Compartilhar

El Deseo Prohibido del Rey Lycan
El Deseo Prohibido del Rey Lycan
Autor: Fénix Vm

01. La caída

Autor: Fénix Vm
last update Data de publicação: 2026-04-30 23:10:15

Pov Edana

Ya todo estaba listo para este día; las flores en el jardín, los invitados llegando, mi vestido perfectamente blanco que miro en el espejo con una sonrisa.

Todo estaba diseñado para ser una noche inolvidable… ‎sin saber que pronto se convertiría en una horrible pesadilla.

—Ahí está la hermosa futura Luna.

Vera entra regalándome una sonrisa amplia que le devuelvo a través del espejo. Deja en la pequeña mesa, la bandeja que trae antes de acercase.

—Te vez hermosa, hermana. Estoy segura que la Diosa bendecirá tu unión con André, sin importar que no sean compañeros destinados.

Bajo la mirada hacia mis manos.

No podía quejarme, André había demostrado ser el hombre perfecto. El mejor guerrero de la manada que mi padre había elegido para liderar junto conmigo.

Me había enamorado con pequeños detalles, con promesas que, a partir de esta noche, se harían realidad.

—Gracias, Vera —suelto una pequeña risa nerviosa, —no te niego que esto me emociona a pesar de todo.

—Lo harás bien, ya verás —se para frente a mí tomando mis manos entre las suyas—. Nuestro padre ya está orgulloso de ti, en la mujer en que te has convertido. Definitivamente no podía haber pedido a una hija mejor.

Me abraza con fuerza y en el momento en que sus brazos me rodean, puedo percibir un aroma diferente en ella.

Uno que he conocido demasiado bien durante el último año: Romero y bosque lluvioso.

Es el aroma de André.

¿Por qué está en Vera?

Ella se aleja dándome una sonrisa para luego caminar hacia la pequeña mesa.

La sigo con la mirada a través del espejo, sintiendo una sensación extraña que no se va del todo, pero sigue ahí.

Mi loba no le da importancia, a ella no le interesa esta unión y aún así, ahí estaba yo, viendo a Vera de una forma diferente.

No, no, Edana. Seguramente fue un abrazo. Sí, eso es.

Me aliso la falda del vestido para calmarme y dejar de pensar en tonterías.

—¿Lista, hermanita? ya es hora.

—Sí, muy lista, Vera, tan lista como una futura Luna puede estar.

Me giro hacia ella viendo que trae una pequeña taza de té en sus manos.

—Bien, porque esta noche será grandiosa para todos… en especial para ti.

Esa última parte sonó algo extraña, pero lo ignoré.

Ella me guiña un ojo con picardía haciéndome reir mientras tomo la taza de sus manos.

—Sí, hoy por fin seremos uno, Vera, para toda la vida.

—Sí… para toda la vida —repite con algo brillando en sus ojos, fue tan rápido que casi creo que lo imaginé.

—Tómalo rápido antes de que se enfríe. Lo traje para los nervios. Créeme… lo vas a necesitar.

Asiento dando el primer sorbo; el sabor dulce con un toque salado se extiende por mi paladar hasta terminarlo todo.

Me miro en el espejo una última vez, asegurando que todo esté perfecto como se espera de mí.

—Bien, hagamos esto. No podemos hacer esperar más a los invitados.

Me doy la vuelta dispuesta a salir de la habitación, pero todo gira de pronto y el suelo bajo mis pies desaparece.

Caigo sin poder sostenerme de nada, viendo a Vera parada en el mismo lugar mientras todo mi mundo se oscurece.

*****

Un pitido agudo resuena en mis oidos a medida que la conciencia regresa.

Trato de moverme sintiendo el cuerpo pesado, llevando una mano a la cabeza donde un dolor punzante me atraviesa.

Me incorporo lentamente con un gemido bajo, roto, abriendo los párpados para saber en dónde estoy o que sucedió.

El silencio me rodea. La habitación me resulta extrañamente familiar. Hasta que mis dedos tocan algo húmedo, caliente y pegajoso sobre el suelo.

Bajo la mirada un poco borrosa, parpadeando un par de veces para distinguir que es y cuando lo veo, dejo de respirar.

Es sangre.

Cubre mis dedos, manchando el suelo, la alfombra, el vestido blanco que aún tenía puesto.

Pero no se detuvo ahí.

No fue hasta que seguí el camino de sangre y vi el cuerpo aún agonizante, que apenas pude reaccionar.

—Papá…

Me arrastro hacia él, viendo sus heridas, presionándolas con desespero para que dejen de sangrar.

