Mag-log inIsaac llevaba alrededor de media hora golpeando la superficie de su escritorio con las yemas de sus dedos.
Él se hallaba inmerso en un único y peculiar pensamiento: Esa hermosa mujer con cuerpo de Diosa, que se contoneaba alrededor de una oficina, mientras recogía y ordenaba papeles. A Isaac poco le importó permanecer de pie frente al ventanal de su oficina, como una suerte de degenerado que seguía con mirada hambrienta a la mujer al otro lado de la calle. El vestido gris de oficina se encontraba tan ceñido a sus curvas que parecía una segunda piel sobre su cuerpo. Lo volvía loco. Isaac necesitaba hacer algo al respecto. —Tom, ven a mi oficina —le solicitó a su asistente con un tono que denotaba urgencia. —Enseguida, Jefe.No pasaron ni treinta segundos antes de que Isaac tuviera frente a él a su pulcro y diligente asistente de rizos sueltos y mirada de cachorro. —¿En qué puedo ayudarlo, señor? —dijo el joven castaño con tono atento. Isaac esbozó una sonrisa casual, con la esperanza de que su asistente no encontrara raro lo que estaba a punto de solicitarle. Tom era bastante discreto, así que tampoco temía convertirse en el siguiente chisme de corredor. —Necesito que averigües el nombre de la compañía que trabaja en el séptimo piso del edificio de al frente —mencionó mientras fingía revisar el papeleo que tenía entre manos—. Requiero que me traigas el nombre del dueño y a qué se dedica exactamente. Y ya que estas en eso… necesito la nómina. Tom ladeó su cabeza en un acto reflejo, mientras intentaba comprender para qué su jefe necesitaría tal información. Lo que hiciera o dejara de hacer la compañía en cuestión, era un asunto externo a los intereses de su jefe y la empresa que lidera. Tom miró con suspicacia el piso en cuestión a través del ventanal. Isaac podía ver los ojos verdes de su asistente reflejados en el cristal, estos lucían intrigados. Pronto, Tom se dio la vuelta sobre sus talones, su nuevo semblante era el de un hombre con una misión. —¿Esta bien si le entrego toda esa información al final del día? Averiguar quién es el dueño, y a qué se dedica esa compañía, no es un problema, pero, el asunto de la nómina… me tomará un par de horas averiguarlo. Isaac asintió secretamente maravillado con el hecho de que Tom no hiciera preguntas. —Tomate tu tiempo. —Gracias, Jefe, ¿se le ofrece algo más?—No, puedes irte. Tom afirmó con la cabeza y se retiró a la misma velocidad con la que llegó minutos atrás. —Ese chico merece un aumento —balbuceó Isaac para sí mismo, dejándose caer contra su silla con un suspiro de alivio.─── ❖ ── ✦ ── ❖ ───—¡Oye, Mary! Te traigo el chisme del momento, en exclusiva para ti.Un par de ojos color miel brillaron con disposición. Emma, la linda pelirroja que trabajaba como secretaria del departamento de contabilidad, agitó sus uñas sobre el escritorio de la asistente de presidencia. —Habla ya, ¡dímelo! —sonrió Mary discretamente, no sin antes echar una mirada sobre su hombro para asegurarse de que su jefe no estuviera cerca. —Un chico lindo vino a nuestro departamento a la hora del almuerzo, y me pidió la nómina de empleados, ¿puedes creerlo? —soltó con ojos destellantes—. Ohhhhh, debiste verlo, era un ángel hermoso. Mary negó con una risa floja. —¿Por qué un chico lindo que no conocemos pediría algo así? —inquirió con suspicacia, a lo que su compañera respondió con un encogimiento de hombros. —No lo sé, pero conseguí su número —dijo, extendiendo un pequeño blog de notas frente al rostro de su colega.Mary saltó de su asiento con una expresión de horror en su rostro.