbula apretados.
—Kim Do-jin no es un simple supervisor —dijo Chae-yeong rompiendo el silencio, con voz calmada pero incisiva—. Es el director ejecutivo de operaciones del consorcio Kang. Un hombre que responde únicamente ante el socio mayoritario y que maneja presupuestos de miles de millones de wones. Y cuando te vio... no llamó a la policía. Parecía aterrorizado.
Nikolai ni siquiera pestañeó. Había pasado los últimos veinte minutos calculando exactamente cómo tapar la metida de pata de su mano derecha.
—El señor Kim es un hombre de números y protocolos, señorita Yoon —respondió Nikolai con tono monocorde, manteniendo los ojos en la vía—. Entró a esa oficina esperando encontrar ladrones de poca monta o vagabundos. En lugar de eso, se topó con un chofer veterano de su propia red de transporte y con la heredera de la familia Yoon. Lo último que necesita el consorcio Kang es un escándalo mediático en sus muelles privados por detener a la presidenta de su empresa socia.
—¿Y por eso se fue sin hacer una sola pregunta? —insistió ella, ladeando la cabeza—. La forma en que te miró... no era la mirada de un ejecutivo a un chofer de camión. Era la mirada de alguien que estaba recibiendo una orden implícita.
Nikolai detuvo el vehículo frente a un semáforo en rojo. Se giró despacio hacia ella, apoyando el brazo sobre el respaldo del asiento del copiloto. La luz roja del semáforo tiñó el interior del auto con un matiz penumbroso y peligroso.
—En este puerto, la gente que quiere conservar su empleo aprende a no hacer preguntas cuando ve cosas que no entiende —dijo Nikolai con voz rasposa, mirándola fijamente a los ojos—. Usted quería sus pruebas contra Seung-hyun y ya las tiene. Le sugiero que no busque fantasmas donde solo hay un ejecutivo cuidando su pellejo.
Chae-yeong extrajo del compartimento inferior del asiento una pequeña pistola compacta de nueve milímetros, asegurando la corredera con un movimiento seco y firme que demostraba que no era la primera vez que empuñaba un arma bajo la supervisión de Nikolai.—Entro contigo —dijo Chae-yeong, mirando a Nikolai con una frialdad sin fisuras—. No voy a esperar en el coche mientras sacan las pruebas de la muerte de mi padre. Necesito ver con mis propios ojos la firma del servidor antes de que mi tío sepa que lo tenemos acorralado.Nikolai la observó durante un breve instante. Conocía la determinación que ardía tras la mirada de Chae-yeong; intentar dejarla atrás en el vehículo habría sido inútil.—Te mantendrás dos pasos detrás de mí en todo momento —ordenó Nikolai en un tono que no admitía réplica—. Si se inicia un intercambio de fuego abierto, Do-jin te cubrirá la extracción hacia el sector oeste.—Entendido —asintió Chae-yeong.La lluvia comenzaba a arreciar, convirtiendo el suelo de grava
Kang Tae-shik soltó una larga bocanada de humo gris que flotó dentro del vehículo. Sus ojos pequeños y oscuros se estrecharon.—¿Cuántos eran? —preguntó sin elevar el tono, pero con una frialdad que helaba la sangre.—Solo... solo un hombre, jefe. Un extranjero. Era gigante, se movía como un fantasma. Encontré a El Ancla inconsciente en su despacho. Se llevaron los discos de la caja fuerte secundaria y el registro de llamadas de la red privada.Un silencio aterrador se apoderó de la berlina durante varios segundos. El único sonido era el crepitar del tabaco encendido.—Un extranjero... —murmuró Kang Tae-shik para sí mismo.Las piezas encajaron en su mente con una precisión siniestra. El informe que le había dado el primo de Chae-yeong, Yoon Min-jae, aseguraba que la heredera estaba acorralada en Europa por los mercenarios de Viktor Markov. Pero si un especialista táctico extranjero estaba limpiando sus locales en el centro de Seúl, significaba que Chae-yeong no solo había sobrevivido