No, no, no, ¿cómo sucedió esto?

—Papá, mírame… mírame… quédate conmigo, por favor… quédate conmigo.

Sus ojos grises, tan iguales a los míos me miran con la vida apagándose en ellos.

—Hija…

Negué sin querer escucharlo. Sabía que quería despedirse y no iba a dejarlo.

Justo en ese momento la puerta se abre de golpe. Vera se queda parada en el umbral, con los ojos abiertos de sorpresa mirándome a mí y luego a mi padre.

—Edana… ¿qué hicistes?

—No… no es… yo no… —quise explicarle, decirle que esto no es lo que cree, pero las palabras no salen

—Lo mataste, tú… tú mataste a nuestro padre, asesinaste al Alfa.

Dio varios pasos atrás negando y luego desapareció por el pasillo.

Regresé la atención a mi padre, mi loba agintandose sin saber que hacer.

—Escúchame… —susurró con dolor, levantando su mano con dificultad para acariciar mi mejilla con la mano húmeda de su propia sangre.

—Ocúltala, hija mía. Escóndela de ellos, no dejes… no dejes que sepan lo que es tu loba.

—Papá…

—Ellos no pueden… no pueden saber quién es.

—¿Ellos quienes? —pregunté al borde de la desesperación.

—Prométemelo, Edana, debes… debes ocultarla.

Negué, bajando la mirada, viendo como su vida se escapa entre mis dedos.

—No me pidas esto, por favor, tu prometiste que siempre nos cuidarias.

Él levantó mi rostro con sus últimas fuerzas.

—Te enseñé lo suficiente… mi pequeño sol. Lo harán bien solas.

Sus ojos se enfriaron poco a poco, hasta que su vida se apagó por completo.

Un grito desgarrador sale de mi garganta sin poder detenerlo, sintiendo el dolor de la pérdida más importante de mi vida traspasarme el pecho.

Así fue como me encontraron los guardias. Llorando, aferrada al cuerpo de mi padre, mientras todo mi mundo se derrumbaba a pedazos.

Manos me tomaron con brusquedad levantándome, sacándome a rastras de la habitación donde aún podía ver a través de las lágrimas, su cuerpo sin vida.

—Ella lo hizo —Vera habló frente a todos los presentes—, ella lo asesinó, yo misma lo vi.

Negué, buscando entre las miradas de odio y acusación, a alguien que me creyera. Me detuve en André con una mirada suplicante, esperando a que dijera algo.

Pero cuando rodeó a mi hermana con sus brazos, dejando un beso en su frente y ordenando que me llevaran, entendí más que suficiente para no seguir luchando.

Me arrastraron hacia las celdas donde fui lanzada contra la piedra fría, mi cabeza golpeó el suelo con fuerza haciéndome ver puntos brillantes.

Ahí me quedé, acurrucada, llorando, tratando de recordar que había pasado, qué había hecho. No podía recordar nada.

Yo… había acabado con la vida de mi padre sin saber como…

«Nosotras no lo hicimos» dijo mi loba, aunque ella tampoco estaba segura «No lo hicimos, Eda, esto fue una trampa. Jamás lastimaría a nuestro padre»

Pero ni ella lo creía.

Lo había hecho antes, perdía el control lastimándolo muchas veces, pero nunca eran heridas de garras.

Ese secreto solo lo sabíamos él y yo. Lo que era mi loba, lo que realmente hacía.

Las horas pasaron interminables y nadie vino a traer al menos agua.

Me encontraba sentada en el rincón más apartado cuando por fin escuché la puerta abrirse.

Levanté la mirada cuando los pasos se detuvieron frente a la reja y vi a Vera con un vestido plateado, brillante, muy diferente al que llevaba más temprano.

—Hola hermanita, ¿que tal tu lujosa alcoba marital? no tan perfecta como soñabas, ¿verdad? —Suelta una risa burlona

Me levanté rápido acercándome a ella, aferrándome a los barrotes con desesperación y sé que ella podía verlo.

—Yo no lo hice, Vera. Me conoces, crecimos juntas, yo jamás le haría eso a mi padre.

—Lo sé —acaricia mis dedos con sus uñas perfectamente cuidadas—. La perfecta Edana jamás cometería el error de matar a su padre. La perfecta Edana jamás hace nada malo. Nunca.

Solana gruñe dando un paso atrás al mismo tiempo que una sensación de peligro me recorre la espalda.

—Pero cometiste un error, uno solito —hizo una pausa, borrando por completo la sonrisa para reemplazarla por un odio que nunca había visto.

