LOGINDavinna giró hacia él y regresó la atención al armario. Había suficientes camisas, pantalones y trajes para dejar claro que aquello no era ropa de paso. Matthias no pensaba quedarse solo algunas noches ni parecía interesado en preguntarle qué opinaba. Simplemente ocupaba espacio con la seguridad de quien espera que los demás se acomoden a sus decisiones.—Gracias. Por un momento pensé que Gemma había desarrollado una afición repentina por los trajes masculinos —comentó Davinna, pasando los dedos por la manga de una camisa antes de cerrar el armario—. ¿Cuándo pensabas avisarme de que pretendes mudarte a mi habitación?No estaba escandalizada ni sorprendida. Sabía que Matthias no solía pedir permiso para reorganizar la vida ajena, pero quería ver hasta dónde pensaba llevar aquella idea.Matthias ajustó el puño de su camisa y la miró. Esperaba una protesta explosiva, pero la encontró apoyada contra la puerta, cubierta con la sábana y observándolo con calma.—Técnicamente, quien se mudó a
Davinna despertó con la sensación extraña de que algo no encajaba.No abrió los ojos de inmediato. Permaneció inmóvil durante unos segundos, todavía atrapada entre el sueño y una cantidad considerable de recuerdos que comenzaron a regresar sin ningún orden conveniente. Matthias cubierto de sangre en la cocina. Bianca muerta. Los Vitale involucrados en el asesinato de Leonel. Una boda que nunca había sido realmente una boda. El agua de la ducha empapándole la ropa después de que aquel desgraciado la arrastrara con él. Sus besos. Sus manos. La forma en que ambos habían terminado dejando a un lado una discusión que, en realidad, seguía sin resolverse. Davinna abrió finalmente los ojos y miró hacia el espacio vacío a su lado. La sábana estaba revuelta y la almohada todavía conservaba la marca de una cabeza que ya no estaba allí, pero antes de que pudiera preguntarse si Matthias se había marchado escuchó el sonido del agua proveniente del baño.Cerró los ojos nuevamente.—Mierda —murmuró,
—Mmm... eres tan dulce, pastelito —murmuró él contra su piel, succionando su clítoris con una presión deliciosa. Davinna enterró las manos en el cabello mojado de Matthias, perdiendo el control por completo. Sus caderas empezaron a moverse en un ritmo frenético contra la cara de él. Los dedos de Matthias dentro de ella entraban y salían con ritmo pausado pero profundo, rozando su punto más sensible, mientras su lengua no le daba tregua.—¡Me voy a... Matthias, me voy a caer! —chilla ella, sintiendo cómo una ola gigante de placer se acumulaba en la base de su vientre. Él apretó su nalgas con la otra mano para fijarla a la pared y aceleró el movimiento de su lengua. Un segundo después, Davinna se vino ruidosamente. Un orgasmo violento y prolongado sacudió cada fibra de su cuerpo, haciendo que sus muslos temblaran sin control mientras se derramaba sobre la boca de su hombre.Matthias tragó su elixir con regocijo y besó la parte interna de su muslo antes de ponerse de pie de un solo mo
Escuchó abrirse el agua caliente, llenando el espacio con el vapor espeso y el sonido constante de la regadera. Davinna comenzó a buscar lo necesario y apenas había encontrado algunas cosas cuando oyó un sonido proveniente del baño. Un quejido ahogado, bajo y rasposo. Después otro. Frunció el ceño, preocupada a su pesar. —¿Matthias? El agua seguía cayendo. Davinna carraspeó para disimular el nerviosismo y se acercó a la puerta. —Te escuché. ¿Todo está bien ahí adentro? —No lo está, ven a comprobarlo —resonó la voz áspera de él entre el vapor. Debió sospechar. Definitivamente debió sospechar. Pero vio la imagen de él bajo el chorro de agua y se acercó lo suficiente para intentar comprobar si el agua caliente había provocado que la herida volviera a sangrar. Al dar un paso dentro de la mampara de cristal, la vista la dejó sin aliento. Matthias estaba con el agua cayendo sobre su pecho amplio y sus hombros. La luz del baño remarcaba cada músculo, pero
Davinna llegó a la habitación todavía intentando ordenar todo lo que acababa de escuchar. Hacía apenas unas horas había estado convencida de que Matthias terminaría aquella noche casado con otra mujer y ahora él caminaba detrás de ella cubierto de sangre, hablándole de convertirla en su regina como si las últimas semanas pudieran reorganizarse con unas cuantas explicaciones. No podía hacerlo. Una parte de ella comprendía por qué había guardado silencio, especialmente después de saber que ni siquiera Francesco conoció la verdad hasta aquella mañana, pero comprender las razones de Matthias no borraba lo que ella había sentido. Había pasado días obligándose a aceptar una realidad que nunca existió y todavía no sabía qué hacer con eso. —Quítate la chaqueta —ordenó cuando entraron. Matthias cerró la puerta detrás de ellos y arqueó una ceja. —Hace unos minutos dijiste que no tendríamos sexo. Davinna giró inmediatamente. —Y seguimos sin tenerlo. Quítate la maldita chaqueta para que
Davinna reaccionó antes de pensar.Le dio un golpe con la palma abierta en medio del pecho.—¡Eres un imbécil! —soltó, todavía con el corazón golpeándole con fuerza después del susto—. ¿Qué demonios te pasa? ¡Casi me matas del susto!Matthias apenas se movió por el golpe. La sonrisa que tenía en los labios se ensanchó mientras la veía enfadarse y Sicario, completamente ajeno a que segundos antes había intentado lanzarse sobre su dueño, aprovechó la discusión para ir por la comida en la mesa.Davinna levantó nuevamente la mano con la evidente intención de golpearlo otra vez, pero se detuvo al ver sus propios dedos. Había una mancha roja sobre ellos. Bajó lentamente la mirada hacia el pecho de Matthias y entonces reparó realmente en el estado de su ropa. La chaqueta negra disimulaba parte del desastre, pero la camisa no. Había sangre sobre el cuello, en uno de los costados y también cerca de una manga. La molestia desapareció de su rostro con tanta rapidez que Matthias tuvo que contener







