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Capítulo 5

last update publish date: 2021-07-20 11:43:35

El Dodge Charger de John era del modelo de cuatro puertas. David iba al volante y a su lado el doctor Hansen observaba la autopista en silencio. Joseph estaba acostado en el asiento trasero, dormido. Hacía rato que ya habían tomado la vía hacia Manhattan, y se acercaban al Puente Williamsburg, sobre el East River. David no podía dejar de pensar en lo que había pasado en casa de John, y por más que trataba de justificarse no podía dejar de pensar en el hombre al que le había quitado la vida. De alguna forma pensaba que la guerra y la muerte ya no formarían parte de su vida, y allí se encontraba de nuevo, matando por una causa que aún no comprendía del todo. Lo único que sabía era que si no hubiera tomado la vida de aquel hombre, todos, incluso él mismo, estarían muertos a esa hora. Pensó en Joseph, y un pequeño ápice de consuelo llegó a su alma al pensar que al menos había salvado a un niño inocente de una muerte que según aquel hombre siniestro era segura. Miró al doctor Hansen. Éste aún observaba la autopista.

―Disculpe por lo que tuvo que ver en la casa de su amigo ―le dijo, al fin―. En las Fuerzas Especiales nos enseñaron a activar el instinto de supervivencia ante situaciones de riesgo. Fue un acto automático.

El doctor Hansen aún estuvo en silencio por unos segundos más.

―No se preocupe ―dijo, luego de un breve suspiro―. Lo importante es que Joseph está a salvo. Gracias por lo que hizo.

―Que sin embargo es asesinato, y a ustedes trataron de asesinarlos también. Aún pienso que ir a las autoridades sería lo mejor. A esta hora deben estar en casa de su amigo atando cabos, y tarde o temprano pudieran saber la verdad de lo sucedido.

Cuando recibió la llamada, el detective de homicidios Mark Forney de la Policía de Nueva York tenía apenas cuatro horas que se había acostado. Con pereza tomó su celular de la mesita de noche y aún medio dormido contestó. Oyó por unos segundos.

―De acuerdo ―dijo―. Estaré allá en media hora.

Pero tardó veinticinco minutos. Cuando llegó a la casa del suceso un oficial uniformado lo recibió y lo puso al tanto.

―Tenemos cuatro muertos y un herido al que ya se han llevado al hospital ―le dijo el policía―. El dueño de la casa dice que los tres de la cocina habían entrado a robar por la puerta trasera al mismo tiempo que lo hacían dos más al frente, y que cuando se vieron se cayeron a tiros. El muerto de la sala fue eliminado por una puñalada en el cuello y cuatro disparos.

El detective Forney entró en la casa de John y miró al muerto de la sala. Había un gran charco de sangre. El médico forense estaba revisando el cuerpo y un ayudante estaba tomando fotografías. Pasó a la cocina y vio a los otros tres también en el piso y en medio de otro charco de sangre. De inmediato notó que algo no estaba bien. Cuando regresaba a la sala una mujer de unos treinta años, rubia de pelo corto y de aspecto desaliñado entró a la casa. Al verlo le sonrió y se ubicó a su lado, saludándolo y observando la dantesca escena.

―¿Pudiste dormir, Doris? ―le peguntó Mark―. Parece que no.

La mujer volvió a sonreír, resignada.

―Sabes que no ―contestó ella―. Apenas había cerrado los ojos cuando me llamaron.