—Uno que te costó todo y que, por fin, nos dio a mi madre y a mí el lugar que merecíamos.

Di un paso atrás, confundida.

—Nuestro padre siempre te amo más, siempre su atención era para ti. Cuidándote como un tesoro que alguien, en cualquier momento, vendría a robar, mientras mi madre tenía que vivir bajo la sombra de una Luna muerta que nadie recuerda.

Avanzó un paso, disfrutando de ver mi confusión y las lágrimas que caen silenciosas.

—Pero eso se acabó hoy, Edana. Todo lo que alguna vez tuviste me pertenece. Tu poder, tu vida, tu prometido. Yo seré quien ahora me convierta en Luna.

—La manada jamás va a aceptar esto…

—Pero si la manada ya decidió, —me interrumpió—, te odian por lo que hicistes y pronto… serás condenada a muerte.

Una sonrisa lenta, calculada, fría, se extiende por sus labios acercándose un poco más a la reja.

—Yo ya soy oficialmente la Luna, Edana —aparta su cabello dejándome ver la marca en él—. André ya me reclamó oficialmente delante de todos, así como ya hizo su ceremonia de Alfa frente a la manada.

Me quedé mirando esa marca que debería haber sido mía, apretando los puños de rabia, dolor y decepción.

André me había traicionado con mi propia hermana, dejándome en claro que su "amor" y sus promesas no fueron más que puras mentiras.

—Lárgate.

—Claro que sí, mi gran noche ya espera y mi compañero está impaciente —suelta una risita que me da asco—. Pero, como soy buena hermana, déjame darte un último regalo de nuestro padre.

Sacó algo arrojándolo a mis pies. Era una flor naranja, con petalos brillantes que con la luz, parecían fuego.

Me arrodillé para tomarla como si eso fuera todo lo que importaba.

—¿Sabes qué es lo único que no puedo olvidar, Edana? —susurró bajo, inclinándose lo suficiente para que solo yo pueda escucharla—. La mirada de agonía de nuestro padre, mientras veía como su propia hija hundía aquella daga de plata lentamente en su pecho.

Me congelé por completo ante sus palabras, escuchando el eco lejano de su risa mientras se alejaba.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • El Deseo Prohibido del Rey Lycan   60. Su pasado

    Pov Edana Abro los ojos lentamente sin saber exactamente que ocurrió. Esta sensación se me hace conocida, como la vez que desperté luego de que Vera me drogara. La única diferencia es que despierto en la misma cama y la misma habitación donde Kaelor me encerró. Me muevo ligeramente sintiendo mis extremidades sin fuerzas, como si me hubiesen sacado las energías del cuerpo. Llevo una mano con dificultad a mi cuello, algo arde y, cuando toco lo que es, los recuerdos regresan de golpe. Kaelor entrando, tomando mi cuello y luego... Un escalofrío me recorre el cuerpo al saber lo que ha hecho. Me marcó. Kaelor me había marcado. No, no ¿Qué fue lo que hizo? Busco a Solana en mi mente y ahí está, tan igual o peor que yo. Como si hubiese luchado contra algo y hubiese quedado exhausta. Pero no es eso lo que me preocupa, sino lo que arde en mi espalda. Un dolor que pareciera marcarme y tallarme algo en la piel. Logro sentarme dándome cuenta que estoy sola. La habitación ya n

  • El Deseo Prohibido del Rey Lycan   59. Ella no iba a llevársela

    Pov Kaelor Cyrus me reclama por haberla tratado así, por haberla encerrado, pero poco me importan sus quejas. Esa mujer es peligrosa cuando hace planes, cuando toma decisiones pensando que puede librarse de mí tan fácilmente Y lo peor... lo peor es que la condenada me tiene en sus manos y yo permito que sea rebelde y me joda la vida porque me gusta que lo haga. Abro la puerta de Artem casi arrancándola de sus bisagras. Lo único que lo salvó más temprano fue que estaba con su compañera, pero ahora, está libre. —¿Qué te trae por aquí? —No te hagas el idiota. Dejé a mi hembra encerrada por tu culpa. Su sonrisa se borra y su ceño se frunce. —¿Encerraste a Edana, Kaelor? ¿Acaso perdiste la cabeza? —La perdí el mismo día que la reconocí. Ahora no me cambies el puto tema. ¿Por qué carajos enviastes a esas mujeres? —El Alfa las mandó como regalos —se encogió de hombros—. Yo las mandé a salir; en ningún momento les dije que fueran contigo, solo les ordené ir a la casa del

