FAZER LOGIN—¿Cómo sabes tanto sobre el personal de la firma Kang? —preguntó ella, frunciendo el ceño—. Un chofer de gandolas no suele tener acceso a los protocolos de seguridad del consorcio principal.
Nikolai sintió una ligera descarga de adrenalina en la nuca, pero mantuvo el rostro completamente inexpresivo.
—Manejo estas rutas desde hace años, señorita Yoon. Si uno no aprende quién cuida cada puerta en este puerto, termina en la cárcel o en el fondo del mar. Además, los choferes hablamos entre nosotros. Sabes dónde están los puntos ciegos si pasas doce horas al día esperando que te carguen el camión.
Chae-yeong pareció aceptar la explicación, aunque sus ojos analíticos mantuvieron cierta sospecha.
—Bien. El barco que buscamos es el Orient Trader. Según los registros filtrados que logré recuperar antes de que borraran el sistema, ese buque lleva tres contenedores sin sello de origen asignados a la empresa fachada de Seung-hyun. Si logramos fotografiar las guías de embarque físicas que están en la oficina del muelle cuatro, tendré las pruebas de que está utilizando las rutas del socio mayoritario para mover mercancía no declarada.
«Mercancía no declarada en mis propios barcos», pensó Nikolai con la mandíbula apretada. La sola idea de que el imbécil de Seung-hyun estuviera usando la infraestructura clandestina de la firma Kang para sus negocios sucios hacía que a Nikolai le hirviera la sangre.
—Quédate detrás de mí en todo momento —ordenó Nikolai, abriendo la puerta del auto—. Y si te digo que corras, corres. Sin discutir.
Avanzaron entre las sombras de los bloques de contenedores. El terreno era un laberinto de chapa de acero, charcos de aceite y tuberías de vapor. Nikolai se movía con una soltura aterradora: conocía cada esquina, cada cámara y cada turno de patrulla, porque él mismo había diseñado la distribución de la seguridad de esa terminal tres años atrás.
Para Chae-yeong, ver a su "esposo chofer" esquivar los detectores de movimiento con la precisión de un agente táctico era desconcertante. Cada vez que una patrulla de la firma Kang pasaba cerca, Nikolai la pegaba contra la pared de un contenedor, cubriéndola con su propio cuerpo y bloqueando cualquier ángulo de visión con la sombra de su espalda.
—Ahí está la oficina del muelle cuatro —susurró Chae-yeong, señalando una estructura prefabricada de dos pisos iluminada por dentro.
En la puerta principal había dos guardias armados con la insignia del consorcio Kang en el brazo.
—No vamos a entrar por enfrente —dijo Nikolai al oído de la chica, sintiendo cómo ella daba un leve respingo por la cercanía—. Hay un acceso de mantenimiento en la parte trasera para los inspectores de carga. Las llaves de ese acceso suelen estar en una caja de emergencia.
—¿"Suelen estar"? —preguntó ella en un susurro alarmado—. ¿Vas a adivinar?
Nikolai no respondió. Se acercó a la parte trasera de la estructura, buscó a tientas detrás de un panel de control eléctrico y extrajo una tarjeta magnética maestra con el logotipo dorado de la firma Kang. Era la tarjeta de acceso de nivel directivo que él mismo había escondido allí meses atrás para sus inspecciones sorpresa.
Deslizó la tarjeta por el lector. La luz cambió de rojo a verde con un leve clic magnético.
Chae-yeong se quedó con la boca abierta.
—¿Cómo... de dónde sacaste esa tarjeta? —preguntó en un hilo de voz, mirando el plástico dorado.
—Te dije que los choferes sabemos cosas —mintió Nikolai sin pestañear, empujando la puerta metálica—. Entra rápido antes de que la cámara del pasillo haga el recorrido automático.
El interior de la oficina olía a papel impreso, café frío y tabaco. Nikolai cerró la puerta a sus espaldas mientras Chae-yeong se dirigía de inmediato al archivo central de la oficina.
Con la mano buena, la joven comenzó a revisar carpetas físicas de manifiestos marítimos, buscando la matrícula del Orient Trader.