—¿A cambio de qué? Emma tomó un mechón de su cabello y lo hizo girar en su dedo. —Nada importante, Mary, solo le di los nombres de quienes trabajan aquí y la función que cumplen, no entregué el rol de pago, no soy estúpida —dijo, poniendo sus ojos en blanco en el proceso—. Además, no es ningún secreto clasificado que todos los que estamos aquí, ocho horas al día o más, somos empleados de esta empresa. —Emma, por el amor de Dios —suspiró pesado—. No puedes ir por ahí compartiendo información sobre la compañía con hombres de rostros hermosos. —Pero él además de hermoso era sexy, me comprenderías si lo hubieses visto —dijo con una mueca engreída—. Pero ya, no te preocupes por eso, estamos a salvo.—En realidad no, no lo estamos, ¿qué tal si es un asesino a sueldo? ¿Y si alguien en esta oficina es su objetivo?Una sonora carcajada estalló en toda la planta. Emma era el tipo de persona a la que podías escuchar a kilómetros de distancia. Mary tapó la boca de su compañera en un inútil intento por callarla, pero, a menos de que todos quienes trabajaran en el séptimo piso, y alrededores, fueran legalmente sordos, esa risa debió escucharse como un estallido. Mary se estremeció cuando la puerta de la oficina de su jefe se abrió, tal y como lo esperaba.—¿Pero qué rayos está pasando aquí? ¿Por qué el escándalo? —Bramó sin reparo—. Este no es un club social, dejen las charlas para después del trabajo.Ambas mujeres se irguieron en sus lugares. El Gerente de Marketing Digital de una de las franquicias de alimentos más prestigiosas del país era un hombre al que le faltaba mucha paciencia, pero le sobraba el suficiente libido, como para llevarse a la cama a cuanta trabajadora joven y guapa se le cruzara en frente. George Davis era un hombre alto y de cabellera blanca, del que se podía decir pocas cosas positivas. A sus cincuenta y cinco años seguía soltero, ya que probablemente ninguna mujer en su sano juicio desearía casarse con un hombre tan insufrible y grosero, pero, Mary le debía un gran favor, así que para él, era lo más cercano a tener una pareja. Mary y Emma suspiraron de alivio cuando el hombre les dedicó una última mirada de reproche antes de entrar a su oficina y cerrar la puerta. —Fantástico, Emma… lo has puesto de mal humor —comentó Mary tomando asiento una vez más. —Él ya nació así de amargado, ¿por qué me echas la culpa a mí? —se quejó la pelirroja de brazos cruzados. Mary recogió su cabello en una coleta, dejando un par de mechones oscuros y lacios a los costados de su rostro. —De acuerdo, Emma, si eso era todo lo que tenías para contarme, será mejor que regreses a tu escritorio antes de que el señor Devis vuelva a regañarte. Trabajar como asistente del señor Davis no era tan sencillo como muchos en la oficina lo pintaban. El hecho de que se acueste con él, no significa que pase sus días cómodamente sentada mientras lima sus uñas y mastica un chicle insípido. Aun debía hacer todo lo que hace una asistente; con la calidad y eficiencia que se puede esperar de alguien con su nivel de preparación. Mary se endeudó con un préstamo estudiantil, pero consiguió obtener un título universitario. Consiguió las notas más altas de su promoción, y por eso obtuvo un buen trabajo apenas egresó. Para su mala suerte, la empresa en la que trabajó durante cuatro largos años cerró sus puertas, y ella tuvo que volver a pasar por todo el proceso de enviar currículums y lidiar con el rechazo.Hasta que su hoja de vida llegó a manos de George Davis y la vida volvió a sonreírle. Pero, no todo lo bueno duraba para siempre…Ha pasado un año desde que consiguió este empleo, y si bien su condición laboral era estable, su vida personal se había convertido en un verdadero infierno. —Mary, ¿Cómo va ese asunto de tu tía? ¿Ya regresó a casa?—No, no tengo ni la menor idea de dónde esta —balbuceó tensa de los pies a la cabeza. —Vaya, que mal, amiga —dijo Emma con una expresión afligida—. Es tan injusto que debas pagar por los errores de otros. Mary se encogió de hombros mientras fingía una sonrisa.