  • El Deseo Prohibido del Rey Lycan   58. Encerrada

    Pov Edana Desgraciado ya no era una palabra adecuada para describir a ese salvaje. Me arden mis nalgas al punto que apenas puedo sentarme y la sensibilidad que me cargo entre las piernas molesta con el más mínimo roce. Si quería castigarme, lo logró a la perfección. Estoy irritada, adolorida y cachonda, definitivamente eso no es una muy buena mezcla el día de hoy. «Pues yo no te vi luchando para evitarlo, Edana, al contrario, estabas rogando para que no se detuviera» «Solana...» «No te andes ahora con vergüenza, que aunque no lo gritabas en alto con tu boca, bien que lo hacías en tu cabeza, perturbando mi paz mental». Me mordí el labio sin responder a eso, ella tenía razón. Aprieto con fuerza la pequeña bandeja de aperitivos. Me detengo en la puerta del despacho del Alfa, escuchando las voces del otro lado. ¿Qué demonios hacía yo trayendo algo para que estuvieran bien? Iba a irme. Eso era lo que tenía que repetirme constantemente desde la cascada. Lo había hecho como desped

  • El Deseo Prohibido del Rey Lycan   57. Creada para nosotros

    Pov Artem Esos lazos blancos no salen de mi cabeza. Su suavidad, su firmeza, la manera en que calmaron mi oscuridad sin esfuerzo y luego... Lili. No sabía si estaba seguro de lo que había visto Si era mi mente y mi desesperado vínculo con ella por sentirla de alguna manera, haciéndome ver cosas que no tienen explicación. Pero Aedus se aferró a eso, a esos lazos, a esa conexión que tuvimos con ella que se sintió mejor de lo podía decir. Alejarla ahora sería más complicado, demasiado. ¿Cómo iba a mantenerla a salvo de lo que era? Me quedé pensando en eso con los ojos cerrados, recostado al borde de la tina de madera con agua helada. Esto era lo único que por ahora me relajaba, eso y saber que la tenía cerca aunque no pudiera tocarla. A este paso, voy a cruzar una línea que va a lastimarla. Por primera vez en mi larga vida, durante los últimos tres años, esta oscuridad heredada de mi madre me parecía más una condena que una bendición. Ella siempre decía que no la odia

  • El Deseo Prohibido del Rey Lycan   56. Castigo

    Pov Kaelor Aparto un mechón de cabello de su rostro con cuidado de no despertarla. Admirando sus rasgos relajados, serenos, con la luz de la luna acariciando suavemente su piel blanca. Me había dejarlo tocarla, besar cada parte de su cuerpo sin restricciones, acercarme sin reservas. Ahora la tenía durmiendo entre mis brazos, tan ajena al mundo, a su dolor, a lo que sea que la esté alejando de mí. Pero no podía dejar pequeñas cosas por fuera. Cómo su miedo frente al lago. Lo ví en sus ojos, en como su cuerpo se tensaba. Algo más sucedía en su mente y me pregunto si tiene que ver con lo que ella vio en el río. Estoy seguro que fue eso; aquello que estuvo en su presencia. Ahí también estaba asustada. Sea lo que sea yo iba a protegerla, no iba a permitir que nada le hiciera daño. Pero había otra cosa, algo que no salía de mi cabeza. En cómo se sentía su entrega y sus caricias, como si fuera... una despedida. «Esto no me gusta, Kaelor. Contacta a ese hombre ahora y pide un maldito

  • El Deseo Prohibido del Rey Lycan   55. Decidir quedarme o irme

    Pov Edana Ninguno de los dos habla al principio. Yo, porque no deseo hacerlo. No tengo nada que decirle, nada que él quiera escuchar. Las últimas palabras que le dije fueron crueles, lo suficiente para ver algo más que dolor en sus ojos. No podía imaginar al Rey de los Lycan de rodillas antes una loba enemiga, y ahí estaba él, haciéndolo, recibiendo una indiferencia que justifico con sus acciones. ¿Por qué? ¿Por qué hacia esto por mí cuando no era más que...? Ya no sé cómo terminar esa frase. —Edana... Cerré los ojos al escuchar mi nombre entre sus labios. No podía evitar que mi corazón se agitara y un montón de mariposas revolotearan en mi estómago. —Por favor, mírame. Tomó mi mentón con suavidad girando mi rostro hacia él cuando no quise hacerlo. Abrí los ojos encontrándome con ese dorado hermoso y salvaje. Uno que ya conocía en casi todas sus facetas. —Nunca quise hacerte daño esa noche. Jamás lo haría, ni a ti, ni a tu loba. Pero tampoco quería ver cómo te es

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status