—Aquí está... —susurró Chae-yeong con los ojos brillando de emoción—. Muelle 4, contenedor K-890. Declarado como "repuestos maquinaria pesada", pero la factura de envío no tiene la firma del inspector jefe de la firma Kang. Seung-hyun metió esto falsificando los sellos de la Corporación Yoon.
Saco su teléfono móvil y comenzó a fotografiar cada página del manifiesto.
—Si presento esto ante el comité de auditoría el viernes, Seung-hyun no solo perderá su puesto en la junta; la firma Kang lo demandará por fraude internacional y uso no autorizado de sus terminales —explicó Chae-yeong, guardando el teléfono—. El socio mayoritario lo va a destruir.
Nikolai, parado cerca de la ventana vigilando el exterior, sonrió con frialdad en la penumbra.
«Tenlo por seguro, mi querida esposa. El socio mayoritario lo va a aplastar personalmente», pensó.
De pronto, el sonido pesado de unas botas resonó en la escalera exterior metálica.
—Alguien viene —avisó Nikolai, tomándola del brazo—. Muévete.
—¡Espera, falta el duplicado de la guía de aduana! —protestó Chae-yeong, intentando agarrar la última hoja.
—¡No hay tiempo!
La puerta de la oficina se abrió de golpe.
Un hombre alto, con traje oscuro impecable y abrigo de lana pesada, entró a la estancia hablando por teléfono encendido en voz alta. Era Kim Do-jin, el director de operaciones de la firma Kang y la mano derecha absoluta de Nikolai en el puerto de Busan.
—Les dije que el señor Kang no aceptará retrasos en la carga del Sector B —decía Do-jin con voz firme mientras caminaba hacia el escritorio—. Si los contenedores no están sellados para las tres de la mañana, el propio señor Kang vendrá a...
Do-jin se detuvo en seco al ver a dos intrusos parados en medio de la oficina.
Chae-yeong extrajo del compartimento inferior del asiento una pequeña pistola compacta de nueve milímetros, asegurando la corredera con un movimiento seco y firme que demostraba que no era la primera vez que empuñaba un arma bajo la supervisión de Nikolai.—Entro contigo —dijo Chae-yeong, mirando a Nikolai con una frialdad sin fisuras—. No voy a esperar en el coche mientras sacan las pruebas de la muerte de mi padre. Necesito ver con mis propios ojos la firma del servidor antes de que mi tío sepa que lo tenemos acorralado.Nikolai la observó durante un breve instante. Conocía la determinación que ardía tras la mirada de Chae-yeong; intentar dejarla atrás en el vehículo habría sido inútil.—Te mantendrás dos pasos detrás de mí en todo momento —ordenó Nikolai en un tono que no admitía réplica—. Si se inicia un intercambio de fuego abierto, Do-jin te cubrirá la extracción hacia el sector oeste.—Entendido —asintió Chae-yeong.La lluvia comenzaba a arreciar, convirtiendo el suelo de grava
Kang Tae-shik soltó una larga bocanada de humo gris que flotó dentro del vehículo. Sus ojos pequeños y oscuros se estrecharon.—¿Cuántos eran? —preguntó sin elevar el tono, pero con una frialdad que helaba la sangre.—Solo... solo un hombre, jefe. Un extranjero. Era gigante, se movía como un fantasma. Encontré a El Ancla inconsciente en su despacho. Se llevaron los discos de la caja fuerte secundaria y el registro de llamadas de la red privada.Un silencio aterrador se apoderó de la berlina durante varios segundos. El único sonido era el crepitar del tabaco encendido.—Un extranjero... —murmuró Kang Tae-shik para sí mismo.Las piezas encajaron en su mente con una precisión siniestra. El informe que le había dado el primo de Chae-yeong, Yoon Min-jae, aseguraba que la heredera estaba acorralada en Europa por los mercenarios de Viktor Markov. Pero si un especialista táctico extranjero estaba limpiando sus locales en el centro de Seúl, significaba que Chae-yeong no solo había sobrevivido