—Da igual, no es como si el señor Davis me esté cobrando todo el dinero que me prestó para pagar la hipoteca de la casa de mis padres. Emma mordisqueó su uña, pensativa. —Si tu tía no hubiese hipotecado la casa de tus padres, hoy en día serias una mujer libre —dijo antes de chasquear su lengua—. Ojala pudieras terminar con él. —No es como si estuviéramos saliendo en serio… —aclaró Mary, auto convenciéndose de que aún poseía algo de control sobre su vida sentimental. —Ajaaaaa, claro. Él puede salir con otras mujeres, pero tú no puedes ni siquiera tener un amigo sin que él te agarre de su saco de boxeo. Mary tragó duro al recordar aquella situación por la que Emma hizo ese último comentario. —Desearía que le pusieras fin a esa relación de m****a —bufó su colega.—Necesito este trabajo, no puedo simplemente detener sea lo que sea en lo que estoy involucrada con él, y esperar conservar mi puesto. Emma no pudo evitar dedicarle una mirada de desconsuelo, la cual, Mary evitó y continuó con su trabajo. —Nos vemos luego —dijo la pelirroja como despedida—. Te invitaré la cena. Mary apretó los labios, pero asintió en dirección a su amiga. —Gracias. Una vez estuvo sola, Mary llevó ambas manos hacia su rostro e hizo su mejor esfuerzo para no llorar. No se sentía orgullosa de la vida que estaba llevando, pero, siempre fue una mujer con un buen instinto de supervivencia.Ha pasado un mes desde que Mary recuperó su libertad, y, con ella, tomó una de las decisiones más transcendentales de su vida. —Aún falta una caja —le dijo Isaac a su asistente Tom, quien, vestido con unos jeans desgastados, y un hoodie color negro, movía cajas alrededor de todo el departamento de su jefe. Tom se había ofrecido para ayudar con la mudanza de Mary al hogar del señor Alexander, quien no podía lucir más feliz al respecto. —Ven, Tom, preparé limonada —dijo ella con una sonrisa orgullosa. Desde hace más de una semana, ambos se habían convertido oficialmente en compañeros de oficina. Isaac le ofreció a su novia un trabajo provisional en su compañía, hasta que ella decidiera el rumbo que tomaría su vida profesional ahora que había renunciado a su antiguo trabajo. —Gracias, Mary. —Tom dejó junto al mesón de la cocina la última caja que bajó de la camioneta, y tomó asiento en el taburete. —De nada, espero que pronto llegue la pizza que ordené. —Fantástico, porque muero
«—¡Habla! ¡Maldita zorra mal agradecida! —gritó George Davis, colérico. El hombre mayor avanzó dos pasos y tomó a Mary por el cabello, apretando su mano en un puño. El dolor agudo hizo gritar a la mujer, a pesar de que ella hacía todo lo posible por quitarse de encima al hombre que la agredía violentamente. George Davis empujó su cuerpo contra el escritorio, y, la mano que antes sostenía su cabello se dirigió a su garganta. Mary lo observó con pánico, sus manos intentaron abofetear el rostro del hombre, pero este se las arregló para permanecer fuera de su alcance, entonces, presa de la desesperación, tanteó el escritorio en el que se hallaba aprisionada y agarró el primer objeto pesado con el que se topó; Un cenicero de cristal terminó partiéndose en dos, tras impactar contra un costado de la cabeza de su jefe. Desorientado, el hombre cayó al suelo de rodillas, y, apenas pudo gatear un par de centímetros antes de caer boca abajo inconsciente. Un nuevo tipo de terror se apoderó de