—Do-jin, corta la línea de alimentación de las cámaras del pasillo trasero durante exactamente cuarenta segundos —ordenó Nikolai por el canal de radio interno.—Línea secundaria interceptada. Tienes cuarenta segundos a partir de... ahora.Nikolai descendió por la escala de incendios con una agilidad sorprendente para su corpulencia, cayendo sobre el pavimento del callejón sin emitir el menor sonido.Antes de que los dos vigilantes pudieran reaccionar al ver una figura alta emerger de la penumbra, Nikolai avanzó tres pasos rápidos. Agarró la cabeza del primer guardia por la mandíbula y la nuca, aplicando una presión precisa que neutralizó el nervio vago y lo dejó inconsciente al instante. Al mismo tiempo, bloqueó el brazo del segundo vigilante cuando este intentaba echar mano a la funda sobria de su chaqueta, estampándolo con fuerza medido contra la pared de ladrillo.En menos de siete segundos, ambos guardias yacían en el suelo, desarmados y asegurados con bridas de nylon de alta resi
—Padre, la convocatoria para la junta extraordinaria de mañana a las 09:00 está firmada y distribuida —anunció Min-jae con aire triunfante—. Los consejeros han confirmado su asistencia. Todos están alineados. Chae-yeong ni siquiera ha respondido a las notificaciones enviadas a su correo en Europa.Seong-jin sonrió con suficiencia, ajustándose los puños de la camisa.—Déjala que siga escondida en los Alpes —dijo Seong-jin, sirviéndose un café amargo—. Mañana a las nueve y diez minutos, la era de mi hermano habrá terminado para siempre en este consorcio.En el refugio de Seongsu-dong, Chae-yeong cerró la última pantalla de confirmación. La trampa estaba lista, los consejeros acorralados financieramente, la seguridad de la mafia neutralizada y el contrato de ochocientos millones listo para ser presentado como el golpe de gracia definitivo.Nikolai regresó al centro de mando, cerró la puerta de seguridad y se colocó a su lado.—Todas las piezas están en su lugar, presidenta —reportó Nikol
Chae-yeong acomodó la carpeta sobre su regazo y miró el coche con una sonrisa helada.—Pon rumbo directo al aeropuerto de Incheon, Do-jin —ordenó Chae-yeong—. Es hora de mostrarle a mi familia quién gobierna realmente el Consorcio Yoon.A las 05:15 de la mañana, mientras la niebla del mar Amarillo cubría las pistas de la terminal privada del Aeropuerto Internacional de Incheon, el Gulfstream G650 tocó tierra sin encender las luces de cortesía.El plan de vuelo falso registrado hacia Alemania había cumplido su cometido: para la red de vigilancia de Yoon Seong-jin y los informantes de la mafia surcoreana, la presidenta Yoon Chae-yeong continuaba atrapada en las garras de la burocracia europea.Do-jin coordinó la salida a través del canal logístico de una firma de importación textil de alta gama. En lugar de utilizar los vehículos ejecutivos de la flota del consorcio, la comitiva abordó dos monovolúmenes negros con cristales ahumados de alta densidad y matrículas temporales no registrada
Nikolai revisó el cargador de su pistola antes de guardarla en la funda sobria de su abrigo ejecutivo.—El consorcio Astra-Nordic es el mayor proveedor de litio refinado y tecnología de semiconductores para el mercado asiático —comentó Nikolai, mirando la pantalla—. Llevan dos años buscando un socio estratégico en Corea del Sur, pero la junta directiva de tu tío se negó a firmar porque exigían un porcentaje de sobornos bajo la mesa para los clanes de la mafia de Seúl.—Exacto —asintió Chae-yeong, ajustando el broche de su chaqueta—. Las negociaciones en Singapur estaban paralizadas por esa extorsión. El presidente de Astra-Nordic, el señor Henrik Lindqvist, se encuentra esta noche en su residencia privada de Sentosa Cove. Si cerramos el contrato de exclusividad antes del amanecer utilizando los noventa millones de Liechtenstein como garantía de liquidez inmediata, el consorcio Yoon obtendrá el monopolio de suministro para los próximos diez años.A las 03:15, un sedán de lujo de color