—Do-jin, corta la línea de alimentación de las cámaras del pasillo trasero durante exactamente cuarenta segundos —ordenó Nikolai por el canal de radio interno.—Línea secundaria interceptada. Tienes cuarenta segundos a partir de... ahora.Nikolai descendió por la escala de incendios con una agilidad sorprendente para su corpulencia, cayendo sobre el pavimento del callejón sin emitir el menor sonido.Antes de que los dos vigilantes pudieran reaccionar al ver una figura alta emerger de la penumbra, Nikolai avanzó tres pasos rápidos. Agarró la cabeza del primer guardia por la mandíbula y la nuca, aplicando una presión precisa que neutralizó el nervio vago y lo dejó inconsciente al instante. Al mismo tiempo, bloqueó el brazo del segundo vigilante cuando este intentaba echar mano a la funda sobria de su chaqueta, estampándolo con fuerza medido contra la pared de ladrillo.En menos de siete segundos, ambos guardias yacían en el suelo, desarmados y asegurados con bridas de nylon de alta resi
—Padre, la convocatoria para la junta extraordinaria de mañana a las 09:00 está firmada y distribuida —anunció Min-jae con aire triunfante—. Los consejeros han confirmado su asistencia. Todos están alineados. Chae-yeong ni siquiera ha respondido a las notificaciones enviadas a su correo en Europa.Seong-jin sonrió con suficiencia, ajustándose los puños de la camisa.—Déjala que siga escondida en los Alpes —dijo Seong-jin, sirviéndose un café amargo—. Mañana a las nueve y diez minutos, la era de mi hermano habrá terminado para siempre en este consorcio.En el refugio de Seongsu-dong, Chae-yeong cerró la última pantalla de confirmación. La trampa estaba lista, los consejeros acorralados financieramente, la seguridad de la mafia neutralizada y el contrato de ochocientos millones listo para ser presentado como el golpe de gracia definitivo.Nikolai regresó al centro de mando, cerró la puerta de seguridad y se colocó a su lado.—Todas las piezas están en su lugar, presidenta —reportó Nikol
Chae-yeong acomodó la carpeta sobre su regazo y miró el coche con una sonrisa helada.—Pon rumbo directo al aeropuerto de Incheon, Do-jin —ordenó Chae-yeong—. Es hora de mostrarle a mi familia quién gobierna realmente el Consorcio Yoon.A las 05:15 de la mañana, mientras la niebla del mar Amarillo cubría las pistas de la terminal privada del Aeropuerto Internacional de Incheon, el Gulfstream G650 tocó tierra sin encender las luces de cortesía.El plan de vuelo falso registrado hacia Alemania había cumplido su cometido: para la red de vigilancia de Yoon Seong-jin y los informantes de la mafia surcoreana, la presidenta Yoon Chae-yeong continuaba atrapada en las garras de la burocracia europea.Do-jin coordinó la salida a través del canal logístico de una firma de importación textil de alta gama. En lugar de utilizar los vehículos ejecutivos de la flota del consorcio, la comitiva abordó dos monovolúmenes negros con cristales ahumados de alta densidad y matrículas temporales no registrada
Nikolai revisó el cargador de su pistola antes de guardarla en la funda sobria de su abrigo ejecutivo.—El consorcio Astra-Nordic es el mayor proveedor de litio refinado y tecnología de semiconductores para el mercado asiático —comentó Nikolai, mirando la pantalla—. Llevan dos años buscando un socio estratégico en Corea del Sur, pero la junta directiva de tu tío se negó a firmar porque exigían un porcentaje de sobornos bajo la mesa para los clanes de la mafia de Seúl.—Exacto —asintió Chae-yeong, ajustando el broche de su chaqueta—. Las negociaciones en Singapur estaban paralizadas por esa extorsión. El presidente de Astra-Nordic, el señor Henrik Lindqvist, se encuentra esta noche en su residencia privada de Sentosa Cove. Si cerramos el contrato de exclusividad antes del amanecer utilizando los noventa millones de Liechtenstein como garantía de liquidez inmediata, el consorcio Yoon obtendrá el monopolio de suministro para los próximos diez años.A las 03:15, un sedán de lujo de color