La detective de homicidios Doris Ventura era la compañera de Mark Forney desde hacía cuatro años, y ambos formaban una exitosa pareja. Ella se vestía de manera casual y simple, y se veía que poco se preocupaba por su apariencia al no llevar casi maquillaje, aunque extrañamente no lucía fea. Él era un hombre apuesto, de treinta y cinco años, le gustaba llevar el cabello un poco largo a pesar de los reclamos de sus superiores, pero no se le veía mal, más bien le hacía parecer más atractivo a las mujeres. Su forma de vestir tampoco era tan formal, y pesar de que a veces usaba traje no llevaba corbata, lo que para él era más cómodo, y una ventaja a la hora de posibles enfrentamientos con criminales violentos. Su formación militar le había dejado la costumbre de ejercitarse diariamente y mantenerse en forma, por lo que tenía en su apartamento un pequeño gimnasio con pesas y una máquina caminadora, además de practicar sus movimientos de Karate y Kung Fu. Seguía siendo soltero y no tenía en ese momento una relación formal con ninguna mujer. Cuando su compañera le preguntaba cuándo se casaría simplemente contestaba que ninguna mujer se merecía tener a un policía como esposo, dados los riesgos que esa profesión implicaba. En el campo laboral se caracterizaba por su agudeza visual al detallar pistas e ir más allá de lo normalmente perceptible por una persona común. Tenía pensamiento crítico, era sagaz, concienzudo, metódico y obsesivo con los casos encomendados. Era implacable con los criminales y nunca cesaba hasta atrapar a su hombre o mujer sospechosa, dependiendo del caso. Su compañera no era muy diferente a él, y a pesar de su aspecto, Doris Ventura también era obsesiva con sus casos, y a pesar de que no tenía la perspicacia de su compañero ni su habilidad para ver más allá de lo meramente aparente, era astuta, inteligente y dedicada. Tampoco estaba casada, pero mantenía una relación con un hombre de negocios de Wall Street que era completamente lo opuesto a ella en cuanto a su apariencia: formal, de aspecto cuidadosamente conservado y fino. Le gustaba la relación que mantenía con ella porque era una forma de salirse a propósito del elegante claustro neoyorquino. Además, aquella mujer le daba sencillez a su vida, como decía. Hasta ella se preguntaba qué le veía aquel hombre elegante, y por qué estaba con ella, pero no se molestaba en buscar respuestas, siempre y cuando siguieran llevando tan bien la relación como hasta ese momento la llevaban.

―El dueño dice que fue un robo doble que salió mal ―dijo Doris―. Pero estoy segura de que no te crees ese cuento.

Mark se agachó para ver con más detenimiento al hombre muerto, el forense había terminado de revisar al cadáver y se incorporó para darle espacio. Mark se puso unos guantes y luego revisó la herida del cuello. También revisó las heridas del pecho.

―¿Por qué se molestarían en apuñalarlo si ya tenía cuatro balazos en el pecho, o viceversa? ―se preguntó, pero Doris sabía que la pregunta iba para todos los presentes en el lugar.

―El arma con que le hicieron la herida del cuello no aparece ―dijo el forense―. Ya había sido apuñalado cuando le dispararon. Averiguaré qué tipo de cuchillo usó el asesino por las marcas en la herida. El propietario dice que había un cuarto asaltante junto a los tres de la cocina que logró escapar a la masacre, y que tal vez se llevó el cuchillo.

Mark miró alrededor y luego se levantó.

― ¿Y el herido, qué ha dicho?

―Hasta ahora nada ―dijo el forense―. Se niega a hablar. Cuando llegaron los servicios de emergencia lo encontraron debajo del muerto con un balazo en el brazo a quemarropa y al dueño de la casa apuntándole con una escopeta.

Un hombre blanco de unos cincuenta años, calvo y con bigotes, vestido con traje y sobretodo entró a la casa. Era el capitán Steven Mulligan, Director de la Unidad de Homicidios, y jefe de Mark y Doris. Miró alrededor y luego al sujeto en el piso.

― ¿Y qué me dicen? ―preguntó, al tiempo que Mark se levantaba de nuevo, quitándose los guantes.

―Algo me dice que no fue un robo que salió mal ―dijo Mark.

―Sabía que dirías eso ―Doris lanzó una risita.

Mark le miró unos segundos, luego continuó:

―No me cuadra esa hipótesis del robo. ¿Dos bandas al mismo tiempo? Si bien es cierto que el propietario es un importante científico no veo la razón por la cual dos bandas quieran robarle a la vez. Este tipo de aquí tiene una herida en el cuello propinada de manera eficaz con la firme intención de cortarle la yugular y de paso seccionar parte de su cervical, por lo que me parece que fue alguien que sabía lo que hacía, y tiene mucha experiencia en ello. Los disparos los recibió porque de seguro el que lo acuchilló lo usó como escudo, tal vez protegiéndose del que estaba en el suelo. Por eso lo tenía encima cuando llegaron las unidades.

El capitán Mulligan le apuntó con su índice derecho.

―La pregunta es: ¿qué hacían aquí? Quiero que interroguen de nuevo al científico y su esposa. Verifiquen las identidades de los muertos y si de verdad eran miembros de bandas criminales. Hablen de nuevo con los vecinos a ver si alguno vio o recuerda algo más del incidente. Vayan al hospital e interroguen al sobreviviente y sáquenle el verdadero motivo por el cual se presentaron aquí. Hasta ahora no ha querido hablar pero procuren que lo haga y que sea rápido, no quiero al Alcalde respirándome en la nuca, saben que es bastante fastidioso. Yo me encargaré de la prensa.

Mark y Doris asintieron y salieron de la casa tras el capitán Mulligan.

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