Era inevitable.Estaba enamorado.Isaac podía sentir como su corazón se aceleraba con solo observar a Mary a través de sus binoculares. —Desearía que estuvieras aquí, junto a mí, lejos de ese viejo de m****a —comentó para sí mismo, tras un suspiro pesado. El empresario necesitaba toda su fuerza de voluntad para no inmiscuirse en la vida privada y laboral de la única mujer que había conseguido robarle el corazón. Pero, cada día, esa labor se volvía más y más beligerante. George Davis le daba muy mala espina. Isaac había tenido el tiempo suficiente para superar los celos que le provocaba ver a ese sujeto junto a Mary. Y, aunque ella no hablara sobre el tema, el empresario reconocía la aversión en el hermoso rostro de su amada cada vez que se encontraba en presencia de su jefe. Isaac apretó sus manos como puños alrededor de sus binoculares, al recordar la vez que tuvo que presenciar como ambos mantenían relaciones sexuales en la oficina del Gerente.Isaac aún no reunía el coraje su
Mary bajó del ascensor junto a su jefe. La reunión en el palacio de la alcaldía había culminado hace media hora. Para la asistente del Gerente de Marketing Digital había llegado el momento de retomar sus actividades cotidianas. Fue una lástima para Mary no toparse de nuevo con la mirada de Isaac, luego de que este abandonara el gran salón con rumbo al área administrativa del palacio de la alcaldía. Lo más probable, es que este tuviera asuntos que tratar con Eric Coleman. Por otra parte, el señor Davis se hallaba bastante taciturno desde que subieron al auto e iniciaron su retorno al complejo de oficinas, por lo general, el hombre era un platicador nato, pero en esta ocasión, el silencio reinó entre ambos. —¡Mary! ¡Al fin regresas! Te anduve buscando durante toda la tarde, tengo tantas cosas que contarte —le dijo su pelirroja amiga con una sonrisa brillante, luego de que George Davis le comentara que pasaría el resto de la tarde en su oficina y que no lo interrumpiera. —Te invito
—Buenas noches, señor Alexander.Isaac volteó hacia la voz que se dirigió a él con un tono desagradable y burlón. La expresión de George Davis era una combinación de prepotencia y tirria.—Oh, es usted, señor Davis —soltó el empresario, imitando el tonillo que el jefe de Mary utilizó para dirigirse a él—. Es un gusto volver a verlo.Isaac esbozó una sonrisa lobuna. Si aquel patético Don nadie pretendía intimidarlo de alguna manera, estaba a punto de llevarse la humillación de su vida. Ver el rostro presumido de George Davis le causaba náuseas.—Lo mismo digo —comentó el de cabellera blanca en cuanto sostenía una copa de vino medio vacía. Isaac colocó ambas manos detrás de su espalda, ya que esta noche no se encontraba interesado en beber mientras era rodeado por las hienas de siempre. Él había asistido única y exclusivamente para ver como rodaban sus cabezas.Isaac prefería destapar una botella de Cabernet Sauvignon en su departamento cuando Mary llegara para cenar.El hombre mayor
—Mary, alístate, surgió un imprevisto y tenemos que presentarnos en el palacio de la alcaldía —mencionó George Davis en cuanto acomodaba los puños de su camisa. Él deambuló fuera de la oficina con su teléfono celular en la mano—. Cancela cualquier actividad en mi agenda hasta las cinco de la tarde. —¿Cuál es el motivo, señor? En su agenda hay un par de nombres que me exigirán una explicación por cancelarles sus citas de hoy. —Mary agarró su Tablet y deslizó sus dedos sobre la pantalla. George Davis tenía tres citas pendientes, todas eran compromisos reagendados debido a la agitada semana que consumió el tiempo y la atención de su jefe y el señor White. —Parece que el director de relaciones públicas no puede asistir a la reunión que convocó el alcalde. —George Davis suspiró pesado—. No puedo negarme a asistir, ya que las cosas con la junta directiva apenas comienzan a calmarse, ¿comprendes? Mary asintió, para, posteriormente, realizar un par de llamadas incómodas. Definitivamente







