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Capítulo 12

Author: Cece Walken
last update publish date: 2026-10-14 12:24:01

El aire dentro del despacho pareció detenerse en el mismo instante en que Damian pronunció aquella última frase. En algún rincón de su cabeza, una alarma comenzó a sonar, levantando un miedo que amenazaba con romper la calma que había mantenido hasta entonces. Ava sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Él había contado los días; había unido las semanas y ahora parecía tener demasiado cerca aquello que ella llevaba semanas intentando esconder. Durante un segundo, quiso apartar la mirada, de
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    Las vibraciones del teléfono en el bolsillo de su pantalón interrumpieron a Damian mientras revisaba unos contratos en su despacho. Sacó el móvil con cierta molestia y frunció el ceño al leer el mensaje del encargado de seguridad del pabellón botánico. Era breve, apenas unas líneas, pero bastaron para ponerlo en alerta: Eleonora Callahan acababa de salir de la zona de paisajismo con una expresión de evidente disgusto.Damian no necesitó preguntar qué había ocurrido. Conocía demasiado bien a su madre para imaginar que aquella visita a los terrenos de la zona norte había sido una simple casualidad. Había buscado a Ava y, aprovechando que él no estaba cerca, había decidido enfrentarse a ella sin testigos. La mandíbula se le endureció mientras guardaba el teléfono. Sin molestarse en explicar nada a los hombres que lo acompañaban, dio por terminada la reunión, recogió las llaves de su deportivo gris y salió del edificio. Lo único que le importaba en aquel momento era encontrar a Ava y aseg

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 36

    Los enormes cristales, cubiertos por una fina capa de vapor, encerraban un ambiente cálido y húmedo, impregnado del olor a tierra mojada y vegetación que caracterizaba el pabellón de especies exóticas. Ava caminaba despacio por el sendero de piedra, procurando no rozar las hojas de los helechos tropicales que sobresalían de los maceteros y colgaban desde las vigas superiores. Había tenido que abandonar su cubículo para supervisar los avances del paisajismo exterior que complementaba los accesos de la zona norte. En realidad, también necesitaba salir un rato de aquella oficina donde las paredes parecían cerrarse sobre ella. Los síntomas del embarazo le habían dado una tregua esa tarde y no pensaba desperdiciar la oportunidad de respirar un poco de aire fresco, aunque fuera dentro de aquel invernadero.Llevaba una carpeta con varios bocetos bajo el brazo y una chaqueta ligera que apenas conseguía disimular la rigidez de su postura. Todavía tenía demasiado presente la conversación de la

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    La lluvia había comenzado a caer sobre la ciudad. Desde la cocina llegaba la única luz que rompía la penumbra de la sala. Ava ocupaba uno de los taburetes de la barra, vestida con un conjunto de pijama holgado y unas medias gruesas. Tenía los brazos apoyados sobre el mármol y la cabeza descansando sobre una de sus manos. Se sentía agotada. Había sido un día horrible, de esos en los que hasta levantarse de la cama parecía requerir un esfuerzo sobrehumano. Las náuseas habían comenzado desde muy temprano y, a lo largo de la mañana, se habían vuelto tan intensas que no había conseguido hacer prácticamente nada. Al final, no le había quedado más remedio que llamar a la empresa para avisar que no asistiría. No le había gustado tener que hacerlo, sobre todo porque no estaba acostumbrada a faltar al trabajo, pero intentar ignorar el malestar tampoco había servido de mucho. Su cuerpo necesitaba un descanso y, por más que le molestara admitirlo, ese día había tenido que escucharlo.El sonido de

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    Desde que había llegado a su despacho en el último piso de Vanguardia Group, Damian apenas había conseguido concentrarse en otra cosa que no fuera lo ocurrido la noche anterior. Afuera, el cielo permanecía cubierto y una luz grisácea atravesaba los enormes ventanales de la oficina. Él seguía de pie junto al cristal, con una taza de café negro en una mano y las mangas de su camisa remangadas hasta los antebrazos. Se había quitado el saco y lo había dejado sobre el respaldo de su silla. Apenas había dormido unas horas, pero no era el trabajo lo que le había quitado el sueño. Pensaba en Ava, en el beso que habían compartido y en aquella conversación que, de alguna manera, había conseguido acercarlos un poco más. Recordaba especialmente el instante en que habían apoyado sus frentes, como si ninguno quisiera ser el primero en romper aquella cercanía. Todavía no sabía cómo iban a desenvolverse las cosas entre ellos, pero había algo que tenía bastante claro: quería estar presente para Ava y

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    Damian seguía acariciándole las mejillas mientras Ava intentaba asimilar todo lo que acababa de escuchar. Nunca había visto a aquel hombre tan sincero al hablar de sus sentimientos, y mucho menos había imaginado que llegaría el día en que sería ella quien tendría que decidir si estaba dispuesta a dejarlo entrar en su vida. Todavía sentía un poco de miedo, pero, después de tantas discusiones y malentendidos, quería descubrir qué podían llegar a ser si dejaban de luchar el uno contra el otro.Durante semanas se había convencido de que Damian Callahan no era más que un problema en su vida, un hombre arrogante que la miraba por encima del hombro y que solo se preocupaba por proteger su apellido. Sin embargo, tenerlo allí, mostrándole una parte de sí mismo que casi nunca dejaba ver y confesándole cuánto la quería a su lado, hizo que todas las razones que había reunido para mantenerlo lejos comenzaran a perder sentido.—Está bien, Callahan —susurró Ava, con la voz todavía temblorosa por las

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    La noche había caído sobre Seattle y, aunque todo estaba tranquilo, Ava no conseguía encontrar la calma necesaria para dormir. Llevaba casi tres horas dando vueltas en la cama de la habitación, cambiando de posición y mirando el reloj cada pocos minutos. No podía dejar de pensar en lo ocurrido aquella mañana. Las palabras de Eleonora, sus acusaciones y la manera en que había reaccionado al enterarse del embarazo seguían presentes en su cabeza. Le había afectado mucho más de lo que quería admitir y, entre tantas cosas que no dejaban de darle vueltas, hasta las náuseas que había estado sintiendo durante las últimas semanas parecían haberse vuelto más difíciles de sobrellevar.Al final, cansada de seguir intentando dormir sin conseguirlo, apartó las sábanas y se levantó. Se acomodó el pijama de seda gris y salió descalza al pasillo. Al llegar a la sala, descubrió que todas las luces estaban apagadas. La claridad que llegaba desde los edificios cercanos apenas alcanzaba para distinguir lo

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